Me siento en el lado verdugo del amor. Mi perro está lejos y ahora no lo comparto casi con nadie más. Los humanos suelen caerme mal y los evito. Debo ser para ellos igual de insoportable de lo que ellos son para mí. Mañana nos vamos de viaje y seguro que no imagina lo que realmente pasa. Pero siente las consecuencias, por muy básico que sea su entendimiento. No hace falta más.
Tarde o temprano llegan los cambios. No nos gustan a nadie, en realidad. Estaremos fuera unos días. He intentado ser más paciente o alegre en mi vida cotidiana, pero la sigo odiando y soportando sin remedio. Siento que las circunstancias y las personas que me soportan son una especie de pared fría y muerta que me presiona.
No quería escribir sobre esto. No me parece relevante. Para mí, sólo es relevante ahora mi falta de independencia económica, mi cobardía, mis pensamientos persecutorios. Mi pereza. Vamos a Polonia a ver a mi hermano. Cada día me cuesta más convivir con mi madre. Veo que no estoy de acuerdo con ella en nada de lo que hace ni lo que ha hecho. Demasiada impaciencia y brutalidad. Lo noto, aunque disimule. Es desmotivante.
No sé si las cosas serán diferentes cuando me vaya, por fin. Creo que estaré mejor. Pienso en ello una y otra vez. He estado atascado aquí demasiado tiempo. Ya he estado solo. Me gusta la vida tranquila y retirada. Me ayuda a pensar mejor. Quiero trabajar para apartarme del mundo, para hacer mi mundo. Todos lo hacemos. Todos somos culpables de lo mismo.
La clase media es una de esas aberraciones de la naturaleza que aún me sorprenden. Es tan cotidiana. Tan comprensible, a pesar de nuestros cambios de humor, de nuestras excentricidades. Da respuesta a todo. Siempre acaba teniendo éxito. Solemos encontrar el camino más fácil. Lo que quiero decir es que a todos nos vuelve normales (vulgares) nuestras pasiones perfectas y fatalmente transversales. Cuídate de buscar "gente especial". Sabes lo mismo que yo.
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