domingo, 12 de julio de 2015

Karen


Karen tenía los ojos azules o verdes. La conocí cuando tenía unos 11 o 12 años. Ella y sus amigos se ponían a patinar cerca de la casa de Rosa, donde jugaba y cuidaba a su hija pequeña. Fueron mi grupo de amigos por un tiempo.

Me alejé de mi viejo grupo en el que otros niños eran descuidados y ofensivos. Éstos eran mejores. Por eso, uno de ellos recelaba de mis nuevas compañías y se burlaba de aquellos "pijos". Este mismo no tuvo mucha suerte en la vida. Ahora, le compadezco, pero dudo que mi compasión signifique algo para él o sea capaz de apreciarla como deseo.

Al poco tiempo, Karen me atrajo y no quise más que negarlo. En una ocasión fui muy ofensivo con ella. Le habían dicho que a mí me gustaba. Yo fingí que no sabía nada. No quería afrontar la situación. Ella tenía aparatos en los dientes. Me burlé de ellos. Dije que no quería estropearme la boca. No sabía lo que decía. No sé por que lo hice. Le hice daño. Hace mucho que lo siento. Me arrepiento, aunque ya no sirva de nada.

Era un imbécil y demasiado pequeño. No sé lo que pensaría ahora, si me conociera. La he buscado, pero no ha servido de nada. Es mi unicornio perdido. Otro de tantos. La trataría bien. A menudo pienso que prefiero mantenerla en mi memoria para que no me decepcione en esta realidad grotesca y cruel, que se burla de sí misma. Pero tenemos que afrontar la vida tal y como es, porque nuestros sentimientos no la cambian. La padecen. La consienten. Muestran su verdadera forma.

Me imagino que ella seguirá siendo atractiva. Quizá más. La he imaginado mucho, con alguien que la ame, que se preocupe por sus sentimientos. En mis momentos más vanidosos, pienso que podría exhibirme y me alabaría. Pero yo querría ser algo más que un exhibicionista. Me parece demasiado obsceno y ridículo.

A menudo, he fantaseado con encontrármela de nuevo, porque ella sólo es ahora un fantasma de belleza perdida en mi memoria. Fue una persona y ahora no sé qué ha sido de ella. Me gustaría mucho saberlo. En parte es esta soledad, la que me hace mirar al pasado con nostalgia de mis atrevimientos, incluso los más desafortunados, como el que he descrito.

Mis amigos se perdieron en la rueda del tiempo. Él los terminó y mi pasión era una acrobacia de la fortuna, un capricho de lo desconocido, una floritura de mis menudencias. Porque no me siento más que eso, en este momento. Supongo que es la soberbia de imaginar mi vida como una película. Es tan típico de nosotros.

Es balsámico olvidar que el poder es algo mucho más sucio, más impersonal, más incuestionable y lejano de lo que uno querría desear. Sobre todo, un romántico. Yo pasearía con Karen por estos viejos lugares y le contaría la falsa epopeya de mi vida con todo el amor del mundo. Me esforzaría porque fuera especial, porque amo los intentos sinceros. Nos besaríamos y sonreiríamos. Nos abrazaríamos. Nos daríamos la mano, como colegiales.

Nos consolaríamos dulce y cándidamente. Sólo necesitamos consuelo. Que nos escuchen. Que nos digan buenas palabras. Pero preferimos ser perros desesperados muchas veces, que muerden. Que dañan. Que la mayoría de las veces, sólo ladran porque no supieron morder o salieron perjudicados.

Se dieron cuenta de que era mucho más difícil luchar. Que el tiempo cubre los intentos imperfectos con manto absoluto y sereno. Que sus sueños eran arriesgados y era más cómodo sólo soñarlos. Consumirse en los sueños. Ladrar en sueños. No puedo saber o negar si, de todas formas, es lo único que hacemos. Tal es la densidad de la bruma que nos envuelve, el tiempo que estamos vivos. Parece increíble, pero es así.

Tengo a Karen en mi cabeza como a un ángel intocable y prohibido. Ella debía ser mucho más que eso, pero eso no me importa. Sólo quería que fuese mejor, hacerla mejor. Probablemente, terminaría prendido de sus verdaderos encantos, no los que yo le atribuyo, o mi fantasía. Casi toda mi vida he experimentado que no le pido tanto o que es inútil hacerlo. Que me da mucho más de lo que le pido, si le doy tiempo, de lo bueno y de lo malo. Es lo que nos hace falta. Nuestra ignorancia hace irrelevantes nuestros deseos.

No sé si sigues viviendo en nuestra isla. Quizá ya te has marchado. Dudo que nos volvamos a encontrar. Siempre eres la misma, donna angelicata de mis sueños y pesadillas. No eres sólo tú. Pero yo prefiero que seas única. Que seas tú misma. Porque así, imagino que no eres sólo producto de mi imaginación y de mis confusos recuerdos. Sino algo más. Algo distinto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario