viernes, 10 de julio de 2015

Sui generis


El tiempo es un prestidigitador increíble, insuperable. Hace de lo mismo algo diferente. Es una especie de agujero negro hacia el que todo se precipita. No sabemos lo que hay al otro lado. Nada debe parecérsele. Son detalles demasiado pequeños los que nos interesan.

Hermanos e hijos del futuro, no me culpéis por ser otro esclavo del tiempo. De su manto de olvido y su sabia o adecuada distribución de matices. No es nuestro el mérito. Nada terminamos. Por donde yo pase también pasaréis vosotros. Todos mis secretos serán los vuestros.

Mi cultura no tiene las apariencias del pasado remoto, sino de un tiempo más próximo. Por más que me avergüence, que quiera ser superior a eso, es así. Es tan fácil decir o pensar: el tiempo pasa cada vez más rápido. Todo es como siempre. Mis héroes eran igual de inicuos que aquellos pasados, ligeramente cambiados, sólo por fuera. Es normal que entonces me impresionaran y atrapasen mi atención y poblaran mis sueños. Hay sueños que no sean inocentes?

Como todos, yo también quería ser un héroe. Ahora he comprobado que nada es lo que parecía. Lo que queríamos hacernos creer. Los sueños pasan. Se llenan y se vacían sin que nada podamos hacer, más que dejar o empezar a soñar. Sólo somos soñadores.

Una vez más, desprecio los detalles. No me parecen dignos en absoluto y no quiero compartirlos con vosotros. Vosotros no habéis visto la espuma de mi corazón, ni los destellos de mi memoria. Sólo os veis a vosotros en mí. Veis vuestras luces y sombras. Admito que quiero compartir algo más. Que me siento acorralado y no encuentro la salida.

Tendré que entregar mi flor al tiempo algún día, aunque no confíe en el mañana. Quién confía? Esperaba que las tragedias fueran otra cosa. Un drama estoico que nos ayudara a lucirnos. Sólo era una trampa de la ficción, también narcisista. El arte no cambia la vida. Da vida, pero no es suficiente. Reafirma las cuestiones fundamentales. El origen y el misterio de la belleza. Nuestro desgaste (sólo nuestro), nuestros ciegos anhelos (tan ciegos).

No. Vosotros no queréis saber mi historia. Quién querría? Pero mi historia no es distinta de la vuestra. Yo no soy distinto. Una vez más, ese instinto salvaje de asir todo a la vez. De asir lo invisible, lo inalcanzable. Lo inmaterial.

Pero mis imágenes son todas materiales y yo me desgasto y me pierdo en ellas. Me canso en ellas; me olvido de ellas. Sobrevivo en ellas. El tiempo me roba la vida que ignoro. Su otro valor. El valor inalcanzable, invisible, inmaterial. Quizá simplemente no puede ser mía. Éstas sólo son algunas imágenes más.

Me cuesta tanto concentrarme. He querido ser recto y no me he visto capaz. He desistido más veces de las que recuerdo. No soy ningún héroe. No quiero fingir que me importa lo que desprecio. Algo me empuja a seguir fingiendo, a fingir seguridad, superioridad, ímpetu.

Son esas imágenes de supervivencia. De farsa que lucha contra la farsa. Ahí termina mi misterio. Sólo es mentira. Por qué molestarse? Por qué arriesgarse? No sé por qué. Sí. Parece que hay muchos secretos valiosos escondidos. Secretos que no conoceremos. Ni nuestros hijos. Ni los héroes del tiempo futuro. Nadie nos conocerá.

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