jueves, 2 de julio de 2015

Vaciar el pasado


Cuando era más pequeño tenía un grupo de amigos en el barrio. De vez en cuándo íbamos a casa de uno de ellos. Allí nos reuníamos, jugábamos a videojuegos o cualquier otra cosa (cartas, rol...quizá algo más), veíamos películas y charlábamos. Solíamos pasarlo bien cuando nos reuníamos.

Toda nuestra cultura venía directamente de esferas muy lejanas, como ahora. Antes parecía todo tan inocente. Nosotros no podíamos saberlo. Un día, un amigo trajo un vídeo de t.A.T.u., un grupo de dos chicas que eran muy atractivas y hacían de lesbianas. Recuerdo que, por aquel entonces, entendía que existían esas cosas.

No estaba escandalizado. Recuerdo que me causó una impresión natural, graciosa, de curiosidad y, por supuesto, de morbo. Recientemente, me he dado cuenta de que me gusta el grupo más de lo que pensaba, su tecno frenético, sus voces estridentes y dulces a la vez, el irresistible acento ruso (cuando cantaban en su idioma), su arrogante temática, irrelevante y totalmente deliciosa.

Me pone melancólico pensar en el pasado. No he superado la lógica cartesiana de ciertos conocimientos empíricos que, al parecer, deberían afectar más a mi vida, a su desenvolvimiento. Estoy en el mismo sitio. Me he cansado de hacer las cosas de la misma manera. Creo que me he dado cuenta de que no estaba haciendo las cosas de una manera tan inteligente. Estoy reflexionando mi próximo paso. Quiero organizarme mejor. Eso es importante para cualquier propósito, indispensable, en realidad. Nos conviene buscar la claridad.

Me siento raro por estar en el centro de la cultura. Soy el emperador del consumo, el dueño, el juez. Yo (nosotros, los consumidores) decido lo que está bien y mal, lo que es bueno o malo, constantemente. Siempre resulta que había un matiz, una novedad que no podíamos conocer con anterioridad. El tiempo es así de extraño. Su sucesión nos deja ciegos con su luz, nos embriaga, nos agota, pero no es del modo que parece, que se supone que debería ser. Es mucho más. No sé explicarlo. Aquí sólo quedará otra muda imperfecta. Otro exceso en el camino. Otro frenesí. Eso es lo que parece aún.

En realidad, quería hablar de las chicas de t.A.T.u., de su éxito y su belleza, de sus talentos (que, probablemente, no sean tan brillantes), de mi arrebato interior cuando imagino sus vidas, sus sentimientos, lo que hay detrás del espectáculo, de sus fervientes seguidores y del Negocio, del dinero, del poder y la fama. Es un denominador común que lo simplifica todo. Quita la gracia, el misterio, el suspense. Nos deja como consumidores sumisos, pero debíamos ser primero los poderosos. Los que nos dábamos a nosotros mismos. Los que nos atrevíamos a intentar algo diferente. Porque, qué es la imaginación sino la parte más lejana de la voluntad?

Desafiar al tiempo y la naturaleza. al orden de las cosas, a la hegemonía cultural. Al pensamiento único. Al arcano, a lo que sea. A la cosa en sí. Qué hermosura hay escondida, tan grande, de tantas formas. Hermosa desmesura. No puede contenerse en sí misma y el pasado no es suficiente. No sé lo que hay detrás de mis sentimientos y no sé si hay algo. Parece que son el derrame de algo invisible, imperceptible, abstracto. Una belleza vacía que no se reconoce, que se rebela. No puedo saber qué es. Mi lenguaje es pobre y repetitivo. Mis ideas, redundantes. Mis deseos, aburridos. Por tanto, quiero espectáculo.






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