miércoles, 15 de julio de 2015
Bonus
Otro día sin terminar las obligaciones. Sin saber cómo gastar el tiempo. Sin acuerdo. No me he quedado satisfecho. Otro día soñando con lo lejano y lo que parece inalcanzable, arduo, demasiado maravilloso para ser cierto. Otro día sin ideales que basten.
Un día dedicado a escribir, preocupado por no tener libretas. Necesito más libretas. Qué incomodidad. Pensando en la fugacidad de los amigos, de la abstinencia, del desagrado y la repugnancia hacia lo superficial. De su cruel triunfo, hasta en lo más insignificante. Inundan los momentos, los cubren como insectos indistintos, sincronizados, invencibles.
Otro día dedicado a la melancolía y la fantasía, pero es una fantasía pesada como un adagio o una elegía. Algo demasiado pesado para ser sólo vida real y cotidiana. Un día dedicado a las mentiras que uno no sabe vencer, que le aburren y que termina tolerando sin fuerzas para combatirlas. Sin interés. Sin pulso.
Pero ahora no es diferente de como solía ser. No miro mis libros igual, ni las caras de la gente, ni las páginas de internet. Somos tan pedantes y tan depravados. Pero nos obligan. No es culpa nuestra, en realidad. Sólo estamos cansados. Permitidme, queridos lectores, hacer un poco de terapia para mi alma confusa y dolida. La verdad es que sois un consuelo, a pesar de todo. Os sigo imaginando con entusiasmo, a pesar de mi lucha.
Os imagino interesados por mi pequeño drama y yo quisiera saber de los vuestros, porque así tal vez me sentiría menos solo. Pienso que el alma desea escapar de la prisión del cuerpo, que no le basta ninguna rutina y que sus intentos son aplacados por este armazón de carne, sangre y apariencias de sombra cavernosa. Ya sabéis, la tradición. La comodidad insustancial de la costumbre. Dejadme reposar en ella para descansar un poco de mis quimeras.
Creo que superaré este día. El mérito no es mío, sino de la máquina de tiempo que rueda, aplasta y amolda nuestros espíritus cansados. Nuestros pensamientos harto conocidos y cubiertos de decepción. Ahora juego con vosotros, porque no soporto este aburrimiento. Por hoy, no es suficiente. Dejadme seguir imaginando vuestras propias luchas, mientras yo soporto la mía hasta volver a atacar con mi mejor golpe. He sido muy vago hoy. Ya he estado así antes. Esperando la muerte de la rutina para que llegue otra.
Sólo me apetece descansar de tanta mediocridad. Tal vez así encuentre algo más soportable para el siguiente nivel, que es el mismo nivel. Amigos míos, la belleza es una prostituta que juega con nosotros, se ríe y nos abandona, inseguros de saber si realmente ha existido. Aparece una vez, como un espejismo y luego nos deja imaginarla de tantas maneras que uno cree volverse loco. Así funciona la belleza verdadera.
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