domingo, 26 de julio de 2015
Nuevas ideas
Hace un día maravilloso. La mejor hora del día es cuando el sol está más alto, porque brilla más. Hoy me he levantado contento, positivo. No quiero pelear más conmigo mismo. Quiero darme una tregua. No creas en la aportación más grande, sino en la más pequeña. La naturaleza no desaprovecha nada y es mucho mayor. Relájate y descansa. No vale la pena luchar, si no saber por qué luchas.
Estás bien. Nada te falta. Son las ilusiones maliciosas las que te atormentan, las que amenazan tu paz. En tu interior sabes que estás bien, que no es tan grave. Que en realidad sólo deseas seguir adelante. Que ni una sola de tus quejas ha tenido el efecto deseado. No eran suficientes. No eran claras. Has pasado casi toda tu vida durmiendo. Más de ocho horas al día de media.
La naturaleza es sabia. Nada te gusta más que dormir. Es tu límite. No le has prestado la atención que merece. No has sido realista. Entrégate a las nuevas ideas. Acepta que las viejas pasaron. Avanza. Sigue buscando tu sitio. Pero no olvides que estás bien y que todo fluye más allá de ti. Que la serenidad es otra cosa y que la alerta es puro instinto de desconocimiento, no de supervivencia, porque nadie sobrevive al sueño, lo más real de todo.
La naturaleza nos ha hecho amar el descanso más que a nada. Por eso lo perseguimos angustiados cuando no lo tenemos, cuando nos alejamos de él, con o sin voluntad. ¿Qué es la voluntad? Por eso nos sentimos fracasados en el resto, despiertos, vigilantes. Incapaces de descansar. Hambrientos de sueños que no son el sueño. Nos tribulamos y nos entregamos a la ansiedad. Damos lo mejor por lo peor y sólo somos víctimas de nosotros mismos.
No soy Sócrates, ni Platón, ni Leonardo o Newton, ni Goethe, ni Einstein. Soy yo mismo. Mi vida es pequeña, sí. Estoy en una era de vidas pequeñas. Me parece (maldita ilusión) que nunca lo han sido tanto. Yo desearía no preocuparme tanto por ello. Desearía ser más feliz con lo pequeño y sencillo, sin imaginar lo grande y complejo, pero caigo como todos.
Estoy bien, hoy es un día maravilloso. No me falta de nada. Pienso que no hay felicidad que no pase, que perdure y que ese es su destino. Desearía poder aceptar esto como lo más evidente. Amo el sueño. Este es mi sueño favorito. No la amargura, sino el júbilo. No la herida, sino la cura. No el llanto, sino la risa. No la angustia, sino la serenidad.
Pero estoy obligado a conocer más profundamente las dos. Eso hace esta vida. Ese es mi destino. Ahora estoy despierto y pienso en el secreto de los sueños. El sueño no tiene ninguno. Todos guardamos el mismo secreto. No podemos mostrarlo, sólo ocultarlo.
En él está toda la verdad que necesito, pero sigo vivo y el tiempo pasa. No necesito desear más de lo que deseo. No tengo nada. Esto es muy fácil, lo más fácil. Las tensiones se romperán, todo se desmoronará en un profundo y dulce sueño, como en algún principio remoto y sagrado.
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