lunes, 27 de julio de 2015

Sempiterno


Me he asomado al mundo lo suficiente. Hago esto y me preocupa que no lo lean, pero ya no me preocupa tanto. No me preocupa igual. No he cambiado el ritmo vital. Tiene su propio ritmo. Soy un efecto más de él. Encuentro que mis prioridades no son las que deberían ser. Son otras. Estoy cansado de todo, pero sigo aquí. Me olvidaré de nuevo.

Es esta rabia cobarde la que me consume por dentro. La rabia de los ignorantes, el nido de demonios y culpas. Sólo pagamos lo que hacemos y lo que no. Somos eternos desconocidos e inadaptados. No quiero estar aquí, pero no tengo elección. Cualquier parte es el mismo lugar. En verdad, no soy tan romántico. Si algo está ahí es porque no sobra. Las explicaciones suenan a excusas indiferentes. Todas las excusas, insuficientes.

No haré un mundo nuevo. Pasa mi vida, como cada día. Espero improvisar mejor. No sé a dónde me llevan los hados. No sé si yo podría darles vida con esta debilidad persistente en la fugacidad del universo personal. Uno no elige cuándo reponerse. No termina de reponerse, por más que insista su energético orgullo. Es el humor más impertinente que tenemos que padecer. El que todo lo complica y lo resuelve.

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