lunes, 20 de julio de 2015

Incomunicación


No existo. No soy alma. Me manipulan. Me manipulo a mí mismo. Odio mi vida. No hay comodidad inmediata y total. Hay vicio y represión. Estoy harto. Sólo vibran mis miedos. Cuando ellos suenan yo estoy paralizado. Sólo trabajo para ellos. Son mi sumisión. Mi religión más oscura. ¿Cuándo podré vivir tranquilo y (no) ser normal?

Eso no es para mí. Debo seguir la dirección de la anomalía. No digo cosas bonitas, ni de forma bonita. Sólo intento decir la verdad. Llegar a alguna parte. Cualquier otra. La belleza es una mentira que hace daño y por eso la temo. No quiero sufrir más. No quiero cansarme y perseguirla, si no creo en ella. Pero es todo lo que he hecho hasta ahora.

No hay aniquilación para mí. No hay sorpresas. No he terminado de ahorcarme por dentro. De enrocar. Viviría de otra manera si supiera. Si pudiera. Pero no hay manera posible de evitar este desgaste. No es sacrificio porque no es deseado. Es una corrupción ilimitada, una peste incontrolable.

Quisiera decir, por ejemplo, que todo me conmueve con sencillez y que no pido más, que no lo necesito. Sería una mentira deliciosa. Está prohibida. Cuanto más la tanteamos, mayor es el castigo. No puede haber disuasión más eficiente. No es nuestro oficio. Sé que no soy el hombre que detiene el mundo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario