jueves, 30 de julio de 2015
Familia
Estoy en el cuarto de mi hermano, en Polonia. Me siento igual de desnudo que ayer por dentro. Descubrí la verdad hace meses y no espero que cambie. Espero cambiar yo. Soy la inconstancia. La mentira que pasa y que duda. Los vientos de la nada. Al menos, soy eso por fuera. Cómo esperar amor de los desposeídos?
No sé lo que uno debe creer cuando llega hasta aquí. Cuando todo le suena a agotamiento y engaño. A trampa de perdición irreversible. No quiero ser deprimente. Acaso tenemos elección? Porque bien sabemos todos que no bastan nuestros intentos de deshacernos del cuerpo. Sin dolor. Sin vida. Sin desgaste indescriptible.
Es difícil ser humano sin melancolía... para un ser humano melancólico. Sólo podemos perder porque pasamos. No estoy revelando nada nuevo. El mayor descubrimiento me parece sólo frenesí pasajero. Es miedo a que sea distinto del dolor que se conoce. Pero ni siquiera sé lo que es el dolor. Sé que todo lo que he tenido ha pasado sin mí, que no era yo.
Cuesta mucho aceptar que nos vestíamos de lo que desconocíamos. No podemos ver. El corazón es una duda que muere, pero yo sigo escribiendo sobre él. Intento saber algo nuevo de él, desesperadamente, con miedo a quedarme solo. Sin mi corazón. Lo han dicho mucho mejor que yo y han muerto. No resolvieron el misterio.
La muerte del tiempo nos deja a todos a la misma altura, rasurados y desnudos, indiferentes. Por qué no puedo ser esa dulce apariencia de serenidad que brilla en cada rincón, esa adaptación natural y completa, ese ideal de sencillez, claridad y sinceridad en mi cerebro fugitivo, sometido a la razón? Estoy hablando solo.
No haré que sea más fácil. Me pierdo en un deseo incompleto, cautivo de mi cuerpo mortal. El deseo de no dudar de lo más evidente. Me he vuelto un cínico cruel, pero no sirve de nada esforzarme por que me importe. Sigo preocupado por la muerte de la duda. Por el misterio de su fugacidad única.
Me he roto por dentro y tenía que ser así. Pasó y lo perdí todo. Entonces, todo me abrió sus puertas sin retorno. No es tan gozoso como uno espera al principio. Sólo es parte de un proceso, como nosotros mismos.
Me queda fingir, mirar para otro lado, en lugar de al dolor de mi corazón que muere. El corazón que no se ve. Pierdo incluso la locura de la pasión en un instante de sensatez. Basta para romper cualquier rito terapéutico de nuestra cultura superviviente. La que nos agota imperfectos para volvernos perfectos. Mis recuerdos son mudas que duraron demasiado.
Soy como un desecho que duda de la belleza del misterio. Que no valora suficiente el esfuerzo de los corazones perdidos. Que abraza la soledad de espinas como a su último consuelo y espera reunirse con la perfección cuando haya dejado de creer todas las mentiras de este mundo fugitivo, desanimado. Que sólo puede programar para agotarse.
Y cómo irme sin cantar a la vida de los niños que somos por dentro? No quiero ser así. Me gustaba cuando todo era más fácil, pero no puedo volver atrás. Todos lloramos demasiado y por eso lloramos. No lloramos por fuera, sino por dentro. Esto es lo que no entienden los tontos. Los que miran por el lado equivocado. Los que se mienten al fingir que son su exterior. Los que más sufren el engaño, porque creen resistirse mejor.
Ellos son los que más necesitan llorar. Detesto esta vida por lo imperfectos que nos hace parecer. Por lo cíclica y desesperante que es la cultura, superficial y arbitraria, a pesar de su rebuscada y avanzada complejidad. Asimétrica, monstruosa. Pura apariencia que muerde y devora. Pero nosotros permanecemos hasta el final, por nuestra debilidad. Es irónico. Casi diverdido. La cultura no termina de devorar el alma de las personas. Por eso sigo escribiendo aquí.
lunes, 27 de julio de 2015
Sempiterno
Me he asomado al mundo lo suficiente. Hago esto y me preocupa que no lo lean, pero ya no me preocupa tanto. No me preocupa igual. No he cambiado el ritmo vital. Tiene su propio ritmo. Soy un efecto más de él. Encuentro que mis prioridades no son las que deberían ser. Son otras. Estoy cansado de todo, pero sigo aquí. Me olvidaré de nuevo.
Es esta rabia cobarde la que me consume por dentro. La rabia de los ignorantes, el nido de demonios y culpas. Sólo pagamos lo que hacemos y lo que no. Somos eternos desconocidos e inadaptados. No quiero estar aquí, pero no tengo elección. Cualquier parte es el mismo lugar. En verdad, no soy tan romántico. Si algo está ahí es porque no sobra. Las explicaciones suenan a excusas indiferentes. Todas las excusas, insuficientes.
No haré un mundo nuevo. Pasa mi vida, como cada día. Espero improvisar mejor. No sé a dónde me llevan los hados. No sé si yo podría darles vida con esta debilidad persistente en la fugacidad del universo personal. Uno no elige cuándo reponerse. No termina de reponerse, por más que insista su energético orgullo. Es el humor más impertinente que tenemos que padecer. El que todo lo complica y lo resuelve.
Viaje
Me siento en el lado verdugo del amor. Mi perro está lejos y ahora no lo comparto casi con nadie más. Los humanos suelen caerme mal y los evito. Debo ser para ellos igual de insoportable de lo que ellos son para mí. Mañana nos vamos de viaje y seguro que no imagina lo que realmente pasa. Pero siente las consecuencias, por muy básico que sea su entendimiento. No hace falta más.
Tarde o temprano llegan los cambios. No nos gustan a nadie, en realidad. Estaremos fuera unos días. He intentado ser más paciente o alegre en mi vida cotidiana, pero la sigo odiando y soportando sin remedio. Siento que las circunstancias y las personas que me soportan son una especie de pared fría y muerta que me presiona.
No quería escribir sobre esto. No me parece relevante. Para mí, sólo es relevante ahora mi falta de independencia económica, mi cobardía, mis pensamientos persecutorios. Mi pereza. Vamos a Polonia a ver a mi hermano. Cada día me cuesta más convivir con mi madre. Veo que no estoy de acuerdo con ella en nada de lo que hace ni lo que ha hecho. Demasiada impaciencia y brutalidad. Lo noto, aunque disimule. Es desmotivante.
No sé si las cosas serán diferentes cuando me vaya, por fin. Creo que estaré mejor. Pienso en ello una y otra vez. He estado atascado aquí demasiado tiempo. Ya he estado solo. Me gusta la vida tranquila y retirada. Me ayuda a pensar mejor. Quiero trabajar para apartarme del mundo, para hacer mi mundo. Todos lo hacemos. Todos somos culpables de lo mismo.
La clase media es una de esas aberraciones de la naturaleza que aún me sorprenden. Es tan cotidiana. Tan comprensible, a pesar de nuestros cambios de humor, de nuestras excentricidades. Da respuesta a todo. Siempre acaba teniendo éxito. Solemos encontrar el camino más fácil. Lo que quiero decir es que a todos nos vuelve normales (vulgares) nuestras pasiones perfectas y fatalmente transversales. Cuídate de buscar "gente especial". Sabes lo mismo que yo.
Teatro
Quería creer que eso era todo. Lo vi claro y pensé que no hacía falta buscar más, pero el tiempo ha seguido pasando. Siempre sucede. Era mucho más. Otra cosa. Soy libre y no comprendo mi libertad. No conozco su origen. Sólo especulo. Me apasiona. Absorbe mi interés y mi atención, pero la atención va y viene. La teoría no es suficiente, ni la terapia.
Quizá lo único que nos consuela son los sentimientos que podemos compartir. Hace sencillo lo que es complicado. Es cierto que manipulamos y nos manipulan, que todos estamos atrapados, sentenciados. Nuestra salida es la pasión. Eso la hace existir. Si supierais lo que disfruto escribiendo todavía, a pesar de todo lo que ha llegado a aburrirme. Tantas cosas. Es una suerte. No renuncio a ello. Prefiero tener, al menos, una pasión con la que desahogarme. A veces, incluso disfrutar.
Tengo más de una. Todos las tenemos. Somos versátiles. Eso nos hace especiales. Quizá los problemas no sean, después de todo, tan difíciles como queramos creer. Como nos acostumbramos a querer. Es otra venganza de la pereza.
Desafío
Me siento como un niño otra vez, deseando estrenar su juguete nuevo. Mi juguete es la sabiduría. El mundo no ha cambiado. Miro en sus ojos de nuevo y veo la misma locura, la misma hambre, el mismo aburrimiento. Soy yo el que ha cambiado, aunque también sea mundo. Soy esa diferencia efímera que lo supera. Siento que soy actor para los demás y para mí mismo, sólo por fuera.
Hoy casi es un día diferente. He rozado la novedad con los dedos invisibles de mis ojos. He jugado a descubrir. No sé lo que me espera mañana. Alienación previsible y familiar. Ensayo y hábito. Por cada pasión, un instante consumado. El mundo se mueve y se forma en instantes. ¿Cuánto importa la exactitud, si recurrimos a ella por orgullo hasta que la olvidamos de nuevo?
El mundo se defiende con retórica, pero sabe que perecerá. Es lo primero y lo último que aprende su corazón. Fuera de mí sólo hay cultura. Donde quiera que mire está su marca invisible. Su virus benévolo y civilizador, casi completamente nihilista. Falso e insuficiente. Es una especie de mi trabajo. Una versión de entusiasmo personal.
Puedo jugar como quiera, si creo que puedo poner las reglas. Me anima seguir este camino. Renuncio a los demás. Busco mi secreto, intentando sincerarme. Siempre hay hueco para la creatividad.
domingo, 26 de julio de 2015
Nuevas ideas
Hace un día maravilloso. La mejor hora del día es cuando el sol está más alto, porque brilla más. Hoy me he levantado contento, positivo. No quiero pelear más conmigo mismo. Quiero darme una tregua. No creas en la aportación más grande, sino en la más pequeña. La naturaleza no desaprovecha nada y es mucho mayor. Relájate y descansa. No vale la pena luchar, si no saber por qué luchas.
Estás bien. Nada te falta. Son las ilusiones maliciosas las que te atormentan, las que amenazan tu paz. En tu interior sabes que estás bien, que no es tan grave. Que en realidad sólo deseas seguir adelante. Que ni una sola de tus quejas ha tenido el efecto deseado. No eran suficientes. No eran claras. Has pasado casi toda tu vida durmiendo. Más de ocho horas al día de media.
La naturaleza es sabia. Nada te gusta más que dormir. Es tu límite. No le has prestado la atención que merece. No has sido realista. Entrégate a las nuevas ideas. Acepta que las viejas pasaron. Avanza. Sigue buscando tu sitio. Pero no olvides que estás bien y que todo fluye más allá de ti. Que la serenidad es otra cosa y que la alerta es puro instinto de desconocimiento, no de supervivencia, porque nadie sobrevive al sueño, lo más real de todo.
La naturaleza nos ha hecho amar el descanso más que a nada. Por eso lo perseguimos angustiados cuando no lo tenemos, cuando nos alejamos de él, con o sin voluntad. ¿Qué es la voluntad? Por eso nos sentimos fracasados en el resto, despiertos, vigilantes. Incapaces de descansar. Hambrientos de sueños que no son el sueño. Nos tribulamos y nos entregamos a la ansiedad. Damos lo mejor por lo peor y sólo somos víctimas de nosotros mismos.
No soy Sócrates, ni Platón, ni Leonardo o Newton, ni Goethe, ni Einstein. Soy yo mismo. Mi vida es pequeña, sí. Estoy en una era de vidas pequeñas. Me parece (maldita ilusión) que nunca lo han sido tanto. Yo desearía no preocuparme tanto por ello. Desearía ser más feliz con lo pequeño y sencillo, sin imaginar lo grande y complejo, pero caigo como todos.
Estoy bien, hoy es un día maravilloso. No me falta de nada. Pienso que no hay felicidad que no pase, que perdure y que ese es su destino. Desearía poder aceptar esto como lo más evidente. Amo el sueño. Este es mi sueño favorito. No la amargura, sino el júbilo. No la herida, sino la cura. No el llanto, sino la risa. No la angustia, sino la serenidad.
Pero estoy obligado a conocer más profundamente las dos. Eso hace esta vida. Ese es mi destino. Ahora estoy despierto y pienso en el secreto de los sueños. El sueño no tiene ninguno. Todos guardamos el mismo secreto. No podemos mostrarlo, sólo ocultarlo.
En él está toda la verdad que necesito, pero sigo vivo y el tiempo pasa. No necesito desear más de lo que deseo. No tengo nada. Esto es muy fácil, lo más fácil. Las tensiones se romperán, todo se desmoronará en un profundo y dulce sueño, como en algún principio remoto y sagrado.
Enigma
Idealizamos nuestra vida. No controlamos el pensamiento. He escrito demasiado y sigo escribiendo. Necesito un sistema que no abandone. Hay algo en mí que es permanente. Se me escapa. Me olvido de ello. Ahora me importa más que antes, porque quiero poseerlo. No se ha ido la tormenta de la ambición, con todos sus demonios y quimeras.
La ambición sólo es una tormenta del espíritu. Deseo la paz. No he terminado de preparar la guerra. Es evidente que queda mucho por hacer. Me relajo y lo pago. La vida se me adelanta. Me deja atrás. Siento migajas. Estoy traumatizado, herido, obsesionado. No sé si puedo sanarme, si quiero sanar. Sé que sigo igual. Que me cuesta soportar esta vida. Me costaría soportar cualquiera.
No he asumido que estoy solo y aún imagino la misma compañía, la compañía eterna, perfecta. Me duele la certeza de que sólo sea una distracción cotidiana. Un truco de la mente engañosa. Todo en mi vida es cultural, fuera de ella. Todo es cultural. En realidad, no sé lo que es. No he terminado de escribir. Sigo escribiendo las mismas cosas.
No soy rico ni famoso, ni mi talento es extraordinario. Persigo sueños que cambian. Tal vez sea sólo yo el que cambie y todo esté como siempre y sea su mismo sitio. Qué importa. Sigo buscando consuelo en la escritura. Por eso lo hago tan a menudo. Este soy yo.
sábado, 25 de julio de 2015
Excedente
Hoy tampoco creo en la gente ni en mí mismo. No llega el milagro. Se retrasa demasiado. Sigo quieto. Digo que espero, pero en realidad no quiero moverme, ni ser diferente. Sólo que todo venga a mí, sin florituras innecesarias, sin pomposidades. Creo que no sabría reconocerlo así. Por tanto, no sabría aprovecharlo.
Sé que todo es lo mismo o de eso intento convencerme aún. De aquí no saldrá una obra maestra. No una de la que estuviera orgulloso. Todos queremos cambiar el mundo sin hacer nada. Es por la incomodidad, como las moscas en verano. La náusea molesta. Apuramos excusas, inseguros. Entonces, vivimos todavía.
Odio mi vida porque creo que es difícil y es todo lo que conozco. Porque la he vivido yo y no sabía lo que era. Aún lo desconozco. Sólo buscaba lo siguiente, lo inmediato, ignorando todo lo demás, mucho de lo que nada sabré, de lo que seré los restos. Cómo dudarlo. Duele, pero incluso eso es olvidable. Un límite doloroso y humano que puede no significar nada. He ahí la verdadera angustia. La sincera y breve.
Odio mi vida porque las palabras no bastan e insisto en que basten, porque no me atrevo ni quiero hacer nada distinto. Esto es cómodo, mi néctar venenoso, mi veneno favorito, mi consuelo, como la soledad, pues sólo en ella he encontrado realidad, sinceridad, caridad. Verdad. Pensamiento y nada más, curiosidad inocente. Tranquilidad. En lo demás sólo hay ilusión, pasión ciega, ladridos, desesperanza, nulidad. Desacuerdo. Aflicción. Competición absurda. Faenas sin justa recompensa, arbitrarias, caóticas.
Odio mi vida porque no quiero arriesgarme, pues soy débil y breve, pero tengo la marca inconfundible de desear demasiado, de desear la eternidad que ignoro por completo, porque yo soy ignorancia efímera y repetitiva. Soy casi la completa sordera de lo espiritual, como cualquier otro. Anónimo, a pesar de cualquier identidad.
No tengo elección. Todo es riesgo. Era mucho más y no puedo volver atrás. No puedo elegir no ser egoísta y me siento solo, impotente y caprichoso. No conozco el valor del tiempo. Sólo que pasa. Es lo único que sé de él. No espero saber nada más. No llegaré a tanto. Me consuela el ideal de no desear la excelencia, sólo de deshacerme de ese deseo fatídico, infernal, maligno. Pero en realidad no es distinto de mí. Es lo que más me cuesta aceptar. Es tan difícil. Parece imposible. Inconcebible.
No me atrevo a aventurar por qué es tan difícil, ni a decir que no he vivido suficiente. Que no he probado suficiente. Ahora ya no quiero cambiar, porque me ha nublado el miedo y quiero sentirme así. Espero con todas mis fuerzas agotar esta oscuridad a contrarreloj, desencadenarme, pero pasa el tiempo y todo sigue igual. Me agoto en vano, impulsado por mí mismo. Soy parte de la cadena. Nadie viene a salvarme. Estamos solos y odio el mundo.
Odio el mundo que soy, porque no he sabido dominarlo. Porque no me he esforzado en amar lo suficiente y me quedan pasiones confusas e imperfectas que me doblegan. Que me anulan y me deshumanizan. Porque no quiero ser este tipo de personaje. Esta bestia miedosa y ridícula que no cambia ningún universo. Padece apenas uno de ellos, breve y diminuta como es. Indescriptiblemente breve y diminuta.
Esta bestia que se cree el límite de sí misma. El límite de las demás, de la cosa o de las cosas, en su delirante soberbia, que le hace olvidar el inapreciable tesoro de su humildad, la única virtud verdadera. Que no hace más que desordenarse y humillarse, insistir en su estupidez con vehemencia.
Esta violencia de pasión inacabable y brutal me desconcierta, me abruma. Casi me deja sin esperanza. Retrocede y vuelve a embestir. No tiene alma. No sé lo que es. Carcome sin tregua, más allá de mis olvidos y descansos. Los atraviesa. Siempre está ahí. En cualquier vida. En cualquier momento y lugar, desde el principio.
Quisiera poder mirar de otra manera en mi interior. Encontrar algo que no fuera cieno de inconsciencia, pero soy eso mismo, lo que no quiere admitir el orgullo, el primer impostor. No es otro. Este mundo de mundos nada en el engaño y es imposible cambiar el sentido de las cosas, sin cansar estas fuerzas mortales y mundanas en el intento. Cargante expectación nos obligamos a transmitir, llegando incluso a la locura.
Pero no se agotan tanto en aquéllo como en el intento de recuperar lo perdido, de conservar lo que queda. Sin eso, nada hay de humano en nosotros. Nada verdadero o valioso de la dignidad humana. Me rindo a esa irresistible misericordia.
Estas gentes de mundo son cansinas y penosas, los que quieren salvarse de su debilidad con más debilidad. Y yo quiero estar preparado para sentir compasión por ellos, pero aún siento odio virulento, impaciencia, incredulidad. Siento la profunda daga de la traición en mi corazón, que sangra improperios, desprecio, despecho. Eso siento. Deja que pase el espectáculo pérfido y frívolo del mundo, que amenaza toda serenidad, que no deja de ser maia, ni siquiera en su mejor momento. Su brillo es sólo distracción, tentación, perdición.
Odio mi vida porque deseo el control y existe la desesperación, en lugar de la esperanza (que no llega). Existe el monstruo de nuestras pasiones, devorando a ciegas sin límite y parece invencible. Por un momento fugaz parecemos dominarlo y recaemos de nuevo. Todos por el mismo hueco, doblemente hastiados. Para mí, esa es la única malignidad de la naturaleza, porque soy ignorante. Así me reconozco.
Es dolorosa esa frustración. La que dibuja (o desdibuja) la vida patética, ociosa, prescindible. La única que he conocido y en la que sueño, insistente, impaciente, incrédulo, con una vida distinta, mejor, sin tener la menor idea de cuál. Una vida menos punzante, a pesar de la mejor comodidad. No somos santos ni mártires. Somos canallas desesperados que deberán cansarse de penas insoportables.
lunes, 20 de julio de 2015
Si todo fuera exacto
Si todo fuera exacto
nada sería exacto.
Nada pasaría.
No podría ver (¿cómo?)
mi error incorregible,
el exceso de mis errores.
Porque no habría límite,
que es lo ilimitado
y siendo el error pasado
no comprendería
el estado en que me encuentro.
Menos que ahora.
Si todo fuera exacto
sería más nadie todavía
y no habría hipótesis
de asfixia o pérdida,
de carencia,
porque nada estaríamos
para sentirnos solos.
Y no habría posibilidades
para quejarse
porque el error del lenguaje
sería una quimera imposible
y nosotros demasiado
pequeños para existir.
Si todos fuéramos exactos
no habría espacio entre nosotros,
entre tú y yo, entre tú
y tus interiores sucesivos,
porque todo sería espacio completo
lleno y vacío.
Estar y no estar.
Ser y no ser a la vez.
Si todo fuera exacto
nada tendría sentido de verdad
teniendo todo el sentido
y el tiempo sería eternidad
de perfección incomprensible
que no empezaría
para no poder terminar.
Incomunicación
No existo. No soy alma. Me manipulan. Me manipulo a mí mismo. Odio mi vida. No hay comodidad inmediata y total. Hay vicio y represión. Estoy harto. Sólo vibran mis miedos. Cuando ellos suenan yo estoy paralizado. Sólo trabajo para ellos. Son mi sumisión. Mi religión más oscura. ¿Cuándo podré vivir tranquilo y (no) ser normal?
Eso no es para mí. Debo seguir la dirección de la anomalía. No digo cosas bonitas, ni de forma bonita. Sólo intento decir la verdad. Llegar a alguna parte. Cualquier otra. La belleza es una mentira que hace daño y por eso la temo. No quiero sufrir más. No quiero cansarme y perseguirla, si no creo en ella. Pero es todo lo que he hecho hasta ahora.
No hay aniquilación para mí. No hay sorpresas. No he terminado de ahorcarme por dentro. De enrocar. Viviría de otra manera si supiera. Si pudiera. Pero no hay manera posible de evitar este desgaste. No es sacrificio porque no es deseado. Es una corrupción ilimitada, una peste incontrolable.
Quisiera decir, por ejemplo, que todo me conmueve con sencillez y que no pido más, que no lo necesito. Sería una mentira deliciosa. Está prohibida. Cuanto más la tanteamos, mayor es el castigo. No puede haber disuasión más eficiente. No es nuestro oficio. Sé que no soy el hombre que detiene el mundo.
domingo, 19 de julio de 2015
Rabia vacía
No podemos conocer ni comprender nuestra miseria. Sólo podemos luchar contra ella. Todo lo que tengo es sentido común. Es el que ignoro. Por él me someto y pago mi deuda. No puedo ser otra persona. Espero lo que no llegará. Soy el mismo sitio, aunque todo se mueva. No puedo verme por dentro.
El tiempo sólo me importa emocionalmente y lo olvido como todo lo demás. Hoy, el nihilismo tiene el mismo sentido que hace ochenta años y la gente va a comprar, a la playa o al cine como si no hubiera existido. Mi cultura es levantarme entre las 12 y la 1, sin apenas remordimiento, sacar al perro y escuchar historia. Ignorar mi trabajo final y angustiarme. Avanzar otro poco, después de muchos días desaprovechados. Intentos fallidos que a nadie importan, en realidad.
Tormento y éxtasis. Estupidez. Hoy enviaré algunas correcciones. Vuelvo a destripar el mundo. Se regenera, como si no le hubiese hecho nada. Mi desconcierto es innombrable y me aburro de marearlo. Leo por encima líneas relevantes que parecen irrelevantes. El pasado no puede salvarme. Hay música por todas partes que no significa nada. Intento reaccionar en vano. Esa es toda mi caída.
No recuerdo haber sido más natural, pero antes era otra persona y sólo he avanzado por fuera, demasiado pronto hacia ninguna parte. Pero sigo escribiendo y eso significa que debo sobrevivir así. Reposo, aunque siga angustiado y no está tan mal usar palabras como estas, liberarme, jugar y esperar. Eso es satisfacción. Es otra forma de progreso reírse del progreso.
Se acerca la noche y no es un día diferente. Escribir aquí o allí no cambia mucho el resultado. Prefiero que algunos me escuchen, porque las miserias están para compartirlas, para reírse de ellas. No lo son tanto y no oculto mi cobardía al despreciar miserias peores. ¿En qué me ayudaría? Ah, sí. Es cierto. Siempre hay alguien peor. Por eso se olvida al minuto siguiente. Porque es muy importante.
No veo futuro sin terapia de choque y todo me aburre profundamente sin creatividad, sin improvisación. Pero lo esencial es mecánico como el infinito y nosotros no debemos ser tan importantes si pasamos desapercibidos. Rapsodias en todas direcciones y vosotros tan desconcertados como yo. Espero que no mucho más, porque no podríais seguirme. Qué divertido es jugar cuando suena bien esta música. Todo se soporta mejor.
Abyección
¿Por qué es tan difícil vivir? Porque todos soñamos con una vida diferente. Porque no podemos dejar de soñar y los sueños nos llenan de pasión, de curiosidad y de ansiedad. De temor y melancolía. Eso es lo que pasa y no cambia nada decirlo. A lo mejor alguien no se había dado cuenta todavía.
Nos encantan las minucias. Lo detesto, pero es así. Todos sabemos que es una distracción y parece que eso no cambia nada, que es irrelevante. Sigue habiendo listos y tontos, aunque todos seamos tontos por quedarnos en el camino. Porque no somos tan buenos, ni eficaces, ni brillantes. Sólo nos creemos audaces, condescendientes. Especiales. Pero no lo somos. Y no sirve de nada recordarlo, pero yo lo hago, porque creo que es lo más importante. Lo indivisible. Que no hay que perderlo de vista.
Nuestros temores dan asco porque somos ridículos. Nuestros vestidos y hábitos. Nuestras estratagemas y extravagancias. Evitamos hasta el último suspiro lo único seguro y nos inventamos mil historias para seguir iguales todo lo posible. Nos quejamos, pero insistimos. Eso es sobrevivir. Odio no tener autodisciplina. No mantener nada. No cambiar nada. Cambiar y no saber por qué. Ser libre y desconocido. No sé por qué digo esto. No sé lo que digo. Es inaceptable. Incorregible. Por si acaso, queda escrito.
viernes, 17 de julio de 2015
Mientras vivimos
¿Cómo puede no ser suficiente desenmascarar al Mundo? Todo sigue en la misma dirección, sea cual sea. Remuevo creencias obsoletas y pienso: cariño, qué ha sido de ti, que has dejado atrás tu cuerpo marchito y amargado? que has renunciado a la belleza de la inocencia? Abuso es practicar lo que se castiga.
Ignoramos nuestros tormentos, o eso creemos. Y comemos, dormimos, hablamos. Procuramos no sorprendernos para llegar antes a desaparecer. Porque no soportamos haber aparecido. Sé que soy monotemático. Esto me parece importante. No puedo sustituir mis obsesiones por otras. Supongo que no sería el mismo.
jueves, 16 de julio de 2015
Nulidad
Ahora, que estoy muy esotérico, me gustaría saber qué os pasa por la cabeza. Si estáis en medio de alguna tragedia o desengaño amoroso, si sufrís una convivencia familiar inhóspita. Si ignoráis el hambre o la guerra del mundo, porque sólo podéis ver y sentir la guerra y el hambre de vuestro corazón. Es curioso, porque, en realidad, no creo que me encontrase nada sorprendente. Nada que no haya visto antes.
Y es cierto que temo ahogarme en mi propio descubrimiento. Busco el último impacto porque es lo único que temo, aunque huya de él. Lo busco invisible y cómodo. Lo busco inmóvil. Inerte. Eternamente oculto. Sólo en mi imaginación. Así es más seguro. He estado ojeando mi página. Da asco lucirse, pero al mismo tiempo produce unas cosquillas parecidas al orgasmo. ¿Quién puede resistirse? Son esas debilidades el denominador común de lo mortal.
Ahora, pensaba también en quitarme de encima esas obligaciones tediosas que persiguen y amenazan mi pasado. Nunca salen de mi imaginación, como el alma del cuerpo. Y pienso en los cambios de temperatura, en las precipitaciones y en el movimiento de las estrellas. Pero eso no me sacia. Encuentro el defecto, la sed en todo lo que veo. La ofensa. Encuentro la oquedad indefensa y desesperada. El placer estético como la mentira más sublime.
Luego, pienso en seguir con mi farsa tranquilo, porque todo me arrastra y no tengo que esforzarme. Hacia el desgaste. Pero es algo tan lejano como el resto. Hablo por hablar. Me he envanecido y ninguno puede ver mis secretos. Ahora, se me ocurre imaginarme sin ojos, sin recuerdo de los ojos, porque todo es tan visual y tan engañoso.
No puedo decir que haya avanzado. Creo que no estoy preparado para lo que viene. Unas carreras más y volverá a ponerse el sol, para volver a salir. Es un maratón delirante, una fuente de estrés que se vuelve deliciosa, cuanto más lejana queda. No sé lo que digo cuando me pongo a hablar en serio. Es demasiado para mí. Pero, en realidad, creo que no quiero saberlo.
Incólume
Observo que tenemos la inquietud de que todo se nos vaya de las manos. Que nuestro dolor sea en vano. Que nuestro miedo procede y se dirige a la entropía de lo desconocido, a su misterio. Observo que el orgullo hace las cosas importantes y luego las deshace. Que somos nadie y tenemos miedo de lo que somos, porque no terminamos de conocernos. No hay vida para conocerse lo suficiente.
Observo que los sistemas complejos son interminables y nos encontramos en medio de algo mayor, más rápido, más potente. Que al intentar cambiarlo nosotros, nos sometemos a ello. Nos deshacemos en ello. Observo que no hay poesía, en realidad. Pero se sigue perdiendo mi mirada en una piedra, pensando en sus átomos, en el pegamento del mundo, la virtud más pequeña de Dios.
Pienso en todas las confusas imágenes del pasado, en los acordes y desacuerdos, en las trivialidades. Porque es todo en lo que puede pensar alguien como yo. Porque quiero ser alguien y no empiezo por definirme, por definir mis verdaderos temores.
Porque sólo quiero existir lo suficiente y no acepto esta existencia. Nadie puede aceptarla. Y hoy es un día cualquiera y quiero que sea el día definitivo. El primer día del resto de mi vida, como en los 70, cuando aún había corazón entre nosotros, aunque estuviera muriendo.
Hoy todo es transparente y describe su insustancia con absoluta impotencia y yo quiero ser lo que no soy, porque aún puedo soñar, porque el sueño resiste y sobrevive cualquier catástrofe espiritual. Incluso cuando uno se suicida, imagino que también espera volver a soñar otra vez. Calmar las aguas del espíritu.
Penetrar un nuevo sueño, el último sueño. Alejarse de los gastados sueños que se convirtieron en pesadillas, como una supernova o un agujero negro que ya no puede ser su vieja estrella. Sólo soy un efecto del viento que se ve y del que se puede dudar su existencia. Soy la duda de la que no se puede escapar.
miércoles, 15 de julio de 2015
Bonus
Otro día sin terminar las obligaciones. Sin saber cómo gastar el tiempo. Sin acuerdo. No me he quedado satisfecho. Otro día soñando con lo lejano y lo que parece inalcanzable, arduo, demasiado maravilloso para ser cierto. Otro día sin ideales que basten.
Un día dedicado a escribir, preocupado por no tener libretas. Necesito más libretas. Qué incomodidad. Pensando en la fugacidad de los amigos, de la abstinencia, del desagrado y la repugnancia hacia lo superficial. De su cruel triunfo, hasta en lo más insignificante. Inundan los momentos, los cubren como insectos indistintos, sincronizados, invencibles.
Otro día dedicado a la melancolía y la fantasía, pero es una fantasía pesada como un adagio o una elegía. Algo demasiado pesado para ser sólo vida real y cotidiana. Un día dedicado a las mentiras que uno no sabe vencer, que le aburren y que termina tolerando sin fuerzas para combatirlas. Sin interés. Sin pulso.
Pero ahora no es diferente de como solía ser. No miro mis libros igual, ni las caras de la gente, ni las páginas de internet. Somos tan pedantes y tan depravados. Pero nos obligan. No es culpa nuestra, en realidad. Sólo estamos cansados. Permitidme, queridos lectores, hacer un poco de terapia para mi alma confusa y dolida. La verdad es que sois un consuelo, a pesar de todo. Os sigo imaginando con entusiasmo, a pesar de mi lucha.
Os imagino interesados por mi pequeño drama y yo quisiera saber de los vuestros, porque así tal vez me sentiría menos solo. Pienso que el alma desea escapar de la prisión del cuerpo, que no le basta ninguna rutina y que sus intentos son aplacados por este armazón de carne, sangre y apariencias de sombra cavernosa. Ya sabéis, la tradición. La comodidad insustancial de la costumbre. Dejadme reposar en ella para descansar un poco de mis quimeras.
Creo que superaré este día. El mérito no es mío, sino de la máquina de tiempo que rueda, aplasta y amolda nuestros espíritus cansados. Nuestros pensamientos harto conocidos y cubiertos de decepción. Ahora juego con vosotros, porque no soporto este aburrimiento. Por hoy, no es suficiente. Dejadme seguir imaginando vuestras propias luchas, mientras yo soporto la mía hasta volver a atacar con mi mejor golpe. He sido muy vago hoy. Ya he estado así antes. Esperando la muerte de la rutina para que llegue otra.
Sólo me apetece descansar de tanta mediocridad. Tal vez así encuentre algo más soportable para el siguiente nivel, que es el mismo nivel. Amigos míos, la belleza es una prostituta que juega con nosotros, se ríe y nos abandona, inseguros de saber si realmente ha existido. Aparece una vez, como un espejismo y luego nos deja imaginarla de tantas maneras que uno cree volverse loco. Así funciona la belleza verdadera.
Confession
I wish it would be different, but is not. I´m pressed to believe that all my thinking, all my memories are special. It has to be a lie. I´m not that special. I can only lie and believe in lies, because I´m the smallest thing I can imagine. I must be the limit. I´m wasted. I don´t want to keep this way, this kind of life. This is crazy.
I can´t be quiet. I don´t stop thinking. I can´t rest. Life has no rest. Death make us all normal, equal, natural. Expendable. I would like to be different. This is the way I am. I´m an obsessively dreamer. I can´t stop thinking on the future. On success. But these days I don´t believe in success. I only believe in the lie and doubt. I don´t believe in me. I hate to doubt.
If only I could be myself, without questioning every action, every thinking, every move I make. I don´t want to be a lier anymore. I just want to be normal. A true kind. But I´m wasting my time trying to change me. I´m a misfit. A coward. A lazy kid. An amateur. A selfish stupid. An hypocrite. Why things get so complicated?
I would like to spend my time being lovely, sharing the joy and peace of my heart. I can´t do that. In my heart there can only be doubt. I can´t do anything without expecting on the future, on some prize, some holy grail. I hate to be that predictible. I hate to be wayward.
Nothing changes. We only go through life. We get wasted. We dream the impossible. All that memories I want to save are not that special. They are just memories, like any other. But they are special for me. They are the only proof of the end of my innocence. The end of my ignorance. The beginning of my doubt.
I would like to talk about my childhood every single day until I get wasted. When I figure myself from the outside, I think that it has to be unpleasant to hear someone so narcissistic as me. I can´t help it, but I hate it. I´m not disciplined.
I would like to talk about everything I made. I want to be exhaustive. I want to criticize every movie I watched, every series, every song and band, every journey, every friendship, every love. Absolutely everything. Until the end. I wish I could feel better in the end. I wish I could feel comfortable, satisfied.
I don´t know what is next. I have never arrived so far. I have failed by now. That is my obsession. My goal. What really bothers me. The rest is just a complement, because I can´t feel all that is in danger. I said that I was really selfish. I don´t expect nothing different in the rest of the people. I want to find something really special, even for me.
martes, 14 de julio de 2015
Revuelta
La cultura nos impide perdernos, por mucho que lo deseemos. Sólo busca sobrevivir, a pesar de nosotros. Todo lo rescata y lo transforma. Todo lo transmite. No me gusta este mundo porque todo es incompleto en él. Yo soy incompleto, por mucho que intente completarme. Sé que este intento no va a servir de nada. Que sigue siendo el mismo enigma.
Porque no quiero aceptar la farsa. No quiero aceptar el remedio por ser la enfermedad. No estoy bien. Me estoy muriendo y estoy obligado a mentir. A desconocer. No sé quién soy y dudo que llegue a saberlo algún día. Todo es siempre lo mismo. Escribo sólo para mí.
Me quejo y no pasa nada. Me quejo en vano. Tengo mis necesidades cubiertas. Puedo medrar pero soy caprichoso. Me da asco la naturaleza humana. Reniego de ella. Intento evitarla. Es toda una molestia. No obtengo consuelo de la verdad. Sólo incertidumbre. Así la reconozco. Esto es pus, hiel, algo sucio, algo impuro.
Por eso quiero sacarlo. Sólo soy normal. Uno más. Mi vida parecía tan especial cuando era pequeño. Cuando soñaba y temía desde mi pequeñez, mi desnudez interior, mi fragilidad. Pero era diferente. Parecía (aún deseo creerlo) tan suave, bella y dulce. Mis fantasías. Mis costumbres. Todo era maravilloso. Pero crecí y me desengañé.
Por todas partes prolifera la mentira del retorno a la inocencia, a la pureza y virginidad perdida de nuestro espíritu. La parte más vigorosa de mi razón postula que es al revés. Pero ella es mucho más fuerte que yo mismo. Es un ideal de perfección.
La inocencia no volverá. Esto es lo que hay. Nos hemos desgastado. No podemos volver atrás. Por más que intentemos impactarnos, ofender con la mentira, la verdad puede mucho más. El paso del tiempo y el olvido. El verdadero y único descubrimiento, lejos de los entretenimientos y distracciones vanas.
No hacen falta palabras extrañas o elegantes. Ni imágenes impresionantes, ni la exageración de la belleza estética. Pero insistimos en todo ello, como un leviatán insaciable y monstruoso, como un abismo sin humanidad. Como un río desbordado de ella. No hay diferencia para mí.
Sobran. Como nosotros, en realidad. Estamos de paso. A la hora de la verdad, cuando vamos a perderlo todo queremos reconocimiento. Queremos las migajas, porque debemos renunciar al trofeo supremo. Qué trofeo? El oro se oxida y sólo es metal. El oro no es el sueño del oro. Y nosotros alabamos la mentira como enfermos delirantes, mientras nos desgastamos, imperfectos y confusos. Ardientes en la duda.
No. Esto no está bien. Algo va mal aquí, en todo esto. Desde aquí abajo, clamo hacia alguna parte superior, hundido por la pasión de mi desconocimiento. Qué puedo hacer sino eso mismo? Pero yo sé que mi clamor no obtendrá respuesta. De mi interior proceden las mentiras, no del exterior. Ese es mi único poder. Por muy persuasiva que sea una persona sólo es una persona. Yo quería creer en cosas maravillosas. Ahora sólo desconfío y miro atrás con recelo.
Eso es lo que hago. Eso es lo que nace de mí, a pesar de mi impaciencia y exasperación, de mis "nuevos descubrimientos", meros avances y retrocesos humanos, dignos de la burla divina. Y cuanto más insisto, más lejana y fugaz se me antoja la verdad mudable. Pero todo sigue igual y mi desconfianza es una exageración, un error. Una anomalía.
Soy otra cosa. Tal vez una contradicción. Tal vez una complejidad inextirpable. Quién sabe. No sabemos quiénes somos en realidad. Sólo algunas mudas que resisten. Algunos sentimientos que cambian de forma para subsistir y seguir frescos. Deseaba amar sin miedo pero eso es imposible.
Amamos por miedo. No hay otra razón. Esa es nuestra roca, por muy incierto y blando que sea nuestro agarre, cambiando en el tiempo, como nuestra pasión. Eso es lo único que tenemos, mientras existimos. Y yo me siento un impulso incontrolable en medio del desorden. Algo eclipsado por lo inexplicable, a pesar de mi conformidad, que es inquietud.
Y no somos nadie, a pesar de nuestras mentiras y arrebatos. Y estamos solos y la esperanza es un sueño de la niñez que no termina hasta que morimos. Y no quiero tener razón en esto, porque no me siento así. No quiero sentirme así. No soy así. Soy otra cosa y no sé lo que es. No voy a parar. No puedo parar. Estamos condenados a seguir. A encontrarnos a nosotros mismos, lejos de aquellos sueños y mentiras viejísimas e insuperables. No será tan terrible. Sólo cotidiano, a pesar del olvido y la costumbre.
Pero también hay cosas buenas, como leer, reír y dormir. Charlar con otros semejantes. Unos más que otros. Liberar la voluntad, de tantas formas. Nada hay más versátil ni inexplicable que la voluntad. Pensar. Soñar. Olvidar. Todo eso también es bonito. Porque en realidad nada hay que no lo sea, mas que la amargura de nuestras contradicciones, que no lo cambian. Lo aumentan. Es la verdad la que todo lo aclara y lo alcanza. La que todo lo hace crecer. No desprecies la experiencia dentro ni fuera de ti. No la conoces lo suficiente.
Porque no quiero aceptar la farsa. No quiero aceptar el remedio por ser la enfermedad. No estoy bien. Me estoy muriendo y estoy obligado a mentir. A desconocer. No sé quién soy y dudo que llegue a saberlo algún día. Todo es siempre lo mismo. Escribo sólo para mí.
Me quejo y no pasa nada. Me quejo en vano. Tengo mis necesidades cubiertas. Puedo medrar pero soy caprichoso. Me da asco la naturaleza humana. Reniego de ella. Intento evitarla. Es toda una molestia. No obtengo consuelo de la verdad. Sólo incertidumbre. Así la reconozco. Esto es pus, hiel, algo sucio, algo impuro.
Por eso quiero sacarlo. Sólo soy normal. Uno más. Mi vida parecía tan especial cuando era pequeño. Cuando soñaba y temía desde mi pequeñez, mi desnudez interior, mi fragilidad. Pero era diferente. Parecía (aún deseo creerlo) tan suave, bella y dulce. Mis fantasías. Mis costumbres. Todo era maravilloso. Pero crecí y me desengañé.
Por todas partes prolifera la mentira del retorno a la inocencia, a la pureza y virginidad perdida de nuestro espíritu. La parte más vigorosa de mi razón postula que es al revés. Pero ella es mucho más fuerte que yo mismo. Es un ideal de perfección.
La inocencia no volverá. Esto es lo que hay. Nos hemos desgastado. No podemos volver atrás. Por más que intentemos impactarnos, ofender con la mentira, la verdad puede mucho más. El paso del tiempo y el olvido. El verdadero y único descubrimiento, lejos de los entretenimientos y distracciones vanas.
No hacen falta palabras extrañas o elegantes. Ni imágenes impresionantes, ni la exageración de la belleza estética. Pero insistimos en todo ello, como un leviatán insaciable y monstruoso, como un abismo sin humanidad. Como un río desbordado de ella. No hay diferencia para mí.
Sobran. Como nosotros, en realidad. Estamos de paso. A la hora de la verdad, cuando vamos a perderlo todo queremos reconocimiento. Queremos las migajas, porque debemos renunciar al trofeo supremo. Qué trofeo? El oro se oxida y sólo es metal. El oro no es el sueño del oro. Y nosotros alabamos la mentira como enfermos delirantes, mientras nos desgastamos, imperfectos y confusos. Ardientes en la duda.
No. Esto no está bien. Algo va mal aquí, en todo esto. Desde aquí abajo, clamo hacia alguna parte superior, hundido por la pasión de mi desconocimiento. Qué puedo hacer sino eso mismo? Pero yo sé que mi clamor no obtendrá respuesta. De mi interior proceden las mentiras, no del exterior. Ese es mi único poder. Por muy persuasiva que sea una persona sólo es una persona. Yo quería creer en cosas maravillosas. Ahora sólo desconfío y miro atrás con recelo.
Eso es lo que hago. Eso es lo que nace de mí, a pesar de mi impaciencia y exasperación, de mis "nuevos descubrimientos", meros avances y retrocesos humanos, dignos de la burla divina. Y cuanto más insisto, más lejana y fugaz se me antoja la verdad mudable. Pero todo sigue igual y mi desconfianza es una exageración, un error. Una anomalía.
Soy otra cosa. Tal vez una contradicción. Tal vez una complejidad inextirpable. Quién sabe. No sabemos quiénes somos en realidad. Sólo algunas mudas que resisten. Algunos sentimientos que cambian de forma para subsistir y seguir frescos. Deseaba amar sin miedo pero eso es imposible.
Amamos por miedo. No hay otra razón. Esa es nuestra roca, por muy incierto y blando que sea nuestro agarre, cambiando en el tiempo, como nuestra pasión. Eso es lo único que tenemos, mientras existimos. Y yo me siento un impulso incontrolable en medio del desorden. Algo eclipsado por lo inexplicable, a pesar de mi conformidad, que es inquietud.
Y no somos nadie, a pesar de nuestras mentiras y arrebatos. Y estamos solos y la esperanza es un sueño de la niñez que no termina hasta que morimos. Y no quiero tener razón en esto, porque no me siento así. No quiero sentirme así. No soy así. Soy otra cosa y no sé lo que es. No voy a parar. No puedo parar. Estamos condenados a seguir. A encontrarnos a nosotros mismos, lejos de aquellos sueños y mentiras viejísimas e insuperables. No será tan terrible. Sólo cotidiano, a pesar del olvido y la costumbre.
Pero también hay cosas buenas, como leer, reír y dormir. Charlar con otros semejantes. Unos más que otros. Liberar la voluntad, de tantas formas. Nada hay más versátil ni inexplicable que la voluntad. Pensar. Soñar. Olvidar. Todo eso también es bonito. Porque en realidad nada hay que no lo sea, mas que la amargura de nuestras contradicciones, que no lo cambian. Lo aumentan. Es la verdad la que todo lo aclara y lo alcanza. La que todo lo hace crecer. No desprecies la experiencia dentro ni fuera de ti. No la conoces lo suficiente.
domingo, 12 de julio de 2015
Karen
Karen tenía los ojos azules o verdes. La conocí cuando tenía unos 11 o 12 años. Ella y sus amigos se ponían a patinar cerca de la casa de Rosa, donde jugaba y cuidaba a su hija pequeña. Fueron mi grupo de amigos por un tiempo.
Me alejé de mi viejo grupo en el que otros niños eran descuidados y ofensivos. Éstos eran mejores. Por eso, uno de ellos recelaba de mis nuevas compañías y se burlaba de aquellos "pijos". Este mismo no tuvo mucha suerte en la vida. Ahora, le compadezco, pero dudo que mi compasión signifique algo para él o sea capaz de apreciarla como deseo.
Al poco tiempo, Karen me atrajo y no quise más que negarlo. En una ocasión fui muy ofensivo con ella. Le habían dicho que a mí me gustaba. Yo fingí que no sabía nada. No quería afrontar la situación. Ella tenía aparatos en los dientes. Me burlé de ellos. Dije que no quería estropearme la boca. No sabía lo que decía. No sé por que lo hice. Le hice daño. Hace mucho que lo siento. Me arrepiento, aunque ya no sirva de nada.
Era un imbécil y demasiado pequeño. No sé lo que pensaría ahora, si me conociera. La he buscado, pero no ha servido de nada. Es mi unicornio perdido. Otro de tantos. La trataría bien. A menudo pienso que prefiero mantenerla en mi memoria para que no me decepcione en esta realidad grotesca y cruel, que se burla de sí misma. Pero tenemos que afrontar la vida tal y como es, porque nuestros sentimientos no la cambian. La padecen. La consienten. Muestran su verdadera forma.
Me imagino que ella seguirá siendo atractiva. Quizá más. La he imaginado mucho, con alguien que la ame, que se preocupe por sus sentimientos. En mis momentos más vanidosos, pienso que podría exhibirme y me alabaría. Pero yo querría ser algo más que un exhibicionista. Me parece demasiado obsceno y ridículo.
A menudo, he fantaseado con encontrármela de nuevo, porque ella sólo es ahora un fantasma de belleza perdida en mi memoria. Fue una persona y ahora no sé qué ha sido de ella. Me gustaría mucho saberlo. En parte es esta soledad, la que me hace mirar al pasado con nostalgia de mis atrevimientos, incluso los más desafortunados, como el que he descrito.
Mis amigos se perdieron en la rueda del tiempo. Él los terminó y mi pasión era una acrobacia de la fortuna, un capricho de lo desconocido, una floritura de mis menudencias. Porque no me siento más que eso, en este momento. Supongo que es la soberbia de imaginar mi vida como una película. Es tan típico de nosotros.
Es balsámico olvidar que el poder es algo mucho más sucio, más impersonal, más incuestionable y lejano de lo que uno querría desear. Sobre todo, un romántico. Yo pasearía con Karen por estos viejos lugares y le contaría la falsa epopeya de mi vida con todo el amor del mundo. Me esforzaría porque fuera especial, porque amo los intentos sinceros. Nos besaríamos y sonreiríamos. Nos abrazaríamos. Nos daríamos la mano, como colegiales.
Nos consolaríamos dulce y cándidamente. Sólo necesitamos consuelo. Que nos escuchen. Que nos digan buenas palabras. Pero preferimos ser perros desesperados muchas veces, que muerden. Que dañan. Que la mayoría de las veces, sólo ladran porque no supieron morder o salieron perjudicados.
Se dieron cuenta de que era mucho más difícil luchar. Que el tiempo cubre los intentos imperfectos con manto absoluto y sereno. Que sus sueños eran arriesgados y era más cómodo sólo soñarlos. Consumirse en los sueños. Ladrar en sueños. No puedo saber o negar si, de todas formas, es lo único que hacemos. Tal es la densidad de la bruma que nos envuelve, el tiempo que estamos vivos. Parece increíble, pero es así.
Tengo a Karen en mi cabeza como a un ángel intocable y prohibido. Ella debía ser mucho más que eso, pero eso no me importa. Sólo quería que fuese mejor, hacerla mejor. Probablemente, terminaría prendido de sus verdaderos encantos, no los que yo le atribuyo, o mi fantasía. Casi toda mi vida he experimentado que no le pido tanto o que es inútil hacerlo. Que me da mucho más de lo que le pido, si le doy tiempo, de lo bueno y de lo malo. Es lo que nos hace falta. Nuestra ignorancia hace irrelevantes nuestros deseos.
No sé si sigues viviendo en nuestra isla. Quizá ya te has marchado. Dudo que nos volvamos a encontrar. Siempre eres la misma, donna angelicata de mis sueños y pesadillas. No eres sólo tú. Pero yo prefiero que seas única. Que seas tú misma. Porque así, imagino que no eres sólo producto de mi imaginación y de mis confusos recuerdos. Sino algo más. Algo distinto.
viernes, 10 de julio de 2015
Sui generis
El tiempo es un prestidigitador increíble, insuperable. Hace de lo mismo algo diferente. Es una especie de agujero negro hacia el que todo se precipita. No sabemos lo que hay al otro lado. Nada debe parecérsele. Son detalles demasiado pequeños los que nos interesan.
Hermanos e hijos del futuro, no me culpéis por ser otro esclavo del tiempo. De su manto de olvido y su sabia o adecuada distribución de matices. No es nuestro el mérito. Nada terminamos. Por donde yo pase también pasaréis vosotros. Todos mis secretos serán los vuestros.
Mi cultura no tiene las apariencias del pasado remoto, sino de un tiempo más próximo. Por más que me avergüence, que quiera ser superior a eso, es así. Es tan fácil decir o pensar: el tiempo pasa cada vez más rápido. Todo es como siempre. Mis héroes eran igual de inicuos que aquellos pasados, ligeramente cambiados, sólo por fuera. Es normal que entonces me impresionaran y atrapasen mi atención y poblaran mis sueños. Hay sueños que no sean inocentes?
Como todos, yo también quería ser un héroe. Ahora he comprobado que nada es lo que parecía. Lo que queríamos hacernos creer. Los sueños pasan. Se llenan y se vacían sin que nada podamos hacer, más que dejar o empezar a soñar. Sólo somos soñadores.
Una vez más, desprecio los detalles. No me parecen dignos en absoluto y no quiero compartirlos con vosotros. Vosotros no habéis visto la espuma de mi corazón, ni los destellos de mi memoria. Sólo os veis a vosotros en mí. Veis vuestras luces y sombras. Admito que quiero compartir algo más. Que me siento acorralado y no encuentro la salida.
Tendré que entregar mi flor al tiempo algún día, aunque no confíe en el mañana. Quién confía? Esperaba que las tragedias fueran otra cosa. Un drama estoico que nos ayudara a lucirnos. Sólo era una trampa de la ficción, también narcisista. El arte no cambia la vida. Da vida, pero no es suficiente. Reafirma las cuestiones fundamentales. El origen y el misterio de la belleza. Nuestro desgaste (sólo nuestro), nuestros ciegos anhelos (tan ciegos).
No. Vosotros no queréis saber mi historia. Quién querría? Pero mi historia no es distinta de la vuestra. Yo no soy distinto. Una vez más, ese instinto salvaje de asir todo a la vez. De asir lo invisible, lo inalcanzable. Lo inmaterial.
Pero mis imágenes son todas materiales y yo me desgasto y me pierdo en ellas. Me canso en ellas; me olvido de ellas. Sobrevivo en ellas. El tiempo me roba la vida que ignoro. Su otro valor. El valor inalcanzable, invisible, inmaterial. Quizá simplemente no puede ser mía. Éstas sólo son algunas imágenes más.
Me cuesta tanto concentrarme. He querido ser recto y no me he visto capaz. He desistido más veces de las que recuerdo. No soy ningún héroe. No quiero fingir que me importa lo que desprecio. Algo me empuja a seguir fingiendo, a fingir seguridad, superioridad, ímpetu.
Son esas imágenes de supervivencia. De farsa que lucha contra la farsa. Ahí termina mi misterio. Sólo es mentira. Por qué molestarse? Por qué arriesgarse? No sé por qué. Sí. Parece que hay muchos secretos valiosos escondidos. Secretos que no conoceremos. Ni nuestros hijos. Ni los héroes del tiempo futuro. Nadie nos conocerá.
miércoles, 8 de julio de 2015
Coces contra el aguijón
Tengo un amigo. Mi amigo no es feliz. Su dolor es más grande de lo que yo puedo apreciar. Soy un ignorante en su historia. Él es un trozo de mi alma y de mi memoria. Pequeño pero real, como todo lo que verdaderamente importa. Es soberbio y cobarde, como lo somos todos. No espero milagros de él, pero sí más honestidad.
Me avergüenza profundamente exigir una perfección de la que carezco. Sé que no es fácil de creer. Yo creo que la vida no es fácil para nadie. Que de nada sirve culpar a los demás de nuestras faltas, porque cada uno tiene las suyas. Sea cual sea la argucia en la que nos escudemos.
Las veces que he fallado a mis amigos, que me han hecho daño o que yo he deseado ofenderles ha sido por orgullo y por ira. No suele durarme mucho. La verdad es que detesto odiar y no le encuentro sentido. Es una carga que todos tenemos que padecer el tiempo que estamos vivos. Porque no es fácil enfrentarse a los sentimientos y las relaciones humanas. No somos infalibles. Somos, de hecho, algo que me parece bastante alejado de ello.
Hay tantas cosas que me gustaría decirle si me escuchase, si creyese en mí. Pero siento que es en vano. Que ama su veneno y su mentira como si no lo fuesen. Que ama su desesperación. Y yo no puedo, por más que lo intente, comprender cómo se puede amar la desesperación. Tiene el corazón sucio y pesado.
Le pesan cargas inútiles de las que no quiere deshacerse, visibles e invisibles. Quimeras. Malas compañías. Errores del pasado (no del presente). Qué puede haber de malo en aceptar el dolor de una vez, dejar que pase? Sufrirlo para que se vaya? No es, acaso, esto natural y necesario? No es, acaso, esto inevitable, trágico si trata de evitarse? Esto es lo que a mí me parece.
Yo sé que, por más que me esfuerce, no le convenceré para que persiga un humilde y sencillo arrepentimiento. Dudo que haya algo recto, de no ser eso mismo. Al menos, para nosotros. No le pido otro que el que le corresponde a él, como a mí el mío, como a todos los seres humanos imperfectos y mezquinos que somos, llenos de orgullo, vanidad y estupidez. No es, acaso, el orgullo lo que humilla nuestras desmesuradas ilusiones? Lo que nos vuelve torpes y grotescos? No es esto pura estulticia, desvarío y necedad?
No me siento capaz de pedir milagros a estas alturas. Sólo sentido común y modestia. Pero, qué más podemos brindar nosotros, caprichosos y ridículos? Ya no sé distinguir una cosa de la otra. Miro atrás y me burlo de lo que llamaba felicidad. De lo que llamaba melancolía y sueños heroicos. Pero, es que acaso no eran vestidos de nada? Yo sé que a él le incomoda mi actitud. Sé que quiere desenmascararme sin descanso. A mí, en especial. No porque yo sea especial. Más bien, todo lo contrario.
Aquí está mi máscara. Todas las peleas del mundo me parecen vanas y la gloria pasajera y sobrevalorada. La peor y más dolorosa de las mentiras, abyecta, inmunda. La que produce todas las demás. Pero él no cree en mí. Él ve en mí la sed de eternidad que ve detrás de su cobardía, en su corazón. No es diferente.
No somos distintos. Los dos somos nadie. Es que tengo que ser más sincero o más claro? Cómo he de decir lo más evidente para que se me entienda? Con qué palabras, con qué arrojo? Con qué deseos ocultos, que no sean más viles e insignificantes que estos mismos que estoy mostrando?
viernes, 3 de julio de 2015
Sueño perdido
He escuchado "Adiós, Robinson", un relato de Cortázar. Me he sentido terriblemente identificado con el personaje, con su soledad, su pasión y su melancolía. El destino no estaba escrito. Se está escribiendo ahora. No conocía este dolor inextirpable, inexpresable. No sé cómo podemos estar tan solos, estando tan cerca. Me siento engañado, obligado a autoengañarme, para sobrevivir, para no enloquecer. Pero sólo por fuera, para los demás.
Tengo muchísimo miedo de no llegar a ser un héroe de verdad, aunque tenga tan pocas posibilidades. Arde con toda la llama de mis deseos la esperanza ciega, el rechazo a la negrura, la quietud y la finitud que sepulta todo en el tiempo. Me repugna. No quiero tener nada que ver con ella. Quiero huir lo más lejos que pueda. Me siento atado y torturado por mis propios pasos hacia la verdad. No era en absoluto como esperaba.
Si supiera de dónde viene esta poesía interior, la de mis sentimientos, la del arte, la de todas las experiencias que pasan sin más. Pero no lo sé y, además, sigo avanzando irremisiblemente. Hacia la perdición. Hacia una libertad desconocida para mí, porque no es deseada. Yo quería ser orgulloso y sencillo. Llegar a lo más alto de la cultura.
Luchar por ser el mejor siendo yo mismo. Pero mis sueños eran ambiciones estéticas que se disolvieron y ahora me encuentro mudo y perdido, a pesar de mi rutina, de la familiaridad de mis conocidos y lo conocido. Me siento en un mar de melancolía, ahogándome poco a poco, hasta que se agoten mis fuerzas vitales.
No sé quién soy ni quién quiero ser. Los sentimientos han superado todas mis expectativas. Han violado toda racionalidad. Han desordenado lo que estaba ordenado. Ahora, producen algo nuevo que no sé clasificar ni identificar. Simplemente, es nuevo. Es una soledad más profunda, porque sólo conectamos fugazmente por fuera.
Ahora, pienso en enriquecer mis experiencias estéticas para consolarme algo mejor. Para ver si consigo adaptarme de una vez a este mundo mediocre y decepcionante. Porque en él todos buscamos, en realidad, la solución más sencilla. El camino más corto. La completa renuncia. Y nunca la encontramos. Sólo seguimos adelante. Nos creemos diferentes y por eso continuamos. Pero somos iguales.
Tenía tantas ganas de que mis sentimientos fueran nuevos, frescos, revolucionarios, luminosos. Pero no lo son. Son desajustes y excesos. Son una distorsión, una anomalía, un fallo. Algo erróneo. Algo incorregible. Algo que debe sufrirse, no sólo por mí. También por los que vendrán. No debemos avergonzarnos de nuestra cultura, sea cual sea. Es nuestro verdadero y único poder. Nuestra mejor arma. Lo demás está vacío para nosotros. Es demasiado violento e inhumano. Salvaje, inasumible.
Nos gusta nuestra melancolía más que ninguna otra cosa. Por eso nos recreamos en ella. No he terminado nada de lo que me sienta orgulloso. Hoy no creo que nadie haya terminado nada. Nos morimos con una vida llena de huecos, lagunas, cansancios, promesas, condiciones, frustraciones, que se quedan atrás, incompletas. Que nos dejan atrás.
Todos retocamos el pasado. Ponemos un grano de arena. Hay tantos tipos de germinación. No sé lo que sigue adelante. No sé por qué sigo aquí, si no es por simple cobardía, por rutina, por resentimiento hacia mí mismo. Por vergüenza.
Mi opinión no es relevante más que para los que se quieren aprovechar de ella. Podría culpar a cualquiera, a mis padres, a mi circunstancia, a los que se llamaron mis enemigos, y no cambiaría nada. Todos somos más o menos igual de desgraciados. No hay genio. Sólo simulación, ensayo de la simulación, de la excelencia. Intentos de alcanzar la belleza inmortal o definitiva. Intentos que quedan y nos dejan atrás.
Hoy no creo que haya mentes más preclaras que otras. Simplemente, ven una verdad diferente, desde otro punto de vista, con otro color. Es una furia de colores que no puede resumirse en un sólo prisma. Pero nosotros no lo aceptamos. No lo entendemos. Dudo que lo queramos realmente o asumamos esa responsabilidad. Por eso, seguimos dramatizando.
jueves, 2 de julio de 2015
Vaciar el pasado
Cuando era más pequeño tenía un grupo de amigos en el barrio. De vez en cuándo íbamos a casa de uno de ellos. Allí nos reuníamos, jugábamos a videojuegos o cualquier otra cosa (cartas, rol...quizá algo más), veíamos películas y charlábamos. Solíamos pasarlo bien cuando nos reuníamos.
Toda nuestra cultura venía directamente de esferas muy lejanas, como ahora. Antes parecía todo tan inocente. Nosotros no podíamos saberlo. Un día, un amigo trajo un vídeo de t.A.T.u., un grupo de dos chicas que eran muy atractivas y hacían de lesbianas. Recuerdo que, por aquel entonces, entendía que existían esas cosas.
No estaba escandalizado. Recuerdo que me causó una impresión natural, graciosa, de curiosidad y, por supuesto, de morbo. Recientemente, me he dado cuenta de que me gusta el grupo más de lo que pensaba, su tecno frenético, sus voces estridentes y dulces a la vez, el irresistible acento ruso (cuando cantaban en su idioma), su arrogante temática, irrelevante y totalmente deliciosa.
Me pone melancólico pensar en el pasado. No he superado la lógica cartesiana de ciertos conocimientos empíricos que, al parecer, deberían afectar más a mi vida, a su desenvolvimiento. Estoy en el mismo sitio. Me he cansado de hacer las cosas de la misma manera. Creo que me he dado cuenta de que no estaba haciendo las cosas de una manera tan inteligente. Estoy reflexionando mi próximo paso. Quiero organizarme mejor. Eso es importante para cualquier propósito, indispensable, en realidad. Nos conviene buscar la claridad.
Me siento raro por estar en el centro de la cultura. Soy el emperador del consumo, el dueño, el juez. Yo (nosotros, los consumidores) decido lo que está bien y mal, lo que es bueno o malo, constantemente. Siempre resulta que había un matiz, una novedad que no podíamos conocer con anterioridad. El tiempo es así de extraño. Su sucesión nos deja ciegos con su luz, nos embriaga, nos agota, pero no es del modo que parece, que se supone que debería ser. Es mucho más. No sé explicarlo. Aquí sólo quedará otra muda imperfecta. Otro exceso en el camino. Otro frenesí. Eso es lo que parece aún.
En realidad, quería hablar de las chicas de t.A.T.u., de su éxito y su belleza, de sus talentos (que, probablemente, no sean tan brillantes), de mi arrebato interior cuando imagino sus vidas, sus sentimientos, lo que hay detrás del espectáculo, de sus fervientes seguidores y del Negocio, del dinero, del poder y la fama. Es un denominador común que lo simplifica todo. Quita la gracia, el misterio, el suspense. Nos deja como consumidores sumisos, pero debíamos ser primero los poderosos. Los que nos dábamos a nosotros mismos. Los que nos atrevíamos a intentar algo diferente. Porque, qué es la imaginación sino la parte más lejana de la voluntad?
Desafiar al tiempo y la naturaleza. al orden de las cosas, a la hegemonía cultural. Al pensamiento único. Al arcano, a lo que sea. A la cosa en sí. Qué hermosura hay escondida, tan grande, de tantas formas. Hermosa desmesura. No puede contenerse en sí misma y el pasado no es suficiente. No sé lo que hay detrás de mis sentimientos y no sé si hay algo. Parece que son el derrame de algo invisible, imperceptible, abstracto. Una belleza vacía que no se reconoce, que se rebela. No puedo saber qué es. Mi lenguaje es pobre y repetitivo. Mis ideas, redundantes. Mis deseos, aburridos. Por tanto, quiero espectáculo.
miércoles, 1 de julio de 2015
Límites entre nosotros
En realidad, os amo. Todo lo hago por vosotros. No sé lo que daría por vuestro amor sincero. No hay momento en que no piense en vosotros, en cómo seréis en realidad, más allá de mi imaginación. Todo lo he aprendido de vosotros. No son, acaso, nuestras pasiones lo que más nos une? Sois como yo. Sí. Somos débiles.
La verdad se hace más profunda en cada rincón, crece. En cada rincón de nuestra alma. Es extraño. El engaño no es necesario. Mi relación con el otro es invisible, metafísica. No sé quién soy ni tampoco quiénes sois vosotros, realmente. La belleza me insinúa algo más. Que es más grande. Que es otra cosa.
Me insinúa que debo seguir jugando. Aún sueño con compartirlo todo. Con darme completamente. Quiero poder decir "esto es lo que he hecho", "ésta es mi vida". Pero no me siento capaz de hacerlo. Ése es el problema. Por eso lucho. Antes de que os vayáis, vosotros, los de mi tiempo, mis hermanos, mi cultura, mi sangre espiritual, habréis sido como yo. Cuánto hay que no hemos sabido expresar? Cuántas veces hemos mirado atrás y hemos visto que era diferente?
Sé que es un amor imposible. Son los únicos que me interesan. Intento hacer de la caída otra belleza porque es el único éxtasis que parece sobrevivir, el de la entrega, pues pocos artistas y héroes hay que sean verdaderos. Me dejáis intentarlo? Mi pasión es demasiado grande. Sólo puedo ocultarla. Cada movimiento, cada desliz es otro alejamiento. Estoy más lejos de la cima que al principio. El tiempo es lo único que puede cambiar el tiempo.
Me deleito en mis sueños, pensando que podían haber sido diferentes. Que no soy, en realidad, quien deseo ser y que ese amor, si existiera, no podría ser más efímero. Porque así cambia la belleza. Ésa es su verdadera identidad. Juega, se excede. Es exhibicionista y a todos nos inunda. Nos invade. Nos lleva al éxtasis y así, profundiza la verdad, crea algo nuevo. Siembra.
Así, la vida continúa, llena de belleza nueva. Así, rejuvenece a través de los siglos, de los imperios, de los universos. Ahí se pierde mi pensamiento. Pues vosotros sois mucho más de lo que puedo imaginar. Así quiero creerlo. A ese ideal me consagro. Lo doy todo por vosotros, sin conoceros. Sois mi esperanza, mis sueños, mi verdad.
Como dice la vieja canción, si pudierais ver un día en mi alma, en mis pensamientos, cómo sería? Cómo sería poder elegir la verdad? No dejo de preguntármelo. Hay cosas que no quiero creer. Son las más bajas y simples de todas. Porque no quiero resignarme sin cambiar. No debería ser eso libertad? Es extraño, porque esto parece sólo huir por un tiempo irrecuperable. Atravesarlo, mientras él nos atraviesa a nosotros. Así me siento. Es todo lo que puedo describir sobre ello. Aunque, en realidad, las descripciones sobren.
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