sábado, 9 de mayo de 2015

Por qué ya no creo en el cine

He elegido este ámbito porque me parece el más representativo de lo que vengo señalando meses atrás. Hollywood infantiliza y simplifica los mitos que deben mantener nuestra sociedad. Digo sociedad y no civilización, pues la socialización es inferior a la civilización. Explicaré, gráficamente, en qué consiste, para mí, la causa fundamental de este fenómeno. Cuando una imagen pretende resumir y condensar una realidad profunda, produce ignorancia. Es como si la superficialidad de la que debe servirse el arte y la ciencia fuera como una coraza en la que rebota nuestra ignorancia previa, a la deriva. Una amalgama de instintos violentos y plenamente primitivos, fortuitos, bestiales. Tal como yo lo veo, únicamente pienso que se pueda llegar a la profundidad a través de la curiosidad y este es un proceso continuo.

Sin mito no hay arte. Esto lo asumo. Pero el comercio y la prostitución del arte son cosas que llevo bastante mal desde hace tiempo. Mi crítica a la imagen radica en que desconozco, honestamente, en qué derivará esta corrupción que deba generar algo nuevo, sin ánimo de parecer catastrófico. Esto era así, probablemente, antes de que yo naciera, lo ha sido durante toda mi vida y lo seguirá siendo. Me atrevería a decir que este proceso se ha acentuado en el tiempo. Es lícito decir, por tanto, que el arte necesita máscara, representación. Un signo, un referente externo que está destinado a cambiar en el tiempo.

Puede extrapolarse, perfectamente, a la comunicación de masas en general. Es como si Narciso, a través de los hombres, se creyese que es, realmente, su propia imagen, su propia ilusión. Su locura y su temor. Esto desata toda su repugnancia, su cólera, su pena. Así es como yo lo veo. Sé que es, ciertamente, un modo de sacudirse el problema, ya que esta no es suficiente profundidad ni una crítica suficientemente tenaz. El intento sólo es válido si se mantiene.

Defendiendo una postura reflexiva, condeno esta postura desesperada, precipitada y excesiva. Uno debe saber qué es lo que hace y lo que dice, esto es, por qué lo hace y por qué lo dice. Si me apuráis, también qué es lo que piensa y por qué lo piensa. No considero que exista deber humano más allá de esto. Baste decir que fueron muchos más los que se rindieron que aquellos que decidieron seguir luchando. Esto, desde luego, no ha cambiado, al menos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario