sábado, 2 de mayo de 2015

Kosmos


Cuanto más creo en la verdad, menos creo en la falsedad. Ahora, pienso en mis experiencias pasadas, en mis recuerdos, la experiencia de mis recuerdos, como un subproducto más o menos programado, anónimo, masivo. Y, sin embargo, sigo queriendo apreciarlo como único. Sigo queriendo sobrevivir por dentro.

Pienso en los grandes y me digo: sólo ellos se experimentaron. Sólo ellos se conocieron por dentro. Pero no lo sabían todo de sí mismos. Quién sabe nada de la Eternidad? Pienso en el arte, en la expresión de los sentimientos y me digo: todo arte es platónico.

Sólo puedo limpiarme o ensuciarme. Elijo limpiarme, pero me ensucio de todos modos. Le quito importancia. Lo acepto. Lo reflexiono. Ambos son necesarios. Hay que buscar el equilibrio entre ellos. Hay que continuar. Quién sabe el motivo. Y quién lo duda? Anularse es lo más fácil, pretender anularse, sucumbir. Pero continuamos. Estoy construyendo algo nuevo? Estoy contribuyendo a construir algo nuevo?

Lo que escribo hoy no es tan valioso. No debe serlo. La gloria del mundo es pasajera. La gloria del hombre, más pequeña. Capas de existencia que se entrecruzan. Yo escribo y soy inconsciente. Otros leen y se ignoran. Se descubren, olvidan. Creen elegir. Después todo se sucede con naturalidad. Hacia los ecos de la Eternidad.

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