viernes, 29 de mayo de 2015

Pia fraus


Voy a hablaros de la Tentación: "Niega lo que sabes, ignóralo. Vanagloria el mundo como la última frontera, el último ruido, el último trofeo. Conspira. Forma parte de la mentira. Ríndete." Seguirá ahí cuando te vayas. Hace todos los ruidos posibles. Toma todas las formas imaginables. Son muecas de dolor descifrable, comprensible, al final. Se viste de belleza, porque carece de ella. Sólo sabe engañar. No creo que la vanidad del mundo sea mayor ahora de lo que era antes, de lo que será mañana. Mi alma no está exenta de ella. Está manchada. Sus manchas dibujan el exterior. Todos somos tentados.

Sé que los débiles desprecian la verdad. No tienen el valor de afrontarla. Eligen la primera opción. Se precipitan. Quieren olvidar, siendo ellos mismos su memoria. Porque somos memoria. No quieren comprender lo que ya comprenden. Yo también estoy manchado. Señalo lo que está en mi interior, directamente. Esa es la excusa que hago mía. Sólo yo puedo ver en mi corazón, de entre mis semejantes.

He sido tentado. No sé a dónde voy. Soy otro camino que se volverá anónimo. A veces, parece que divagara todavía, que estuviera extraviado. Ya esto me parece imposible. Un planteamiento absurdo, en el sentido literal. Dejo atrás otro intento de fracaso en el mundo. El único fracaso es la mentira. Imaginar es suficiente. Nadie adivina lo que está por venir. Si hubiera un día del Juicio, éste sería también el día de la Sabiduría. No cambio nada con despreciar las cargas del mundo, pero las desprecio profundamente.

Ya no les pertenezco y ellas no me pertenecen a mí. Son extrañas, aborrecibles.Tediosas. Indescriptiblemente huecas. No. Yo creo en una belleza invisible, más elegante, realmente eterna. Creo en el otro lado de las cosas. Ese que no se ve. La verdad es la belleza de la razón, esa que sólo presentimos de paso, pues somos una brisa, una pompa, un frenesí que pasa deprisa. Un velo, una niebla.

Un delirio fugaz. Un relámpago inimitable. Un exceso de inopia y de ignominia. Un estertor de tozudez, de maldad inocente. Es importante puntualizarlo. Tenía tantas ganas de creer en el mundo, que aún resuenan ecos del pasado en mi interior, de entre las ruinas y su rumiación de oquedades, de sueños destripados y sobrantes, inferiores. De su hábito exangüe. De su aliento sin vida.

Sí. Algo así resuena en mi interior, pacíficamente podrido, sagradamente execrable. Opuesto, anacrónico. Herido de muerte, extraña y familiarmente, como si hiciera una eternidad de su acusación y de su ofensa, completamente sincera, desgarrada y libre. Fuera de toda duda. Una autoparodia sin florituras ni artificios. Pura y real. Brutal. Única.

Empiezo a recordar lo prohibido. El olvido está cerca y se renueva otra vez. Se cura. Habrá más caídas, aunque ahora parezca que todo esté quieto y solitario, acabado, insuperable. Estoy convencido. Por eso, no dudo esta vez de mi ceguera como pude hacerlo antes y, sin embargo, no está suficientemente vivo el que no duda de su corazón.



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