miércoles, 6 de mayo de 2015
Hypokritēs
Triunfan los actores, los futbolistas, los demagogos o las modelos porque contribuyen a la ficción de que las pasiones humanas están por encima de la razón. No digo que la pasión por las pasiones no sea importante. Digo que no es tan importante. Como buena cultura occidental, la tradición permanece, aunque cambie de forma. Está plagada de versiones de la misma epopeya, la que os estoy señalando. Nuestra pasiva sociedad está llena de falsos sátiros y musas, de falsos héroes o villanos, porque su profesión es la mentira. Porque les alaban y desprecian los que están o se sienten más vacíos. La mayoría es fácil de engañar y autoengañarse. Algunos lo saben y se aprovechan. Sacan tajada. Todo sigue igual. Sólo ha cambiado la apariencia. La máscara.
Debéis disculparme, porque sé que el lenguaje es relativista y engañoso. Que es, al mismo tiempo, el don y la maldición. Trato de estar por encima de ello. De luchar y vencer esta realidad. Yo también estoy lleno de máscaras, por suerte o por desgracia. Sólo es mi conciencia más profunda la que trata de desenmascararse. Yo soy más perezoso, ignorante e indiferente. Creo que soy consciente de ello.
Sin embargo, las máscaras se están cayendo, por mucho que los actores traten de resistirse, de ser sus máscaras, con máxima obstinación y devoción. De ser, por encima de todo, su pasión. Una y otra vez, la catarsis no es suficiente. No es verdadero entusiasmo, sino impaciencia, frustración, desesperación, lo que les apremia.
El ser humano es orgulloso. Quiere ser el primero, el mejor, el único en lo que considera más importante. Quiere que su razón sea la Razón. Quiere ser su razón. La regla, la medida de todas las cosas. La más válida. No importa tanto lo que esto sea. Es peor creer que se sabe a saber, porque hace más daño. La fuerza no se impone. Se acepta. En la vida impera la razón y la vida humana está llena de ficción, por todas sus fisuras. Luz y sombra, al mismo tiempo, es la inconcebible Humanidad. Está llena de máscaras que se caen tarde o temprano. Que deben destruir para volver a crear.
"Así comenzó la desganada interpretación de mi comedia. En aquellos tiempos había comenzado a comprender vagamente aquel mecanismo según el cual lo que los demás consideraban una impostura por mi parte era, en realidad una expresión de la necesidad de afirmar mi propia manera de ser, mientras que aquello que los demás suponían mi verdadera forma de ser no era más que una impostura"
Yukio Mishima. Confesiones de una máscara
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