domingo, 3 de mayo de 2015
Cine y boxeo
Quiero aclarar algo. No deseo, en absoluto, que mis impresiones tengan más consideración de la que merecen. Intentaré, con todo mi esmero, que esto sea un compromiso sincero. Anoche fui al cine con unos amigos. Fuimos a ver una película esperpéntica que no me apetece comentar ahora. Luego fuimos a cenar y charlamos. Hablaba con un viejo amigo sobre lo poco que sabíamos de física, de ciencia y de divulgación y terminamos hablando sobre teología y moralidad.
Todos terminamos hablando de cosas de las que no sabemos nada o sabemos muy poco. Esto es balbucear, vacilar. Fingir. Él tiene razón. Creer no es saber. Pero saber no es comprender. Nos ha pasado muchas veces antes. Somos tan repetitivos y predecibles. No importa tanto la forma. Las palabras son importantes, pero los hechos y los actos son aún más importantes. La gente habló de temas diversos, pero a mí sólo esos me parecieron oportunos. Me distraje prácticamente toda la tarde y la noche.
Pensaba en mis cosas. Trataba de convencerme de que estaba por encima de la situación, de que era como ellos. Realmente, lo soy. Es una cuestión psicológica. Pasamos toda la noche charlando y riendo. No estuvo tan mal, después de todo. Si reducimos las relaciones humanas a superestructuras de represión de la violencia y el sexo, de dominación, todo parece, ciertamente, mucho más sencillo.
Antes de la cena, disfruté sinceramente del atardecer y comenté que estábamos en una isla paradisíaca, cerca del verano. A nadie pareció importarle tanto. Buscamos excusas para sentirnos mal, desdichados. Desatendidos. Y, sin embargo, no nos falta de nada. Es una cuestión psicológica. Un engaño social y cultural, del que todos somos cómplices y formamos parte. Del que todos somos infames y crónicos herederos. Sólo somos hijos de la mentira que ha producido la verdad.
La gente parece decir "Sí. Pero vamos a hacer como si nada. Vamos a seguir con la farsa. Hay que seguir." y todo se vuelve cada vez más violento, desordenado y ridículo. Se vuelve, en una palabra, más estúpido. Exijo a los demás los cambios que me exijo a mí mismo, que sé que son inevitables. Ciertamente, me duele, tanto moral como intelectualmente, pero no aspiro a cambiarlo, sino a señalarlo, a denunciarlo, desde mi propia existencia como individuo racional. Al menos, este sí es mi expreso deseo. Mi humilde voluntad. Sólo esto me convence cada día. No es tan impactante ni tan azaroso. No lo es.
Un pobre hombrecillo como yo (excusa de autoinculparse) no podría hacer tal cosa. No osaría. Intento convencerme, conscientemente, de que me lo tomo con filosofía y con humor. He transmitido mucha amargura y pesimismo a mis seres queridos. He intentado luchar contra esta voluntad natural. Debe ser necesaria.
Al cabo de unas horas, volví a mi casa. Descansé y no saqué al perro, que no había salido en toda la tarde. Me sentí mal por ello. Me reprendí. Todo siguió igual. Volví a pensar en mis cosas. No hay un sólo instante en el que deje de pensar en la misma cosa. La única cosa. Dormí. Por la mañana, vi el combate de Mayweather contra Pacquiao, el "combate del siglo". Seguía reprendiéndome duramente "Es una farsa. Demasiado forzado. Demasiado protocolario. Demasiado programado".
El combate fue insípido. Pensé que Pacquiao estaría más volcánico. Con todo, no peleó mal. Me gustó más que Mayweather, siempre tan arrogante y vanidoso. Tan falso. Tan oportunista. Tan americano. A pesar de su técnica eficaz, le falta ese salvajismo y valentía de los que le preceden. No creo que lo haya superado. No creo que le baste. Ni siquiera toda esa cantidad descomunal de dinero, fama, influencia social... Quizá por eso finge sentirse superior. Para cumplir con la farsa que ha elegido y que ha heredado. Como todos.
A esos niveles, no soy capaz de imaginar qué monstruosidades ilusorias es capaz de producir el ego. Morirá. Todos sufrimos por quimeras. No dejaba de despreciar, en contra de mis mejores y más puros sentimientos, a todos los que estaban allí. A su riqueza material, su vanidad, su ingenuidad, su impureza. Su ignominia. No soy capaz de describirlo. Es como si ya estuvieran muertos. Como si no hubieran vivido. No quiero dedicarme al espectáculo. No quiero dedicarme al deporte. Están ahí y son válidos. Pero no lo son tanto. La mayoría es vergonzosa. No creo que esto cambie cuando yo, pobre hombrecillo mortal, desaparezca de aquí. Permitidme el orgullo y la falsedad de anularme, en este texto. No soy imprescindible para el mundo. Sólo quiero vivir y nada más.
Este mundo está lleno de gloria pasajera, de ruido absurdo que pretende ser otra cosa, algo más. Pero sólo es ruido absurdo. Obstinado. Insuficiente. Sobras. Desgaste. Tedio. Senectud. Eso pienso. De eso estoy convencido. Por ello apuesto. Este mundo sobrevivirá sin mí, pero no quiero pasar por él sin expresar mi ofensa y mi desprecio, porque lo considero un deber moral. Algo digno y necesario. Tal vez lo único. Disculpad mi soberbia, amigos míos. Soy humano. No quiero que sea por mí. También me desprecio a mí mismo por haber sido producido en este mundo. Pero no lo sé todo sobre él. Sigamos descubriendo!! Hay mucho más.
No es prudente liberar toda esta hiel, pero deseo desahogarme. Deseo seguir buscando la verdad porque esto (y es de las pocas cosas de las que estoy suficientemente seguro) no es la verdad. Sólo es algo que está muy por debajo, muy alejado. Muy en su contra. Sólo es relleno aparatoso. Males menores. El precio de lo verdadero. Su vulgar negación. La sublimación de la Banalidad. De la única maldad. Al menos, la única que viene de nosotros. Una reacción vacía. Dolorosa e indignantemente vacía. Indolente. Impasible. Un gesto obsceno que trata de expresar rebeldía contra la pureza o la inocencia, pues expresar es exagerar, la voluntad de ignorar. Pero existen, por mucho que se esfuercen en ocultarlas. No importa tanto lo que crean, ni lo que deseen hacer creer. Quizá alguien me entienda.
Lo que yo busco es comprender, descubrir. Superar. Por qué ha de ser tan difícil para tantos? Por qué lo parece con esta fijeza inhumana e infinita? Porque no somos la totalidad. No dominamos la realidad. No nos pertenece la verdad. Estamos sometidos. Aceptarlo es el único camino hacia alguna liberación. No hay garantías. No hay vuelta atrás. Sólo sé que todas las respuestas no son suficientes. Que uno debe darse sus propias respuestas y sigue sin ser suficiente. Que hay que luchar desde dentro, rectamente, hacia fuera y no al revés. Que hay que vencer el miedo a "no ser". Vivir no es huir. Huir es la negación de vivir.
Ahora, tratando de ser más positivo, pienso que hay muchas maneras de conseguir el mismo resultado. Muchos caminos. Que algunos no se parecen casi nada a otros. Que debe ser así. Pero esta es una respuesta moral y no tiene por qué corresponderse con la verdad. Es mi interpretación. Es lo que quiero que sea mi interpretación. Disculpen mi melancolía. Ha sido un placer escribir aquí, de nuevo, la misma vieja cantinela.
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