jueves, 14 de mayo de 2015
Otra ella
Ya es como si le hubiese hecho el amor con la imaginación sobrehumana. Con la mirada o el corazón. Acabo de conocerla. No parece muy brillante. Ya la he juzgado duramente. Es otra Venus. ¿Qué fuerza irresistible tiene esta diosa a través del sexo femenino? ¿Qué es esta belleza insalvable?. Nuestro encuentro fue breve, duro y sensible. Superficial. Accesorio.
Hace mucho que no estoy con una mujer. No me atreví a ser brusco. Digo que no es mi estilo para justificarme y me siento un falso. Le gusté. No aproveché la ocasión. No suelo hacerlo. No suele pasarme. Tampoco suelo buscarlo. Pienso en la próxima para no sentirme culpable. Para no turbarme. Como una máquina que no acepta estar confundida. Ni siquiera la posibilidad. Me siento más seguro como hombre de lo que me sentía antes.
Imaginé que nos besábamos, que nos olíamos y nos penetrábamos. Sólo me interesa la ternura, aunque sea húmeda. Esa ternura tan particular de los mamíferos racionales. La que me hace soñar, por tener madre mamífera, por tener empatía. Pathos e Hybris hacen el amor, ante la visión del Logos, impasible, completamente amoral y necesaria. Es una trinidad perfecta y completa. Verdaderamente sagrada. Armoniosa y rítmica. Si algo pasa conmigo, algo pasa con todo lo demás. Con lo absoluto e impenetrable.
Cómo la besaría. Cómo la embestiría con mi cuerpo. Suave y firmemente. Como empujando a mi propio espíritu. Respiraría mi alma graciosa y sabia. Eternamente serena. Invencible. Respira de tantas maneras que yo desconozco, que no entiendo. Dejaría atrás la teoría. Pasaría por encima de ella. Haría un mundo nuevo otra vez. Un mundo íntimo, para los dos, aunque sólo fuera esa vez, pero preferiría que fuera muchas veces. Siempre lo prefiero. Prefiero que se agote lo que desconozco.
Entraría en su mundo de carne. Sólo por fuera. Sólo un poco. Volvería a ser la mitad de algo, otra vez. Entonces, habla el cuerpo y calla la mente, como en nada más que yo pueda apreciar. Las endorfinas bailan y se transmutan. Hacen música con el fuego del cuerpo. Hacen orgasmos y alientos mezclados. Imposibles. Irrenunciables.
Un horno trémulo. Fantástico e indivisible, que sólo se insinúa, a pesar de su invasión, tibia y temblorosa. Segura. De su estrategia indescifrable. Risas de la piel sudorosa y tersa. Hacen júbilos. Fiesta de los cuerpos. Fuego escondido y líquido. Hacen bocanadas de lascivia inocente y pura, de humanidad verdadera, última y total. De rendición definitiva, sin guardia posible ni indispensable. Hacen amores nuevos. Cuerpos nuevos, de uno solo. Hacen frutos de vida.
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