domingo, 31 de mayo de 2015

Sacrificio


Hoy fui a comer con mi familia. Fuimos a un lugar habitual. Mi abuela estuvo de mal humor gran parte de la tarde. Mi compasión y frustración por ella era completamente inútil y no servía de nada disimularla. Pensaba, vagamente, en La peste y El extranjero. Los días de inocencia graciosa que pasé con ella han desaparecido por completo, y una imagen mecánica, inerte, vacía, parece burlase de mi memoria y de mi impotencia, como el cuervo de Poe.

De mi desconcierto y de mi candidez o buena voluntad. Así me empeño en imaginarlo. No hace falta irse tan lejos para apreciar la miseria humana. Ni siquiera hay que moverse. Intenté no destruir o perjudicar el momento de reunión familiar. Estuve bastante distraído para no sentirme traicionado, sometido, avergonzado. No fue tan terrible. De veras. Sólo es mi forma de hablar.

Al rato, se acercó la encargada, una chica de edad mediana, con sobrepeso, no muy atractiva, con el tono de voz alto y un nivel cultural bajo, vulgar, con una conciencia crítica que mueve a la risa y al bochorno. Comenzó a hablar de su loro. De las cosas que hacía en casa, de vagos detalles sobre su vida privada.

Es vieja conocida de la familia. Solemos ir a comer allí. Mi vista estaba fija en la mesa. Me esforcé por no moverme demasiado. La desvergüenza suele desarmar mis esperanzas en el mundo por su pavorosa y resuelta simplicidad. Irrefutable y plana como el horizonte, como el encefalograma de un deshabitado.

Creo que, hace algún tiempo, no me hubiese afectado así. Seguía pensando en mi abuela. Imaginaba que debía tener pensamientos como "Haga lo que haga, no puedo detener el tiempo. No puedo cambiar lo que he hecho. Mi rabia es inútil y no puedo resistirme a ella. No puedo ocultar ya mi cobardía". Realmente, no me avergüenzo de pensar así. Es más sensato. Frío y triste, pero práctico. No sé cómo sentirme de otra manera. He hecho lo que he podido por resistirme, en vano. En realidad, quiero hacerlo.

Tenía razón ese hombre santo que dijo que la voluntad es la fuerza más poderosa que existe. Sí. Mientras dura. Muy de cerca, le sigue el odio. A veces, se confunden. Es la fuerza más disolvente que conozco. Uno debe cuidarse y no confundirse con lo que lucha. No debe convertirse en su odio.

La única manera que conozco de no sucumbir a la autodestrucción es contribuir a la construcción de algo mayor o mejor que uno mismo. Pero debe ser sinceramente. Si no, no funciona. A la larga es tan útil como todo lo anterior. No es suficiente. Con todo, he de decir que, por muy fuerte que sea, hasta el odio se acaba. Se consume. Me atrevería a decir que, cuanto mayor es, antes desaparece. No hay nada que nosotros podamos conocer que no sea finito.

Dimos una vuelta por la avenida y mi madre hizo de nuevo gala de su repugnancia al pensamiento crítico. Sentí, de nuevo, la punzada de la futilidad al querer rebatirle. Ni siquiera me quedé satisfecho con algún comentario sagaz. Es tan inútil como este nuevo intento por desahogarme.

Quiero a mi abuela, pero no puedo decidir por ella. He visto el daño que ha hecho no querer pensar toda mi vida. Creo que por eso soy como soy. No es la verdad ideal que alabo, pero es factual y comprobable, por todos los costados. Es de los pocos consuelos que tengo ahora, sin sentirme forzado, violento. Artificial, como en casi todo lo demás. Acusado, perseguido. Prófugo. Así me siento en el mundo.

No escribo por casualidad. No creo que se pueda ser crítico de 8 a 2 o sólo y estrictamente "cuando lo requieran las circunstancias". El hombre no puede no pensar. Me resulta imposible concebirlo. Estoy cansado de la pereza y la demagogia de nuestra masa. Es oscura y hedionda. Me desespera y me decepciona una y otra vez, como la piedra de Sísifo. Me hunde como a un rayo que no puede salir de su gravedad y se convierte en puñal. Que no puede librarse de él. Así me siento, como un "ángel con grandes alas de cadenas".

Qué difícil es quemar puentes y naves, cuando llega el momento crucial, fatal. Inevitable. Irrevocable. Idóneo. El momento de volar sobre el abismo, a ciegas, sólo con las alas de la fe. Uno va cediendo a la evidencia sin remedio, sin trampas. Sin alternativa. Este odio vago, tan perezoso como su musa, es otra reminiscencia byroniana del odio hacia el mundo. No es mía. Es la misma. De todos y de ninguno. Cuánto daño perezoso compartimos. Sólo por él y con él conspiramos. Veneno amargo, que todos deseamos convertir en néctar. La ignorancia es atrevida. Eso dijo mi abuela cuando paseábamos por la avenida, al caer la tarde.

viernes, 29 de mayo de 2015

Pia fraus


Voy a hablaros de la Tentación: "Niega lo que sabes, ignóralo. Vanagloria el mundo como la última frontera, el último ruido, el último trofeo. Conspira. Forma parte de la mentira. Ríndete." Seguirá ahí cuando te vayas. Hace todos los ruidos posibles. Toma todas las formas imaginables. Son muecas de dolor descifrable, comprensible, al final. Se viste de belleza, porque carece de ella. Sólo sabe engañar. No creo que la vanidad del mundo sea mayor ahora de lo que era antes, de lo que será mañana. Mi alma no está exenta de ella. Está manchada. Sus manchas dibujan el exterior. Todos somos tentados.

Sé que los débiles desprecian la verdad. No tienen el valor de afrontarla. Eligen la primera opción. Se precipitan. Quieren olvidar, siendo ellos mismos su memoria. Porque somos memoria. No quieren comprender lo que ya comprenden. Yo también estoy manchado. Señalo lo que está en mi interior, directamente. Esa es la excusa que hago mía. Sólo yo puedo ver en mi corazón, de entre mis semejantes.

He sido tentado. No sé a dónde voy. Soy otro camino que se volverá anónimo. A veces, parece que divagara todavía, que estuviera extraviado. Ya esto me parece imposible. Un planteamiento absurdo, en el sentido literal. Dejo atrás otro intento de fracaso en el mundo. El único fracaso es la mentira. Imaginar es suficiente. Nadie adivina lo que está por venir. Si hubiera un día del Juicio, éste sería también el día de la Sabiduría. No cambio nada con despreciar las cargas del mundo, pero las desprecio profundamente.

Ya no les pertenezco y ellas no me pertenecen a mí. Son extrañas, aborrecibles.Tediosas. Indescriptiblemente huecas. No. Yo creo en una belleza invisible, más elegante, realmente eterna. Creo en el otro lado de las cosas. Ese que no se ve. La verdad es la belleza de la razón, esa que sólo presentimos de paso, pues somos una brisa, una pompa, un frenesí que pasa deprisa. Un velo, una niebla.

Un delirio fugaz. Un relámpago inimitable. Un exceso de inopia y de ignominia. Un estertor de tozudez, de maldad inocente. Es importante puntualizarlo. Tenía tantas ganas de creer en el mundo, que aún resuenan ecos del pasado en mi interior, de entre las ruinas y su rumiación de oquedades, de sueños destripados y sobrantes, inferiores. De su hábito exangüe. De su aliento sin vida.

Sí. Algo así resuena en mi interior, pacíficamente podrido, sagradamente execrable. Opuesto, anacrónico. Herido de muerte, extraña y familiarmente, como si hiciera una eternidad de su acusación y de su ofensa, completamente sincera, desgarrada y libre. Fuera de toda duda. Una autoparodia sin florituras ni artificios. Pura y real. Brutal. Única.

Empiezo a recordar lo prohibido. El olvido está cerca y se renueva otra vez. Se cura. Habrá más caídas, aunque ahora parezca que todo esté quieto y solitario, acabado, insuperable. Estoy convencido. Por eso, no dudo esta vez de mi ceguera como pude hacerlo antes y, sin embargo, no está suficientemente vivo el que no duda de su corazón.



jueves, 28 de mayo de 2015

Literatura


Cuando ya sea vacío, misterio inconsciente (y no reto al vacío) estas palabras seguirán aquí, siendo germen de nuevas conciencias, distintas o idénticas a las del pasado. Cómo saber si no son la misma cosa? Sólo podemos ser ruido. Nos gusta hacer ruido. Hay tantas maneras. Qué significa la literatura, hoy en día? Hoy me parece que todo se mezcla cada vez más rápido. Que la primacía queda atrás y el velo descubre que todos somos bárbaros, que siempre lo hemos sido, a pesar de nuestro orgullo herido, lánguido, siempre al borde de una extinción que se frustra.

Hoy, estas palabras significan lo mismo que ayer. Eran mucho más, aunque sólo parecieran palabras. Uno desconoce el destino de lo que proviene de sí mismo. Es una especie de voluntad natural ese desconocimiento, esa sinestesia. Nada nos pertenece de todo aquello que procede de nosotros. Nada nos pertenece, en realidad.

Mi carne, mi sangre, estas células vivas de mi cuerpo no saben que existo y están aquí. Soy una consecuencia de su estructura, de su causalidad acumulativa. Eso soy. Un impulso ciego, hacia delante. Cómo destruir lo definitivo, si no es para volver a crear de la nada? La literatura ha de enmudecer para ser música de nuevo. Otra nota. Otra sinfonía entre las demás. Debe estar perdida y ser libre. Debe delirar, porque no es la razón lo que define los surcos de un corazón. No hay corazón que no pueda padecer. Un corazón es su dolor. La literatura es sangre invisible que emana de los corazones sufrientes.

Nosotros, apenas rozamos a comprender esto. Creemos que lo comprendemos y lo olvidamos. Olvidamos esa música de sangre, eternamente nueva y misteriosa que son las palabras escritas y narradas. Olvidamos que el verdadero narrador no enmudece y sólo cambia de forma, porque la literatura es inmortal. Quién sabe cuántas literaturas habrá, que nosotros no podamos ver, escribir o leer, percibir, apreciar, temer?

Es mejor imaginar una libertad que poseerla, para que no muera, como mueren los surcos del corazón, los ríos de nuestra emoción en el mar de las palabras. Debe ser que estoy cansado. Que todo es lo mismo, ha sido y será. Que soy la soledad y sólo puedo celebrarme. Referenciarme así. El culpable muere en la historia. Uno es culpable en su historia, pero nada más.

Quién podría robarnos el derecho a divagar, a ser irreverente, a restregar esta cómoda, impertinente insolencia al nihilismo del mundo? Es comprensible, todo en él para el tiempo. Nosotros nos quedamos atrás y cambia nuestra inmortalidad. Esa que desconocemos, que no pertenece al tiempo ni al mundo de las cosas. Esa que es tan indiferente a nosotros como a las falsas ideas que nos hacen desesperar y nos cansan. Que nos obligan a fingir apasionamiento. A elegir mentiras. Un sacrilegio que no puede ser saldado. Una deuda, infinitamente incomprensible, que se disuelve en el caos de tan bellas formas. En el veneno del olvido y la conformidad.

Divago para no terminar. Para ser otra naturaleza y promover, ser, formar parte de una revolución de quietud y de belleza inhumana, superhumana, ajena a todo lo humano, pues ya estoy cansado de su misterio, de su prisión, de su sometimiento, de todas sus tan diversas mortalidades. De su azar burlón y nuestra vileza misericordiosa. Puede haber algo más humano que celebrar la rendición, la retirada?

miércoles, 27 de mayo de 2015

Esotérico


Me he quedado sin voz. Mi alma ya no puede descansar. No lo lamento. Sé que es inútil. Quejarse me parece ahora hacer ruido mientras nos empuja lo impersonal, lo inanimado. Todo lo que hay antes, detrás de nosotros, lo que nos va ocultando poco a poco y nos vuelve, también, impersonales. Súplicas al Hades; afanes cívicos. Eso son nuestras quejas. Cualquier escrito. Cualquier exposición. Cualquier trampa humana, frustrada por el tiempo magnánimo y total.

No sabía lo que era, realmente, la soledad, hasta ahora, pero tampoco sabía lo que era la belleza. No era tan grandiosa. Sólo era real, cotidiana. No soy capaz de pedir nada sin sentir profunda impotencia y ridículo. Juro que esto no es un intento de fingir estilo. Todo es una especie de ruido desordenado, de muchos tipos de ruido. Pero la música no es ruido, y uno no puede dejar de preguntarse qué es la música, la belleza, el significado, el sentido de las cosas. La posibilidad de un sentido. La duda. El presente.

La historia es impredecible. Por eso es historia. Es como si hubiera olvidado todo lo que no sabía, lo que tanto me airaba o me envanecía. Todo se ha suspendido y ni siquiera me he percatado lo suficiente. Voy dándome cuenta, poco a poco, de que la gente habla sin decir nada. Actúa sin cambiar nada, hasta que algo, todo, les anula definitivamente. Me queda la última danza. Vivir y nada más. Qué puedo saber yo? Qué?

Quiero creer que hay un sentido que no puedo ver ni conocer. Que sólo puedo presentir y que no cambia. Que lo siento cada día, siento el cambio de su apariencia en cada detalle, en lo inexorable e impersonal que es mi profunda ignorancia, mi única y verdadera libertad. El arbitrio, el juego de no saber, de suponer, de anticipar, de excederse, de subestimar... El juego interminable de lo animado y lo inanimado. Cómo podría llamarlo? No tengo nombre para ello. Me estoy acorralando y no siento ganas de resistirme. No puedo dejar de sonreír, de sentirme cada vez más seguro. No me he sentido más seguro ni más lleno de serenidad.

Hace mucho que quiero creerlo. Antes era diferente. Sólo recuerdo que era diferente. Apenas me reconozco en mis recuerdos. La verdadera inspiración ha callado para siempre, porque sólo podía tomar la forma de las mentiras, de nuestros desesperados deseos. De nuestras ciegas intenciones. Eso eran. Insustancia. Fallo. Inercia. Caída libre y perfecta. Yo la desconozco. No podré resistir el cambio. Sólo puedo rendirme a él para conocerlo. Para probarlo. Para aceptarlo, para intentar de nuevo (algo nuevo).

Ahora, veo desfilar el automatismo de esa insustancia en todo lo que me rodea y me forma. Estoy atrapado en una rutina imposible de elegir, de manipular, de cambiar. Si bien es bueno, el cambio no depende, ni ha dependido nunca, de nosotros. Estamos a expensas de lo que estará por venir y de lo que desconocemos. Estamos ciegos. Somos ceguera. Elegía. Llanto. Sátira. Exceso de ignorancia. Silencio ensordecedor. El pasado y el futuro no existen más que en nuestras ideas. Se acabaron los juegos vanos. Se han ido y no volverán.

Todo es como debía ser y algo seguirá creciendo, siendo acontecimiento y no hecho. No sabría explicarlo. Ya me siento suficientemente falso, a pesar de mis esfuerzos. Tendré que seguir viviendo, en busca de una nueva verdad. Algo más grande o más fuerte que defender. Que crea que pueda salvarme, hacerme dejar de ser ceguera. Que no me haga sentirme tan solo, aunque sea en la soledad donde sólo uno pueda encontrar el descanso y la paz. La verdad de sí mismo.

sábado, 23 de mayo de 2015

A sueldo


Considero que ya es un éxito disfrutar escribiendo mucho más que antes, sin importarme tanto la impresión que pueda causar en los demás. Sí que es cierto que pretendo que sea positiva. Me preocupo por ello. Por la simplicidad. Por aceptar la verdad más eficaz y nada más.

No concibo que uno pueda preocuparse si no es demasiado. Vivimos en una sociedad mercantilista en la que todo se explota e intenta convertirse en producto. En producto imperecedero y aberrante, frenético, pero creo que eso no existe. No debe existir. Postulo que todas las sociedades han sido esencialmente iguales y que sólo ha cambiado su forma. No debemos subestimar los detalles, porque no dejan de crecer, lo advirtamos o no.

Es una pretensión histórica que la cosmología o la cultura de un pueblo, su manera de enfrentarse a la naturaleza, sea tan distinta de cualquier otra. Considero esto relativismo injusto y perezoso. Quiero decir, por tanto, que no busco lucrarme con estos escritos, sino revelar algo de verdad sobre mí mismo, sobre lo que me sucede y en lo que podría ser de utilidad a alguien. Esa es mi justificación. Aunque sea débil, es sincera.

viernes, 22 de mayo de 2015

Lecturas


A continuación, daré mi visión de lo que considero que es, según mi criterio, el paradigma más importante de la actual sociedad de la información en la que vivimos y de la que todos formamos parte activa y compleja. Con los pobres y escasos datos que he podido acumular en la experiencia de mi vida, he comprobado que, ciertamente, la calidad es más importante que la cantidad. Actualmente, ha quedado vigente que el masivo tránsito de información es inabarcable para seres como nosotros. Nos sobrepasa.

Por otra parte, soy de la opinión de los que piensan que no existe, de hecho, conocimiento objetivo, sino interpretación del mismo. Una interpretación cambiante, dialéctica. Lo que quiero decir es que, al parecer, ha quedado vigente que la gestión de la información, en función de criterios racionales, sensatos y éticos es más importante que la información misma. No vivimos, ciertamente, en una sociedad más simple como la que pudiera existir hace siglos o incluso décadas. Esta idea es la que me sigue motivando a aprender cosas nuevas, adquirir y reflexionar nuevas ideas. Nuevas actitudes.

La información debe fluir, aunque sea bajo una responsabilidad individual o colectiva. Me parece algo evidente. Por tanto, el objetivo del ciudadano medio, el lego o el intelectual es, actualmente, tomar conciencia de este hecho crucial en nuestro desarrollo histórico y cultural como grupo. Me gusta verlo de esta manera.

Una vez alcanzado este punto, que ciertamente requiere una devoción dialéctica, yo diría que casi religiosa, se debe seleccionar, con criterio y sensibilidad, esa información que pudiera abrirnos puertas y posibilidades para el desarrollo personal y la autorrealización, esto es, para servir mejor a la sociedad como individuos, pues somos un producto más de ella. Seamos, pues, un buen producto.

Dicto mi opinión sobre este punto. Todos vivimos, pero no todas las vidas son una obra de arte. Hay obras estrepitosas, olvidables, pasables, notables, extraordinarias. Es inevitable, tal como yo lo veo, asumir la libertad consciente que implica nuestro papel en el destino de otras personas, los que han habido, los que hay y los que habrán. Entiendo que esto es fácilmente comprensible, fácil de asimilar.

Esta información no ha sido, hasta donde yo sé, tan abundante como lo es ahora. Su diversidad es simplemente impensable. Mi rastreo particular no es muy meritorio, pero estoy bastante satisfecho con lo que encuentro. Es cierto que una inmensa mayoría de la oferta mediática la considero un estorbo, incluso ofensivo para el pensamiento y la sensibilidad independientes de aquellos que considero mis verdaderos semejantes. Esto lo admito con toda franqueza.

No debe ser, por tanto, una cantidad de información enorme, sino, más bien, adecuadamente seleccionada acorde a unos criterios personales, es decir, interiorizados a partir de la experiencia, sin extrañas ni extravagantes divagaciones. De ahí lo de huir, modestamente, de todo lo polémico, superficial y frívolo. De todo lo superfluo, pues es, a mi modo de ver, completamente inútil y ridículo.

Las posibilidades que imagino siguiendo estas simples directrices me parecen indescriptibles aquí. No hay un sentimiento mayor en mí que la pasión por el conocimiento, pero creo que, tal vez, la clave no esté en dominarlo, sino en aceptarlo. En ser parte de él, una parte más. Mi vicio es la virtud y quiero que así siga siendo, con todas mis fuerzas. La pasión humana que más admiro es el afán de perfección y considero que su manera más refinada y sutil es el uso del intelecto, porque creo que es de ahí, ciertamente, de donde procede la verdadera belleza.

sábado, 16 de mayo de 2015

Memorando


Información. Datos en las cavernas, las celdas de mi cerebro. Sólo puedo interpretar. No hay más posibilidades para mí. El pasado o el futuro ya no son lo que eran. Olvido o recuerdo, como si fuera un sistema binario informático. Me resisto. Busco nuevas posibilidades. ¡Ay! cuántos mundos forman el Mundo. Es como si mi infancia hubiese desaparecido para siempre. Su frescura. Su risa y su llanto. Su magia. ¿Cuándo volverá?

Compruebo, sin pasión, que todo es como solía ser. Busco otra respuesta. Trato de elegir mi manera de ver las cosas. De experimentar. Mi respuesta. Mi libertad. La experiencia importa. Sin duda, no es fácil intentar ser creativo. Ya ni siquiera sé lo que significa eso. Sólo puedo ser ignorante. Alguien como yo. Sobre todo en esas cuestiones. No me pesa tanto. No seré tan importante.

Pensar es empezar a existir. A crecer. Luego, uno reafirma la certeza de no poder ser absoluto. De lo innecesario que es. Es conformismo en el fondo. ¿Y qué?. Todos intentamos darnos una respuesta que nos sirva. En realidad, no importan tanto las diferencias. Guerra o represión de la guerra. Esa es la historia de cualquiera. La historia de todos. ¿Quién va a cambiar la naturaleza humana?

Callo y espero, pero nadie me responde. Nadie me convence. Hablan. Actúan. Creen que dicen algo. Que cambian algo. Yo intento recordar la inocencia segura de mi infancia. Absolutamente irrecuperable. Perdida en la serenidad de las existencias infinitas. En la eterna serenidad del Tiempo. Intento reír con ganas. Es un espectáculo insuficiente.

jueves, 14 de mayo de 2015

Ágora

Quisiera equivocarme, pero presiento que las reprimendas son cada vez más inútiles, las celebraciones. Las motivaciones. Hablo de lo colectivo, de lo masivo. Aún hay algo insustituible en lo intransferible, esto es, en el interior. La vida es algo cotidiano más. Algo más. Los premios acaban perdiendo su valor porque los vence el tiempo.

Me da lástima el miope y por eso no puedo evitar intentar ayudarle, guiarle, consolarle. Aprender de él. Aún no he encontrado nada que me disuada de la necesidad del consuelo. De la compasión. De su inexorable sustancia en nosotros mismos. Entre nosotros.

No deseo ser pesimista. Es sólo que veo la quietud creciente. Veo que todo se paraliza y queda atrás. Que se agota. Que sólo el movimiento y el cambio permanecen. Por tanto, yo quedaré atrás. Y todos vosotros. ¿Cuándo empezaréis a liberar toda vuestra compasión? Ya es tarde. Ya estáis tardando. Es en vano resistirse. No lo hagáis. Sigamos contando historias, a nuestra manera.

Otra ella


Ya es como si le hubiese hecho el amor con la imaginación sobrehumana. Con la mirada o el corazón. Acabo de conocerla. No parece muy brillante. Ya la he juzgado duramente. Es otra Venus. ¿Qué fuerza irresistible tiene esta diosa a través del sexo femenino? ¿Qué es esta belleza insalvable?. Nuestro encuentro fue breve, duro y sensible. Superficial. Accesorio.

Hace mucho que no estoy con una mujer. No me atreví a ser brusco. Digo que no es mi estilo para justificarme y me siento un falso. Le gusté. No aproveché la ocasión. No suelo hacerlo. No suele pasarme. Tampoco suelo buscarlo. Pienso en la próxima para no sentirme culpable. Para no turbarme. Como una máquina que no acepta estar confundida. Ni siquiera la posibilidad. Me siento más seguro como hombre de lo que me sentía antes.

Imaginé que nos besábamos, que nos olíamos y nos penetrábamos. Sólo me interesa la ternura, aunque sea húmeda. Esa ternura tan particular de los mamíferos racionales. La que me hace soñar, por tener madre mamífera, por tener empatía. Pathos e Hybris hacen el amor, ante la visión del Logos, impasible, completamente amoral y necesaria. Es una trinidad perfecta y completa. Verdaderamente sagrada. Armoniosa y rítmica. Si algo pasa conmigo, algo pasa con todo lo demás. Con lo absoluto e impenetrable.

Cómo la besaría. Cómo la embestiría con mi cuerpo. Suave y firmemente. Como empujando a mi propio espíritu. Respiraría mi alma graciosa y sabia. Eternamente serena. Invencible. Respira de tantas maneras que yo desconozco, que no entiendo. Dejaría atrás la teoría. Pasaría por encima de ella. Haría un mundo nuevo otra vez. Un mundo íntimo, para los dos, aunque sólo fuera esa vez, pero preferiría que fuera muchas veces. Siempre lo prefiero. Prefiero que se agote lo que desconozco.

Entraría en su mundo de carne. Sólo por fuera. Sólo un poco. Volvería a ser la mitad de algo, otra vez. Entonces, habla el cuerpo y calla la mente, como en nada más que yo pueda apreciar. Las endorfinas bailan y se transmutan. Hacen música con el fuego del cuerpo. Hacen orgasmos y alientos mezclados. Imposibles. Irrenunciables.

Un horno trémulo. Fantástico e indivisible, que sólo se insinúa, a pesar de su invasión, tibia y temblorosa. Segura. De su estrategia indescifrable. Risas de la piel sudorosa y tersa. Hacen júbilos. Fiesta de los cuerpos. Fuego escondido y líquido. Hacen bocanadas de lascivia inocente y pura, de humanidad verdadera, última y total. De rendición definitiva, sin guardia posible ni indispensable. Hacen amores nuevos. Cuerpos nuevos, de uno solo. Hacen frutos de vida.

sábado, 9 de mayo de 2015

Por qué ya no creo en el cine

He elegido este ámbito porque me parece el más representativo de lo que vengo señalando meses atrás. Hollywood infantiliza y simplifica los mitos que deben mantener nuestra sociedad. Digo sociedad y no civilización, pues la socialización es inferior a la civilización. Explicaré, gráficamente, en qué consiste, para mí, la causa fundamental de este fenómeno. Cuando una imagen pretende resumir y condensar una realidad profunda, produce ignorancia. Es como si la superficialidad de la que debe servirse el arte y la ciencia fuera como una coraza en la que rebota nuestra ignorancia previa, a la deriva. Una amalgama de instintos violentos y plenamente primitivos, fortuitos, bestiales. Tal como yo lo veo, únicamente pienso que se pueda llegar a la profundidad a través de la curiosidad y este es un proceso continuo.

Sin mito no hay arte. Esto lo asumo. Pero el comercio y la prostitución del arte son cosas que llevo bastante mal desde hace tiempo. Mi crítica a la imagen radica en que desconozco, honestamente, en qué derivará esta corrupción que deba generar algo nuevo, sin ánimo de parecer catastrófico. Esto era así, probablemente, antes de que yo naciera, lo ha sido durante toda mi vida y lo seguirá siendo. Me atrevería a decir que este proceso se ha acentuado en el tiempo. Es lícito decir, por tanto, que el arte necesita máscara, representación. Un signo, un referente externo que está destinado a cambiar en el tiempo.

Puede extrapolarse, perfectamente, a la comunicación de masas en general. Es como si Narciso, a través de los hombres, se creyese que es, realmente, su propia imagen, su propia ilusión. Su locura y su temor. Esto desata toda su repugnancia, su cólera, su pena. Así es como yo lo veo. Sé que es, ciertamente, un modo de sacudirse el problema, ya que esta no es suficiente profundidad ni una crítica suficientemente tenaz. El intento sólo es válido si se mantiene.

Defendiendo una postura reflexiva, condeno esta postura desesperada, precipitada y excesiva. Uno debe saber qué es lo que hace y lo que dice, esto es, por qué lo hace y por qué lo dice. Si me apuráis, también qué es lo que piensa y por qué lo piensa. No considero que exista deber humano más allá de esto. Baste decir que fueron muchos más los que se rindieron que aquellos que decidieron seguir luchando. Esto, desde luego, no ha cambiado, al menos.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Hypokritēs


Triunfan los actores, los futbolistas, los demagogos o las modelos porque contribuyen a la ficción de que las pasiones humanas están por encima de la razón. No digo que la pasión por las pasiones no sea importante. Digo que no es tan importante. Como buena cultura occidental, la tradición permanece, aunque cambie de forma. Está plagada de versiones de la misma epopeya, la que os estoy señalando. Nuestra pasiva sociedad está llena de falsos sátiros y musas, de falsos héroes o villanos, porque su profesión es la mentira. Porque les alaban y desprecian los que están o se sienten más vacíos. La mayoría es fácil de engañar y autoengañarse. Algunos lo saben y se aprovechan. Sacan tajada. Todo sigue igual. Sólo ha cambiado la apariencia. La máscara.

Debéis disculparme, porque sé que el lenguaje es relativista y engañoso. Que es, al mismo tiempo, el don y la maldición. Trato de estar por encima de ello. De luchar y vencer esta realidad. Yo también estoy lleno de máscaras, por suerte o por desgracia. Sólo es mi conciencia más profunda la que trata de desenmascararse. Yo soy más perezoso, ignorante e indiferente. Creo que soy consciente de ello.

Sin embargo, las máscaras se están cayendo, por mucho que los actores traten de resistirse, de ser sus máscaras, con máxima obstinación y devoción. De ser, por encima de todo, su pasión. Una y otra vez, la catarsis no es suficiente. No es verdadero entusiasmo, sino impaciencia, frustración, desesperación, lo que les apremia.

El ser humano es orgulloso. Quiere ser el primero, el mejor, el único en lo que considera más importante. Quiere que su razón sea la Razón. Quiere ser su razón. La regla, la medida de todas las cosas. La más válida. No importa tanto lo que esto sea. Es peor creer que se sabe a saber, porque hace más daño. La fuerza no se impone. Se acepta. En la vida impera la razón y la vida humana está llena de ficción, por todas sus fisuras. Luz y sombra, al mismo tiempo, es la inconcebible Humanidad. Está llena de máscaras que se caen tarde o temprano. Que deben destruir para volver a crear.

"Así comenzó la desganada interpretación de mi comedia. En aquellos tiempos había comenzado a comprender vagamente aquel mecanismo según el cual lo que los demás consideraban una impostura por mi parte era, en realidad una expresión de la necesidad de afirmar mi propia manera de ser, mientras que aquello que los demás suponían mi verdadera forma de ser no era más que una impostura"

                                                                     Yukio Mishima. Confesiones de una máscara


domingo, 3 de mayo de 2015

La mujer


La mujer es la madre, la hermana, la amiga, la novia, la esposa, la conocida, la estrella. La amante. El mito sexual. El bello sexo. La mujer es el sexo. Es Venus. Inicialmente, el hombre cree que está en guerra con la mujer y la mujer que está en guerra con el hombre. Que su relación es la locura y la necesidad desbocadas, la agonía de la unión y la desunión. Quizá esto no se supera. No lo sé. Siempre hablamos de lo mismo sobre el tema. Siempre sentimos lo mismo. El tiempo no parece vencer la oposición entre los cuerpos y las almas.

Creo que nunca he tenido una idea pura del amor. Una idea completa, auténtica. Dudo que pueda haberla. Todos hemos sufrido algún desengaño. Ahora, que sólo me queda mirar atrás o adelante sonriente, lleno de sueños, pienso que todo eran aspiraciones exageradas, fantásticas. Irreales. Ciegas, torpes e inducidas. Inocentes. Ahora sé que no importaba tanto y que era necesario, porque lo siento. Ahora, también pienso que el amor es algo diferente.

Pienso que el amor es más puro y sincero cuando se entrega a una idea, a una vocación o actitud, a uno mismo, a los demás. A la verdad. Pienso que los seres humanos somos extraños y complejos cuando nos relacionamos. Que necesitamos inventar lo que no hay. El mito, lo exacerbado. Lo extravagante. Lo exclusivo. Lo insuperable. Lo insustituible. Pienso que no hace falta cuando uno está en paz. Amo a las mujeres, pero pienso que la mayoría no es consciente de su verdadera belleza y valor. Creen que lo saben, que están obligadas a saberlo. Están presionadas. Se exculpan. Eligen. Habrá de todo. Habrá todo tipo de profundidades. Qué duda cabe.

Creo que hay tantas que huyen como tantos hombres. Por los mismos motivos. Por miedo a la violencia y la soledad. A la incomprensión. Al sufrimiento. A sacar sólo violencia de sus almas atormentadas y perdidas. Desesperadas o retorcidas y, a pesar de todo, maravillosas, únicas e indestructibles. Irrepetibles. Me parece increíble. Permanecen en guardia, en estado de supervivencia. Temen no querer más que eso. Seguir huyendo. Seguir fingiendo. No cambiar. Insisten. Creo que no vale la pena. Que sólo hace más daño. Una vez más, recuerdo que no existe una respuesta mágica al dramatismo o la vehemencia, por muy desgarrado y sincero que este busque parecer. Me parece que no puede venir más que de la pereza espiritual (moral e intelectual) y esto sí me parece muy triste. Me reservo la crítica.

Ahora, que pienso que la serenidad es mejor que la cólera, más verdadera y sensata, veo las relaciones humanas con compasión y curiosidad, porque yo también soy humano. Si yo puedo verlo así, imagino que cualquiera puede. Porque yo no soy diferente. Esto me parece importante. Quizá no lo sea tanto. Quizá sólo quería hablar de la belleza de las relaciones humanas y de la mujer y de mucho más. Celebrarlas. Compartirlas. Profundizar un poco en ellas, con mi limitada e incierta sensibilidad y experiencia. Quedarán atrás estos vanos intentos de comprensión universal y racional. De llegar a la iluminación. Dejad que yo también dramatice. Que me burle de mis propios lloriqueos. Es sano y gratificante. No espero acertar en todo, pero no voy a dejar de intentarlo.

Cine y boxeo


Quiero aclarar algo. No deseo, en absoluto, que mis impresiones tengan más consideración de la que merecen. Intentaré, con todo mi esmero, que esto sea un compromiso sincero. Anoche fui al cine con unos amigos. Fuimos a ver una película esperpéntica que no me apetece comentar ahora. Luego fuimos a cenar y charlamos. Hablaba con un viejo amigo sobre lo poco que sabíamos de física, de ciencia y de divulgación y terminamos hablando sobre teología y moralidad.

Todos terminamos hablando de cosas de las que no sabemos nada o sabemos muy poco. Esto es balbucear, vacilar. Fingir. Él tiene razón. Creer no es saber. Pero saber no es comprender. Nos ha pasado muchas veces antes. Somos tan repetitivos y predecibles. No importa tanto la forma. Las palabras son importantes, pero los hechos y los actos son aún más importantes. La gente habló de temas diversos, pero a mí sólo esos me parecieron oportunos. Me distraje prácticamente toda la tarde y la noche.

Pensaba en mis cosas. Trataba de convencerme de que estaba por encima de la situación, de que era como ellos. Realmente, lo soy. Es una cuestión psicológica. Pasamos toda la noche charlando y riendo. No estuvo tan mal, después de todo. Si reducimos las relaciones humanas a superestructuras de represión de la violencia y el sexo, de dominación, todo parece, ciertamente, mucho más sencillo.

Antes de la cena, disfruté sinceramente del atardecer y comenté que estábamos en una isla paradisíaca, cerca del verano. A nadie pareció importarle tanto. Buscamos excusas para sentirnos mal, desdichados. Desatendidos. Y, sin embargo, no nos falta de nada. Es una cuestión psicológica. Un engaño social y cultural, del que todos somos cómplices y formamos parte. Del que todos somos infames y crónicos herederos. Sólo somos hijos de la mentira que ha producido la verdad.

La gente parece decir "Sí. Pero vamos a hacer como si nada. Vamos a seguir con la farsa. Hay que seguir." y todo se vuelve cada vez más violento, desordenado y ridículo. Se vuelve, en una palabra, más estúpido. Exijo a los demás los cambios que me exijo a mí mismo, que sé que son inevitables. Ciertamente, me duele, tanto moral como intelectualmente, pero no aspiro a cambiarlo, sino a señalarlo, a denunciarlo, desde mi propia existencia como individuo racional. Al menos, este sí es mi expreso deseo. Mi humilde voluntad. Sólo esto me convence cada día. No es tan impactante ni tan azaroso. No lo es.

Un pobre hombrecillo como yo (excusa de autoinculparse) no podría hacer tal cosa. No osaría. Intento convencerme, conscientemente, de que me lo tomo con filosofía y con humor. He transmitido mucha amargura y pesimismo a mis seres queridos. He intentado luchar contra esta voluntad natural. Debe ser necesaria.

Al cabo de unas horas, volví a mi casa. Descansé y no saqué al perro, que no había salido en toda la tarde. Me sentí mal por ello. Me reprendí. Todo siguió igual. Volví a pensar en mis cosas. No hay un sólo instante en el que deje de pensar en la misma cosa. La única cosa. Dormí. Por la mañana, vi el combate de Mayweather contra Pacquiao, el "combate del siglo". Seguía reprendiéndome duramente "Es una farsa. Demasiado forzado. Demasiado protocolario. Demasiado programado".

El combate fue insípido. Pensé que Pacquiao estaría más volcánico. Con todo, no peleó mal. Me gustó más que Mayweather, siempre tan arrogante y vanidoso. Tan falso. Tan oportunista. Tan americano. A pesar de su técnica eficaz, le falta ese salvajismo y valentía de los que le preceden. No creo que lo haya superado. No creo que le baste. Ni siquiera toda esa cantidad descomunal de dinero, fama, influencia social... Quizá por eso finge sentirse superior. Para cumplir con la farsa que ha elegido y que ha heredado. Como todos.

A esos niveles, no soy capaz de imaginar qué monstruosidades ilusorias es capaz de producir el ego. Morirá. Todos sufrimos por quimeras. No dejaba de despreciar, en contra de mis mejores y más puros sentimientos, a todos los que estaban allí. A su riqueza material, su vanidad, su ingenuidad, su impureza. Su ignominia. No soy capaz de describirlo. Es como si ya estuvieran muertos. Como si no hubieran vivido. No quiero dedicarme al espectáculo. No quiero dedicarme al deporte. Están ahí y son válidos. Pero no lo son tanto. La mayoría es vergonzosa. No creo que esto cambie cuando yo, pobre hombrecillo mortal, desaparezca de aquí. Permitidme el orgullo y la falsedad de anularme, en este texto. No soy imprescindible para el mundo. Sólo quiero vivir y nada más.

Este mundo está lleno de gloria pasajera, de ruido absurdo que pretende ser otra cosa, algo más. Pero sólo es ruido absurdo. Obstinado. Insuficiente. Sobras. Desgaste. Tedio. Senectud. Eso pienso. De eso estoy convencido. Por ello apuesto. Este mundo sobrevivirá sin mí, pero no quiero pasar por él sin expresar mi ofensa y mi desprecio, porque lo considero un deber moral. Algo digno y necesario. Tal vez lo único. Disculpad mi soberbia, amigos míos. Soy humano. No quiero que sea por mí. También me desprecio a mí mismo por haber sido producido en este mundo. Pero no lo sé todo sobre él. Sigamos descubriendo!! Hay mucho más.

No es prudente liberar toda esta hiel, pero deseo desahogarme. Deseo seguir buscando la verdad porque esto (y es de las pocas cosas de las que estoy suficientemente seguro) no es la verdad. Sólo es algo que está muy por debajo, muy alejado. Muy en su contra. Sólo es relleno aparatoso. Males menores. El precio de lo verdadero. Su vulgar negación. La sublimación de la Banalidad. De la única maldad. Al menos, la única que viene de nosotros. Una reacción vacía. Dolorosa e indignantemente vacía. Indolente. Impasible. Un gesto obsceno que trata de expresar rebeldía contra la pureza o la inocencia, pues expresar es exagerar, la voluntad de ignorar. Pero existen, por mucho que se esfuercen en ocultarlas. No importa tanto lo que crean, ni lo que deseen hacer creer. Quizá alguien me entienda.

Lo que yo busco es comprender, descubrir. Superar. Por qué ha de ser tan difícil para tantos? Por qué lo parece con esta fijeza inhumana e infinita? Porque no somos la totalidad. No dominamos la realidad. No nos pertenece la verdad. Estamos sometidos. Aceptarlo es el único camino hacia alguna liberación. No hay garantías. No hay vuelta atrás. Sólo sé que todas las respuestas no son suficientes. Que uno debe darse sus propias respuestas y sigue sin ser suficiente. Que hay que luchar desde dentro, rectamente, hacia fuera y no al revés. Que hay que vencer el miedo a "no ser". Vivir no es huir. Huir es la negación de vivir.

Ahora, tratando de ser más positivo, pienso que hay muchas maneras de conseguir el mismo resultado. Muchos caminos. Que algunos no se parecen casi nada a otros. Que debe ser así. Pero esta es una respuesta moral y no tiene por qué corresponderse con la verdad. Es mi interpretación. Es lo que quiero que sea mi interpretación. Disculpen mi melancolía. Ha sido un placer escribir aquí, de nuevo, la misma vieja cantinela.

sábado, 2 de mayo de 2015

Kosmos


Cuanto más creo en la verdad, menos creo en la falsedad. Ahora, pienso en mis experiencias pasadas, en mis recuerdos, la experiencia de mis recuerdos, como un subproducto más o menos programado, anónimo, masivo. Y, sin embargo, sigo queriendo apreciarlo como único. Sigo queriendo sobrevivir por dentro.

Pienso en los grandes y me digo: sólo ellos se experimentaron. Sólo ellos se conocieron por dentro. Pero no lo sabían todo de sí mismos. Quién sabe nada de la Eternidad? Pienso en el arte, en la expresión de los sentimientos y me digo: todo arte es platónico.

Sólo puedo limpiarme o ensuciarme. Elijo limpiarme, pero me ensucio de todos modos. Le quito importancia. Lo acepto. Lo reflexiono. Ambos son necesarios. Hay que buscar el equilibrio entre ellos. Hay que continuar. Quién sabe el motivo. Y quién lo duda? Anularse es lo más fácil, pretender anularse, sucumbir. Pero continuamos. Estoy construyendo algo nuevo? Estoy contribuyendo a construir algo nuevo?

Lo que escribo hoy no es tan valioso. No debe serlo. La gloria del mundo es pasajera. La gloria del hombre, más pequeña. Capas de existencia que se entrecruzan. Yo escribo y soy inconsciente. Otros leen y se ignoran. Se descubren, olvidan. Creen elegir. Después todo se sucede con naturalidad. Hacia los ecos de la Eternidad.

viernes, 1 de mayo de 2015

Fictus


Estoy floreciendo. Ahora, que siento que todo es una copia inmutable pienso: antes de morir, vivir. El mundo está lleno de mímesis absurda y vacía. Yo pienso: he buscado y he encontrado. Ahora, sigo buscando. No estoy de acuerdo con la mentira. Cómo estarlo? Cómo vivir sin vivir? Hoy, la pérdida y la victoria me parecen indescriptibles. Porque siempre ha sido lo mismo. Me enamoro de los sentimientos de mis ancestros. Aprendo en silencio, maravillado. Desprecio lo que parece conmover a tantos. Sólo pueden venderse sueños.

Quiero comprender, experimentar, descubrir. Sólo ese es mi cometido. Paso de largo. No nos quedamos. Por qué no queréis creerlo? Por qué lucháis tanto, tan desesperadamente? No os comprendo, hermanos mortales. Me entristecéis tanto. Pero la vida aún no ha acabado. La vida sigue. No os culparé demasiado, ni de todo. Lo prometo. Os voy a mostrar el trabajo de mis Padres y el mío propio, inferior. Os maravillaréis tanto como yo. Tal vez más. Mis pies están en el suelo y mis ideas, en las estrellas. Más allá. Seguimos en una gran cueva. No la hemos abandonado. ¡Escuchad mi canto a la vida!

Como, como todos los días. Duermo, como todos los días. Río, hablo, pienso. Soy tan melancólico. Nada supera al pensamiento. No creo en otra cosa. Alguien me entiende? Comparto con vosotros las flores de mi alma finita. No son gran cosa, pero me encanta dároslas. Después de todo, sois mis hermanos y os quiero. Nada hay en vosotros que no haya también en mí. He sido afortunado por encontrar la verdad. No hay otra. No cambia nada. Creedme. No odiéis tanto. No os agitéis, no hagáis daño. Es en vano. No vale la pena. Alguien me entiende?

A algunos de mis hermanos les llamaron Tagore, Whitman, Goethe. Eran extraordinarios. Lo siguen siendo. Si no creéis conocerles, os invito a hacerlo. Hay muchos más. Somos muchos más. Ya dominamos el mundo y los que se creen nuestros enemigos no lo saben. Perecerán o se harán nuestros amigos. Pertenecemos a las estrellas más altas. Nosotros sabemos que hay un sol detrás del sol, mucho más grande. Un sol antes del sol, mucho más grande. Sabemos que la vida es sagrada y maravillosa. Que sólo esto vale la pena soñar, porque es la verdad. Alguien me entiende?

Sabemos que existe la belleza y la pasión y que el conocimiento no es lo que querían hacernos creer. Ese conocimiento es una verdadera ficción, una quimera. Muchos no consiguen llegar a verlo. Se afanan, sudan, persiguiendo eso que parece una utopía. No promuevo la holgazanería. Sólo la curiosidad inocente. Quizá no deja de haberla, después de todo.

Sabemos que el conocimiento es este momento en tu corazón. En ti, lector. En mí. No estamos equivocados. Pongo mi alma en el fuego por esto. En el fuego del tiempo. Y no me preocupa quién se atreva a contradecirme. No me importa quién me maldiga o me desprecie. Yo lo amo de todos modos. No temo a nadie. Escuchas mi corazón ahora? Ya estoy dentro de ti.

Nunca he llegado a estar apartado. Nunca he sido ajeno a tu espíritu. No. Tú y yo somos la misma cosa. Se acabaron las ficciones por ahora. Cuando vuelvan, tú y yo las espantaremos de nuevo. Tú y yo aprenderemos la magia más poderosa y jugaremos a ser niños de nuevo. A ser inmortales, dorados, insuperables. A ser los niños del sol. No importa que nos vayamos. Importa que estamos aquí, ahora. Que somos aquí y ahora. Me comprendes. Sé que me comprendes. Ya estoy dentro de ti.