miércoles, 9 de diciembre de 2015

Pasos en falso


He tardado mucho en pensar de esta manera. La verdad es el eterno retorno del presente. He hablado muchas veces de mi sed indescriptible, de la nostalgia y la melancolía. La ilusión es su relleno favorito. Creo que todo empezó a parecerme tan ridículo cuando me di cuenta de que no había escapatoria de la desesperación, salvo en la religión honesta. Ni siquiera esta es una garantía, si sólo apelamos a la razón. Ya no digo a los intereses. 

Esperaba que mi vida fuese más fácil. Encuentro que es una especie de desafío o propuesta que supone algunos quebraderos de cabeza, pero, como he dicho, no espero gran cosa de ellos, pues me considero, ahora más que nunca, un hombre inferior. Me ha causado una especie de dolor y placer indivisibles el hecho de pensar con delicadeza detalles que no sabía que existían. La sabiduría o experiencia que codicio no es nada de lo que esperaba que fuese. Parece que toda mi vida ha pasado en unos instantes, cuando juego a elegir mis pensamientos o recuerdos. 

No encuentro motivos para ser desagradable hacia los demás por más tiempo. He sido demasiado molesto e impertinente. A veces, siento que ya no viviera, en realidad. Me gustan los serenos y constantes detalles del racionalismo y la pasión, pero no he conseguido rellenar mi vida de esencia inmortal. Tampoco he conseguido detener el tiempo ni descubrir su secreto. Todo lo que sé de mí lo he conocido por fuera y no espero que eso cambie. No he podido contener este devenir. Ni siquiera sé dónde empieza su fuerza inmensa. Tampoco sé lo pequeño que soy, por experiencia propia. 

Todo me llega viciado y secundario. Se ha escrito mucho y se seguirá escribiendo, pero es difícil escribir algo que merezca la pena ser leído. Sobre todo en estos días, en los que no importa decir verdad o mentira, si es bien pagada y demandada. Soy pesimista la mayoría del tiempo, pero ese pesimismo me ha hecho fuerte, en especial frente a los demás. Aunque no los quiero como enemigos, no me queda más remedio que enfrentarme a ellos. Porque no puedo contener mi ser, ni tampoco ocultarlo. A eso se reduce la búsqueda de uno mismo.

No he elegido mi naturaleza ni mi manera de ser. Es una falacia cómoda para gentiles. La vida humana es el desafío más arriesgado que conozco de la naturaleza. El hombre duda de sí mismo, se perjudica, confunde realidad y ficción constantemente, con o sin voluntad. No es un camino fácil ni limpio. No somos los más indicados para hablar o pedir justicia. Se castiga o se premia sin ella, porque no la conoce. A su orgullo sirven mentiras. 

La mayoría del tiempo quiero pensar de otra manera. Deseo ser más sencillo y pequeño, todavía más de lo que soy, porque pienso que así, tal vez, pueda esconderme del mundo o deje de ser tan cobarde. No conozco mi misión y todas las que he perseguido hasta ahora me parecen falsas e insoportables, entretenimientos vanos, pasos en falso. 

Tampoco sé lo que me ha retrasado, porque mi pensamiento ha encontrado una abundancia que le desborda, que no había concebido, siquiera. Temo no poder controlar o definir la verdad. No creo que esté bajo mi responsabilidad. Me parece que no tendría sentido, siendo como soy, yo mismo. 

Hago ritos litúrgicos para mí mismo cada día, cuando hago una tarea o hablo con alguien, cuando pienso en lo finito y lo infinito. No espero nada que no conozca, pero no entiendo la libertad de mis pensamientos. Tampoco sé adónde me llevan, a través del tiempo, ni si vengo de algo que no sea el tiempo mismo. 

Mis recuerdos me parecen estáticos y vulgares. No me siento lo afortunado que soy. Tengo una prisión de abismo en mi interior. Hay una lucha que no conozco. Veo la tormenta que surge de mí, invisible, detrás de mis pensamientos. Sólo se insinúa, pero persiste. Basta para perseguir la caprichosa calma, como un vicio o virtud que no empieza ni termina, que no es la quietud que necesita parecer. No sé cómo podría entenderlo, pero sólo sé que estoy atrapado en ella y que mi miedo a la soledad parece un infierno cotidiano e irresistible. 

El mundo es tramposo y parasitario, mezquino. Sus rincones parecen tristes, pero son alegres. Intentamos volvernos peores de lo que somos por pura desesperación y desconocimiento, rebelarnos contra la nada que nos espanta. Muchos ni siquiera pueden admitirlo. No espero nada de él tampoco, ni del siglo. Mi decepción es más grande de la que podía calibrar y aún pienso en cuestiones sutiles que no atienden a vanidades o a brutalidades tan bajas como las delicias del vulgo. Creo que esto se entiende con claridad. 

Mi esperanza es que, al menos, se me entienda, o pueda entenderme un poco mejor a mí mismo. A veces, siento que no voy a poder seguir adelante un poco más. Realmente, no conozco los secretos del tiempo y me siento tan infinitamente pequeño en él, que no espero que nada de lo que haga sea trascendental en ningún aspecto que valore o pueda valorar. La vida es extraña y está llena de vacíos extraños. 

No importa tanto lo que se escriba o se diga al respecto, ni lo que se muestre, ni lo que se intente mostrar. Aún no sabemos quiénes somos. No nos basta la vanidad del mundo. Huimos porque sabemos que seremos alcanzados, como el que aguanta porque sabe que va a ceder. Sólo respetamos aquello ante lo que nos sentimos invulnerables, autosuficientes. Hacer caso es juzgar, pero si juzgas por fuera, no juzgas realmente. 

No conocemos la verdadera humildad ni nada que se le parezca. Sólo intereses rapaces que vestimos muy bien (o muy mal) de naturalidad, es decir, de vulgaridad. La soberbia son palos de ciego en solitario. Pero nada pasa tan desapercibido. Si el orden pertinente tiene un motivo que aún no conocemos, puede que lo sepamos si la luz de nuestro entendimiento se vuelve más intensa. Creo en la verdad. Nosotros no tenemos el poder que deseamos tener sobre ella. El que busca el poder, no lo tiene ni lo puede conservar. La ambición es vana, si termina en nosotros. 

jueves, 19 de noviembre de 2015

Deuda


El hombre no es el que elige serlo, sino el que lo acepta. No sé si puedo ser más consciente de mi vida. Creo que sucederá. Porque la duda atraviesa mi corazón, sigo interrogándome por mi suerte y la desconfianza es natural. No sé cómo sería mi vida si fuera otra persona. No puedo aceptar que antes me engañaba. Lo veo como una derrota tolerable, necesariamente. 

Lo que siento por mi vida ahora es un desprendimiento desenfrenado, irresistible. La certeza absoluta de que no puedo cambiar nada esencial y que no conozco todas las influencias sobre mí, ni su principio. Tampoco el mío. Soy limitado, pero no sé dónde empiezo y dónde termino. Tampoco dónde estoy, cuál es mi lugar. He caído al mundo real. 

Se pierde mi vista en mí mismo y no puedo volver atrás. Nos imagino desligados de la naturaleza por la cultura, pues sus lazos son más fuertes y profundos de lo que parece. Nos veo dependientes de nuestro vacío interior, completamente cobardes, débiles y solos. No como algo malo, sino como algo cierto. 

Me cuesta muchísimo creer en premios y castigos reales, justos. Me faltan demasiados datos. El mundo es efímero, si es todo esto, pero lo más cerca que estamos de su control es nuestra ilusión favorita. La ilusión y nada más. Espejismo, quimera, pero, por qué existe la quimera? qué le da esa apariencia de vida o sinuosidad? Nuestro engañoso entendimiento?

Persigo humo en silencio absoluto. Lo persigo solo, sin poder evitarlo, sin conocer la esencia que me hace esclavo de él, de los sentimientos que me produce. No sé cómo funciona, si es que sólo puedo desear más (y lamentarme por ello). Nunca me he sentido tan extraño como ahora. Tan cercano a la extinción total, a la nada o al sinsentido.

He sobrevivido como si Dios mismo me protegiese y me empujase hacia delante, porque yo solo no me basto y no tengo fuerzas. No podría. No soy mi fuerza y no controlo mi destino. Porque no lo conozco. No puedo ver las cosas de otra manera que no sea esta. Mi círculo se encoge. La vida es dramática. No es una biografía, ni una película, ni un teatro. Es algo más, pero no sé lo que es. Tal vez nada de esto. 

Algo anterior se nos escapa, más importante, bello, bueno, verdadero. La vida es un suspiro. Todos somos malos poetas y filósofos, niños indefensos frente al misterio del tiempo y de la noche, porque somos humanos y esa es nuestra esencia. No importa cuánto creamos desnudarnos para los demás, ni siquiera para nosotros mismos. 

Lo que me impulsa a seguir hacia delante es encontrar algo que me sorprenda, que me impacte. Pero siento que no me he esforzado lo suficiente, que no hice lo que tenía que hacer. Que sólo huí, pero que no sirvió de nada. El que sabe más, es más culpable. No puedo explicarlo. Se me escapa también. 

Somos esencialmente iguales y no importa las vueltas que demos, cuánto vivamos, adónde vayamos, a quién conozcamos. Quién nos cuide o nos maltrate. No importa tanto. La fantasía es un misterio indescriptible y no soy digno de especular sobre ella. Me sentiría ridículo, pero he experimentado su influencia. Su hechizo, si cabe. 

He querido amar la vida todo este tiempo, hasta ahora. Aún vivo. Todo lo que amo es mi prisión, mi esclavitud. Cómo iba a querer ser libre, si no conozco la libertad ni sé nada de ella? Tampoco sé mucho del mundo, porque soy más pequeño. Ahora lo sé. Sé que me quise engañar demasiadas veces y que ese es todo mi pasado, todo el que conozco y el que me preocupa. Damos lecciones inferiores, acatando las superiores. 

Intento confesarme, pero, cómo lo hago? Hoy creo que la única felicidad es la sabiduría verdadera, pero, por algo que desconozco o no puedo saber, ni siquiera ella es segura. Me imagino vagando por el mundo hasta ahora, sin más centro que yo mismo, mi esencia, mi ser, acumulando experiencia, sólo porque sí, sin historias detrás, sin especulaciones, sin destino, sin paranoia ni delirio, sin trampas, ni excesos, sin simplicidades o vacuidades. Sin deudas. 

En una palabra, sin nada que haya conocido, y me resulta completamente imposible. Por eso me importa. No puedo entender por qué existe la sed que no se puede saciar, por qué se puede imaginar (exista o no) aunque sólo sea como un ideal truncado. Supongo que es el límite de mi entendimiento. En cuanto a nuestro interminable resentimiento, sólo puedo decir que la venganza es insuperablemente infantil. Pero todavía no sabemos de qué melodía forma parte nuestra tristeza. Recordemos u olvidemos, el ritmo se nos escapa. 

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Exceso de vida


Vivimos al límite, sabiéndolo o no, sabiendo más o menos. Estamos aquí por un exceso de vida. Dejaré algún día de perseguir o de huir? Inquieto, reflexiono sobre inquietud. Descartar es mi alegría, o más bien, mi ausencia de tristeza. Primero, las torpezas de otros; luego, las mías. No sé si al revés. No sé si a la vez. Impotencia es dudar lo evidente. Juego fatuo es extender la verdad, copiarla, pervertirla, como si hiciera falta, sólo por recreo. 

Vivimos escondidos, buscamos cualquier sitio donde escondernos cómodamente, donde pacer. Pero ya hay demasiados textos escritos. Demasiadas inteligencias desperdiciadas. No hay dirección que se mantenga fija. Todo son distracciones. Otra vez mi discurso pesimista. Porque el pragmatismo no es suficiente. No se reveló toda la vida tal y como era y por eso vivimos angustiados. Ese fue el pasado perdido e irrecuperable. Eso era la melancolía, un residuo incómodo de la razón. 

Mucho hay escrito y mal escrito. Los malos filósofos son falsos profetas. Retóricos, sofistas, perdedores, como los que más nos resistimos. No somos mejores que ellos. No somos menos falsos. Se acaba el tiempo de nuevo. Piensa en lo oculto y en lo manifiesto, en lo que nunca vas a saber, ya lo conoces. La noche me conoce y está más cerca. Gemidos inútiles que no vale la pena retener. 

Pero la vida no es triste. Sólo es siempre la misma y nosotros queremos otra cosa. Ciertas verdades agradables, lejos de las desagradables, como los hedonistas, los epicúreos, todos los que desprecian el exceso de humanidad. Cuando no les conviene. Como piedras que cobrasen vida y se quejasen de rozarse entre ellas. El resentimiento es el borde de la humanidad, oculto o manifiesto. 

Olvida lo que sepas, si puedes. Estás más atrapado, repetimos lo que desconocemos. No tengas miedo de jugar como el resto. Nada hay de tentación en lo natural. Pero yo también soy esclavo de mi despeñamiento. De dónde surge, sino del interior? Porque lo interior es lo desconocido, lo eterno, lo que produce la defensa, el rechazo a lo desconocido. Ya ha pasado mucho tiempo. Han pasado muchos tiempos. Eres tú un tiempo diferente?

Dialoga con tu exceso y humíllate. Se ríen de ti. Te ignoran. No creas en la mentira cómoda. Más profunda será la herida. Más virulento el tósigo. Estás entero por ser incompleto. El hombre sufre al hombre. No oyes tus gritos? Qué más te hace falta para conectar con tu alma? Remueve la molicie, la procrastinación. Resucita de entre los muertos. Deja atrás tus tinieblas. No vuelvas a la oscuridad. Humíllate ante ti mismo, primero. Todos hacen el ridículo a escondidas.

miércoles, 21 de octubre de 2015

La máscara para la guerra absurda


Somos ese tipo de personas que busca motivos para sentirse inferior, hasta que el tiempo nos quite de en medio. Es lo que más nos gusta, lo que nos queda. Porque somos del tiempo y no es nuestro, como la fruta de las estaciones que se pudre y renace. Ya sólo podemos odiar el espectáculo, por más que nos esforcemos en amarlo. 

Nos recuerda lo que hemos perdido. Como cada día, el storyteller tiene un futuro brillante por delante, camaleónico, mentiroso, frívolo, en la información y el entretenimiento, así en la tierra como en el cielo. Es un descarado y por eso necesita máscara. Esta crónica es un alarido, el posmodernismo del siglo XXI, más mordiente y pujante que nunca. 

No se ha pulverizado para siempre la identidad de los seres humanos, altivos e individuales? Nos sepultan las épocas. Nos pesan y nos aplastan. Hieden, resurgen, como la mala hierba. Sólo recordamos nuestras culpas. Tenemos que creer la mentira. Estamos obligados. Si no, debemos fingir. 

Quiénes somos ahora, que estas palabras parecen gratuitas y excesivas, a pesar de su carga de amargura y pereza, inseparables compañeras de viaje? Soy un soñador que se ha quedado sin sueños. Me han robado mi alimento primordial. No sé cómo fabricarlo o crearlo de la nada. No parece haber huecos diferentes, ni contenidos diferentes. Sólo huecos y contenidos indiferentes. 

Por qué lo deseo, por qué esta apariencia o creencia? Adónde va? Hiede con locura ininterrumpida. Sacaré esta bilis, dulce veneno insuficiente, aunque sea lo último que haga. Escribo cobarde, pero no dejo de escribir. Esta guerra terminará en mí, algún día. Un día de estos. Algún día me encontrarán incompleto y sincero, porque yo también soy humano. Antes de conocerme por dentro, me reconocerán por fuera. 

lunes, 12 de octubre de 2015

Todo para mí

 ¿Quién soy ahora? ¿Qué puedo dejar aquí, que me parezca valioso? El escritor que no se avergüenza de lo que escribe es un escritor inútil. ¿A quién debo algo? ¿Quién me debe nada a mí? ¿No conozco la respuesta para siempre?

Padres que pierden a sus hijos, niños que sufren abusos de todo tipo, y yo soy fruto de un sistema que no me conoce, que no sabe nada de mí ni está vivo. No existe el futuro. Sólo existe el presente. Sigo dudando sobre lo mismo cada simple día de mi vida.

Cuál será mi última rutina? Adónde iré? Con quién me relacionaré? No espero grandes sorpresas. Esto es lo que soy. Creo que los sabios buscaban una sabiduría distinta de esto. No puede ser todo. No es todo para mí. Ya no sé dónde buscar algo diferente. Se me van las fuerzas en la poderosa idea de la redención, la comodidad definitiva, la justificación definitiva.

Quién podrá rebatir mis creencias? Quién me hará sentir de nuevo un poco menos solo que antes? Grito al mundo sin respuesta. Vibra mi corazón por fuera, sensible como la pluma más ligera. No he dicho todo lo que tenía que decir. He elegido mal mis ideales.

Veo con más claridad los rastros de mi ignorancia porque la vida es una especie de iluminación. Dios es una montaña serena e inconmensurable que se hace cada vez más alta y se aleja de este mundo. No sé quién dirige mi vida, pero no soy yo. Demasiados fallos. Demasiada ceguera. Demasiado cansancio. Demasiada repetición. Demasiado de todo.

Quién podrá devolverme la pasión de vivir, la ilusión de vivir? No hay secreto en la vida que no sea vivir, simplemente. Enseñadme una vida que no sea vulgar. Una vida real. A eso me refería con lo de la sabiduría. Se queda corta, congelada en la teoría. Vivimos a ciegas en lo más pequeño, a la sombra de seres inalcanzables.

Quiénes somos nosotros, que no podemos acabar siquiera con la esperanza? Vivo, pero no puedo hacer nada más, ni ser otra cosa. Vivo, porque el oficio del hombre es vivir y porque esto es la vida. A quién busco ahora? Cuál es el secreto que no se puede revelar? Qué conexión más profunda y vasta une todo lo que es con lo que no es?

No podemos saber nada de la verdad, si no es por intuición. Nos olvidamos y recaemos en nuestra limitación caprichosa y excesiva. Oigo cómo el rumor de los tontos se aleja cada vez más. No son mis hermanos? No soy yo también un tonto? No seguirá creciendo mi amor por ellos, hasta el éxtasis final?

El infierno es la soledad, decía Hugo. Cuántos libros serán ignorados por mi pereza. Cuántas conversaciones, espectáculos, retiros a solas, elecciones cotidianas, cuántos ruidos. Todo en vano. Todo igual de presente y ausente. Todo igual de inútil. Cuánto me queda para resignarme?

Qué me retiene ahora, que no puedo desenmascarar nada más a mi alcance, nada que me importe o me interese, nada que me produzca terror, ni incertidumbre, ni curiosidad? Qué hago ahora, que mis dudas me han vencido por completo?

Adónde voy ahora, que hablo sin cesar y balbuceo, que digo cosas de nada? Al mismo sitio que vosotros, de donde salgo. Un todo se nos escapa y no tenemos lugar donde escondernos, donde cubrir nuestra desnudez mortal. Ninguna información, ninguna trampa nos salvará. Quedarán aquí los restos por toda la eternidad. Nadie sabe nada detrás de su corazón. Sólo se va a otra parte y nuestras imperfecciones se quedan y se consumen aquí, en su totalidad. 

jueves, 8 de octubre de 2015

Ser


Me siento más anónimo que nunca. He de ocuparme de mis asuntos. Aún no he terminado. Aplacan sus conciencias o sólo están fingiendo? Es extraña esta limitación tan desagradable entre nosotros. Como si no existiera o no debiera existir. Hoy, el misterio de justicia es más seguro que ayer. Las agresiones externas continúan. Todas son externas. 

Idealizamos para dudar. Siendo pequeño, siento que tengo sueños que me desbordan. No puedo explicármelo. Hoy, el mundo me parece anodino, laxo, flaco. Me parece tan débil como la peor parte de mí. No estoy siguiendo el mejor modelo. Tengo miedo del sacrificio a ciegas, el único que puede hacerse. La vida es una película que se repite mientras dura. Siempre la misma. Siempre en todas partes. En nuestro comportamiento y nuestros pensamientos. En la extensión de nuestra potencia imperfecta. 

Ahora me imagino el poder como algo que nos deforma y nos destruye por dentro, que nos anula. No explico una vida tan pequeña. Cómo podría? Quién soy yo? Pero aún no he caído al vacío del que no se puede salir. Aún sigo vivo y la ilusión de haber muerto muchas veces es una quimera, otra quimera de aquí abajo. 

Cuánto tendré este pensamiento hasta que cambie? Cuál será mi próxima transformación interior? Ya sé el proceso, los deseos que puedo tener, los recuerdos, las anécdotas, las sensaciones, las descripciones, el reto, todo es lo más cotidiano que puede ser. No hay horror, ni invención, ni absurdo, ni nada. Todo es deseo contenido. Nada más. 

Dónde están las capas más profundas de todo esto, si no es en el interior? Acaso sigue siendo sólo un reflejo? Un reflejo cada vez más lejano? Están todos y estoy yo. El último tiene una visión distinta. Ahora es mi turno y no sé cómo cumplir. Aún no me he decidido. Todos se precipitaron. Tengo otra elección? 

Desde pequeño, sentía que no deseaba lo mismo que la mayoría, volcarme en la masa, anularme. Quería destacar por mí mismo, ser otro. Ser diferente. No corría a por el premio de la misma manera. Al menos, me veía así a mí mismo, a través de mis sentimientos. Pero, quién soy ahora? Qué ha quedado? 

Iluso y cobarde, sólo me queda combatir conmigo mismo, porque el mundo será el mismo mañana y otros también pasarán por aquí. En realidad, no vi un sólo sacrificio fuera de mí. Sólo lo imaginé. Aunque quisiera, no podría saberlo todo de una sola persona, ni siquiera de mí mismo, desde mi propio interior. Es esto una trampa? Magia? Eternidad? Qué es todo esto, que dudamos porque deseamos? Qué es desear?

Articulo con timidez esta voz quebrada, porque ya no creo en otras voces, no en las que podamos escuchar. Nos destruirían. No somos más sutiles de lo que comprendemos? No nos precede un cambio mayor que cualquier ilusión o deseo que surja de nuestra determinación material? Me ejercito sin ganas, preocupado. No sé si estoy haciendo bien. No quiero arriesgarme, pero lo he hecho y me arriesgo cada segundo. Quizá el riesgo es lo más sobrevalorado de todo, la exageración de nuestro insignificante poder. 

Ahora, nos veo como no he podido vernos antes, tan desnudos que no hay ropa que pueda cubrirnos. No hay ideal, ni exacerbación, ni soberbia, ni pasión humana en la que podamos escondernos. Somos tan breves, frágiles y pequeños que no podríamos imaginar nuestra esencia, si lo intentásemos. No lo hacemos, de todas formas? Una imagen es un intento. Aún creo en la filosofía, pero no del modo que esperaba. Ni siquiera se le parece en lo más mínimo. Es muy difícil de explicar. Puede que sólo me ilusione. 

Este pequeño hueco vacío lo llenan algunos de mis desechos internos. Mi voluntad no es recta y no puedo cambiar. Ya he visto que mi disciplina es nefasta y que me afano por encajar en un papel que me viene grande, que no es el mío. Y cuál es mi destino ahora, que lo veo tan claro e inequívoco? Otro que no imaginaré hasta que haya llegado. 

miércoles, 7 de octubre de 2015

Tedio


Aún sigo perdiéndome en mis deseos confusos e interminables. Me siento en el mismo sitio por dentro, exactamente el mismo. Sé que no merezco la posteridad. Lo tengo tan claro que no imagino un castigo para mí, salvo el olvido. No entiendo el mundo, ni el trabajo, ni el dolor oculto que causa la duda.

A los malos les creo, pero no quiero creerles. No quiero caer en el abismo que sólo se puede imaginar. ¿Quién creó esta ilusión tan poderosa, que no pueden vencer los sentimientos más sinceros? No soy ni he sido nunca riguroso.

Me pierdo y soy el más ligero. No espero más recompensa que el favor de los mansos y los que descansan. Son mi raza. Para mí, los demás no tienen rostro. Se pierden en rutinas eternamente absurdas. 

jueves, 1 de octubre de 2015

Hamartia


Vivir es tener una sed indescriptible. La gente sigue viviendo y no tiene ni idea de lo que es la vida. No les hace falta. Es evidente que no es necesario. Nadie tiene ni idea de qué es el motor de todo esto. El hombre desespera y da su mejor respuesta. Mañana las cosas serán igual y las verán diferentes. No serán como nosotros. Ya he hablado muchas veces sobre el futuro. No vivo. Viví. Todo en mi vida es pasado. 

Mi vida era importante para los demás desde que nací, aunque fueran pocos. Para mis familiares, mis amigos, algunos conocidos. No he llegado a ser mejor. No soy el mejor, pero el mundo necesita ejemplos mejores. Aún estoy debatiendo en mi interior los motivos para seguir adelante. Creo que puedo decidir algo importante y sé que, por fuerza, debo de estar engañándome. Sé también, por fuerza, que no es tan importante. 

Es un hastío extraño, este. Descubrir esto te hace sentir vacío y lleno, al mismo tiempo. Ves que la gente se afana con mentiras en las que no creen por presión. Están moralmente obligados a mentir y parece una paradoja. Parece que no podemos hacer más que huir o mentir, que es nuestra única elección. Lo que siento es que todos damos una respuesta insuficiente. No convencemos; nos autoconvencemos. Por eso hablamos. Para escucharnos a nosotros. No es otra cosa. Todo esto va de emociones. De las emociones más soportables e insoportables. No hay términos medios ni equilibrio. El equilibrio está en el movimiento. 

Nunca estamos en el equilibrio. Estar en equilibrio significa no molestar a los demás, no sentirse una molestia. Imagino lo débiles que fueron los lazos que me trajeron hasta aquí y no soy capaz de entender cómo tuve tanta suerte. Todo es más que nada. No puedo imaginar haber desaparecido. Es imposible para mí. 

Puede que no lo tuviera más fácil, pero no creo que haya un sólo ser humano sobre la tierra que lo haya tenido más fácil. Ni uno solo. No creo que haya uno solo que no se esconda en el mito, que no recurra a él para consolarse. Somos malos, pero da igual. No somos el centro de todo esto. Necesitamos darnos importancia. El hombre exagera. Ni los más brillantes se acercaron lo más mínimo al infinito. 

Lo que siento es que tendré que fingir mucho a mi pesar, olvidarme de que finjo, intentar convencerme de que mi influencia servirá de algo, una especie de propina, de símbolo, de gesto pasional. No se me ocurre hacer nada más. Me siento cada vez más lejos de aquí por dentro. No hay nada que hacer. Lo he buscado, pero es en vano. Vivo a ciegas y no está tan mal. Soporto a la gente, los libros, las noticias, los espectáculos, pero siento que todo es mucho más sencillo y aburrido. 

Lo más emocionante de la acción humana es la enajenación colectiva, los conciertos, las reuniones de amigos, las fiestas, los actos sociales. Esas cosas están bien. Distraen a los demonios por un rato. Creo que ahora entiendo mejor por qué la gente no quiere estar sola. Lo he estado por mucho tiempo. Me gusta más la gente que antes. Los necesito, aunque no sean perfectos. Yo tampoco lo soy. Somos iguales. 

El ego siempre es lo que lo acaba estropeando todo. Por eso recaigo en mis penas. Es la ilusión definitiva. No hay otra. Vivimos separados, en unidades. Por eso nos confundimos. Necesitamos al grupo, a la especie, a la sociedad. No somos nada sin ellos. Esa ilusión existencial o posmoderna de que el individuo pesimista tiene la razón, es incomprendido y debe ser simulado o temido por su autodestrucción me parece paranoica, repugnante. La rechazo. 

Prefiero intentarlo de otra manera. Prefiero el pacifismo, el consuelo de la filosofía, aunque todo esto sea una guerra silenciosa. Todos los mundos son falsos porque necesitan mostrarse, descartarse. Esto lo sabemos hace tiempo. Esta es mi enajenación, ahora. Permitidme sentirme algo menos desgraciado por vuestra comprensión. Creo que he llegado a necesitar esto. La buena filosofía no es la que se aprende una vez, sino la que necesita revisarse. 

Hay ideas más profundas y verdaderas que otras. No llegaremos a las definitivas. Nos quedaremos demasiado lejos. Es nuestro destino. No lo compartiremos todo. Lo que no puede expresarse es más importante que lo que puede expresarse. Cualquier mundo necesita acción, no excusas. Sé que soy muy exigente. No me avergüenzo. Así debe ser. Ya me dan igual las excusas de otros. Esta es mi desnudez, la queráis o no. 

Creo que he sido yo el que he decidido no aprender nada nuevo, dejar de creer en este mundo. Me siento atrapado en una repetición inacabable en la que otros intentan disuadirte para que no les hagas sentir inseguros a ellos, como una especie de precipicio en su interior en el que se pueden caer. La existencia es la lucha por la existencia. Aún me ayudan un poco por fuera. Si no me empujasen hacia delante, probablemente ya no estaría aquí o no estaría tan bien. 

Aún fantaseo con esconderme y dejar de perseguir lo imposible. No me gusta buscar fantasmas. Sustituiría los que tengo ahora. El lenguaje es insuficiente, problemático, como cualquier otra creación. Para eso le suceden otras. Nadie dijo que la dialéctica fuera fácil, pero es justa. Permitidme desvariar un poco. Estoy cansado. 

Como he dicho, hablamos para nosotros mismos, pero rara vez nos convencemos de lo que queremos creer. No hace falta aceptar los hechos. Son los que son. Suceden sin más. Lo demás es entelequia. He pensado en el futuro y me amarga sentir que tengo menos ilusión por él que nunca. No estoy extasiado. No tengo entusiasmo por él. Tengo hastío. Estoy desenfocado. Los objetivos son los mismos, pero yo no puedo verlos igual. Ruido, basura mental me ciega y llena mi cabeza, ensucia mi corazón. Yo intento no sentirme tan abrumado y no sé distinguir, como cada día, el remedio de la enfermedad. 

No puedo solucionar la verdad. No tengo las herramientas ni el poder. No tengo esa voluntad. Soy tan simple como el más pequeño. Me he creído superior y por eso he sufrido. Dejar de sufrir supone dejar de vivir. Tenemos que exagerar para soñar. Todo son imágenes aquí, desde el principio. Este mundo no tiene escapatoria. El misterio es una explosión. Todas las explicaciones se vuelven surrealistas si duran lo suficiente. Por eso no acaban. Estoy cansado de todo esto. No encuentro nada que produzca en mí la electricidad que busco. Es una enfermedad saber lo que no se puede demostrar. 

martes, 29 de septiembre de 2015

Experiencia


Todos los días miro las visitas del blog. Me gusta interesarle a los demás. Existir para los demás. Ojalá fuera más especial, pero no lo soy. No puedo presumir de una vida que no tengo, de un talento que no tengo. No importa tener razón. Cuando se tiene razón es para los demás. No vamos a cambiar la Teoría. Sólo profundizaremos en su experiencia. Aquí sólo hay práctica. Lo demás es disfraz temporal y el río irresistible de momentos barre con todo. 

He subestimado mi vida. Esa nueva manía de no contar historias, de que todo sean sólo historias me ha vuelto loco. Sólo necesitamos amor, que nos hagan caso. Algunos grandes maestros eran muy pesimistas. Cuánto amor les faltó? Cuánto sufrieron por no poder cambiar la Teoría, por no poder gritar lo suficiente? Los que nos atrevemos a presumir de nuestros sentimientos, de nuestro contraejemplo, sabemos ahora que no eran superhombres. Sólo eran hombres. Detrás de toda la elocuencia, de toda la farándola, de los mitos, estaba sólo el hombre. El hombre sufre por ser sólo sueño. 

No quiero aceptar que ya no me apasiono con nada. Esto y mi vida interior es lo único que me queda. Los desafíos a mi alrededor me producen desprecio y decepción. Intento ser lo que no soy. Parece que me obligan, que me retan, cuando sé que es demasiado inútil para intentarlo, demasiado fatigoso. Aquí estoy bien. Siendo nadie, uno puede ser cualquier cosa. No tengo que defender una imagen. Una imagen falsa. Todas las felicidades son falsas, pero suceden. 

Ojalá hubiese llegado hasta aquí siendo más optimista, pero no me arrepiento. No me arrepiento porque sé que tengo razón, que esta experiencia es real y está pasando, que no soy yo el que está equivocado. Sé que todos defienden algo que les supera y que es mucho más incomprensible, más resbaladizo, más especial que ellos. Sí. Lo sé porque yo también soy humano y ya no quiero escribir el texto definitivo, porque no hay texto definitivo. 

Todos esos libros, todas esas palabras grandilocuentes sólo escondían pasión y vida. Seguirá habiendo gente que se esconda para llorar, que se atreva a decir: yo tengo la verdad. Yo soy la verdad. Pero los demás sabemos que les olvidarán y que les faltaba amor, como a todos nosotros. Busco amor en vosotros, niños invisibles, pero tengo amor en casa. Lo tengo y no le hago caso. Lo tengo en mi madre, en mi hermana, en mis amigos. Voy a buscar algo que ya tengo. 

Cómo se siente cuando uno se conforma? No me he conformado nunca y no sé cómo sería. No he sido capaz. Es esto talento o es simplemente pasión imperfecta? Os juro que lo último. Si yo pudiera volver a vivir, apostaría a que llegaría a este sitio de nuevo, si no muriera antes. He sido excesivo. No he medido todas mis acciones y todas las decisiones que tomé fueron por el corazón. Lo más importante viene y sale del corazón. Lo más importante es lo que va al corazón. 

Siento un desastre en mi interior. Una isla inexplicable. Cómo? Si todo procede de fuera? Cómo? No lo sé. Eso lo sabe Otro. Yo no soy nadie y todo lo que sabía lo he tenido que olvidar. Tengo que aprenderlo todo de nuevo. No me apoyo en nada, pero no me caigo. La vida sigue. Mi vida fue real. No fui famoso, pero tenía ilusión. Descansé. 

Me encanta pasear, pensar, hablar con gente, abrazar, amar, esperar, dormir. Me encanta vivir y mi lucha no es perfecta. Estoy aquí y no estoy en ninguna otra parte, en este momento. Me esperan para comer. Me he quejado tanto sin arreglar el problema. No es eso vivir? Sí. No tengo lecciones definitivas ni perfectas. Estoy cansado de luchar. Dejaría de luchar si pudiera. Esto funciona así. 

No puedo seguir buscando escondites aquí fuera. Seguiré encontrando la misma sed que en mi interior. No son también meros hombres, estas criaturas? No buscan también a ciegas? No se sienten también incompletos? Porque hasta los más grandes sufrieron la daga de la duda en su corazón y eso les hizo buscar. Eso les hizo valientes. Yo no sé si encontraré algo que me haga más valiente. Si me será dado. Ayer se me ocurrió que tenía menos miedo. Que en mi último momento ya no habrá nada que temer. Y qué sé yo de eso? Ahora estoy viviendo y soy alguien. Tengo amor en mi vida... 

No tengo nada más. No espero nada más que amor. Es lo que ha habido siempre. He caminado mucho y estoy cansado. Ahora, todos los caminos me parecen iguales y no puedo dejar de sentirme así. Quiero sentirme mal. Quiero sufrir. Sólo ahí he encontrado algo que merezca la pena. Tenemos que pasar por todo. No hay fórmulas perfectas. No encontraremos la Teoría. No encajaría en una vida simple, como la mía. Tan pequeña y verdadera. 

Dos y dos no son cuatro. La razón produce la sinrazón. Nos olvidamos de todo. Seguimos adelante. Nos enfadamos. Nos entristecemos. Elogiamos la locura. Volamos libres y no podemos esperar más que imposibles. Se acabó la fiesta y el sueño, pero seguimos viviendo. Vienen otros. A veces, nos sorprendemos aún. No hay nadie más aquí abajo. No debemos esperar nada más. Mis ilusiones vanas se han terminado. Somos nosotros quienes debemos rellenarlas para soportar con entusiasmo un día más. Un día más. Un día más. 

jueves, 24 de septiembre de 2015

Filosofía


Hoy se me ocurre otra mirada hacia mi pasión. Todos sabemos que hay muchas formas de expresarse. La vida no es cualquier teoría de la vida. Veo las cosas con demasiado desprecio y miedo. Puede que sea yo el que esté equivocado. Lo estaba antes y puedo estarlo ahora. Puedo ser yo mismo el que se ciega. 

Pienso en la filosofía y parece que no es nada sin la moralidad, sin el perfeccionismo moral. Porque, qué sentido tendría buscar la verdad, si no es para nuestro provecho, es decir, para la acción humana? Pues todo pensamiento termina en la acción. Tiene como su objetivo la acción. Ojeando algunos vídeos, recuerdo ver uno sobre la mente y el pensamiento. En él se explicaban los mecanismos de imitación, ensayo y error por los que llegábamos a resolver problemas, a conclusiones útiles. 

Puede que tenga miedo de llegar a mis conclusiones. La verdad es que no espero hacerlo, porque no lo he hecho hasta ahora. No creo que sea algo que se pueda hacer. Es un proceso. La vida es un proceso. Sentir es un proceso de cambio. No sentiríamos nada si no cambiásemos. Sé que no es una lección monumental. De hecho, no creo que lo sea para nadie. Nos veo a todos más o menos igual de vulnerables, pero unos son más felices que otros. Unos se conforman menos que otros con sus sentimientos. 

Creo que me he bloqueado durante mucho tiempo. Esperaba algo que no podía llegar. Sigo viviendo como el primer día y la verdad para mí es algo inamovible. He sido yo el que la interpretaba y corregía mis interpretaciones. El nivel de interpretación depende de los conocimientos, las elecciones, de muchas cosas que no sé dónde empiezan y se me escapan de las manos. Para mí, la vida no es más que algo emocional y, por tanto, su sentido también. 

No quiero excusarme. Tengo mis culpas. No puedo borrarlas. No me gusta el discurso conformista y objetivista. No soy tan racional. Admito que quiero ser más feliz. Que pensaba que había llegado a un estado insuperable y que no pude quedarme en él. La vida sigue porque es lo que hace. Vivimos hacia delante y no hacia atrás. Puedo seguir culpándome de lo que desconozco o puedo aceptar que lo sigo buscando, antes de volver a castigarme a mí mismo. 

Todo esto es porque tenía otras expectativas del futuro. Expectativas que no se han cumplido. He sido realmente duro. No podían haber sido más altas. Sin embargo, yo me siento muy pequeño y esto es irreconciliable. Siendo tan pequeño, no puedo alcanzar expectativas tan grandes. Al menos, no de momento. Es curioso vivir de esta manera, estar tan indescriptiblemente convencido de mi impotencia, de mis limitaciones y de mi desconocimiento. 

Veo cómo los demás viven la vida y me extraña que consigan apagar sus ansias, distraerse, huir, con tanta resolución. Sé que no puedo ver sus culpas y que sólo las imagino. No puedo ser de otra manera y construyo sus vidas en la mía. La verdad es que me gustaría amar más el miedo, porque tal vez así me costase menos vivir. Me cuesta porque evalúo cada momento. Pero cada momento no es más que eso. 

Esto es importante. La experiencia es un momento. Lo que dura más es la memoria, la repetición, el uso. Eso es hábito, no experiencia. La experiencia es un momento que desaparece al instante. Esta experiencia, este instante que lees, que escribo, ya es historia. Es tan breve que no se puede describir ni medir su brevedad, a pesar de nuestros intentos obstinados. He sido maniático y débil. No he querido aceptar la verdad que parece cada vez más asentada y no al contrario. Mi miedo es irracional. Lo sé, pero no puedo aceptarlo. No puedo entenderlo. Por tanto, vivo con ello. 

Esta es mi manera de enfrentarme a la vida. Es la que tengo. Muchas veces me ha servido. Otras, como en esta época de oscuridad y de prueba, no tanto. Es por ello que intento mejorarme. Sin el miedo, no sé qué sentido tendría intentar mejorar. El miedo es lo que nos hace humanos. Es el dolor interior que no se puede describir. Miedo a estar solo, a no poder expresarnos mejor, a equivocarnos. Siempre el miedo. Sin embargo, la vida pasa y resulta que ningún detalle de esos pequeños, ninguna experiencia, por sí sola es tan importante. Eso es lo que más tememos. Que una sola lo cambie todo. Pero esto no es real. 

Las experiencias van todas juntas. Ahora, están pasando más cosas de las que me preocupan. No les presto atención. Vivo en mi mundo. No pienso en los millones de personas que están sintiendo la vida ahora, que están tan inseguros como yo. Quiero viajar a la luz. El miedo es la luz que ilumina nuestro camino. No es cierto que sea malo. Es bueno. La culpa es buena. Sin la culpa, no tendríamos que rendir cuentas ante nosotros mismos. Esto es lo que creo. 

Realmente, me ha dado vida creer en el arte de nuevo, en expresar mejor los sentimientos. No hago otra cosa. Es todo lo que puedo hacer y no necesito nada más. Lo que necesito está disponible. No puedo recordar lo que no he conocido, aunque nuestra mente disfrace estas cosas con mitos, imaginaciones, fantasías. Detrás de todas ellas, sólo hay algo real. Eso es lo que pienso. 

No quiero recaer, pero es mi destino. Tengo que conocer quién soy. Tengo que saber por qué no puedo amar más el miedo ahora. No creo que uno solo de los seres humanos no tenga ni haya tenido miedo antes que yo. Creo que ha sido el miedo lo que les ha hecho cambiar y buscar, lo que les ha hecho mejorar. Eso es lo que creo haber aprendido en mi viaje. No quiero dejar de vivir sin comprobar que estoy en lo cierto. 

La vida es extraña. No puedo negarlo, pero quizá nos engañemos cuando disfrazamos nuestros sentimientos para los demás, cuando vendemos que basta una teoría, una explicación, una propuesta para cambiar cómo son las cosas y el mundo. Mi relación con él no ha sido ideal. Sólo ha sido la que podía ser. Una relación pequeña y limitada. Eso ha sido mi vida. Amor irreductible, intentos imperfectos de conservarlo. Es que alguien siente algo distinto? He sido muy pesimista y realmente no estoy orgulloso. Quiero hacer las cosas bien. No he sido el más inteligente. Se trata de utilizar la inteligencia adecuada. 

Hoy es un día más y tengo que demostrarme que estoy luchando por la vida que quiero tener. Nadie lo hará salvo yo mismo. No puede ser de otra manera. Aunque mi discurso suene repetido, es el que tengo. Debo buscar un camino mejor para seguir adelante. Aunque no pueda elegirlo, lo encontraré. Es lo mejor que se me ocurre decir ahora sobre lo que me parece más importante. 

martes, 22 de septiembre de 2015

Profesión


Todos los ídolos que tengo ahora fueron profesores. Son una gran fuente de inspiración para mí, mayor que todos los anteriores. Sólo conozco de ellos su representación, pero bastó para inspirarme. Reconozco que tengo miedo de afinar, porque no espero encontrarme nada nuevo. Los ídolos son esos. Ahora, debo elegir seguirlos o no. Su guía es clara y mis pensamientos confusos y engañosos. Sé que con ellos será más fácil el camino ahora. 

Ellos fueron profesores de su tiempo y yo del mío. Creo que puedo ser un buen profesor, que me basta, a pesar de los sueños vanos, porque ya sé que lo son. Pienso que es el trabajo más honrado que existe, que debe hacerse bien porque enseñas por primera vez cosas que los demás pensarán el resto de su vida. La influencia social es clara. También lo es la responsabilidad. 

No conozco muchos profesores del momento que me cautiven. Alguno destaca ligeramente. Quiero conocerlos más a fondo. Debe faltarme mucho por aprender o debo fijarme mejor. La cuestión es que poco a poco, muy lentamente, voy descubriendo mi estilo. Es el que tengo, natural, para transmitir las ideas que creo son mejores y verdaderas. 

Me equivocaré muchas veces más, pues me he equivocado mucho hasta ahora. Lo peor no es equivocarse, sino sentir miedo de hacerlo. Sin decoros, he dudado de mí mismo, pero sabía que este era mi camino. La influencia interior es más grande que la influencia exterior. Enseñar me ayuda a pensar mejor, a decir las cosas más claras. Es una terapia para mí más excitante que escribir. 

No me desagrada la idea de dedicar a ello toda mi vida. Sé que sería un sacrificio, pero tendría que hacerlo de todos modos en cualquier caso. Siento que es como salirme con la mía. Las cosas, las situaciones siempre pueden cambiar, como cambian los sentimientos de las personas y todo lo que no somos nosotros. No lo sabemos todo. Estamos aprendiendo. 

Todos hemos tenido profesores cautivadores y horribles. Otros han sido insípidos, indiferentes. Ser profesor es un trabajo de vocación. Ahora, imagino que es mucho más fácil enseñar que antes y que llevo enseñando toda mi vida, incluso cuando sabía muy poco. Las personas que más han influido en mi vida actuaban como buenos profesores, oradores, con las ideas claras, con persuasión, carisma. Sé que tendré que mejorar mucho para estar más orgulloso de mí mismo, pero reconozco que tengo mucho miedo del orgullo. 

Puede que no consiga dominar el ascetismo moral que me hace soñar todos los días de mi vida, pero aún hoy sigo persiguiéndolo con entusiasmo. En mi hora más oscura he querido seguir adelante y veo luz al final del túnel. Estoy en contra de cualquier pesimismo, pero quiero justificar mi optimismo. Esta frase no es mía. Es de uno de mis maestros. 

He tenido muchos. Probablemente, más de los que reconozco o de los que he podido distinguir. Todos somos profesores. Unos mejores, otros peores, pero todos enseñamos algo. Somos educadores desde el principio, incluso cuando somos aprendices, entre nosotros. Siempre enseñamos algo. Hoy no se me ocurre un trabajo mejor en el que tener ilusión por mejorar. Sé que habrá momentos difíciles, que no todo tiene que ser perfecto. 

Espero cosas grandes del futuro, aunque ahora no me lo parezcan. Las cosas se ven diferentes en el tiempo. Es como un viaje o un paseo. A veces, cuando tenemos algo delante de nuestros ojos, ocupa todo el espacio y no podemos verlo. Así me siento cada segundo de mi vida cuando pienso que existo en este momento. No dejo de pensar en ello ni un instante. Es importante y no puedo cambiarlo. Es una suerte. Sólo tengo que preocuparme de vivir. 

Es todo cuanto puedo hacer. La gente sólo puede vivir. Por eso lo demás es vano. Porque siempre esperamos que cambie lo más natural. Es porque nos desesperamos, porque tenemos miedo de que las cosas empeoren, cuando lo único que nos traiciona es nuestra inseguridad y nuestra manera de verlo, nuestra intención. Sentimos presión, creemos en unas expectativas demasiado altas, irreales, un mundo imposible más importante que este. 

No tengo grandes consejos que dar nadie. Me gustaría hacer las cosas más accesibles. Sólo puedo ocuparme de mí mismo, en el sentido más crítico de la palabra, de mis defectos, de mis decisiones. Lo demás se sale de mi marco de acción y de mi experiencia. Pero sí puedo abrirle la puerta a los que todavía no conocen lo que yo sí he conocido y quiero hacerlo bien. Quiero que sientan una parte, al menos, del entusiasmo que yo he sentido aprendiendo y enseñando, porque desde el principio me ha dado más ganas de vivir. Afortunadamente, aún sigue sucediendo. 

Enlace




domingo, 20 de septiembre de 2015

Contracultura


Si tuviera suficiente tiempo para explicar, persuadir, engañar. No lo tengo. El tiempo no es mío. Yo no puedo asumir que mi obra es una mierda, porque soy yo, yo mismo. Mis obras son mis acciones, vengan de los hados, la primera mecha o la nada. Sinceramente, sé que eso no es lo más importante. No tiene nada que ver con nuestro dolor más íntimo. Sólo con nuestra ignorancia y nuestras incapacidades. 

No está de moda ser así. Papá estado, represor y coactivo, pone en nuestras bocas lo que decimos, actúa por nosotros, nos moldea. No somos nadie si no existe él. Sé que es más divertido fingir. Está de moda engañar. Lleva estándolo mucho tiempo. Seguirá así. No espero un futuro diferente y este no es un discurso correcto. 

No es rentable la amargura y no somos piezas de recambio. Nadie puede sentirse así. No puedo fingir lo que soy y lo que no soy. Lo he intentado durante mucho tiempo. Estoy hastiado porque veo que nosotros hacemos la injusticia. No es una imposición divina, ni un misterio. Nada de eso. Es nuestra culpa, literalmente, nuestro propio daño. Somos el horror, la barbarie y la estupidez. 

Es más bonito fingir y decir que nos queremos mucho entre nosotros, que no competimos, sino que colaboramos. Cada uno tiene su terapia personal. Es una farsa. Queremos llegar los primeros y nos dan igual los demás. Los soportamos por miedo, los envidiamos. Codiciamos sus tesoros escondidos. No son distintos a los nuestros pero da igual. Somos recelosos y morbosos, fantasiosos. Somos patéticos. 

Ya no quiero perseguir esas ridiculeces y no puedo ocultar mi frustración. Creo que estamos equivocados, que no puedo mirar a otro lado. Mis escritores favoritos odiaban el mundo (lo que hacemos). Lo odiaban con todas sus fuerzas, odiaban la naturaleza humana que es maldad, suciedad, corrupción y vileza. Es, simplemente, depravación, torpeza, astucia. Todo lo que nos satisface al principio y nos daña al final. Es así de sencillo. 

No abogo por el calvinismo de soportar los males del mundo estoicamente y esperar un mañana mejor. Abogo por la denuncia desde el interior, por la catarsis individual, por la empatía, pues la antipatía no es más que cobardía, descortesía, ignorancia de lo más básico. No creo que lo que yo haya soportado sea peor que lo de cualquiera. No hace falta. Es la misma injusticia. 

Ya no creo que mi odio sea especial, ni imprescindible. Después de mí, vendrán muchos otros. Antes de mí, pudo haber un Agustín de Hipona, un Sade, un Cioran, un Baudrillard. Qué es lo que dijeron que no estuviera tan claro? qué denunciaban? El descontrol, la desvergüenza, la brutalidad humana. Eso denunciaban, eso ridiculizaban. Eso intentaban explicar con toda la claridad que pudieron. 

Puede que se amargasen y se sacrificasen por su arte, pero prefiero eso a una mentira cómoda que nos enriquezca por fuera para generar más desesperación, desigualdad, recelo, ignorancia, estupidez, tensión, en una palabra. El camino no es el desconocimiento. Es este. No hay otro. No hay más posibilidades. No hay salvación de uno mismo. No hay autoengaño. Puede que haya psicosis, y todas sus consecuencias, pero no nos escapamos de lo que somos. 

Cada uno es culpable de sí mismo y ya pueden intentarnos decir lo que queremos oír, mostrarnos lo que queremos ver que seguirá siendo el mismo sacrilegio disfrazado. Por las dos partes saben suficiente y las dos fingen. Las dos se dejan engañar. Las dos se aprovechan y pretenden salir airosas, impunes, intocables. Pero no sucede. Sucede la autodestrucción y no me explico cómo el mundo puede sobrevivir con tanta mentira a cuestas, cómo puede necesitarla tanto y engañar sobre verdades superiores, no asumiendo las inferiores. 

Lo que quiero decir es que apuntamos muy alto y deliramos, pero nuestra casa sigue sucia, llena de monstruos, llena de pústulas. Eso es lo que digo. Que somos impuros y canallas y que no tenemos "derechos". Tenemos debilidad y tenemos un carácter abusivo que está escrito en nuestro ADN. Somos niños toda la vida, déspotas, pasionales, aprovechados. No digo que esté mal, digo que es así. 

Lo tomamos de la sociedad y lo hacemos nuestro. No importa de qué cultura se trate. No hay mejores culturas que otras. No podéis haceros una idea de lo desesperado que me siento por no poder hablar con esta libertad. Nadie quiere oír esto. Nadie quiere oír que su vida es una mentira, que quiere vivir una mentira porque no se atreve a pensar una alternativa mejor. Se ven al borde del abismo. Es más cómodo esconderse en el grupo. Hacerse impersonal. Sí. Eso es más fácil. Por eso nos volvemos escoria y no por otro motivo. Todos. 

Lo que estoy diciendo es que ambicionamos lo más bajo en lugar de lo más alto porque nos obligan por fuera, nos presionan. No quieren que cambiemos nada esencial y por eso siento, yo por ejemplo,  la mayoría del tiempo que me duele no poder cambiar nada esencial, cuando todo en mi vida, todo lo simbólico, lo conceptual, lo emocional no ha sido más que una mimética falsa, un teatro, un juego de formalidades y de florituras que no tiene nada que ver con la naturaleza o el universo, que se disuelve en esta cultura enferma de monstruos humanos y que le hace sentir a uno injustamente engañado, explotado, ridiculizado y solo. 

No me gusta sentirme así, pero así me siento. No digo que mis sentimientos sean importantes, pero son los que tengo. Si hay dolor más grande en el mundo que estos padecimientos burgueses es por el mismo motivo que a mí me los causa, por la estupidez humana, por una inercia histórica enfermiza, apurada y estropeada, que se crea y se destruye constantemente en la superficie, en las necesidades y excesos materiales, en las imprecisiones, en los desajustes, en lo que es imposible que sea completado. 

Por eso seguimos adelante, por inercia absoluta. Nadie tiene la menor idea de por qué estamos aquí. Cree saberlo o quiere hacer creerlo y la verdad es que tiene la misma idea que podría haber tenido cualquier hombre hace miles de años o la tendrá en las generaciones venideras. Pero éstas se sentirán también igual de decepcionadas, engañadas y ansiosas por desentrañar arcanos y quimeras que nada tienen que ver con su homeostasis, con el equilibrio social o la solidaridad, con lo más verdadero o importante. 

Tienen que ver con sus pasiones insaciables y con su delirio, el delirio que les producen. Eso es lo que pasará y darán igual estas palabras porque son las de un vago pesimista que ya no puede volver a ser un niño, que no sabe ser adulto y que está harto de todo, pero que tampoco se sacrificará por su arte porque quiere seguir viviendo, aunque no sea posible una vida mejor. El mundo no me impide ser yo mismo, pero me ignora porque ahora no le convengo. Aquí sigo, protestando en el anonimato, exangüe, desconcertado y pensativo. 

jueves, 17 de septiembre de 2015

Paradigma


Hoy todo el mundo está obligado a ser estrella de un modo que no soy capaz de comparar con ningún período que conozca. En el trabajo, en la familia, en cualquier parte, especialmente en nuestras cabezas. Hay una obsesión con la imagen, con el éxito, a cualquier precio. No hay términos medios. No hay vacuna contra la mediocridad. Ya no importa tanto el placer estético. El precio es la muerte de todas las cosas. 

Todos nos sentimos unos fracasados en el fondo. No importan las circunstancias que te hayan tocado. Siempre tienes que aspirar a más. No puedes estar tranquilo. No hay quietud en ninguna parte, ni siquiera en las ciencias técnicas. Todo cambia demasiado rápido y nos quedamos atrás. Suena a repetido, a abusivo, a superficial, a frívolo, pero es así. Todo es cierto y, al mismo tiempo, nada. Es la época de la gratuidad, de la desesperación. El cinismo es sólo el principio de otro cambio.  

A todos nos preocupa el mañana, el porvenir, el progreso, pero abandonamos nuestra casa, a nuestras familias, nos atormentamos, no conseguimos dominar el terremoto del pensamiento y buscamos alguna explicación más lógica, más técnica, más sencilla, pero no la hay, porque la vida por dentro es inexplicable, es insuficiente. No se basta a sí misma y tiene que salir insegura, perderse, conquistar cualquier cosa.

Yo también tengo miedo y no lo he superado. No he superado esta vida. Conjuro como puedo lo que a mí me parece más valioso y se deshace entre mis manos y entre mis pensamientos, ante mis propios ojos, ante los ojos detrás de los míos, porque no controlo nada y mi propia identidad también se deshace en conceptos irrelevantes. Soy yo y la nada.

No quiero llamar la atención así, pero no tengo elección. Nadie sabe muy bien dónde está, ni lo que hace, ni a quién está engañando, ni por qué. Todos estamos desesperados y somos ignorantes, pero unos disimulan mejor que otros y esos controlan el mundo, porque la mayoría es débil y quiere un camino fácil que no existe, unas garantías que son artificiales, una vida que es una mentira.

A mí me gustaría sentirme más vivo sin arriesgar nada, sin cambiar nada, sólo recordando, compartiendo mis conocimientos. Quisiera no cambiar, pero el cambio, todo cambio, porque es uno solo, está más allá de mí, pues soy una ilusión que muda en esta cabeza humana y delirante; pues soy una quimera en las inquietudes del mono loco, el último mono, desnudo y creativo, pero mortal. Y sé que no es suficiente. Por eso sigo escribiendo en busca de respuestas, por eso intento desafiar lo que es inexorable, porque no me encuentro a mí mismo y porque sé que este momento no es ni será nunca definitivo. 

domingo, 13 de septiembre de 2015

Sentimientos


Si fuera tan fácil de escribir. No quiero recuerdos. No quiero tener nostalgia por la mentira. No quiero nada, pero no soy yo el que decide. No puedo ser más que una ilusión y lo rechazo. No puedo rendirme. Los hados son siempre un misterio. No sé a dónde estoy huyendo. No creo en la vida, pero sigo viviendo. Qué tengo que hacer? A dónde tengo que ir?

A quién podré amar ahora? No entiendo cómo pude dormir durante tanto tiempo. No puedo volver al sueño. Es imposible. Salgo de uno y me encuentro en otro mayor. Es un recorrido infinito y desesperante, monótono, profundamente doloroso, por dentro. Pero ese dolor sólo es humano. Es un dolor inexplicable. No es un dolor biológico. No es agonía. No es falta de necesidad. Ni siquiera se le parece.

No sé lo que necesito. No sé por qué no puedo ser suficiente. Estoy en el centro del error y de la falsedad. No he encontrado la verdad. Corro detrás de ella sin descanso. No puedo elegir. Hoy es dolor de vida. No soy nadie. No puedo engañarme más. No quiero vivir así. Algunos consiguieron reír por algún tiempo, entusiasmarse, afanarse, creerse felices. Luego, lloraron solos. Todos lloramos solos.

No conozco pasiones ordenadas. No quiero haber perdido, pero todo se pierde y así se hace libre. No hay elección. Me he quedado sin ideas, sin deseos, sin planes. Estoy completamente solo y mis pensamientos son imágenes vacías. No sé lo que es estar vivo. No conozco el secreto de la conciencia. No sé por qué existe el pasado.

Hoy es como si fuera nunca. Aquí es ninguna parte. Estoy furioso y mi ira se perderá en silencio. Nada doblega el destino. Es permanente y total. La belleza sobra. Lo que necesita envoltura es falso. Todos fingimos, disimulamos, nos espantamos. Todos somos débiles y hermanos en nuestra debilidad, cómplices, traidores, miserables. No hay escapatoria.

No puedo rebelarme y no sé por qué este deseo, esta ambición. Es un infierno y no debería serlo. Debería ser fácil, pero el deseo es más real que cualquier parte de mí, incluso la mejor. Estoy cansado, pero no puedo retirarme aún. Fuerzas que desconozco me mantienen unido a la vida, como si fuese a descubrir algo nuevo, enseñado o aprendido. Algo diferente. No creo en ello. Mis creencias son irrelevantes.

No quiero este mundo. No me admiro más. Estoy harto y triste. No quiero estar así. Todo sería más fácil si alguna verdad importase, pero nuestra tristeza no puede cambiar el mundo. Nuestra tristeza es resignación. Retardo. Algún tipo de calumnia que se disfraza de orgullo o de vanidad. No deja de ser lo que es. Lo que parece no es lo que es.

Harto de palabras, rostros, vidas, muertes, legados, hombres, mujeres, paisajes, artes, malas artes. Todo es mentira. Todo es decepcionante, patético. Todo es sobrante. Un exceso impertinente. Todo es un asco. Nadie lo entiende bien. Nadie quiere entender, estamos demasiado ocupados en huir. Mañana, continuaremos. Deseo algo de paz. Me pregunto cuál será el rincón más pequeño de la soberbia, cuál será la sutileza más hermosa de la imperfección. Quizá eso marcase alguna diferencia. 

viernes, 11 de septiembre de 2015

Ominoso


Veo en las caras de la gente (de todos) que no están donde quieren estar y no saben dónde quieren estar. Disfruto de mi melancolía y nunca tengo suficiente. Conoce mejor tu circunstancia. Sólo uno puede estar más cerca que tú. No puedo decir nada nuevo. Estoy sin palabras.

He empezado a hacer las cosas por placer. Las cosas hay que probarlas, no idealizarlas. Pero el día ha pasado ya y hoy ha sido igual que ayer. Tengo problemas. No puedo acudir a nadie. Pienso en la desgana que desconocía, antes de caer, como todos, y no puedo expresar mi desconcierto, mi tristeza.

No puedo igualarme a nadie. No puedo ser otro antes que yo. Mi vida no volverá a repetirse. Sólo un demonio podría conseguir tal cosa. Esa idea insidiosa que persiste: una exageración del día, el momento o el sentimiento pasado. Ese engaño, en la raíz de toda esencia falsa, de todo espejismo diabólico. No es más que una ilusión.

Aparto de mí la impureza como puedo, pero sé que me alcanzó antes de nacer, de ser yo, que soy todo yo. Vivo con ello y digo: no he superado las pasiones humanas, porque soy humano. Leo con atención los escritos célebres. Paseo mi mirada curiosa por ellos. Intento aprender algo nuevo. Respeto muchísimo la palabra escrita, pero no creo en textos sagrados.

No estaba preparado para ambiciones tan irreales. Ahora, todas me lo parecen. Reposo mi cuerpo y mi mente vencidos. Vuelvo a casa y mañana atacaré de nuevo, la faena cotidiana, como si no hubiera pasado nada. Todos los días fluimos por el río del olvido, nuestras últimas horas de conciencia y de ilusión.

Es cómodo escribir sin decir nada. Esta práctica es tranquilizadora, al menos para mí. Quizás el mundo mire, alguna vez, en su infinito devenir, estas letras mezcladas y confusas, porque yo no soy las palabras y, sin embargo, quién vive ajeno a su lenguaje? A lo mejor debería decirlo en plural.

Creo que hoy descansaré mejor que ayer. Es difícil perdonar. No creo que encuentre sosiego en un sitio distinto del que lo he encontrado antes, pero sigo sin tener el control. Cuanto más te fijas en algo, más difícil parece. Cuanto menos te fijas, más fácil. Esto parece espontaneidad natural, instintiva. Necesito algún cambio cómodo, hedonista. Puede que con él pase un rato interesante, un día diferente. De momento, no espero que llegue. 

viernes, 4 de septiembre de 2015

Cabecera


No inventaré nuevos mitos. Todo son distracciones. Esto es una extensión de mi ignorancia y de la vuestra. Existe el lenguaje y la vida, pero se me escapa lo mismo que a todos los anteriores, lo que produce locura y tristeza. Lo que nos afana y nos obliga a corregirnos. Nuestros castigos contra nosotros mismos no son eficaces. No producen diferencias. Estamos adormecidos por el tiempo.

Hoy experimento la misma mentira real. Existe y se produce a sí misma. Las definiciones son huecas e inútiles en una verdad viva, compleja, limitada. Sé que debería sentirme en paz, que mi angustia no cambia nada, pero no escribo poesía ni doy lecciones. Todos estáis tan mutilados como yo. Mis palabras sobran. Soy yo el que se resiste.

No quiero creer en esta belleza, pero insiste más que yo. No sé lo que estoy expresando. Quiero expresar algo en lo que crea. Algo en lo que pueda creer. No conozco el poder del lenguaje. Debería asimilar lo que la Naturaleza destila sin cesar. Lo único que hago es catalogarlo, analizarlo, moralizarlo. Todo mi conocimiento es moral. Para nosotros, lo más real es la moral.

No hay superhombres aquí ni allá. No sé por qué dudo, ni quién soy. No me conformo al contar unas pocas experiencias robadas, imitadas, agotadas. Quedan imágenes congeladas en el tiempo que sólo yo conozco y a mí me conciernen. No son diferentes a las vuestras. Me gustaría dialogar mejor, por algo mejor. Nos veo recelosos y temerosos del abismo en nuestro interior. Al no poder dominarlo, inventamos una falsa solución, provisional, temporal.

Sé que mis palabras no son lo elegantes que podrían ser. Estoy cansado y no quiero decorarlas. Creo que no podría decir nada mejor. Sinceramente, no entiendo cómo aún no nos hemos agotado, qué nos impulsa ni qué retórica se esconde detrás del misterio cotidiano. Soy negro y salvaje. Corro a ninguna parte libre, pero solo. No hay grandilocuencia en ello. No hay naturalidad superior. Nada extraordinario, salvo la estética.

Entretenemos y nos entretienen. Nos creemos pobres porque no miramos abajo, sino arriba. Estamos adoctrinados y nos vencieron cuando fuimos inocentes. Hacemos trampa y perdemos. Viejos y jóvenes, todos cometemos exactamente los mismos errores. Los errores inexpresables, intransferibles, porque todos somos individuos.

Esto era lo que quería expresar. No soy original y no creo en la originalidad. El ensayo viene de más lejos. El motivo de la naturaleza no podríamos comprenderlo. Nos bastan las migajas y alucinamos, mientras estamos satisfechos. Estamos despiertos en nuestro sueño más profundo. No creo en ningún mundo. Creo que algo se agita hasta que se detiene para siempre. Creo que somos ceguera imposible, contrasentido, paradoja, autodestrucción, pero yo soy otro individuo que continúa, inerte, en el impulso del tiempo.

Me gusta pensar que el tiempo crea y descubre, pero hoy tengo el mismo problema que ayer y nadie se ocupa de mis inquietudes. Nadie sirve a lo que realmente es eterno. No puede. Le da la espalda, lo trivializa. Inventa algún cuento donde el mar tiene diques y el cielo sólo es el que vemos. Pero el horizonte no es el límite de la tierra y no somos el principio y el fin del ser. Por eso, no puedo dejar de preocuparme. 

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Estasis


Es más fácil imponer que ser sometido. Luchar es buscar. Presumieron y murieron. Nadie a destapado el arcano que produce toda suerte de inquietudes. Mañana será la misma lucha. No hay calma en la naturaleza. Sólo hay movimiento y cambio. No sé lo que es la supuesta sustancia, ni la idea, ni la mónada, ni el sustrato inmaterial, eterno y perfecto. Creo que jamás lo he conocido. No termino de recordar.

Ninguno fue diferente. Nadie ha visto toda su vida por fuera. Sigo sintiendo lo que no puedo expresar. Estamos moralmente enfermos, marcados y heridos. Tenemos que luchar y rendirnos solos, llorar solos. Caminar desde la oscuridad hacia la luz. Tal vez al revés. Parece un juego que enloquece.

Ojalá lo hubiese entendido mejor, de otra manera. Detrás sólo queda nuestra valentía y estupefacción. Dónde están tus apoyos por fuera, lo que sustenta tu vida? Dónde está el límite de la mímesis? Escribo suplicante, siempre suplicante. Me siento inevitablemente vacío, involuntariamente impulsado, muerto y ciego. Mecánico y causal.

No creo que pueda mejorar la vida de nadie. Creo que puedo hacer que otro se la mejore a sí mismo. Pero no conozco la esencia de los medios y los fines. Quieres algo de mí? Crees que soy diferente a ti? Te desafío? Te decepciono? Aún estoy luchando. No podré conquistarte. Lo sé. El elitismo moral o intelectual tampoco me salvará.

La mentira es la enfermedad terminal del mundo, pero no podemos separarla de la verdad. No sabemos lo que son. Algo juega interiormente. Algo desprende llantos y risas arbitrariamente, como chapoteos anónimos del agua, como el cambio de la brisa o la seriedad inanimada de las estaciones. No somos nada de lo que creemos.

Prefiero deshacerme de falsas y extrañas esperanzas, aunque me quede sin ninguna. Esta expresión no significa nada. Es una flor inútil, para mí, para los que todavía fingimos vehementes, como seniles. No soy perfecto. No sé lo que es ser perfecto. No valoro ni conozco suficiente mi circunstancia. No soy optimista ni compasivo. Nunca he sido un hombre distinto.

Siempre soy el mismo. Siempre me falta lo mismo. Siempre estoy en el mismo sitio, pero mi prueba no es la de ninguno antes que yo. Esta jaula es sólo mía. Aquí danzan todas las quimeras de mis derechos, sueños y pasiones extremas, porque sólo son esas las que existen. La moderación es una broma del olvido. 

En su último momento sabía, como al principio, que no había cambiado nada. No quería mirar lo único que podía brindarle la naturaleza, en su infinita sinceridad y serenidad, omnipotente, omnipresente, absoluta. Aún le quedaba orgullo en la sangre, en los ojos. Aún había un alma atrapada en su cuerpo, antes de expirar.

Opero, trabajo, pero sólo en esto. No quiero deslomarme más. Para qué? Para quién? Es mejor la serenidad, aunque no sea definitiva. Crees que eres más pesimista que yo? Que tienes secretos que aún valen algo? Un plan para escapar? Un truco de magia verdadera?

No sé si existen seres superiores, pero existen seres inferiores. Como hombre, estoy decepcionado con la humanidad. Lo mejor de ella son engaños convencionales, temporales, modas. No estoy orgulloso de mí mismo. No sabría estarlo. No me imagino teniendo éxito. Sólo ocultando eficazmente mis fracasos. Este mundo es una carga desagradable. La guerra silenciosa es más profunda.

Estoy indefenso o soy creativo. La oportunidad es un impulso incontrolable. Las especulaciones son residuos de ignorancia. Sólo sobrevivimos y no sabemos quiénes somos. Mis respuestas no son importantes, pero las digo. Me obligo a tener esperanza. Recaigo, me castigo, me confieso. Todo está intacto. No soy nada, frente a cualquier totalidad.

Fuertes o débiles, todos tienen razón. Participan. Más brillantes o llanos. Su música ya ha llegado hasta mí. No estoy decidido. Me muevo en una red sin dirección, atrapado. Arrastro mis cargas y no he elegido una sola de ellas. No soy ningún ideal, ningún líder. Soy un individuo. El dolor humano sólo puede sentirse (o imaginarse) individualmente. El impulso era Dionisos. Apolo nos abandonó al principio o sólo llegó al final, cuando la batalla ya había sido librada y sufrida. 

Como individuo, puedo decir que he vivido. Moriré sin gloria. No sé lo que tengo entre manos. Estoy desbordado, desenfocado. Los bordes del camino han desaparecido para mí. Me pierdo entre la multitud, entre sus capas más externas y violentas. Aún espero que alguien me salve, mejor que yo, más poderoso. Algo eterno. Todos esperáis exactamente lo mismo, aunque no lo sepáis.

Soñaba con ser otra cosa. Sólo puedo mirar atrás, no adelante. Sabía que me engañaba. No hice nada por evitarlo. Preferí ser blando. Lo elegí, lo deseé. Lo disfruté cuanto pude. No estoy orgulloso de nadie que conozca. Han quedado atrás. Son débiles y yo también. Quiero alejarme de ellos todo lo posible. Insisto en fabricar algo mejor. Lo necesito. Casi es un impulso salvaje, por muy civilizador que parezca en mi conciencia confusa y conceptual. Mi vida es simbólica. Soy pobre por dentro.

Quiero ser fuerte y no sé cómo hacerlo. Tengo la mente ocupada con quimeras. La llenan y la nublan. Sé que lo son. No puedo hacer nada. Sobrevivo por dentro, luchando, sin elección. No sé qué impulsa la vida. No basta ninguna definición. Estoy aquí, como si no estuviese.

Lo popular es vulgar, las mismas mentiras que ayer. Apaños, ñapas, arreglos, vueltas, parches... Quiero acabar con mi falsa vida y empezar la verdadera. Ese es el último impulso, el horizonte, el paradigma. Lo demás está detrás. No creo que el pensamiento de los grandes hoy fuese distinto. En un cerebro mayor caben muchos falsos dioses, puzzles y laberintos. No os extrañe vuestro temblor.

Devuelvo la guerra que recibo, el único y verdadero amor. No estoy preparado para otra cosa. No espero más atención que la posible, la superficial. Esa misma. Seguiré siendo yo mismo después de la moda. No me dejan ser otra cosa. Sigo aquí y nada de esto es forzado. Queda muchísimo más en el interior. Por eso preparamos la guerra sin descanso. Venimos a hacer la guerra, no la paz. La guerra entre nosotros. 

Todo está contado. Me consuela poder hablar como aficionado. Algo que busca ya se ha encontrado a sí mismo primero. Sí existe la distancia entre los mundos. Chocan, se acercan y se alejan. Todos son eternos y perfectos, mientras duran. La moda dura poco. Soporta a los soberbios y recuerda que eres uno de ellos.

El mundo es un corazón anónimo, vacío y frío. Sólo he imaginado el brillo por fuera, el brillo de lo invisible. Fluctuaciones que no llegan a los extremos. Avances y retrocesos que se ríen. No hay sombra de sincretismo verdadero. El orgullo esconde las guerras perdidas para seguir guerreando. Hablan, piensan y actúan como si ellos no fueran iguales.

Si me das la razón, no me culpes a mí. Cúlpate a ti. No he conocido a ningún hombre sin pasión, que no estuviera dominado por ella. Ya hemos perdido. Nos preguntamos, involuntariamente, como podemos aprovechar la última migaja para nuestros fines. Para escapar de aquí. El egoísmo tiene muchas formas. No te fíes de él. 

martes, 1 de septiembre de 2015

Who you love


No tengo ninguna justificación para creer que vaya a salvarme. Tampoco para esperar que ninguno de vosotros ilumine las tinieblas de mi camino. No sé a dónde he llegado ni quién soy en realidad. No tengo motivos para ocultar mi inquietud y mi tristeza, que es la vuestra, la que está detrás de todo este circo.

Disfruto, pero no disfruto. Sólo disfruto por fuera. No creo que por tener más estudios, más dinero, más cara dura fuese más feliz. No acepto mi circunstancia y no creo que nadie la acepte. No espero de los demás otra cosa que intentar salvarse, salir airoso, escapar, triunfar. Todos somos perdedores, a pesar del consuelo de la filosofía. Mirad a donde queráis. Haceos los suecos. No conozco la verdadera naturaleza de los sentimientos. Sólo soy yo mismo y no es suficiente.

No soy un buen filósofo y por eso intento mejorar. No quiero ser un artista. No quiero ser modelo, ni actor, ni bocazas, ni tonto. No quiero ser nada innecesario. No hay nada imprescindible en mí. No sé cómo sería mi vida sin el drama, sin la inexactitud. Sin la debilidad.

Realmente esto es una trampa, un maldito espejismo. Compadezco y envidio a los que no se han dado cuenta, pero no sé por qué. Me siento furioso, pero no cambiaría nada exteriorizarlo, como hago ahora, nada en lo que crea. Nada que pueda defender convencido. No creo en el arte, ni en las palabras, ni en ninguna ciencia. Todos mis sueños eran mentira.

Tengo que criticaros a todos. Somos el problema. No hay solución. No quiero vacilar más. Tengo que deshacerme de todo. Me encanta deshacerme de mi cuerpo. Es lo más parecido a la liberación. Luego, vuelve a molestar. No quiero la compasión de nadie. Yo no la tengo de vosotros, salvo cuando me engaño, cuando me escondo en la Moral.

Tenemos que devorarlo y agotarlo todo. No hay que esperar nada. Esperar es un error, una falsedad grosera y ridícula. Estúpida. Este es el momento de explotarlo todo por dentro. No voy a vacilar cuando sea más fuerte. No me dará pena mirar atrás. No olvidaré lo que he aprendido. No lo usaré mal. No esperaré por nadie. 

viernes, 28 de agosto de 2015

Pasatiempo


Decía el matemático Bertrand Russell que la principal causa de depresión en nuestro tiempo era el miedo al aburrimiento. A pesar de su cinismo y hedonismo (que es el de todos nosotros), su sagacidad, su rigor podría catalogarse de brillante, sin miramientos. En nuestro mundo, la gente no expresa suficientemente su dolor. No podemos ver todas las historias.

El tiempo se detendrá para todos nosotros. Todo lo que he perdido lo he ganado con creces. La tristeza siempre nos dice algo más, algo que no nos había dicho antes. Mi ignorancia no es todo lo que hay. No he conseguido deshacerme de la Carga. No resolveré el Misterio. Nuestros delirios y quejidos son indistintos para el Mundo, insignificantes.

Aunque esto no sea palabra viva, quiero decir que intenté llegar hasta el final. Sólo me encuentro con mis carencias. Amo lo fácil como el resto y no basta. Vuelve a amontonarse la belleza exhibicionista, excesiva. La pureza es una quimera. Ya no quiero avanzar como antes, sino de otra manera. Quedan sentimientos gastados que siguen rodando por dentro y por fuera, confundiéndolo todo. Hay muchos mundos que no veremos.

Detrás de la maldad hay puro vitalismo. El presente es volver a nacer. Cómo has buscado? a Quién? quién eres tú? No esperes de los hombres más que errores. Sólo de éstos. Acepta el error y vive más liberado. Viaja al interior. Cura o consuela al dragón herido. Quién no lucha? Quién no alimenta su vida interior como puede, huyendo, actuando, siguiendo el ciclo de la risa, la preocupación y el olvido, que dibuja la monotonía causal del Universo?

Puedo jugar lo que quiera y seguiré siendo otro esclavo. Me he quedado sin nada importante que decir. Escribo porque no recuerdo, porque quiero recordar algo más, algo diferente. Nuevo. Porque me gustaría que la belleza externa no engañase, ni fuera tan breve e inconstante. Perseguimos un deseo. Una sombra que juega sin espíritu, sin conciencia, ni duda, ni sangre de dragón.

Es ver a cualquier otro entrometerse en mi camino, imitar de nuevo la infamia, la ramplonería o la estulticia que tan poco ha investigado y se me derrumba mi república espiritual de nuevo. Soy más fuerte por dentro y más impaciente. Es una difícil reconciliación por fuera. Ya no espero nada distinto de los demás que no haya vivido, deseado, olvidado. Todo vuelve diferente.

No hemos terminado de describir lo esencial. La vida sigue y mañana volverá a haber dialéctica en la circunstancia de los demás, entre nosotros, una nueva razón para despreciar al individuo, unitario, solitario, completamente inexistente. Un día debemos seguir adelante. Deja atrás tu mejor intento, antes de que se detenga el tiempo.

No fingiré hoy ninguna maestría de la que carezco. He devorado a los mejores, sin desearlo. No quería que pasara y ahora espero regurgitar para rectificar. Volveré a comer. Nadie está bien. Por eso seguimos adelante. No. Nada está bien, a pesar de la calma y la tempestad de lo infame, lo más firme y pegajoso. La vida del cuerpo. La prisión. El rayo pegado a la tierra. La soledad definitiva.


"Siempre había creído que la filosofía era prepararse para morir"
                                                                  Sócrates a Critón

jueves, 20 de agosto de 2015

Gratis


Todo lo que importa son los detalles. Sólo los sentimientos cambian nuestro mundo. Ya sabes de qué alejarte. La pasión por el desconocimiento es mayor que la pasión por el conocimiento. Compruébalo. Todo lo que procede de la cultura es parcial y temporal, engañoso, olvidable, inservible. No es natural. Todo lo que procede de la cultura es mentira.

Deshazte de tus obligaciones. Olvida los juicios morales. Enfrenta el mundo. Hoy también lo has vivido todo. La mejor manera de vivir es aceptar mejor la vida. La felicidad está en la riqueza: dinero, salud, tiempo, talento, amistad, amor, experiencia. No son intercambiables. ¿Qué te falta? ¿Qué produce tu ansiedad, una ilusión incontrolable y diabólica, una pasión desordenada? Pensar no es deprimirse.

Hoy también ha sido un día sin dolor. Un desperdicio de placer. Continúa la eyaculación incontrolable del Universo, que el presente hace cotidiana. El dolor sólo existe en la mente. Todos mis recuerdos son buenos. Lo que yo considero malo no está dentro de mi experiencia. Soy un concepto simbólico. No quiero ilusión, pero la tengo. La necesito.

Desafía de verdad. No hagas esfuerzos inútiles. La ilusión procede de dentro, no de fuera. No puedo acabar con la ilusión. La sociedad es un teatro por fuera. Déjales con su mentira, como te dejan a ti con la tuya. Si sabes algo, demuéstralo sin rodeos. Lo más importante no es lo más fácil. ¿Cuántas veces te sumerges en el deseo a diario?

¿A qué eres más fiel? Detrás y delante, sólo espejismos. Presta más atención a las interferencias. Cuando acaba cualquier espectáculo, continúa mi vida. Hoy también pongo en duda la coherencia del dolor humano. El que no se puede ver. El mercado me violó antes de nacer. Me poseyó, me sodomizó y, sin embargo, sobreviví.

He pasado mucho tiempo a tu lado. Iba a decir "gastado". Qué cambiaría? Mi pasión, mi deuda. Mi espejismo. Descansa en silencio. Haz útil lo inútil, de la debilidad una fortaleza. La creatividad sólo sirve a la supervivencia. La fortaleza interior precede a la exterior. Las opiniones no significan nada. Se quedan atrás y pierden su misterio, el interés. El suspense.

Escribe tu poesía. Practica la sabiduría. Todo está dicho, hecho y pensado para ti. No creas en nuevas oportunidades. No escaparás. No recaigas en el mito. No hay virtud suficiente para el que no ha caído lo suficiente. No esperes algo diferente. Acepta lo que eres. No sé si todos los mundos son emocionales, pero el nuestro lo es.

El destino es el devenir en el que se pierde la vista. Los bordes de un corazón. La práctica es voluntad. El orgullo es el mismo en todas partes. Lo esencial es algo más que lo práctico en el presente. La mayor parte del tiempo uno cree que crear expectación siendo sincero es muy difícil. Mi voluntad está en el placer terreno, el que deseo que sea divino. Piensa en lo que estás haciendo, no en lo que no estás haciendo.

Visualizamos el futuro a través del pasado. No sé si es peor estar atrapado a secas o ser consciente de ello. Algo me empuja a atrapar el humo, sin que importe tanto lo que a mí me parezca. El veneno de la vida es la vida misma. Vuelve al interior. No renuncian a sus ideales y no dejan de serlo.

No sé si procedo del bien. No he terminado de averiguar mis errores. Algo me ha prevenido de desengaños inútiles, que podían haber sido fatales. Aunque me alegre, dudo y lamento no sé qué proceso irreversible, la guerra y el vértigo de la existencia. Fuiste a buscar la victoria en la pérdida, por si acaso. La naturaleza es la absolución.

No ha terminado de llorar, aunque finja que está riendo. Sólo hay una dirección para nosotros. De los fracasos más estrepitosos, inventamos triunfos. Busco más coherencia. Que exploten sus prejuicios. Entonces, sabré que le importa algo de verdad. Éxitos y fracasos vanos en su cabeza, la mía y la de cualquiera. Felicidad inamovible, verdad absoluta. Tiempo apremiante y poético. Dolor humano que se apaga, invisible.

Gana la razón y la pasión es algo más. Busco otra vida, inseguro. Ya no puedo creer en esta. Me cuesta demasiado. Prefiero perderme. No he inventado una solución válida. De nada sirve ocultarlo. Si de verdad crees que algo es tan importante, no te preocupes por ello. Como los demás, creo que expresarse debería ser suficiente. Hay mucho más en el interior. 

sábado, 15 de agosto de 2015

Galimatías


Pensar sirve para no pensar. Todos piensan , pero no todos piensan bien. Se puede pensar mejor. Sígueme por dentro. El problema no se ha movido de sitio, aunque parezca distinto al anterior. Ignoré muchas cosas que no supe expresar. No pude interesarme por todo. Mi vida son recuerdos en medio de lo desconocido, pasión limitada y pasajera.

Fui egoísta y no me sentí mal por ello. Hice terapia y necesitaba más, otra cura. Sueño con ser creador, aunque no sepa cómo sería. Supongo que debe ser parecido a la magia. Imagino mis recuerdos como un residuo inmerecido, incómodo, insolente. Imagino el Universo indiferente al dolor humano, a su paranoia. Fuera de ti, todo es excesivo. Dentro es suficiente.

Ni siquiera sabemos por qué luchamos entre nosotros. Algo nos duele y despotricamos, pero seguimos en silencio detrás de nuestros gestos y palabras. Incluso de nuestros pensamientos. Un rumor confuso queda atrás. Un rezo incompleto. No sé cómo, pero he cambiado. Buscamos guías desde el principio. Seguimos buscando. Me siento más lejos de la mentira. Más cerca de controlarla, porque existe y es vieja. Un ratón corre en una rueda. A lo mejor me equivoco.

Admiro a los que vencieron su pasión, los que lucharon con más ahínco. Son mis héroes. A ellos quiero parecerme. Somos la mirada a nuestros ídolos. Los símbolos, los ideales representan el sentido de nuestras limitaciones. No me gusta presumir de opiniones y lo veo desagradable, pero debemos expresarnos, aunque lo hagamos tan mal, quitarnos peso de encima como sea.

También existe la destreza. Cuántos muertos habrá hoy sobre la Tierra? Cuánto durarán? La vida física es irrelevante. La emoción no es material. Podré encontrar la cura a esta nueva enfermedad? Soy individuo temeroso. Fui un buen súbdito. De los mejores.

Ahora, estoy obligado a rebelarme. Lo exige el guión. Lo anterior está agotado. Debo ser un rebelde distinto, fresco, original. Romántico. Pero dudo de mí mismo y no quiero ser un falso, un flautista de Hamelín, otro cantamañanas. Son demasiados. Salen como hormigas disparadas hacia las mentes dormidas de la población activa, a la conquista de sus economías. Mentes podridas.

Van a la búsqueda de argumentos cósmicos más seductores. Desearía hacerlo mejor. Con más honradez. Aún busco mi camino, mis opciones. Creo que no son precisamente mías. Nada es mío. Lo sé desde hace mucho tiempo, pero sigo aquí. Ese es el dilema. En algo debo estar equivocado; no en todo. En silencio pienso mejor, pero termino soñando. Pensar es soñar. La vida no está mal. El deseo es lo que está mal; es una enfermedad.

Nos veo pedantes y culpables. Irrelevantes. No puedo perdonar el dolor del mundo (mi dolor) y por eso busco una nueva vía de escape a esta pasión desenfrenada del espíritu. Los filósofos son los mejores psicólogos. Los verdaderos ascetas, científicos.

Seguirán los tontos haciendo su ruido lacerado mañana, su danza simiesca y absurda. Verterán sus blasfemias, sin la menor señal de castigo. Harán daño, impunemente. Son ellos los que deben fortalecernos? Las pasiones son multitudes, inconstancias. Son mortalidades.