¿Quién soy ahora? ¿Qué puedo dejar aquí, que me parezca valioso? El escritor que no se avergüenza de lo que escribe es un escritor inútil. ¿A quién debo algo? ¿Quién me debe nada a mí? ¿No conozco la respuesta para siempre?
Padres que pierden a sus hijos, niños que sufren abusos de todo tipo, y yo soy fruto de un sistema que no me conoce, que no sabe nada de mí ni está vivo. No existe el futuro. Sólo existe el presente. Sigo dudando sobre lo mismo cada simple día de mi vida.
Cuál será mi última rutina? Adónde iré? Con quién me relacionaré? No espero grandes sorpresas. Esto es lo que soy. Creo que los sabios buscaban una sabiduría distinta de esto. No puede ser todo. No es todo para mí. Ya no sé dónde buscar algo diferente. Se me van las fuerzas en la poderosa idea de la redención, la comodidad definitiva, la justificación definitiva.
Quién podrá rebatir mis creencias? Quién me hará sentir de nuevo un poco menos solo que antes? Grito al mundo sin respuesta. Vibra mi corazón por fuera, sensible como la pluma más ligera. No he dicho todo lo que tenía que decir. He elegido mal mis ideales.
Veo con más claridad los rastros de mi ignorancia porque la vida es una especie de iluminación. Dios es una montaña serena e inconmensurable que se hace cada vez más alta y se aleja de este mundo. No sé quién dirige mi vida, pero no soy yo. Demasiados fallos. Demasiada ceguera. Demasiado cansancio. Demasiada repetición. Demasiado de todo.
Quién podrá devolverme la pasión de vivir, la ilusión de vivir? No hay secreto en la vida que no sea vivir, simplemente. Enseñadme una vida que no sea vulgar. Una vida real. A eso me refería con lo de la sabiduría. Se queda corta, congelada en la teoría. Vivimos a ciegas en lo más pequeño, a la sombra de seres inalcanzables.
Quiénes somos nosotros, que no podemos acabar siquiera con la esperanza? Vivo, pero no puedo hacer nada más, ni ser otra cosa. Vivo, porque el oficio del hombre es vivir y porque esto es la vida. A quién busco ahora? Cuál es el secreto que no se puede revelar? Qué conexión más profunda y vasta une todo lo que es con lo que no es?
No podemos saber nada de la verdad, si no es por intuición. Nos olvidamos y recaemos en nuestra limitación caprichosa y excesiva. Oigo cómo el rumor de los tontos se aleja cada vez más. No son mis hermanos? No soy yo también un tonto? No seguirá creciendo mi amor por ellos, hasta el éxtasis final?
El infierno es la soledad, decía Hugo. Cuántos libros serán ignorados por mi pereza. Cuántas conversaciones, espectáculos, retiros a solas, elecciones cotidianas, cuántos ruidos. Todo en vano. Todo igual de presente y ausente. Todo igual de inútil. Cuánto me queda para resignarme?
Qué me retiene ahora, que no puedo desenmascarar nada más a mi alcance, nada que me importe o me interese, nada que me produzca terror, ni incertidumbre, ni curiosidad? Qué hago ahora, que mis dudas me han vencido por completo?
Adónde voy ahora, que hablo sin cesar y balbuceo, que digo cosas de nada? Al mismo sitio que vosotros, de donde salgo. Un todo se nos escapa y no tenemos lugar donde escondernos, donde cubrir nuestra desnudez mortal. Ninguna información, ninguna trampa nos salvará. Quedarán aquí los restos por toda la eternidad. Nadie sabe nada detrás de su corazón. Sólo se va a otra parte y nuestras imperfecciones se quedan y se consumen aquí, en su totalidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario