sábado, 15 de agosto de 2015

Galimatías


Pensar sirve para no pensar. Todos piensan , pero no todos piensan bien. Se puede pensar mejor. Sígueme por dentro. El problema no se ha movido de sitio, aunque parezca distinto al anterior. Ignoré muchas cosas que no supe expresar. No pude interesarme por todo. Mi vida son recuerdos en medio de lo desconocido, pasión limitada y pasajera.

Fui egoísta y no me sentí mal por ello. Hice terapia y necesitaba más, otra cura. Sueño con ser creador, aunque no sepa cómo sería. Supongo que debe ser parecido a la magia. Imagino mis recuerdos como un residuo inmerecido, incómodo, insolente. Imagino el Universo indiferente al dolor humano, a su paranoia. Fuera de ti, todo es excesivo. Dentro es suficiente.

Ni siquiera sabemos por qué luchamos entre nosotros. Algo nos duele y despotricamos, pero seguimos en silencio detrás de nuestros gestos y palabras. Incluso de nuestros pensamientos. Un rumor confuso queda atrás. Un rezo incompleto. No sé cómo, pero he cambiado. Buscamos guías desde el principio. Seguimos buscando. Me siento más lejos de la mentira. Más cerca de controlarla, porque existe y es vieja. Un ratón corre en una rueda. A lo mejor me equivoco.

Admiro a los que vencieron su pasión, los que lucharon con más ahínco. Son mis héroes. A ellos quiero parecerme. Somos la mirada a nuestros ídolos. Los símbolos, los ideales representan el sentido de nuestras limitaciones. No me gusta presumir de opiniones y lo veo desagradable, pero debemos expresarnos, aunque lo hagamos tan mal, quitarnos peso de encima como sea.

También existe la destreza. Cuántos muertos habrá hoy sobre la Tierra? Cuánto durarán? La vida física es irrelevante. La emoción no es material. Podré encontrar la cura a esta nueva enfermedad? Soy individuo temeroso. Fui un buen súbdito. De los mejores.

Ahora, estoy obligado a rebelarme. Lo exige el guión. Lo anterior está agotado. Debo ser un rebelde distinto, fresco, original. Romántico. Pero dudo de mí mismo y no quiero ser un falso, un flautista de Hamelín, otro cantamañanas. Son demasiados. Salen como hormigas disparadas hacia las mentes dormidas de la población activa, a la conquista de sus economías. Mentes podridas.

Van a la búsqueda de argumentos cósmicos más seductores. Desearía hacerlo mejor. Con más honradez. Aún busco mi camino, mis opciones. Creo que no son precisamente mías. Nada es mío. Lo sé desde hace mucho tiempo, pero sigo aquí. Ese es el dilema. En algo debo estar equivocado; no en todo. En silencio pienso mejor, pero termino soñando. Pensar es soñar. La vida no está mal. El deseo es lo que está mal; es una enfermedad.

Nos veo pedantes y culpables. Irrelevantes. No puedo perdonar el dolor del mundo (mi dolor) y por eso busco una nueva vía de escape a esta pasión desenfrenada del espíritu. Los filósofos son los mejores psicólogos. Los verdaderos ascetas, científicos.

Seguirán los tontos haciendo su ruido lacerado mañana, su danza simiesca y absurda. Verterán sus blasfemias, sin la menor señal de castigo. Harán daño, impunemente. Son ellos los que deben fortalecernos? Las pasiones son multitudes, inconstancias. Son mortalidades. 

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