viernes, 4 de septiembre de 2015

Cabecera


No inventaré nuevos mitos. Todo son distracciones. Esto es una extensión de mi ignorancia y de la vuestra. Existe el lenguaje y la vida, pero se me escapa lo mismo que a todos los anteriores, lo que produce locura y tristeza. Lo que nos afana y nos obliga a corregirnos. Nuestros castigos contra nosotros mismos no son eficaces. No producen diferencias. Estamos adormecidos por el tiempo.

Hoy experimento la misma mentira real. Existe y se produce a sí misma. Las definiciones son huecas e inútiles en una verdad viva, compleja, limitada. Sé que debería sentirme en paz, que mi angustia no cambia nada, pero no escribo poesía ni doy lecciones. Todos estáis tan mutilados como yo. Mis palabras sobran. Soy yo el que se resiste.

No quiero creer en esta belleza, pero insiste más que yo. No sé lo que estoy expresando. Quiero expresar algo en lo que crea. Algo en lo que pueda creer. No conozco el poder del lenguaje. Debería asimilar lo que la Naturaleza destila sin cesar. Lo único que hago es catalogarlo, analizarlo, moralizarlo. Todo mi conocimiento es moral. Para nosotros, lo más real es la moral.

No hay superhombres aquí ni allá. No sé por qué dudo, ni quién soy. No me conformo al contar unas pocas experiencias robadas, imitadas, agotadas. Quedan imágenes congeladas en el tiempo que sólo yo conozco y a mí me conciernen. No son diferentes a las vuestras. Me gustaría dialogar mejor, por algo mejor. Nos veo recelosos y temerosos del abismo en nuestro interior. Al no poder dominarlo, inventamos una falsa solución, provisional, temporal.

Sé que mis palabras no son lo elegantes que podrían ser. Estoy cansado y no quiero decorarlas. Creo que no podría decir nada mejor. Sinceramente, no entiendo cómo aún no nos hemos agotado, qué nos impulsa ni qué retórica se esconde detrás del misterio cotidiano. Soy negro y salvaje. Corro a ninguna parte libre, pero solo. No hay grandilocuencia en ello. No hay naturalidad superior. Nada extraordinario, salvo la estética.

Entretenemos y nos entretienen. Nos creemos pobres porque no miramos abajo, sino arriba. Estamos adoctrinados y nos vencieron cuando fuimos inocentes. Hacemos trampa y perdemos. Viejos y jóvenes, todos cometemos exactamente los mismos errores. Los errores inexpresables, intransferibles, porque todos somos individuos.

Esto era lo que quería expresar. No soy original y no creo en la originalidad. El ensayo viene de más lejos. El motivo de la naturaleza no podríamos comprenderlo. Nos bastan las migajas y alucinamos, mientras estamos satisfechos. Estamos despiertos en nuestro sueño más profundo. No creo en ningún mundo. Creo que algo se agita hasta que se detiene para siempre. Creo que somos ceguera imposible, contrasentido, paradoja, autodestrucción, pero yo soy otro individuo que continúa, inerte, en el impulso del tiempo.

Me gusta pensar que el tiempo crea y descubre, pero hoy tengo el mismo problema que ayer y nadie se ocupa de mis inquietudes. Nadie sirve a lo que realmente es eterno. No puede. Le da la espalda, lo trivializa. Inventa algún cuento donde el mar tiene diques y el cielo sólo es el que vemos. Pero el horizonte no es el límite de la tierra y no somos el principio y el fin del ser. Por eso, no puedo dejar de preocuparme. 

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