Es más fácil imponer que ser sometido. Luchar es buscar. Presumieron y murieron. Nadie a destapado el arcano que produce toda suerte de inquietudes. Mañana será la misma lucha. No hay calma en la naturaleza. Sólo hay movimiento y cambio. No sé lo que es la supuesta sustancia, ni la idea, ni la mónada, ni el sustrato inmaterial, eterno y perfecto. Creo que jamás lo he conocido. No termino de recordar.
Ninguno fue diferente. Nadie ha visto toda su vida por fuera. Sigo sintiendo lo que no puedo expresar. Estamos moralmente enfermos, marcados y heridos. Tenemos que luchar y rendirnos solos, llorar solos. Caminar desde la oscuridad hacia la luz. Tal vez al revés. Parece un juego que enloquece.
Ojalá lo hubiese entendido mejor, de otra manera. Detrás sólo queda nuestra valentía y estupefacción. Dónde están tus apoyos por fuera, lo que sustenta tu vida? Dónde está el límite de la mímesis? Escribo suplicante, siempre suplicante. Me siento inevitablemente vacío, involuntariamente impulsado, muerto y ciego. Mecánico y causal.
No creo que pueda mejorar la vida de nadie. Creo que puedo hacer que otro se la mejore a sí mismo. Pero no conozco la esencia de los medios y los fines. Quieres algo de mí? Crees que soy diferente a ti? Te desafío? Te decepciono? Aún estoy luchando. No podré conquistarte. Lo sé. El elitismo moral o intelectual tampoco me salvará.
La mentira es la enfermedad terminal del mundo, pero no podemos separarla de la verdad. No sabemos lo que son. Algo juega interiormente. Algo desprende llantos y risas arbitrariamente, como chapoteos anónimos del agua, como el cambio de la brisa o la seriedad inanimada de las estaciones. No somos nada de lo que creemos.
Prefiero deshacerme de falsas y extrañas esperanzas, aunque me quede sin ninguna. Esta expresión no significa nada. Es una flor inútil, para mí, para los que todavía fingimos vehementes, como seniles. No soy perfecto. No sé lo que es ser perfecto. No valoro ni conozco suficiente mi circunstancia. No soy optimista ni compasivo. Nunca he sido un hombre distinto.
Siempre soy el mismo. Siempre me falta lo mismo. Siempre estoy en el mismo sitio, pero mi prueba no es la de ninguno antes que yo. Esta jaula es sólo mía. Aquí danzan todas las quimeras de mis derechos, sueños y pasiones extremas, porque sólo son esas las que existen. La moderación es una broma del olvido.
En su último momento sabía, como al principio, que no había cambiado nada. No quería mirar lo único que podía brindarle la naturaleza, en su infinita sinceridad y serenidad, omnipotente, omnipresente, absoluta. Aún le quedaba orgullo en la sangre, en los ojos. Aún había un alma atrapada en su cuerpo, antes de expirar.
Opero, trabajo, pero sólo en esto. No quiero deslomarme más. Para qué? Para quién? Es mejor la serenidad, aunque no sea definitiva. Crees que eres más pesimista que yo? Que tienes secretos que aún valen algo? Un plan para escapar? Un truco de magia verdadera?
No sé si existen seres superiores, pero existen seres inferiores. Como hombre, estoy decepcionado con la humanidad. Lo mejor de ella son engaños convencionales, temporales, modas. No estoy orgulloso de mí mismo. No sabría estarlo. No me imagino teniendo éxito. Sólo ocultando eficazmente mis fracasos. Este mundo es una carga desagradable. La guerra silenciosa es más profunda.
Estoy indefenso o soy creativo. La oportunidad es un impulso incontrolable. Las especulaciones son residuos de ignorancia. Sólo sobrevivimos y no sabemos quiénes somos. Mis respuestas no son importantes, pero las digo. Me obligo a tener esperanza. Recaigo, me castigo, me confieso. Todo está intacto. No soy nada, frente a cualquier totalidad.
Fuertes o débiles, todos tienen razón. Participan. Más brillantes o llanos. Su música ya ha llegado hasta mí. No estoy decidido. Me muevo en una red sin dirección, atrapado. Arrastro mis cargas y no he elegido una sola de ellas. No soy ningún ideal, ningún líder. Soy un individuo. El dolor humano sólo puede sentirse (o imaginarse) individualmente. El impulso era Dionisos. Apolo nos abandonó al principio o sólo llegó al final, cuando la batalla ya había sido librada y sufrida.
Como individuo, puedo decir que he vivido. Moriré sin gloria. No sé lo que tengo entre manos. Estoy desbordado, desenfocado. Los bordes del camino han desaparecido para mí. Me pierdo entre la multitud, entre sus capas más externas y violentas. Aún espero que alguien me salve, mejor que yo, más poderoso. Algo eterno. Todos esperáis exactamente lo mismo, aunque no lo sepáis.
Soñaba con ser otra cosa. Sólo puedo mirar atrás, no adelante. Sabía que me engañaba. No hice nada por evitarlo. Preferí ser blando. Lo elegí, lo deseé. Lo disfruté cuanto pude. No estoy orgulloso de nadie que conozca. Han quedado atrás. Son débiles y yo también. Quiero alejarme de ellos todo lo posible. Insisto en fabricar algo mejor. Lo necesito. Casi es un impulso salvaje, por muy civilizador que parezca en mi conciencia confusa y conceptual. Mi vida es simbólica. Soy pobre por dentro.
Quiero ser fuerte y no sé cómo hacerlo. Tengo la mente ocupada con quimeras. La llenan y la nublan. Sé que lo son. No puedo hacer nada. Sobrevivo por dentro, luchando, sin elección. No sé qué impulsa la vida. No basta ninguna definición. Estoy aquí, como si no estuviese.
Lo popular es vulgar, las mismas mentiras que ayer. Apaños, ñapas, arreglos, vueltas, parches... Quiero acabar con mi falsa vida y empezar la verdadera. Ese es el último impulso, el horizonte, el paradigma. Lo demás está detrás. No creo que el pensamiento de los grandes hoy fuese distinto. En un cerebro mayor caben muchos falsos dioses, puzzles y laberintos. No os extrañe vuestro temblor.
Devuelvo la guerra que recibo, el único y verdadero amor. No estoy preparado para otra cosa. No espero más atención que la posible, la superficial. Esa misma. Seguiré siendo yo mismo después de la moda. No me dejan ser otra cosa. Sigo aquí y nada de esto es forzado. Queda muchísimo más en el interior. Por eso preparamos la guerra sin descanso. Venimos a hacer la guerra, no la paz. La guerra entre nosotros.
Todo está contado. Me consuela poder hablar como aficionado. Algo que busca ya se ha encontrado a sí mismo primero. Sí existe la distancia entre los mundos. Chocan, se acercan y se alejan. Todos son eternos y perfectos, mientras duran. La moda dura poco. Soporta a los soberbios y recuerda que eres uno de ellos.
El mundo es un corazón anónimo, vacío y frío. Sólo he imaginado el brillo por fuera, el brillo de lo invisible. Fluctuaciones que no llegan a los extremos. Avances y retrocesos que se ríen. No hay sombra de sincretismo verdadero. El orgullo esconde las guerras perdidas para seguir guerreando. Hablan, piensan y actúan como si ellos no fueran iguales.
Si me das la razón, no me culpes a mí. Cúlpate a ti. No he conocido a ningún hombre sin pasión, que no estuviera dominado por ella. Ya hemos perdido. Nos preguntamos, involuntariamente, como podemos aprovechar la última migaja para nuestros fines. Para escapar de aquí. El egoísmo tiene muchas formas. No te fíes de él.
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