jueves, 24 de septiembre de 2015

Filosofía


Hoy se me ocurre otra mirada hacia mi pasión. Todos sabemos que hay muchas formas de expresarse. La vida no es cualquier teoría de la vida. Veo las cosas con demasiado desprecio y miedo. Puede que sea yo el que esté equivocado. Lo estaba antes y puedo estarlo ahora. Puedo ser yo mismo el que se ciega. 

Pienso en la filosofía y parece que no es nada sin la moralidad, sin el perfeccionismo moral. Porque, qué sentido tendría buscar la verdad, si no es para nuestro provecho, es decir, para la acción humana? Pues todo pensamiento termina en la acción. Tiene como su objetivo la acción. Ojeando algunos vídeos, recuerdo ver uno sobre la mente y el pensamiento. En él se explicaban los mecanismos de imitación, ensayo y error por los que llegábamos a resolver problemas, a conclusiones útiles. 

Puede que tenga miedo de llegar a mis conclusiones. La verdad es que no espero hacerlo, porque no lo he hecho hasta ahora. No creo que sea algo que se pueda hacer. Es un proceso. La vida es un proceso. Sentir es un proceso de cambio. No sentiríamos nada si no cambiásemos. Sé que no es una lección monumental. De hecho, no creo que lo sea para nadie. Nos veo a todos más o menos igual de vulnerables, pero unos son más felices que otros. Unos se conforman menos que otros con sus sentimientos. 

Creo que me he bloqueado durante mucho tiempo. Esperaba algo que no podía llegar. Sigo viviendo como el primer día y la verdad para mí es algo inamovible. He sido yo el que la interpretaba y corregía mis interpretaciones. El nivel de interpretación depende de los conocimientos, las elecciones, de muchas cosas que no sé dónde empiezan y se me escapan de las manos. Para mí, la vida no es más que algo emocional y, por tanto, su sentido también. 

No quiero excusarme. Tengo mis culpas. No puedo borrarlas. No me gusta el discurso conformista y objetivista. No soy tan racional. Admito que quiero ser más feliz. Que pensaba que había llegado a un estado insuperable y que no pude quedarme en él. La vida sigue porque es lo que hace. Vivimos hacia delante y no hacia atrás. Puedo seguir culpándome de lo que desconozco o puedo aceptar que lo sigo buscando, antes de volver a castigarme a mí mismo. 

Todo esto es porque tenía otras expectativas del futuro. Expectativas que no se han cumplido. He sido realmente duro. No podían haber sido más altas. Sin embargo, yo me siento muy pequeño y esto es irreconciliable. Siendo tan pequeño, no puedo alcanzar expectativas tan grandes. Al menos, no de momento. Es curioso vivir de esta manera, estar tan indescriptiblemente convencido de mi impotencia, de mis limitaciones y de mi desconocimiento. 

Veo cómo los demás viven la vida y me extraña que consigan apagar sus ansias, distraerse, huir, con tanta resolución. Sé que no puedo ver sus culpas y que sólo las imagino. No puedo ser de otra manera y construyo sus vidas en la mía. La verdad es que me gustaría amar más el miedo, porque tal vez así me costase menos vivir. Me cuesta porque evalúo cada momento. Pero cada momento no es más que eso. 

Esto es importante. La experiencia es un momento. Lo que dura más es la memoria, la repetición, el uso. Eso es hábito, no experiencia. La experiencia es un momento que desaparece al instante. Esta experiencia, este instante que lees, que escribo, ya es historia. Es tan breve que no se puede describir ni medir su brevedad, a pesar de nuestros intentos obstinados. He sido maniático y débil. No he querido aceptar la verdad que parece cada vez más asentada y no al contrario. Mi miedo es irracional. Lo sé, pero no puedo aceptarlo. No puedo entenderlo. Por tanto, vivo con ello. 

Esta es mi manera de enfrentarme a la vida. Es la que tengo. Muchas veces me ha servido. Otras, como en esta época de oscuridad y de prueba, no tanto. Es por ello que intento mejorarme. Sin el miedo, no sé qué sentido tendría intentar mejorar. El miedo es lo que nos hace humanos. Es el dolor interior que no se puede describir. Miedo a estar solo, a no poder expresarnos mejor, a equivocarnos. Siempre el miedo. Sin embargo, la vida pasa y resulta que ningún detalle de esos pequeños, ninguna experiencia, por sí sola es tan importante. Eso es lo que más tememos. Que una sola lo cambie todo. Pero esto no es real. 

Las experiencias van todas juntas. Ahora, están pasando más cosas de las que me preocupan. No les presto atención. Vivo en mi mundo. No pienso en los millones de personas que están sintiendo la vida ahora, que están tan inseguros como yo. Quiero viajar a la luz. El miedo es la luz que ilumina nuestro camino. No es cierto que sea malo. Es bueno. La culpa es buena. Sin la culpa, no tendríamos que rendir cuentas ante nosotros mismos. Esto es lo que creo. 

Realmente, me ha dado vida creer en el arte de nuevo, en expresar mejor los sentimientos. No hago otra cosa. Es todo lo que puedo hacer y no necesito nada más. Lo que necesito está disponible. No puedo recordar lo que no he conocido, aunque nuestra mente disfrace estas cosas con mitos, imaginaciones, fantasías. Detrás de todas ellas, sólo hay algo real. Eso es lo que pienso. 

No quiero recaer, pero es mi destino. Tengo que conocer quién soy. Tengo que saber por qué no puedo amar más el miedo ahora. No creo que uno solo de los seres humanos no tenga ni haya tenido miedo antes que yo. Creo que ha sido el miedo lo que les ha hecho cambiar y buscar, lo que les ha hecho mejorar. Eso es lo que creo haber aprendido en mi viaje. No quiero dejar de vivir sin comprobar que estoy en lo cierto. 

La vida es extraña. No puedo negarlo, pero quizá nos engañemos cuando disfrazamos nuestros sentimientos para los demás, cuando vendemos que basta una teoría, una explicación, una propuesta para cambiar cómo son las cosas y el mundo. Mi relación con él no ha sido ideal. Sólo ha sido la que podía ser. Una relación pequeña y limitada. Eso ha sido mi vida. Amor irreductible, intentos imperfectos de conservarlo. Es que alguien siente algo distinto? He sido muy pesimista y realmente no estoy orgulloso. Quiero hacer las cosas bien. No he sido el más inteligente. Se trata de utilizar la inteligencia adecuada. 

Hoy es un día más y tengo que demostrarme que estoy luchando por la vida que quiero tener. Nadie lo hará salvo yo mismo. No puede ser de otra manera. Aunque mi discurso suene repetido, es el que tengo. Debo buscar un camino mejor para seguir adelante. Aunque no pueda elegirlo, lo encontraré. Es lo mejor que se me ocurre decir ahora sobre lo que me parece más importante. 

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