lunes, 28 de noviembre de 2016

Otro enigma


Si algún día alguien llega a cruzarse con mi alma a través de las aguas del tiempo, me gustaría que lo figurase como fue para mí mismo. Intentaré explicar lo que es esto. Empecemos por las correcciones. 

En principio, yo quisiera que se me imaginara sereno, controlado, sabio. Pero la realidad me parece totalmente opuesta. Mi conciencia es, precisamente, la prueba de mi descontrol, de la fluctuación de mis sentimientos. La urgencia de una medida insegura, a distancia ínfima de la equivocación. No existe para nosotros compañero más desagradable y doloroso de viaje que este. 

Me siento transformado, pero no he dejado de ser hombre. Dentro de mí, surgen diálogos que siguen desenterrando la profundidad de nuestro último misterio. ¡Ay! si lo dijera de una vez y bastase. Tengo miedo de que pillen mi más vergonzosa flaqueza. La acrobacia de mi orgullo. 

No es agradable, ciertamente, temer el error. Temerlo de verdad, con todo el ser. Aplastado por cada centímetro, arrinconándolo, situándolo en su propio lugar. Haciéndolo ser lo que es. No quiero juzgar a los desconocidos. Pero se me escapó la imaginación. Los moldeó como quiso, en mis primeros sueños. Toques, aliento de vida nueva. Momentos imborrables de la Eternidad, mis momentos. Los primeros pasos de mi mundo. 

Derraman hipocresía los que sufren y huyen. Pero nosotros no estamos libres de ninguno de los dos. Ojalá me bastase el pasado, el olvido parcial que ya aqueja mi juventud, mi desesperada e incierta juventud. Busco aventuras, como todos los pequeños inquietos. No creo en mis propias fantasías. Es un verdadero reto mantener viva la esperanza en la que uno vacila. 

Tengo miedo a los sentimientos conocidos. Casi toda nuestra vida cotidiana es ficción. Divagación teatral y dramática. Como la peor versión de un noble mito. Esto es lo que quisiera azotar de mi ser en este momento. El intento ciego de llegar a cada uno de vosotros. Sin conoceros. Seguro de mi victoria, desacreditando la vanagloria y la pompa del mundo que casi me ha rechazado por completo. El mundo, mi mundo real. Frío traidor que da la espalda cada día. 

Me muero en vida. No quiero pensar en el sufrimiento. Es un sentimiento inestable. Apenas un instante resiste, pero nada más. Nadie está preparado para sufrir. Ni el más fuerte, ni el más despistado o incauto. El sufrimiento hace que nada pueda ser inocuo, cuando llega y toca lo humano. Se vuelve como ello. Aviva el sueño moral, la génesis de su respuesta natural, inalienable. 

Todos sufrimos demasiado y por eso nos sorprendemos unos a otros en la huida. A unos se los pilla antes, pero todas nuestras trampas se descubren y tropezamos doblemente. El castigo hace más inútil la regla que se aprendió. 

Hoy veo el mundo con ojos hambrientos de justicia. Ojos enloquecidos, asombrados y cansados por ello. Los hombres se ensucian por dentro con sus propias ambiciones. Como el que se ahoga en su desecho incontrolable. Pero en realidad no quiere que suceda así.

La mentira que merece ser desenmascarada y humillada sería como decir: me siento en deuda con la Humanidad. Cuando en realidad quiero decir, con todas las fibras de mi ser, gritando a toda voz: la Humanidad está en deuda conmigo. 

Me debe amor. Amor de otro mundo, infinito y perfecto. Amor que no sé si he conocido aún, porque lo sigo buscando y deseando, sin poder apartar un momento los ojos de los tropiezos de los hombres. Todo torturas morales, huida en vida sin rumbo. Pago al azar que se olvida pronto. Apuro sin sustancia, desbordado de mil apariencias desviantes y recreativas. Todas, sin excepción, origen del amor por la novedad. 

Por razones lógicas, no he podido conocer ni conoceré a muchos de ellos. Es como si no tuviera el menor sentido equivocarse, si realmente todo es vano. Si los sueños son sólo la imitación de un error parcial, universal. Fuera de control, ignorado por completo. Aunque sólo fuera casi por completo, quién sabe cuál es la verdadera diferencia? La agitación de un velo de la naturaleza, que no puede escapar de su ser efímero, casual, anónimo y vacío. 

Llámame poeta con desprecio, porque aún no he llegado a ser un verdadero filósofo. Un amante de la sabiduría y, por tanto, de la verdad tal y como es. Los azotes del mundo llegan hasta mi alma como cuchillas de mi peor enemigo, invencible o no, pero los soporto lleno de irregular resentimiento. 

Estoy como si no estuviera. Espero estar deslumbrante. Recojo una corona invisible de gloria, como ladrón en la noche, como cruel criminal que ignora la justicia de su pena. 

El que habla, habla demasiado. El mundo se está llenando de palabras inútiles a una velocidad creciente e imparable. Quiero esconderme en el deleite de los maestros. No hay escondite que perdure en esta guerra contra lo desconocido. Todas y cada una de nuestras guerras son sólo contra lo desconocido. 

viernes, 14 de octubre de 2016

Agridulce


En cuanto abres la boca, se llena de mentira, rebosa. El hombre pide al hombre. Le exige. Toda simplificación es una exageración. No hay literatura sin ella. Esquivar las críticas más difíciles también es vanidad. Médico, cúrate a ti mismo. Quien dice mentira, dice vanidad, falacia, fantasía, trampa. 

Los mismos hombres atrapados en todas las épocas. Con lenguaje imperfecto que habla de lo mismo. Breve, pero preciso. Fuera y lejos de mi alma su oscuridad. Sigue adelante. Sabe adonde va. El cuerpo es un horno de pasión. Se calienta y se enfría de repente. Sorprende y contradice a la voluntad, sin voluntad. Desvaría mecánica, periódicamente. Traiciona nuestra confianza. Atrae nuestro lamento. 

La imaginación no es escapar. Es la promesa rota que nos habíamos hecho. El desvío, las partes (pedazos) de realidad que escaparon al control. Aun fuera de él, es conocida. Un montón de sueños que se repiten y se esparcen, inertes y vaciados. Una época de confusión que acumula y explota desesperados. Meros hombres. Partes de muerte, esperando al final. Presente que huye. Viento que va y no vuelve. 

La herida del alma es difícil de curar, si se vuelve locura. La muerte calla sus gritos de indignación ante la confusión, el teatro de las emociones y errores. Borra sus imágenes. Descarta lo irrelevante. La realidad devora lentamente la fantasía. Pero llega, se escapa a los otros, no-natos, oculta, envuelta en misterio. El veneno esencial de la culpa. 

Cubrirse de gloria, tirarse a su piscina. Envanecerse y engreírse. Olvidar la miseria de un origen humilde. El de grandes y pequeños. Golpe blando se llama duro. El delirio es soportable soberbia. Fin de los días, insuficiente arrepentimiento. Los que juzgan la verdad son los que la buscan. 

martes, 27 de septiembre de 2016

La tortura de Prometeo


Estoy obsesionado con la idea de que, cuanto más alejados están de los primeros hombres divinos, los hombres de aquí, meros hombres, luchan por un reconocimiento injusto usando trucos viles y sucios, abominables, para atribuírselo a sí mismos. 

En esa lucha estamos. Nos encontramos por dentro como aguas revueltas, llenas de oscuridad, que salpican por todas partes, sin concierto, ni prioridad o autoridad, sin orden ni conocimiento. El discípulo quiere hacerse maestro, rebelarse. Pero la violencia es todas sus opciones. Hay que elegir entre lo disponible. 

Nuestro pensamiento funciona en la abstracción. De muchos, se hace uno. No podemos asegurar que así sea realmente. Así es en nuestra mente. La separación de lo distinto. Lo ideal. Pero todo mezclado se comporta diferente. Produce lo desconocido. 

Aquellos hombres, que tocaron la verdad con la punta de los dedos, tenían el alma de oro. Quizá con ese toque se volvió así o ya lo era de antes, y esperaba su divino retorno. Pero estos hombres, entre los que estoy ahogado y aplastado, están cegados por su vanidad. Lo ocupa todo, como la maldad en el mito, que se acusa a sí misma y que nunca triunfa. 


domingo, 18 de septiembre de 2016

Claroscuros


Nosotros, que sólo somos hombres, resistimos muy mal o directamente no resistimos que otros sean escépticos de lo que nosotros estamos profundamente convencidos. Pero debemos admitir que no lo sabemos todo sobre nuestro propio sufrimiento, porque aún nos sorprende. Sé de lo que dudo menos. 

Mi lugar en la historia es el presente. El orden esencial y total de un momento. Estoy vivo. Consciente, en movimiento. Completo. 

Desde pequeño, he escuchado dos tipos de opiniones y consejos de los demás. Unos favoritos y otros desagradables. Como el que escucha música y reconoce lo disonante, sin saber nada de armonía, y huye o se esconde instintivamente de ello. Naturalmente, reconoce la belleza y busca aproximarse a ella, asemejarse, perfeccionarse en ella. Abrirse a ella. Cubrirse de ella. Usarla como ideal. Para avanzar. Y avanzar interiormente es también hacerlo en el exterior. Es la única manera. 

Por tanto, las opiniones que me favorecían eran determinantes y las demás las desechaba o las arrastraba como trauma, como derrota estrepitosa. Así he vivido (resistido por dentro) muchos años hasta ahora. He vivido en sociedad. Toda mi vida es social. Pero yo no sabía definir esto antes, ni lo necesitaba como lo necesito ahora. Es una necesidad urgente. Hay que definirse. La búsqueda de la sabiduría va del exterior a lo interior. 

Los pensamientos suelen ser molestias o tormentos. Los demás no se notan o se disipan pronto. Como lo pequeño, insignificante o aparentemente regular. Rara vez me encontraba con una opinión que me dejase indiferente. Es algo a lo que doy mucha importancia. A un hombre de entendimiento le atribuyo opinión y necesariamente debe ser a mi favor, en la línea de mis pensamientos, intenciones o actitudes; o en contra. 

Es necesario definir también lo que está fuera de mis manos. Lo que no puede ser opinable para nadie, grande o pequeño. El pensamiento recoge imágenes esenciales, las mezcla y crea nuevas imágenes. Crea imágenes interminables que se cruzan. Viejas y nuevas, pero indivisibles. Una especie de átomos, de escenas. La abstracción es pasar de lo que se conoce o lo que no se conoce. Es, por tanto, divagar, deducir. Querer y creer. El pensamiento fluye y sucede de esta manera. 

Vivimos tiempos difíciles. De confusión y de engaño. De decadencia interior. De desesperación, competencia, muchedumbre. Ahora, me inclino a creer con bastante certeza que he tenido una suerte inmerecida al dar con ciertos elementos que ahora me parecen indispensables e irresistiblemente bellos. Los expondré con toda la claridad y sinceridad que soy capaz. 

Lo que más repercute a cualquier hombre sensato es el modo de vida cotidiano correcto. Un modo de vida que tiene, en el hombre, una naturaleza religiosa, personal, indivisible y que lo compromete profunda, espiritualmente en todos los aspectos de ésta. Algunos creyentes pueden ser absurdos, pero todos los que se declaran a sí mismos no-creyentes lo son con toda seguridad. 

No conocemos a los demás hombres. Queremos conocerles y nos preocupan. Aún nos da miedo el velo de la otredad. Imaginamos lo extraño sin descanso. Donde nosotros terminamos, empieza un espacio intermedio hasta llegar al otro. Casi todo nuestro conocimiento es ilusión, ignorancia, creencia, deseo, sueño, divagación. 

Nadie ha resistido el devenir de sus propios sentimientos, acumulados y explotados, eyectados hacia el futuro. Que no es más que un fantasma mental del presente. Hay que decirlo y repetirlo, para mantenerse en equilibrio y hacia delante, como en los tiempos míticos. Hay que sobrevivir por dentro. 

Creo que no es fácil ni seguro nuestro camino, por el que caminamos con paso firme más tiempo del que tememos. No conozco toda la herencia del hombre. No soy más que otro hombre. Temo vivir cargado de vergüenza, huyendo o escondiéndome del pasado. 

No sembré ni me preocupé de sembrar lo que ahora crece inevitablemente, ajeno, oculto e inmenso. Lo cubre todo, menos a mí. Es ya muy tarde, pero sigo aquí. No pasa nada diferente. Tengo demasiado tiempo para pensar, divagar, juzgar mal y degenerar. Corretear, contradecirme, jugar, patalear, resistirme. Porque ni siquiera puedo estar quieto por dentro. 

Apostaría a que ni un solo hombre real ha podido, terminando inexorablemente en el hombre ideal de su imaginación (real). Contemplando esa imagen para huir de lo vano y desagradable, de lo vulgar, sucio, pasional, cotidiano. Siendo el único refugio, la única salvación de la humanidad. 

No me he librado de mi propia carga. Todo aquello de cuanto me he desprendido no ha bastado. Aún estoy a merced de mi próximo cambio de parecer. No veo a mi alrededor, cerca o lejos, hombres ideales, sino hombres como yo. Esto es, hombres llenos, cargados de humanidad, que les da la vida y les hace ser como son. Hombres mismos. 

Tampoco espero verlos. No llamo a la amargura satisfacción, ni autorrealización, sino por su propio nombre. No las confundo ni quiero hacer confundirlas. Ese nombre no lo debo ocultar,  ni rehuir, ni sustituir o dejar de señalar. Es el estado equivocado. La condena que hacen y han hecho todos los hombres. Incluso los malvados que se acaban atormentando. 

La culpa por dentro que empieza todas las decadencias reales. Nada de reconstrucciones ideales que pasan pronto. Primero, preséntame al hombre como es. Tratemos la impaciencia como enfermedad del alma. Luego, seamos razonables o más fríos y calculadores. Todos somos igualmente hombres, aquí. No estamos solos más que en nuestras conciencias. Pero incluso ahí está el fantasma de los otros. La soledad es una cosa social. Un estado social. La mente es una lectura de la humanidad. 

Es una cosa difícil e inescrutable el amor del pueblo. La vida difícil está llena de desafíos angustiosos, como también lo estaba antes. Los buenos cuentos no mentían. El tiempo nos hace profetas. Lo que ha pasado no lo podemos negar. Vuelve a pasar. Hace muy poco que caí de nuevo en mi propia humanidad, inquieta y salvaje aún. Viva, en movimiento. Totalmente indisciplinada, misteriosa y en el error. 

Hasta que no termina un movimiento no es segura una regla. Estrangula la ausencia de lo que se exige indispensable, si manda el orgullo. Pero no basta hablar, para el que habla demasiado. Por bombardeo, por paliza, aprenderemos lo que demandamos ahora. El que sube la cabeza, la bajará; y el que la baja, la subirá. La historia continúa. Los discursos se alternan. 

Morimos por dentro. Pasan otros que no somos. ¿Quién sabe qué somos, más allá de la conciencia, los nombres, la ciencia, el mundo, el hogar y la costumbre? No acepto una derrota que no sea apabullante. Constante. Desconfío de todas las riñas. Incluso de sus apariencias. 

Un poema largo para un momento. Quisiera no hablar insatisfecho. Hablar tanto y tan insatisfecho. Es un momento idóneo para llenar el mundo de nombres y logros falsos. Sobre todo si no hay manera de evitarlo. Y torturan las quimeras. Todos lloramos una guerra injusta. 

Todos tememos muchas veces no saber nada, después de haber creído, tras dolorosos esfuerzos, haber llegado a saber algo. Algo sobre nosotros mismos, al menos. Algo valioso, suficiente. Personalmente relevante. Los hombres pasan. Y con ellos, su pequeña grandeza. 

sábado, 6 de agosto de 2016

Roce


¿De qué sirve imitar lo que no se cree?

La desesperación es siempre una conclusión precipitada.

Las preguntas cómodas son inútiles. 

Arte es enajenación. Bella elipsis. Huida rebelde. Prohibida. Trampa para nosotros mismos. Acuerdo injusto, excesivo. Apasionado. Sentimientos incontrolables. Que pretenden durar para siempre. En su expresión. Su testimonio. Vencidos por los celos. Por la belleza inferior, prematura. Joven. Historia de un fracaso inmortal. Pacífico, al final. 

Lo peor que podemos hacer es traicionarnos a nosotros mismos. Descubrir que ha sucedido. 

Mi recuerdo en los demás son sus esperanzas puestas en mí. El término de mi humana existencia. 

Apariencia y esencia se oponen. Apariencia es relatividad. Vaguedad. Finitud en medio de lo infinito. Acrobacias viles. Audacias atrevidas. Voluptuosidad que sólo imita la vida verdadera. Que roba, finge y reincide. Que abusa con impunidad. Que perfecciona su crimen. 

La naturaleza no se esfuerza. No sufre. No finge. No espera. No cambia. No tiene secretos para sí misma. No conoce el miedo. No tiene nada que demostrar. Nada le falta. Todo lo contiene. Profundiza y se abre, siempre nueva, siempre vieja. Llega a todo y se aleja de todo. No desprecia ni el más mínimo sufrimiento. Lo acoge. Lo abraza y lo sana. Se compadece de él. Lo llena de justicia. De pureza. Es de otra parte. Está y no está.

Es el camino que no se recorre. Ni se tuerce, ni se doblega. Ni falla. De él surgió la apariencia del laberinto oscuro. El dolor. La caída. La angustia de no llegar a ver la luz. Nadie sabe por qué. Es un verdadero misterio. A ella debemos retornar todos, algún día. Algo pasa. La cosa se sabe. Producimos sus restos. Ya la siento lejos de nuevo. 

martes, 26 de julio de 2016

Deseo


Sé con qué me vas a venir otra vez. Con el corazón lleno, rebosante de celo, de ira. Como el que va a la guerra que no espera acabar, porque la ha empezado. Su caída es aparatosa y violenta. El tiempo no puede cambiarla. Sólo repetirla. Lo encierra en una celda de eternidad. Orgullo herido. Sorpresa desagradable. Pero no sabes qué la ha causado. Sigues sin saberlo. Si lo supieras, lo hubieras evitado, recordando la última vez. 

El hombre se sufre a sí mismo y se queja con razón, mientras vive, consciente de que esto es cierto y de que no puede cambiarlo, por más que se esfuerce. Frente a esto, uno se dice: encontraré la forma de engañarme. Cuando se dice hablar libremente, se quiere decir hablar con irresponsabilidad. Confieso que me encantaría que la escritura fuese un acto responsable, honesto. Verdad significa puntualidad, no desvío. 

Creías que tu talento era indestructible, pero lo has encontrado sacudido contra el frío, en un pozo profundo de tristeza, oscuro, extraño, al que no pertenece. Querido mío. Nada sabes de otro que te conozca, mas que tú mismo. No es nada fácil aceptar que unas pocas palabras no son la verdad. Que no sabemos el mecanismo último por el que la realidad se duplica y produce la imitación, la semejanza, para crecer, para seguir adelante. 

Porque, se crea ganar o perder, lo único importante es seguir adelante. La cultura previene el mal, pero no lo destruye. No es infalible, ni es perfecta. El celo es ceguera, amargura. Mansamente, uno puede entregarse a la conversación que no ha planeado. Si conseguimos aceptar que las palabras son importantes, las que utilizamos, entenderemos que somos responsables de lo que ponemos delante de nuestra audiencia. Amémosla como a nosotros mismos, si nos atrevemos. Reflexiona mi propuesta. Eso te suplico. Calma mi incertidumbre y me harás el mejor favor. 

Hasta donde sé, la sabiduría es recuerdo, un tesoro escondido, remoto, de difícil acceso. Cuando no lo hemos penetrado, hacemos como los idólatras. Dan la espalda a héroes viejos para hacer unos nuevos. Estalla la soberbia. Volvemos a la miseria. Repetimos nuestro íntimo error. La debilidad del corazón ciertamente es grande. La precaución sincera es la única que es útil. 


lunes, 18 de julio de 2016

Oración


Las palabras importan. Eso las hace ser como son. Que sepamos diferenciar una silla de una casa. Rara vez es tan sencillo. Actuar bien es más difícil que hablar bien. Pero antes de actuar, nos hemos hablado. En los hombres no hay deseos originales. 

Efectivamente te están juzgando las épocas pasadas y futuras. Elige bien tus palabras, a partir de ahora. Conquista el honor que te fue arrebatado. Ahora es tuyo. Defiéndelo con valor. Este momento contiene sentimientos que no se pueden cambiar. Lo que funciona sigue adelante, permanece. No hagas creer. Haz recordar. 

La riqueza de un discurso es la selección apropiada de sus palabras. Su medida. Un mal discurso puede arruinar todos los buenos anteriores y un buen discurso puede aliviar una larga decadencia, iluminar la salida, devolver esperanza y aliento, deseo de justicia. Incluso celebración. Si crees que es importante, procura no olvidarlo. Podría serte útil.

Deja espacio para la réplica justa, para el libre pensamiento. Espacio para responder. Para lo ajeno, que también es propio. De mil calumnias, una puede ser amonestación, y sólo esa justifica todas las demás. 

lunes, 11 de julio de 2016

Enemigos


Todos hemos sido enemigos muchas veces. El enemigo es el corruptor, el acusador. El mercenario. El ácrata. El rebelde, sediento de venganza, despechado, inflamada su alma de deseos. Todo en él es agresión, abrasión, culpa. Amarga decepción. No se soporta a sí mismo, ni otros tampoco. Todo lo pervierte y lo destruye. Huyen de él. Le ignoran. Esperan que cese por fin su dolor. Que le abandone el demonio de su locura. Impacienta. Exaspera. Es prohibido, tabú. Celebrado por los execrados. Los caídos. Los degenerados. 

Finge haber perdido toda esperanza, porque le hace un daño especial, agudo, que ya no sabe cómo afrontar. Afligido, embarazado de un mal desgarrador, aúlla y ladra. Despedaza rabioso. Siempre acecha. Ataca a derecha e izquierda, arriba y abajo, indistintamente. A placer. Como un animal salvaje. Tiranizado, tiraniza. Destroza sin tregua. Es un monstruo insaciable. 

Rebotan en él semillas de dialéctica. De sabiduría. Lo que no atraviesa, rebota. Es indisolvente. Su dogma es una coraza de bronce o de hierro, cubierta de espinas que se abren. Protegen un dolor inconmensurable. Quieren atravesarlo todo, porque no pueden. Querer es no poder. Cuanto más profunda es esta convicción, más violentamente se remueve, más arde el orgullo, como el que sabe, al fin, que no tiene escapatoria. Se oxida pronto. Chirría. Se disuelve en su propia imaginación, como en una pesadilla inimaginable, antes del final. 

Está orgulloso de su descaro. Siempre dispuesto a la lucha inútil. Al crimen. Miente y traiciona. Como el niño caprichoso y cruel que se aburre pronto de sus juegos. Que hace los suyos, habiendo fracasado en los de todos. Inventa una mentira a raíz de la verdad. Actúa sin dignidad. Sin compasión. Como si no existiera ni pudiera existir. Él es la pérdida de la dignidad. El resto de una tragedia. De un desastre. 

Es la autodestrucción que siguió de cerca a la desesperación, ignorando todo orden, sellando todos los sentidos, de los más sutiles a los más romos. Entregándose completamente al cinismo y al escepticismo. Eran las fronteras que no tenían vuelta atrás. El pozo más oscuro y profundo al que podemos asomarnos. Incluso caer. La negación firme, pavorosa de la propia verdad. La deserción. El abismo. Es un impostor. 

Yo confío en que esta verdad sea más grande que la tristeza que deja el odio, poderosa y oscura pasión. Marca maldita. Pues los sentimientos no lo ocupan todo. Sólo el presente y el hábito. Si realmente puedes elegir, no te conviertas en tu propio enemigo. Digno es lo que vale la pena imitar.




martes, 5 de julio de 2016

No hay silencio


Todo el mundo habla.

Un momento de debilidad basta.

El pensamiento es lenguaje racional.

Si tuviéramos la mínima posibilidad de convertir nuestras vidas, la vida real, en arte

no dudaríamos. Porque somos teatrales. Y el arte se parece a la eternidad. Tiene algo de ella.

Lo presentimos y lo deseamos.

Es la parte que queremos ocupe el todo,

porque somos apasionados.

Los recuerdos son el escondite que nos queda más pequeño con el paso del tiempo.

No seríamos los mismos sin el recuerdo.

Todos sentimos una gran impotencia al no poder igualar el romanticismo al pragmatismo

y al elegir el primero sobre el segundo.

Para los seres humanos, el presente es una ternura infinita e irresistible

con la que no se puede hacer más que gastarla

para no recuperarla nunca más.

El silencio es la ausencia del habla.

Este es el mundo real o una parte esencial de él.

Desde el principio, sabemos suficiente para engañarnos,

que es como espantar la verdad.

Todas las frases son ligerezas.

He aquí la ironía insuperable:

es más fácil ocuparse de los demás que de uno mismo.

Sé que llegas a creer que no sé lo que es la empatía.

La empatía es el dolor humano. 

miércoles, 22 de junio de 2016

III


Para mí la pasión es pensar en la chica que me gusta. Imaginarnos juntos. Estar bien.

Quiero hacer posible lo imposible. Porque estoy enfermo en mi alma. A ciegas o en la oscuridad.

He chocado con una prisión de vacío que me tienta. Se repite. Parece lo que no es. Pronto cambia. Traiciona sin piedad.

La cosa va a más. ¿Cuándo llegará la luz que no se vaya?

Me he dado cuenta de que sólo quiero esconderme como los demás. Huir. Pero no quiero reconocerlo.

¿Puedo hacer otra cosa?

No puedo ocultarte cómo me siento. Aún quiero impresionarte, pero sé que durará poco el resultado de mi esfuerzo. De mi aungustia y de mi riesgo. De mi ignorancia. 

Siente la abundante ternura detrás de mis palabras. El miedo a perderte sin haberte tenido todavía.

Mi desesperado intento por hacerte perfecta para mí. Por dejar de buscar. Por enamorarme y detenerme. No para el Universo. Ni para la verdad.

Porque no fui tan fuerte. Ni tan grande. Primero, me rendí en el corazón. Caí por dentro.

Mi desesperado intento por tenerte para siempre.

Incluso cuando te hayas ido.

Ser correcto o no serlo dura un momento.

Creerlo o no creerlo.

Es más honesto intentarlo que presumir de hacerlo.


domingo, 12 de junio de 2016

Invitación


Te invito a que demos paseos y hablemos de nuestra sociedad, de lo que más nos gusta y menos nos gusta de ella. Te invito a que luchemos juntos contra nuestros prejuicios y dejemos volar nuestro corazón con palabras. Porque, no necesita el corazón volar, soñar, como nosotros respirar? 

Te invito a que meditemos sobre nuestra amargura, sobre los días buenos y malos, a que inventemos discursos y discutamos sobre las emociones que ahorramos y las que desperdiciamos, las que esperamos y aquellas de las que huimos. A que nos atrevamos a corregirnos juntos, buscando nuestra amistad. A que aceptemos la necesidad del error, del otro, de lo desconocido, del crecimiento misterioso hacia lo ideal. 

Te invito, o más bien te suplico que me ayudes a encontrarme a mí mismo, a reafirmarme, a no caer en el hoyo de mis propias convicciones, porque sería terrible para mí lo que llego a desear en mi desesperación: encontrar fuera de mí sólo la confirmación de mis caprichos. Cansan pronto. Siempre decepcionan. Nos vuelven culpables, cobardes. Nos avergüenzan. Cómo podríamos imaginar un mundo así, cómo podríamos desearlo, si nunca lo hemos conocido? Si sólo podemos desearlo?

Te invito a que me regales tu amor por la vida, por pequeño que sea. Si has nacido, es suficiente. Estoy tan confundido y desnudo como tú. Vale la pena buscar la paz, aunque no estemos seguros de que exista. Es una invitación amistosa. No quiero que haya nada detrás. He sufrido como tú. Ya de nada sirve ocultarlo.

Puedes preguntarme lo que quieras. El miedo no nos ayudará tanto. Nuestras costumbres son el pasado y nada más. Ambos queremos ser otra cosa, algo mejor, lo que sea. Has encontrado tú también consuelo en las palabras? Lo sigues encontrando? Qué es, amigo mío, lo que te dices a ti mismo cuando te sientes más necesitado, más afectado, dolorido, ansioso? 

Te invito a que no nos dejemos llevar por la locura. La soledad es sólo para aprender a estar con gente. Gente como tú, amigo, amado mío. Hablemos en aforismos y equivoquémonos. La verdad que conocemos no es completa, ciertamente. Tú y yo estamos igual de apremiados, hemos conocido la decepción y la miseria, y no sabemos cómo caeremos más bajo, hasta la paz del sepulcro. Aquí vamos hacia delante o hacia atrás, pero nunca estamos en el mismo sitio. Yo creo que, incluso cuando retrocedemos, avanzamos, porque es justo.

Invítame a lo que quieras. Enséñame lo que sepas. No me escondas nada. Provócame, si quieres. Quiero aprender de ti. Ábrete para mí y seamos como un solo ser. Amado mío, me regalarás este pequeño capricho? 

viernes, 10 de junio de 2016

Ser otra vez


La razón me ha demostrado que existe el sentido y ya no puedo volver atrás. La vanidad hace a todos los hombres iguales. Tengo mis frases, pero no es suficiente, nunca lo ha sido. Pronto buscarás lo mejor, si ya no es así.

Sueño con el día en que no me adule más a mí mismo y deje de sufrir por ello. En el que las cosas vayan hacia atrás y no hacia delante, como deseamos sin poder evitarlo. Está viniendo lo mejor. Hemos delirado incontables veces. Hemos temblado en el mismo espíritu. 

Nuevo resumen


Aspira a remover un corazón sincero, como el que refina oro para el día de su máximo brillo.

Su idea favorita no era la única. Llegó a ser un salvavidas contra la agresión de las demás, que llegó hasta el límite de lo desagradable.La experiencia es escalar hacia una cima que no llega. De la felicidad, sabemos que es lo más deseable y que no terminamos de conquistarla. Todas las direcciones van hacia delante. Yo no sostengo la vida. Vivo porque recibo la vida.

Hacer daño es humano. Lo difícil es reconocerlo. Lo inhumano sería no hacer daño, no intentar hacerlo. Así somos, en realidad. Es imposible escribir sin esperanza. Cuando te canses de luchar, seguirá habiendo enemigo. Recojo riqueza a mi paso y me deshago de lo que ya no lo es. Pero yo no he decidido ser así. Yo no me mantengo a mí mismo. Ni soy mi fuerza. No tengo ni he tenido nunca ese mérito. 




domingo, 22 de mayo de 2016

Un ser mejor


Un ser mejor que yo sacaría lo mejor de lo peor.
Soportaría los golpes del abismo con valor, con entereza.
Sería admirable. No intentaría parecerlo.

No tendría miedo y, si lo tuviera, sabría cómo vencerlo. Cómo dominarlo.
Encontraría la manera, si le hiciese falta.
No se rendiría hasta el final.

Su principio sería:
Hay que luchar por la vida.
Superaría las bellas palabras,
para que no quedaran vacías, olvidadas.
También aquellas fatales.

Sería práctico. Optimizaría.
Ayudaría a los demás. Se diría:
un corazón intenta derrumbarse,
pero no lo consigue.

Sería más parecido a mí por dentro.
Ya no vería diferencias entre los hombres
porque habría llegado al conocimiento.

Vencería las sombras. Nos salvaría a todos.
Nos haría dejar de sufrir para siempre.

Nos rescataría del misterio de la muerte.
Abriría nuestros ojos a la verdad.
Sanaría nuestro mal.

Nos confesaría él, vencedor:
Los trucos fracasan;
llevan en sí el germen de la destrucción.

Por miles de siglos sería el rey de todos.
Hay que morir para vivir.
Pasar por dolores de parto en el espíritu.

Guarda tu último aliento para él, si le amas.
El odio no ha vencido todavía a la esperanza.

Nosotros le diríamos:
Hoy me haces más falta que nunca.
Y él nos diría:
Siempre estoy aquí.
Donde estés tú, estaré yo.
Yo lucharé por ti.

Déjanos regocijarnos delante de ti.
Déjanos descansar en tu fuerte brazo,
bajo tu ala.

Sólo tú vuelas sobre el abismo.
Porque no hemos caído,
si estás con nosotros.

Déjanos llegar a ti, aunque sea con mancha,
exhaustos de espíritu.
Tú no la tienes.
Tú nos mostrarás ese milagro. 

sábado, 14 de mayo de 2016

Testimonio de vida


Es un vicio indescriptible escribir para que me lean, me comprendan y piensen en mí como soy, como realmente quiero ser. La lucha por la vida es real. La vida es un sueño del que surge el deseo. 


Pero el mundo es más difícil que la literatura. No es una justificación. No serviría de nada. Nuestro dolor psicológico no es original. Amamos a los héroes que no han llegado. He ensayado mucho. He vivido el error. No puedo resumirlo todo. Creí ver de lejos un destello de inspiración que no se me había permitido. Porque no fui digno. Dudé. Me acomodé. 

Creí ser un rebelde justo. Pero esto es imposible. Un amante apasionado debe apagarse como fuego inquieto y fugaz. Consumidor y consumido en la rapidez de su tiempo. No lo ha elegido. Yo no conozco este misterio. Me siento como tú. Es como si estuviera ahí mismo, dentro de ti, pero no sé quién soy. Un momento de sabiduría en la intimidad basta para toda una vida. Escribir de verdad es mi última esperanza. 


Escapar de la ira es sobrevivir, expresarse. Aceptar la vida humana es difícil para nosotros. No hay otra naturaleza que esta, ni otra vida que esta. Fuera de la naturaleza no hay nada, ni movimiento, ni cambio, ni fuerza, ni misterio, ni ciencia, ni contradicción, ni quimera, ni tiempo. Nada en absoluto. Fuera de la naturaleza no existe la verdad. Volvería sobre mis pasos sin dudarlo, para no tener que enfrentarme al abismo de paz que se viene. Si es mejor, no sé cómo descubrirlo. Ese misterio no es mío. No sé si somos parte de lo ideal. La parte no es el todo. Jugar bien no es ganar siempre. 

La literatura es el intento de quedarse arrastrado por el tiempo, sujeto a revisión, investigación. Padecimiento. Porque en ella, ciertamente hay sentimientos. Sentimientos que conocemos. Mis opiniones son más profundas que ellos, las tengo. Se han secado como cemento. Ahora es duro, frío. Ciego, sordo y mudo. No huele. No habla. Un muro que no puedo saltar ni atravesar. Que me aísla. Ese muro es mi soledad. Ya no es parte de mí, pero llevo esa carga. Nada pude hacer por evitarlo, pero no lo sabía, no quería reconocerlo. 

Es culpa mía espantar lo pequeño, como una molestia. Confieso que esto es cierto. No espero un nuevo castigo. Soy demasiado retórico y nuestros pensamientos son más simples. Pero me encantan los discursos y no digo otras palabras que las que ya habéis oído. No hay nuevo orden, ni nuevos mandatos. Pero es fácil de decir y difícil de comprender, de experimentar. No hay corazón, hasta donde sé, que llegue a conocer su misterio. 

lunes, 9 de mayo de 2016

Transparente

Podría contar mis memorias como realmente fueron. Lo difícil es intentar decorarlas para que parezcan mejores. La imagen es para definir, para significar. La imagen basta. Las cosas se hacen o no se hacen, pero no pasan. Vuelvo a mis conclusiones sin valentía y sin esfuerzo, pero ya sé cómo hay que comportarse. 

Preparo mi texto, mientras pienso: vivo con miedo, pero vivo. Mis pecados son mi identidad. No puedo esperar cambios que no haya conocido. Esto significa ser esclavo, olvide o recuerde. Lee más y escribe menos. Los consejos son humanos. Como los errores. Y las exigencias. 

Todos sabemos bien que no es fácil amarnos como somos. Es lo contrario de la angustia que surge de cómo queremos ser. El deseo que no podemos terminar y del que nada sirve señalar. Pero no es ni será nunca terrible lo cotidiano. Sólo en nuestra imaginación. Vivir no es una elección. La autoridad es incalculablemente flexible. Derriba todos los desafíos, menos el suyo. 

sábado, 16 de abril de 2016

Optimismo y soledad


La imaginación siempre es sincera. Una especie de basura mental que surge de la nada, por decirlo así. La comodidad es cuestión de tiempo. Al que escupe un fuego menor, lo quema uno más grande. No es agradable mi manera de ver las cosas, pero antes era la misma. Quería que fuese mejor y por eso actuaba. Intenté convencerme primero. Que nadie me culpe de nada más. 

La verdad que está a nuestro alcance no es pura. Tiene base racional y existe en el tiempo. Nosotros solos nos tapamos los oídos del alma. Tratamos de ignorarlos, pero son más profundos y sutiles que los del cuerpo. Es porque nos parece ruido lo que es armonía. Nos lo parece pronto. Encuentro fallos y me amargo. Por eso, me escondo del mundo. El primer juicio y el más duro que conocemos. Alejarse de este mundo es poder. 

Odio nuestra capa más externa, pero no puedo cambiarnos. No puedo decir nada distinto de uno solo, porque no lo sé. Realmente, esperaba que fuese más fácil. Cómo asumir esta pérdida? Es muy difícil asumir que no podemos ser cobardes, por más que lo deseemos y nos revolvamos para conseguirlo. No hay reposo y por eso no hay cobardía. La pasión es el fuego de la vida. Siempre estamos a la misma distancia. Lo que llega no es nuestro. Nada sabemos de lo que nos vacía por dentro. Pasa la vida en paz para todos, a pesar de los bellos recuerdos.

La mayor parte del tiempo, la vida es más triste que la muerte. Seamos honestos esta vez, si podemos. Huyes de lo mismo que yo. Si cualquier otro animal hubiera sido seleccionado por la naturaleza para ocupar este lugar, no hubiera tenido elección. El misterio nos ha tocado a nosotros. Con nada que conozca puedo comparar este desafío. Pero no siempre es tan excitante como deseamos que sea. Otras, es todo lo contrario. Cuándo nos encontramos en el justo medio? Sólo cuando seguimos adelante, el mayor valor de estar vivo. 

viernes, 15 de abril de 2016

Cuerdas


En el primer momento perdí el control y fue dramático. Vivo atormentado, desordenado, huyendo, dolido por dentro. La psicología domina completamente mi vida, lo que no sé de los demás, que es lo mismo que no sé de mí mismo. Los sentimientos son temblores interiores. Ningún momento cotidiano basta. Hay un aguijón indescriptible en el ser incompleto. 

Quería que mi filosofía fuera más fuerte. Lo quería de verdad. Me avergüenza necesitar el amor de los que desconozco. Tienen que convencerme. No es tan fácil. A las doctrinas, por mucho que me atraigan, según el momento (mis sentimientos) también les encuentro defectos. Me digo a mí mismo: le vi a través de la razón, como un reflejo que se acercaba. Necesitar es olvidar. 

Quería una vida perfecta. Pero me quedé con restos y lamentación. Ya no deseo este pesar para nadie, pero no sé cuánto podré seguir así. Todos queremos decir algo, porque creemos que tenemos razón. Nos creemos con derecho. Nos amenaza y condena nuestra lengua. Levantamos soberbios la barbilla. Nos resistimos y crece el dolor natural...

Encontré una ausencia indescriptible, cuando perdí la magia de los recuerdos. Encuentro una etapa fría y puntiaguda en mi interior, tan lejos del presente y el mundo que no me explico cómo llegan aquí estas palabras, si no es por una especie de locura o acrobacia. Pero me sigo sintiendo culpable, superviviente. Insistente. Impuro. Esa es la verdad. Excesivamente permisivo. 

Si fuera más diligente, tal vez podría decir: nada tengo que declarar. Pero es mi dolor el que aulla por mí. El que se me sale de las manos. Como la mirada, los lazos de mi lengua y todos los monstruos y fantasmas de mi imaginación. Excesos que pasan y dejan un daño extraño. Por qué no me he agotado? Qué es lo que queda aquí, en realidad? Una rotura que no ha terminado. Una caída hacia el reposo. Una vuelta más. Una creación que no es parte ni puede ser dividida. La reafirmación del todo y el uno, que sufren las partes que se disuelven. 

viernes, 8 de abril de 2016

Retarlos, desarmarlos, vencerlos


El desfile de lo inutil pasa ante mis ojos, lo incompleto, pequeño y breve. Absolutamente incapaz de conquistarme. Por eso sigue adelante. Sin detenerse.

Algo se de mis pasiones: que me afectan y no son constantes. Puedo hablar sobre esto, porque he vivido. El sentido de la vida es como vivir. Convenzo con facilidad. Me acepto a mi mismo, facilmente. Esto es lo que no me explico. No quiero ser yo mismo. Me parece una responsabilidad inabarcable, la de conocerse a uno mismo. Lo intentamos una vez y basta.

Sin embargo, debo hacerlo y lo hare, en esta vida o en cualquier otra. Me conocere, al final. Porque estoy pasando de largo y puede ser para siempre, en cualquier caso. He buscado la verdad. Me desafia, me desarma y me vence. Su orden no puede cambiar. Ni detenerse. La verdad no es libre. Es la primera esclava.

Puedo hablar de lo que quiera y por eso me aburro de hablar. Relleno a ciegas la tarde muerta de mis palabras. Estoy bien, me preocupo y dejo de estarlo. Hablo ahora mismo con tu alma y ni siquiera se donde esta la mia, tan inquieta. Llora y rie conmigo por dentro. No seremos mas libres mañana. 

lunes, 28 de marzo de 2016

A II


Ojos claros y preciosos.

No dejeis de mirarme.

Demasiado caos en el mundo.

Prefiero tu inseguridad.

Me concediste un poco de deseo.

Belleza fugaz de una mirada.

Accidente mortal.

Por que?

Por que a mi?

El drama.

La melancolia.

Paso casi todo el dia pensando en ti

siendo injusto.

Aun a pesar de estar servido

me siento solo sin ti.

Te has ido y no vas a volver.

Me diste lo que no merecia

y volvi a por mas.

Me atragiste a la belleza.

Te deshiciste de mi.

Un amante despechado.

Eso soy

mas cerca de la extincion.

Insisti en tu error

aun no se por que.

Arranco de lo absoluto

la misma duda de siempre.

Nuestro bello amor imposible.

Una mirada

que se pierde en las demas.

lunes, 14 de marzo de 2016

A


Te saludo. Soy yo, Víctor. Ya me conoces. Tengo veintiséis años. Tres menos que tú. Me han dicho que no me convienes y no quiero creerles. No puedo separarte del ideal que ha surgido en mi cabeza por ti. Otra idealizada. Radiante, sensual. Inocente. Así te imagino todos los días, ahora que has herido mi vida. 

Me recuerdas a una profesora que amé mucho de pequeño. Ella era una monja joven y buena que me trató con mucho cariño. La veía como a una madre. Te veo con una cercanía muy similar. Tu alma me resulta familiar. Sé que no eres sólo tú, sino lo que pongo en ti. 

Aunque el mundo parezca demasiado lleno de falsedades, necesito sacar esta espina que me atraviesa. Voy a ser injusto con este paso adelante. Porque sé que no es el momento. Puedo pasarme la vida buscando lo que no encuentro. Si no me entiendes, me entenderás. Porque hablo a tu alma. Es mi manera de expresarme. 

Yo no esperaba, de veras, llegar hasta aquí con tanto miedo y cansancio. Creo que no puedes imaginarlo, porque no has llegado hasta aquí y puede que no llegues nunca. Pero no sé nada sobre tus guerras perdidas. Soy demasiado cobarde para prometerte nada y sensible para ocultarte esto. 

Me siento como un niño cuando estás, cuando no estás. Sólo son sentimientos lo que importa. Quisiera, de veras, que esto no fuera tan simple como parece, porque tengo necesidad de algo más y no sé lo que es. Necesitamos imaginar como necesitamos respirar. He programado demasiado. Se me fue de las manos el falso control. 

Necesito descansar un poco. Es una indignidad que quiera herirte, conociéndote tan poco, todavía. Apenas unas sombras familiares me han bastado para dibujarte por dentro. Estoy emocionado y parece mentira. Mi intento existe todavía. Mi vida fluye ciegamente hacia delante. Perdona por encontrarte, si molesto. Soy el loco que no debiste haber conocido. 

Aquí estoy, esforzándome por ser romántico. Perdona el enredo de mis divagaciones. Sabes que es mucho más simple. Tú también te has sentido así. Confieso que esto pertenece más a ella que a ti. A la que hice con tu figura y tus formas, en mis pensamientos. 

Disculpa mi aprovechamiento y abuso, porque es toda mi capacidad. Ya no quiero impresionarte más. Estoy deseando, no sabes cuánto, que se me caigan todas las máscaras. Mi cara está descompuesta por dentro. Hay en ella desaliento, duda, culpa... pero también expectación, regocijo, ensueño. 

También has sentido esto, hermana mía, compañera. Amada. Disculpa mi atrevimiento. Si no suelto un poco mi alma, va a explotar aquí mismo. A veces, es divertido imaginar que salgo de mí voluntariamente. Por si acaso, ya sabes, no me tomes demasiado en serio, pues soy un poco loco y cobarde y este mundo oscuro siempre nos hace parecer más libres de lo que somos. 

Gracias por dejarme escribirte, sin que me lo hayas pedido. 

P. D: mis celos son más serenos que los anteriores, pero puedo estar engañándome de nuevo. 


jueves, 25 de febrero de 2016

Anagnorisis


Desde que me di cuenta de que era real, quise ser un personaje ficticio. Como si quisiera huir de aquí y no volver. Huir para siempre. Sé que era instintivo. Ahora me importa la aceptación de mis semejantes, de mis iguales. Lo especial de esta vida son los sentimientos. No es tan fácil ser diferente, ni tampoco intentarlo. Ni siquiera imaginarlo.

Me preocupa ser joven y real. Desbordarme ante los vestidos de la verdad. Los tiene todos. Los más elegantes y los más vulgares. Pero no siempre los distinguimos. No siempre queremos hacerlo. La mayoría del tiempo, hacemos como que no sabemos lo necesario. Para nosotros, seguir adelante es huir astutamente, pero de nosotros mismos. Esto es lo más triste. Lo que no puede enmascararse. Porque está en lo más profundo de nuestro interior. 

Sólo soy de una manera, pero no sé cual es. No sé cual es la magia real. Me mueve sin cambiar. Yo respiro la irregularidad de los sentimientos. La inconstancia. Porque unas veces quiero una cosa; otras, lo contrario. Pero siempre necesito lo mismo. Cubrir mi desnudez invisible. Eso me insinúa la imaginación. Pero luego me tienta. 

Soy una rueda cuadrada. Estoy en un desierto de locura. A veces, me gustaría estar perdido entre la gente, como me imagino. Ya sé que no soy visionario. Ahora estoy seguro. Los que somos reales no somos tan espectaculares. Pero debemos seguir mintiéndonos. Tengo golpes de humor, extremos. Ojalá no fuera así, pero es la verdad. 

No quiero sentirme culpable. Mi rebeldía es romántica, como mi nostalgia. Habrá mucha gente que no se acercará lo más mínimo a la comprensión de mis sentimientos, pero admito que ignoro el motivo. Quisiera decir, por ejemplo, que soy un charlatán impulsivo y vago, como si eso bastase. Quisiera decir que no me explico bien y no sé lo que me dejo en el tintero. Que tengo alas que nadie ve, pero eso podría ser tan deshonesto, tan enigmático. Demasiado para la simple monotonía. 

Tenemos una capacidad extraordinaria para evadirnos. He aquí la creatividad, su mérito. No el de ninguno de nosotros. Trabajar no es para quemarse, sino para lo contrario. Lo más sabio que podemos hacer es prepararnos para la recaída. Viene más pronto esta vez y todos queremos sobrevivir por dentro. Nos apoyamos unos en otros. Nos olvidamos de esa inmensa necesidad. Queremos ser independientes, pero hemos recibido un sacrificio que no comprendemos. Un sacrificio del que nosotros también seremos parte algún día. 

lunes, 22 de febrero de 2016

Enlatar la experiencia


Ser hombre significa estar expuesto a la locura desde el nacimiento hasta la muerte. Robé experiencias antes de saber lo que estaba haciendo, que estaba mal o no era suficiente. Lucho contra el desánimo, el desengaño y la angustia. Parece que, cuanto más me resisto, más ardiente y tiránico es el deseo que me somete. Porque sé que no soy cualquiera de mis pequeñas y míseras imaginaciones. Tampoco sé lo que soy. Un aullido rebelde y vulgar. Una huida ficticia, maldita. 

Yo también he huido muchas veces. Estoy incompleto sin los demás, vacío. Ahora, juego con más brío a vestirme de ellos, porque sé que son todo para mí. Los sentimientos son el opuesto de la razón, el techo del mundo. No hay nada fuera de los sentimientos. Qué cambia decirlo. No es auténtica liberalidad. El corazón invisible es la armadura del mundo. Quiero ser vulnerable. Me esfuerzo por ello, en vano. No elijo mi vulnerabilidad. Uno no puede deshacerse de su orgullo, pero lo intenta. Sacude oscuridad.

Persigo musas, pero no estoy inspirado. Soy un mendigo y por eso las persigo. No me pertenecen. No soy artista. Mi trabajo es hueco y frío, monótono. Ha perdido ritmo y autenticidad. Ya no es fresco. Siento melancolía y culpabilidad. El yo es culpable, inestable, precipitado. Importa más lo que no podemos elegir. Soy de verdad y, sin embargo, no me basto. Poseemos mentira. No hay más honestidad que la intimidad.

Primero el monstruo; luego, el ángel. Quién lo iba a decir. Nadie hubiera planeado esto. Vaciamiento tranquilo, ciego. La autorrealización es la autodestrucción. Desanimamos a los corazones débiles; envanecemos a los fuertes. La Naturaleza nos aparta, sin personalidad. Nunca le hace falta, porque es infalible. No conocemos la esencia de nuestra debilidad. Siempre padecemos. Somos carne psicológica. El alma invisible del mundo es cotidiana. Termina eternamente. 

sábado, 20 de febrero de 2016

Enuncio


Nuestra respuesta es apasionada. Quejidos de impotencia son nuestros sentimientos. Cuando sabemos que algo seguirá ahí, pase lo que pase, no nos interesa tanto. Nos decimos: demasiado fácil para negarlo. No controlo la seducción. No soy culpable de nada diferente. También estoy atrapado. Necesito que me desconozcan para fingir ser cualquier otro.

No he escapado. Todos vivimos un tiempo. Vivimos como somos. Creo que duraré poco en este escondite. Hay una embestida con mi nombre. La belleza me robará en cualquier momento. Pero yo no sé quién más podía ser. Hay más cosas que no quiero saber que las que sí quiero saber. Me pesan más los juegos de palabras, pero hoy parecen mi única ligereza, mi única falsa salida.

Son notas de tedio. Sé que nos desanimamos y no queremos ver esto. Mi aullido es vulgar, sobre los techos del mundo. Nada es nuestro aquí, porque pasamos desconocidos. Quizá el deleite artístico es el mayor consuelo posible, y la cultura sea nuestra única relación con la naturaleza. Pero sigo siendo desconocido en este día. Los que vengan detrás de mi, también esperarán el último, inseguros.

jueves, 11 de febrero de 2016

En tus manos


La mentira hace daño, pero existe. Nos encanta entregarnos a la nostalgia y nos duele que otros sigan con sus vidas, sin nosotros. Todos somos mentirosos y no lo controlamos. Recuerdos pequeños llenan nuestra hueca imaginación, pero nos basta para recrearnos en la compasión. Aún nos creemos especiales, hasta el último día. 

Nos duele lo mismo que ayer. Estamos desbordados de sentimientos y queremos volver a tener ilusión. Sin pasión, las cosas pierden sabor y sustancia, impulso. No se puede expresar mejor, al menos de una forma que conozca o me sirva. El pulso es el presente. Nos desanimamos. Queremos seguir adelante. Es lo único que importa o lo que más nos importa. 

No rompemos la continuidad de lo que ignoramos. Nos permitimos locuras que nos aburren. Somos extraños como siempre. La vibración era la vieja quimera que no pudo olvidarse del todo. Se presentaba fresca, como el primer día. La verdad no es una perspectiva. El miedo es lo que nos desnuda por dentro. Vuelves a ser un niño, pero nadie lo ve mas que tú. 

Dudas del que no puede dudar, pero no le conoces. Sigues sintiéndote solo. Que se rían de tus sentimientos. No pueden verlos. No pueden detenerlos. Ignoras el mundo por despecho, por resentimiento. Aún tienes esperanza, pero a veces te arrepientes. Como si alguna vez hubieses podido elegir. Como si alguna vez no hubieses sido esclavo de ella. Todos somos iguales. 

No olvides todo lo que se te escapa, pero recuerda que no advertiste lo desbordante. Pronto te apartaste de ello, para protegerte. Porque sobreviviste sin pensar, pero ahora dudas de todo. Como si pudieras cambiar la sustancia de las cosas. Actúas como si no vivieras, como si no tuvieras que vivir. Pero aún te duele la existencia. En lo más profundo, grita una desesperación sorda y hueca, pero latente, cálida. Aún se queja de la náusea y el abismo, del vértigo que te mueve. 

sábado, 16 de enero de 2016

Fuga

Querida sociedad global:

Llevo mucho tiempo aguantando, dicen mis sentimientos. Dudo que haya literatura honesta, pero desde luego hay literatura eficaz. La mejor se encuentra en la ocasión y en ningún otro lugar. Hay que saber mirar de un modo especial. Si no, uno corre el riesgo de no ver nada o ver siempre lo mismo, de no leer entre líneas. 

Aguanto, digo, porque padezco el deseo de algo más. Esa incomodidad que todos conocéis tan bien, que todos han conocido y conocerán tan bien, sin poder hacer nada al respecto, más que padecer. Vivir, exactamente. El amor es una explosión creativa ordenada, perfecta, eterna, misteriosa; y nosotros, criaturas de ella, somos ondas expansivas que no la comprendemos ni la podemos controlar. Eso dicen mis sentimientos, aún hoy. 

Encuentra que la moral es la forma de comportarse y que todo son detalles demasiado pequeños para tenerlos en cuenta. No exageres, no abuses y haz lo que quieras. La vulgaridad existe, como el mal, la apariencia, la mentira, la muerte, la angustia. Los sentimientos son reales. Si no tienes suficiente cuidado, confundirás el relleno con el vacío y viceversa. Nadie quiere quemarse, pero todos se consumen, mientras procuran evitarlo con la ternura que les da su desconocimiento, su costumbre a él. 

Otros intentan olvidar. Toman pastillas, tienen conversaciones, ven películas. El rito de nuestra compasión hacia nosotros mismos. De nuestra alienación, nuestra adulación, la que nos deja insatisfechos y frustrados, obsesionados, sedientos. Estupefactos o aterrorizados. Quizá soy demasiado melancólico o dramático. Quizá simplemente lo soy. Golpearía un alma si pudiera, pero me temo que sólo puedo rozarla. Quién lo atraviesa, quién conoce su esencia, sin padecerla? Sólo encuentra el que busca. Has elegido tu propia voluntad?

No echaré de menos esta agitación absurda y cotidiana, si me voy definitivamente. Pero me duele no comprender, dudar todavía hoy, sobre la firmeza de mis sentimientos. Porque, qué sentimiento es firme? Ni el más amargo. Ninguno está solo. Tarde o temprano tenía que contemplar este truco desde el otro lado. Los que no huyen, hacen el mal. 

Pero, quién consigue escapar? Quién se va a otra parte? Está la nostalgia, ante la que todos nos arrodillamos y nos recreamos. Está la vanidad indestructible, el orgullo del mundo perecedero. Porque se levanta y se cae como el sol de todos los días, lejano, ajeno, pero presente. En nuestro caso, todo va por dentro. Hablamos, pensamos y actuamos para nosotros mismos. Es un padecimiento la cooperación forzosa. Quemarse sin darse cuenta es un accidente natural. 

Si consiguiéramos aceptar que no hay mayor carga que el deseo, todas las demás nos parecerían inferiores o inexistentes. Pero esto es pensar demasiado. Como decía, muchos prefieren fingir, dejarse llevar por la corriente. Cada uno intenta defender la mentira como puede y de ahí surge la personalidad, en el camino. Ese desgaste hace a la humanidad misma. El desfile de nuestras huidas y derrotas. Porque puede no haber triunfo, ciertamente. 

Cada una, soportada por un alma, una real. Una carga detrás de otra, lo que pueda soportar. No todo lo ve venir, pero le basta imaginar. Célebre o desconocida, afortunada o desgraciada. La Naturaleza no hace distinciones, en realidad. Todo sigue adelante. Lo perecedero es impulsado por lo imperecedero. La economía mental hace los límites de la imaginación, el motor más poderoso que existe. Y el más pequeño y oculto. 

No tenía nada más que decir, pero he seguido hablando. No limpié mi mancha y vi que era más grande. Volví a sentirme derrotado hoy por mí mismo y la ilusión de la infancia me parece más lejana, ajena a lo que soy en realidad, en lo más profundo. Y pienso, sinceramente, que Dios nos mira y nos cuida a cada uno de una manera especial que no conocemos. 

Y pienso que el cinismo va después del cansancio, la impaciencia y la desesperación. Es decir, de la tiranía. Porque la lucha que es verdadera no termina, si alguien sabe de lo que estoy hablando. Y el que pretenda defender que sus sentimientos le bastan es un sinvergüenza o un presuntuoso. Procurad que no hagan más grande vuestra mancha, vuestra carga, si llega el momento en que parezca insoportable, de verdad.