Las palabras importan. Eso las hace ser como son. Que sepamos diferenciar una silla de una casa. Rara vez es tan sencillo. Actuar bien es más difícil que hablar bien. Pero antes de actuar, nos hemos hablado. En los hombres no hay deseos originales.
Efectivamente te están juzgando las épocas pasadas y futuras. Elige bien tus palabras, a partir de ahora. Conquista el honor que te fue arrebatado. Ahora es tuyo. Defiéndelo con valor. Este momento contiene sentimientos que no se pueden cambiar. Lo que funciona sigue adelante, permanece. No hagas creer. Haz recordar.
La riqueza de un discurso es la selección apropiada de sus palabras. Su medida. Un mal discurso puede arruinar todos los buenos anteriores y un buen discurso puede aliviar una larga decadencia, iluminar la salida, devolver esperanza y aliento, deseo de justicia. Incluso celebración. Si crees que es importante, procura no olvidarlo. Podría serte útil.
Deja espacio para la réplica justa, para el libre pensamiento. Espacio para responder. Para lo ajeno, que también es propio. De mil calumnias, una puede ser amonestación, y sólo esa justifica todas las demás.
Deja espacio para la réplica justa, para el libre pensamiento. Espacio para responder. Para lo ajeno, que también es propio. De mil calumnias, una puede ser amonestación, y sólo esa justifica todas las demás.
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