sábado, 20 de febrero de 2016

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Nuestra respuesta es apasionada. Quejidos de impotencia son nuestros sentimientos. Cuando sabemos que algo seguirá ahí, pase lo que pase, no nos interesa tanto. Nos decimos: demasiado fácil para negarlo. No controlo la seducción. No soy culpable de nada diferente. También estoy atrapado. Necesito que me desconozcan para fingir ser cualquier otro.

No he escapado. Todos vivimos un tiempo. Vivimos como somos. Creo que duraré poco en este escondite. Hay una embestida con mi nombre. La belleza me robará en cualquier momento. Pero yo no sé quién más podía ser. Hay más cosas que no quiero saber que las que sí quiero saber. Me pesan más los juegos de palabras, pero hoy parecen mi única ligereza, mi única falsa salida.

Son notas de tedio. Sé que nos desanimamos y no queremos ver esto. Mi aullido es vulgar, sobre los techos del mundo. Nada es nuestro aquí, porque pasamos desconocidos. Quizá el deleite artístico es el mayor consuelo posible, y la cultura sea nuestra única relación con la naturaleza. Pero sigo siendo desconocido en este día. Los que vengan detrás de mi, también esperarán el último, inseguros.

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