martes, 2 de junio de 2015

Prensa


De vez en cuándo consulto una página con las portadas de todos los periódicos impresos del mundo, por países, kiosko.net. Suelo ver la sección de España, para no sentirme demasiado apartado de la "información" oficial. Con el tiempo, he ido repudiando más esta práctica, porque considero que la credibilidad de nuestros periódicos (y, por extensión, de los demás) es lamentable, frívola, acrítica. Nefasta.

Pondré, como ejemplo, el día de hoy. Consulto los distintos periódicos, cada uno con su inconfundible sesgo político. Se acusa deliberadamente a unos grupos políticos, al tiempo que se ensalza a otros, con pretenciosas insinuaciones. Todo muy profesional. Se ha dejado atrás la guardería y la primaria.

Recuerdo que incluso llegamos a analizar periódicos en clase, durante la carrera. Ahora, me avergüenzo profundamente y me doy cuenta de la inutilidad de esa práctica. Me avergüenza también que estos periódicos, de tirada nacional, sigan siendo vendidos masivamente. Es decir, su credibilidad no es, ciertamente, tan ridícula para la mayoría como una mirada mínimamente crítica (como la mía, por ejemplo) pudiese considerar. No puedo evitar que me venga a la cabeza La rebelión de las masas de Ortega.

Pero esto no termina aquí. Existe también publicidad en las portadas. En esta ocasión, al editor o editores les pareció bien (no sé hasta qué punto forzoso) publicitar algo sobre la erección masculina, un producto que la estimula. Que la corrige. Como lo oyen. En la portada. Una mujer susurraba algo a un hombre que no salía en la foto. Sólo su oreja masculina, firme y vigorosa. La sonrisa de ella era lasciva y producía incomodidad. La foto, como todas las fotos publicitarias, estaba retocada, idealizada, vacía de mundo, de realidad y de sentido. Era completamente inútil.

La vieja idea de que somos, realmente, mucho más manipulados (y manipulables) de lo que nos permite reconocer nuestro orgullo, volvió a aguijonearme. Ahora, parece que llevase ahí una eternidad. Hablo de un periódico impreso. No digamos de la prensa digital, el consumo de entretenimiento (mucho más jugoso y dañino) o la televisión. Me parece dantesco, en el pleno sentido de la palabra.

Diez mil anuncios, recibe un europeo medio al día. Eso nos dijeron en otra clase de la carrera. Diez mil. No me extraña que nuestras paradojas e histerias sean tan extravagantes. Es para enloquecer. No vamos a comprar más porque nos obliguen de esta manera (tan degradante, tan invasiva), pero me temo que no puedo hablar por todos. Ni siquiera por mí mismo, ante tan triste panorama. A saber cuánta mierda indecible hemos tragado y seguimos aquí. Es extraordinario!!

Es como si hubiese estado atrapado, hibernando durante mucho tiempo y, de alguna manera, no sé cómo (no pretendía esto, en realidad) hubiese despertado. Me avergüenzo del pasado que no pude elegir. Prefiero que sea tarde a no haberlo sabido nunca, aunque no pueda cambiarlo. Este mundo esta infestado de profunda inmoralidad, indiferencia y brutalidad.

No es lo que experimento cada día, pero es lo que veo que parece, a donde quiera que mire. Incluso, al cerrar los ojos. Es la constante, la insistente mentira, que lo invade todo por fuera, mecánica y voluptuosa. Destructora, precipitada, desmesurada. Queda mucho de animal en nosotros. Casi todo. Los demonios son fácilmente reconocibles, porque no pueden controlarse. Hay más demonios que ángeles, porque son más necesarios. El individuo quiere ver lo invisible y la sociedad es el resultado. La sociedad es la cuna y la desesperación del individuo. Su reflejo, su rostro amplificado. Pero nadie mece la cuna y no dejamos de llorar hasta que callamos y nos volvemos invisibles.

No hay comentarios:

Publicar un comentario