viernes, 19 de junio de 2015
Queer
He visualizado un pequeño documental que me ha enseñado un amigo. En él, se hace una entrevista a Beatriz Preciado, célebre filósofa y artista de la actualidad entre una minoría más intelectual y sensible. Estoy de acuerdo en casi todo lo que ha dicho. Según pasaba el documental, me iba interesando menos lo que revelaba, su construcción narrativa y mítica de una especie de posmodernidad persistente, con una alargada sombra a las espaldas de su pensamiento que señalan directamente a Freud, Foucault e incluso a Warhol.
Creo que su construcción es excesivamente artística para considerarla tan rigurosa como la de otros filósofos a los que admiro, tanto contemporáneos como clásicos. Con todo, la frescura y valentía de su pensamiento, además de su perspicacia y su eclectismo me han seducido considerablemente. Creo que en mi cultura española no abundan estos personajes y, por desgracia, no son populares ni son imitados, sino más bien aborrecidos, tachados de raros, de freaks.
Precisamente, de esto hablaba la filósofa, aunque fuera, más bien, para hacer una especie de apología narcisista de ellos, incluso sectaria, me atrevería a decir, aunque fuera disimuladamente. En cualquier caso, estas suelen ser las revelaciones que más me interesan.
Me ha gustado mucho la exégesis que ha hecho de la construcción interpersonal de la realidad. Estoy plenamente de acuerdo con ella en que esto obedece a un principio de reafirmación en el grupo y, más concretamente, a ritos de apareamiento y perpetuación, que afectan profundamente a la subjetivación, tanto al concepto de sujeto como al mismo sujeto operante.
Hubiera preferido que apelase más a la historia para explicarlo mejor. Emplea un lenguaje maravilloso, muy elaborado y preciso, sintético. Además, creo que ha sido bastante honesta en sus planteamientos. Se pone en primera persona, tanto en el aspecto intelectual como moral, esto es, tanto en el plano profesional como personal.
Intuyo una influencia mayor de la que ella reconocería de la misma cultura de masas de la que intenta aislarse con sus interpretaciones, a veces, excesivamente psicologistas, para mi gusto. A pesar de ello, creo, como he dicho, que es muy válida y capaz para desmenuzar tradicionalismos y convencionalismos que son, a día de hoy, para cualquier filósofo que se precie, residuales, si se consideran éstos textos dogmáticamente indiscutibles. Pero no del modo racionalista del que presume. Más bien con un estilo new age, progre y que pretende ser contracultural o acultural, pero sólo a nivel estético. Esto es lo que rompe la burbuja.
Esta me parece su aportación más valiosa como pensadora, pero dialecticamente (amén de sus numerosos méritos académicos), exhibe una habilidad y una sutileza que no dejan de cautivarme. Es maravilloso que siga habiendo gente así, aunque sea más difícil de encontrar. Esto lo hace interesante, pero solemos rezagarnos con demasiada facilidad y esto me parece peligroso para la reflexión pura. Se deben superar las ideas con nuevas ideas.
Ha sido grato haber recibido este nuevo contacto e incursión en el pensamiento crítico. En mi opinión, la filosofía no tiene, necesariamente, que ser tan rebuscada y extravagante. Quiero decir que me parece un punto de partida demasiado confuso e, incluso, engañoso. No puedo culpar a la filósofa de esta postura, porque no sé hasta dónde estaría dispuesta a llegar para defender sus postulados. Me limito a la discusión dialéctica en lo que se refiere a la filosofía, pero todos desembocamos en unas predilecciones que nos parecen irresistibles y, me atrevería a decir, éstas son más morales que intelectuales. Más profundas.
Esto lo imagino como una especie de torbellino formado por la costumbre (yo y mi circunstancia), que es poder creciente, increíblemente versátil. Aunque hayan chispas a su alrededor, antes o después, siguen la misma trayectoria que la espiral que los somete, sin pasión, sin más abyección ni repudia, inexorablemente. Sin más ilusión de voluntad.
No soy capaz de imaginar su aplicación (y su devoción) más allá de una vida cotidiana tranquila y cómoda, en pleno centro de la urbe que aborrece como símbolo de la hegemonía masculina e industrial en su filosofía, curiosamente posterior a la sociedad matriarcal, que no menciona, de las primeras culturas. Llueve sobre mojado.
Por otra parte, creo que es muy astuto pacificar esta cuestión con un discurso tan depurado y elegante, en el que se intuyen ideales de pacifismo y ecologismo no menos rousseaunianos de los que desprecia. Es incluso "revolucionario", aunque dudo que tanto como ella y sus seguidores pudieran suponer. Yo diría más bien multitudinario, aunque velado por su intelectualismo, puramente masivo.
Por supuesto, ésta es sólo mi interpretación. Quizá siga sus trabajos esporádicamente en adelante. Todas las aportaciones son buenas, si se saben aprovechar con la diligencia que requieren. Debemos indagar incansablemente entre las ideas extremas. Es todo lo que podemos hacer como pensadores.
http://www.rtve.es/alacarta/videos/pienso-luego-existo/pienso-luego-existo-beatriz-preciado/1986547/
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario