jueves, 4 de junio de 2015
Ácrata
No controlo el cambio. No espero hacer mi biografía como pensaba hacerla hace, tan sólo, unos meses. No sé lo que se me ocurrirá. Uno no puede tener dos veces el mismo pensamiento. La vida es realmente breve para comprender esto lo suficiente. Al menos, eso es lo que creo.
Mis recuerdos se han desmitificado, se han desvirtuado por completo. Es como si se hubiese desintegrado su matriz. Espero recordarlos con nostalgia en el futuro, pero no sé de qué manera. Sólo puedo ser un individuo egoísta, culpable, cómplice. Eso siento en mi conciencia. Somos corruptores, mentirosos, astutos. Imbéciles. Vagos. No puedo verlo de otra manera ni creer otra cosa, por más que me esfuerce. No sé si es mejor decirlo, pero yo lo hago. Todo se disipa tan pronto.
No me gustan las ciudades, ni la gente, ni las cosas que hace la gente. Es muy extraño que valore la sinceridad, porque creo que es muy difícil de encontrar. Con todo, sé que da lo mismo. Se nos escapa el control. Se estropea, en un instante, la farsa, el fingimiento. Decimos una cosa y mostramos otra. Tiene que ser de otra manera. Por eso, insisto, aunque no sepa nada del final ni de las causas fundamentales. Si es que existen. Acepto que sigo pensando.
Todo lo que he dicho antes está casi olvidado y no conozco el futuro de estas palabras. Es más difícil sembrar amor, cuanto más se lo plantea uno mismo, al tiempo que la especulación es el deporte favorito de los científicos, los filósofos y los artistas. Eso pienso. No tengo nada que decir sobre el destino. Si amas algo de verdad, ámalo hasta el final, sea lo que sea.
Siento una indescriptible incomodidad cuando pienso en mi pasado. Como si, realmente, no tuviera que haber existido. Como si hubiese entrado en la existencia de milagro, de chiripa, forzosamente. Si no hubiese nacido, no hubiese podido apreciar la miseria y la compasión humanas, con todos los matices posibles que cabe suponer. No me atrevo a no existir. No sé concebirlo. Sin embargo, no dejo de imaginar cómo sería.
La muerte está llena de posibilidades. La vida es definitiva.
Quería que fuese fácil redactar del tirón los aburridos datos de mi vida, sistematizarlos, despersonalizarme. Aunque sólo fuese por fuera. Soltarlos y quedarme aliviado. No es tan sencillo. Dos y dos no son cuatro. Cuando pienso algo, lo cambio. No sé cómo es posible, pero debe serlo. Antes, cuando era un niño, me bastaba con obedecer o desobedecer.
Ahora, tengo que inventar reglas de las que no estoy tan seguro. Dudo de las sencillas y las complejas, porque no creo que sean diferentes. Ese es mi dilema, pero no es tan importante. Como sé que, en realidad, estas palabras no me pertenecen, cito, heurísticamente, a Eugenio d´Ors, ensayista y dramaturgo español, sobre la autoría: Lo que no es tradición, es plagio; o a Ionesco: Lo que tiene el nombre de alguien, ha sido inventado antes que él.
Estaba equivocado en todo, así que debo seguir equivocado. No creo que la naturaleza pueda cambiar su esencia. Quería vivir, simplemente, y encuentro que es imposible vivir sin implicarse, hasta lo más profundo. Al menos, para mí. Supongo que debe ser, de alguna manera, igual para los demás. Supongo que todos tenemos una misión que no sabemos reconocer. "No tiene sentido" equivale a "No quiero aceptar que debo seguir buscando".
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