lunes, 20 de abril de 2015
Vida automática
Todo sigue igual. Pasan cosas que desconozco. La vida es experiencia. Es difícil llegar a las ilusiones de los demás, más allá de las nuestras. Sigo en mi puesto. Todo fluye sin tiempo, pero pasa, sucede. Estoy aquí, vivo. Cuando creo atrapar la familiaridad de nuevo, se esfuma porque imagino sus límites. En esos momentos, siento un vacío indescriptible, pero luego lo olvido, como si nada. Siempre volvemos a culpar a los demás (y a lo demás) de estos sentimientos que no parecen tener principio ni fin. Mi crítica es la misma. No es nueva. Aún sueño con escribir... Pasa la vida en el tiempo, o al revés.
Me paso el día imaginando cosas, situaciones, personas, lugares, sentimientos. Hay un sentido y nosotros somos una chispa después de él, semiinconsciente, semivacía, potente e impotente. Espero ese cambio que llegue demasiado pronto, pero no puedo imaginarlo, porque lo desconozco. Nos gusta más poner nuestras reglas que someternos a las que hay. Parece paradójico. No sé hasta qué punto la versatilidad humana puede justificar la desvergüenza. Pero todos caemos y nos levantamos. Eso somos. Así somos por dentro.
Por eso inventamos la mentira de una verdad perfecta que sólo vemos nosotros y los demás no comprenden o no quieren aceptar. Porque nos creemos superiores. Es más cómodo. Todas pasan y las olvidamos, aunque nos resistamos a ello. No hace falta decir que es curioso y bello este mecanismo de existencia, tan depurado, tan económico, sencillo, autorregulado. Vuelvo a decir sólo palabras. Es muy difícil decir algo de verdad. Es muy difícil escribir algo que merezca la pena leer.
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