lunes, 27 de abril de 2015
Ómnibus
A veces, dejo de intentar ser una máquina y me conformo con recuerdos y sentimientos. Dejo que me invadan y sé que no es suficiente. No más suficiente de lo que era antes. Hoy siento con tanta claridad que el esfuerzo es una simulación del esfuerzo... Y que la vida es creación y descubrimiento. Que no sabemos prácticamente nada en el fondo de la Cosa. Sólo que algo está ahí. Que se mueve y cambia.
Hoy todo el conocimiento me parece fútil y pasajero. Sombra, repetición de la sombra. Eco. Infinitud. Pero yo sigo aquí, finito y mortal. Humano. Nada de lo humano me es ajeno. Alguna frase retumba. Alguna imagen. Algo de todo. Pero pasa, como lo demás. Llego a un fondo familiar y me levanto de nuevo, con la fuerza del hábito. Exclusiva. Repetitiva. No hay nada más. No voy a fingir. Para qué?
Todos persiguen ese orgullo que les produce orgasmo vano, desvergüenza, vanidad. Como a mí. Quién no la ha padecido? No nos preocupamos de cazar, de sufrir. De ser perseguidos. Pero morimos igual. Los grandes cayeron. Quizá no eran tan grandes. Nosotros también caeremos en la sombra de la danza cósmica. Y estamos aquí ahora, como si nada. Esperando a la muerte, que viene tan callando. Algunos esperamos cantar algo nuevo. Pero todo ya ha sido cantado sobre la finitud. Todas las fibras han sido tocadas. Todas las posturas han sido tomadas.
Y yo escribo sin escribir, una vez más, sin ser un Milton, un Shakespeare, un Chesterton. Porque sólo soy un individuo de esta media era de la nada, de camino hacia la nada, hacia el enmudecimiento total. Porque nos convertimos en masa poco a poco, cada vez más y todo se agota cada vez más rápido. Y la felicidad no es más que una melancolía del pasado, un unicornio perdido, la canción de un niño. Pero todos cantamos y nos debatimos entre la desesperación y el delirio, la risa y el llanto, la ataraxia, la contemplación divina. Lo que queráis. Intentamos no ser sombra entre las sombras.
En mi era, todos somos un subproducto de sentimientos incompletos e imperfectos. Pero es lo único que tengo y lo que conozco. No renunciaría a ello. No dejaría de aferrarme a ello. Soy débil y cobarde. Tan fútil como mis intentos. Uso el viejo truco de autoinculparme. Realmente, culpo a los demás, les juzgo, les desprecio, porque es innato.
Ellos también lo harán, a su nivel. Por qué avergonzarse? por qué no jugar con esta realidad innegable? con estas cartas de póker que nos reparte la providencia o el caos? Qué más da? Son sólo palabras y la vida no es un juego, tal vez el plan de una danza cósmica, infinita, inimaginable. Enmudecedora. Cegadora. Eterno crear y destruir de los tiempos. Nosotros estamos en medio de la simetría imposible.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario