He visto en las noticias que se ha inventado una nueva aplicación para hablar en público con unas gafas Google y combatir, sin esfuerzo, el miedo escénico. Hablar en público. Miedo escénico. Intento resistirme, pero no sirve de nada. Siento algo desagradable en mi interior al respecto. Pienso, involuntariamente "es una mentira. No hay atajos. Nada es fácil". Pienso en la cantidad de gente, acrítica, vehemente, que se lo creerá, como ha querido creerse tantas cosas antes. Perogrulladas, bulos. Estupideces. Estamos dormidos sobre hombros de gigantes. Dormidos o adormecidos. Bostezamos. Pataleamos. Lloriqueamos. Dramatizamos. Nos asombramos con espectáculo de plástico, de cartón, de lo que sea. Con nada más que espectáculo. Es horroroso.
Pienso en la cantidad de incautos e ingenuos que hacen posible que otros se enriquezcan gracias a ellos con el mercado de internet, de las ilusiones materialistas que no son más de lo que parecen. No en este caso, sino más bien todo lo contrario. Pienso lo engañados que viven y lo engañados que se sienten. Pienso en la futilidad de los grandes ideales ante esta cruda e indiferente realidad. No se puede mirar para otro lado. No hay fuga posible. No hay fuga real.
Estagirita, si levantaras la cabeza, verías, probablemente, que muy pocos te han seguido sin pretender obtener fama, gloria, riqueza, poder, influencia social. Vanidad despreciable y entrometida. No persiguen nada, ¡ay! de lo que tú señalabas como valioso. No me siento querido por el Estado. Hoy, el amor de mis seres queridos no me parece tan valioso, porque lo tengo, como ayer o anteayer. Los días pasan y se inventan más comodidades para seguir adormecidos. Para adormecernos más. No puedo ser el único que crea, críticamente, que esta fiebre por el éxito individual está llegando demasiado lejos. Nos estamos infantilizando. Está habiendo un retroceso. No creo en el positivismo. No creo en lo absurdo ni en lo vergonzoso. Es que hemos perdido la cabeza? Qué pretendemos conquistar ahora? Qué más queremos? Qué fronteras nos quedan, que no sean otra farsa imaginada, figurada? Global, local. Glocal.
Esa gentuza desprecia a los que piensan por sí mismos. Se desprecian a sí mismos también. Hablan sin decir nada. Muestran sin mostrar nada. Son una niebla incómoda entre los que queremos ver más allá. Se vuelven una molestia por su torpeza, por ser tan precipitados. No. No puedo creer que sea tan fácil lo que está vacío. Lo que es pura mimética arbitraria, inercial. Inconsciente. Inconsecuente.
No hay physis en ella que me inspire confianza. Si acaso, ese generalizado y creciente sentimiento de incertidumbre y desesperación por el presente y por el futuro, esa corrosiva nostalgia por el pasado que siempre nos vence y nos ridiculiza. Que nos acaba pareciendo insoportable. Así lo veo y lo siento yo. Qué vergüenza de masa. Esta parte de ella escupe a la otra, dominante. No está de acuerdo. Se rebela desde aquí y la desprecia con toda la crítica que es capaz de emular. Esta es mi mímesis, mi physis. Aquí dejo este recordatorio nauseabundo por unos días.
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