sábado, 18 de abril de 2015

Sueños

Si el género humano sobrevive a la barbarie, procedente de las entrañas de su misteriosa y fascinante naturaleza, de la Naturaleza que le ha animado, que no ha podido controlar hasta ahora, que le sobrepasa, que no comprende, sueño que es posible un mundo en el que se reconcilien de nuevo el arte y la ciencia, para que florezcan, sin depender de una imagen falsa, de una falsa impresión, de un precio injusto. Del desprecio de la masa olvidadiza o imperdonablemente ignorante, por perezosa. Ciega. Odiosa. Cómo creer lo contrario? Cómo negar la evidencia más abrumadora?

Sueño que esos positivistas de alma corrosiva y necia dejen de ser, al fin, venerados como dioses vivientes. Porque ellos también morirán. Moriremos todos. Somos mortales. Pienso en el poema de Gilgamesh y su intento de burlar a la muerte y es como si no hubiéramos dado un solo paso. El que diga que la vida ya no es un misterio está en un error. No disfruto de este reto indescriptible. Yo también dramatizo. Es evidente. Sólo quiero ser crítico con nuestra situación. La vida humana es lo más valioso que he conocido.

La delicadeza de un conocimiento nuevo, de un sentimiento sincero, sencillo, pasajero, cotidiano, me hace creer que es suficiente. Llevo mucho tiempo abusando del criterio de autoridad, olvidando que sólo es un recurso retórico. He pasado demasiado tiempo de mi vida buscando la aprobación de los demás, persiguiendo engaños y autoengaños, hasta que me cansaba. Lo olvidaba; volvía a hacerlo. No quiero volver atrás. Ya no. No es lo mismo.

Sí. Soy romántico e ingenuo. No soy Homero, ni  Horacio, ni otro gran poeta del pasado. Sí pertenezco a su raza, a la de todos. No aplaudo la vulgaridad, pero sé que existe. Que abunda. La consiento. Seguiría ahí de todos modos, aunque le hiciera menos caso. Seguirá ahí, cuando me vaya, acaso después de mi intento más trabajoso por dejar el Legado Suficiente. Adecuado. Nuevo. "Inmortal". Pero no seré esa persona. Por qué resistirse? Cómo luchar contra sí mismo en vano? El abismo mira dentro de mí. Siempre ve más profundo y yo estoy en la superficie, como sordo y ciego. Absorto. Miope.

Delicadeza, apreciados compañeros. Pureza, si es que hay alguna. No puedo ser como esos grandes maestros que tanto hicieron. Pero es que es real su aportación. Tan real como yo mismo, escribiendo estas líneas. No soy lo importante. Nunca lo he sido! Ni mis imágenes. Pobres imitaciones de la sombra pasajera. Ya no quiero ser el mismo humanista, ni el mismo vencedor(vendedor) de la farsa (farsante). Desde que hubo sociedad, estuvo plagada de circo. Lo sigue estando. Sólo pasamos por la historia.

Hemos evocado e invocado tanto. Y sin embargo, seguimos pasando hacia lo siguiente. Pasa nuestra página. Quiénes somos para desentrañar lo infinito? lo impensable? Nadie. No lo lograremos. No disfruto con esta afirmación. Mi intención es buena. Habremos de sufrir el exceso de soberbia que pueda destruir nuestra humanidad. Pero nunca ha sido nuestra. Nos hemos acomodado. No somos culpables de lo que hemos recibido. Hemos flaqueado.

Somos menos impetuosos que los grandes del pasado. Seguiremos flaqueando. La última lección está aún lejana. La vida es otra cosa de lo que unos, muchos, quieren que parezca. Mueren, pero otros les siguen detrás con su infame e impertinente mensaje, vacío y dañino. Un vergonzoso ejército de idiotas, que parece irónicamente invencible. Tuvo que haberlo, desde el principio. No. Es otra cosa, pero, al parecer, sólo unos pocos ven otro horizonte entre la monotonía de existir iguales, de que todo sea lo mismo de siempre. Es una frase hecha. Somos lo que somos.

Hoy es tan bello existir, vivir, imaginar la libertad, el tiempo que queda. Pensar en las sensaciones, los placeres tan diversos. Elucubrar, imaginar, descansar. Cansarse. Divertirse, soportando. Qué puede haber más meritorio? Porque la vida es cambio y la muerte no. Eso dicen. Eso parece. Quién sabe más de la vida que otro? Datos. Pero todos morimos; todos vivimos y hay demasiados comentarios. Demasiadas opiniones. Demasiada ceguera. Demasiado de todo, demasiado pronto. Me repito, apoyado débilmente en mis báculos, a la espera de una verdad mayor, tan segura como mi espíritu. Luchamos contra la nada y es una lucha absurda por desconocimiento. Mañana es lo mismo que hoy y que ayer.


No hay comentarios:

Publicar un comentario