miércoles, 29 de abril de 2015
Sobrevalorar elecciones
A mi alrededor, todos y sus detritos pierden color cada vez más rápido. Ya no creo que sea tan diferente. No quiero volver a creerlo. Se caen todos los velos. Están para eso. Algunos fingen muy bien, pero sigue siendo lo mismo. Ni todas las quejas de los hombres cambian lo que es. Cuando pienso de nuevo en la carrera del tiempo y la conciencia, me entra tristeza, porque no le encuentro sentido. No se lo encuentro a ninguna de las carreras. Ad maiorem hominem gloriam.
Siempre la misma mentira. Uno desea inocencia y se encuentra el reto agresivo del mundo. Sin límites. Insaciable. Escóndete. Esconde tu alma. No es fácil vivir bien. Lo dice otro desaprensivo. Creedme. Vivo para desenmascararme y desenmascarar. Nada más. A veces, siento que entiendo a la perfección todo lo que hemos olvidado, lo que hemos debido sufrir, a pesar de nuestro narcisismo y hedonismo. Ese que no elegimos, que nos transmitieron vilmente los inconscientes, los crueles. Los eternos infantes. Y sin embargo, perecen, como las épocas. Todos desean tener respuestas muy rápido e inventan un discurso bajo sus términos, sus condiciones. Pero perecen, como los tiempos.
No he construido una gran catedral, ni he pintado una obra maestra, ni he dado un discurso histórico. El valor se aleja o siempre es el mismo, pero nuestra ceguera no deja de cambiar, de traducirse entre las consciencias posibles. El interior va siendo progresivamente mi única elección deseable y sensata, porque por fuera la necedad, la desesperación, la desverguenza, me queman como un sol negro. Me desgastan y me decepcionan, aunque ya conozca la mentira. Aunque siga sin querer creerla. Pienso en mi vida perdida todos los días.
No es raro que los egipcios pensasen en el sueño de la ultravida en sus tumbas. Cuando uno duerme por la noche o por la tarde y pierde el sentido de la conciencia y del tiempo, se aleja del mundo. Va más allá. Se anula. Es natural. Todo es tan normal que no lo soportamos. Por eso buscamos otra cosa. Prefiero dar este discurso a cualquier otro. Permitidme, hermanos mortales, sobrevalorar lo sublime. No tengo fe en nada que sea perecedero.
lunes, 27 de abril de 2015
Ómnibus
A veces, dejo de intentar ser una máquina y me conformo con recuerdos y sentimientos. Dejo que me invadan y sé que no es suficiente. No más suficiente de lo que era antes. Hoy siento con tanta claridad que el esfuerzo es una simulación del esfuerzo... Y que la vida es creación y descubrimiento. Que no sabemos prácticamente nada en el fondo de la Cosa. Sólo que algo está ahí. Que se mueve y cambia.
Hoy todo el conocimiento me parece fútil y pasajero. Sombra, repetición de la sombra. Eco. Infinitud. Pero yo sigo aquí, finito y mortal. Humano. Nada de lo humano me es ajeno. Alguna frase retumba. Alguna imagen. Algo de todo. Pero pasa, como lo demás. Llego a un fondo familiar y me levanto de nuevo, con la fuerza del hábito. Exclusiva. Repetitiva. No hay nada más. No voy a fingir. Para qué?
Todos persiguen ese orgullo que les produce orgasmo vano, desvergüenza, vanidad. Como a mí. Quién no la ha padecido? No nos preocupamos de cazar, de sufrir. De ser perseguidos. Pero morimos igual. Los grandes cayeron. Quizá no eran tan grandes. Nosotros también caeremos en la sombra de la danza cósmica. Y estamos aquí ahora, como si nada. Esperando a la muerte, que viene tan callando. Algunos esperamos cantar algo nuevo. Pero todo ya ha sido cantado sobre la finitud. Todas las fibras han sido tocadas. Todas las posturas han sido tomadas.
Y yo escribo sin escribir, una vez más, sin ser un Milton, un Shakespeare, un Chesterton. Porque sólo soy un individuo de esta media era de la nada, de camino hacia la nada, hacia el enmudecimiento total. Porque nos convertimos en masa poco a poco, cada vez más y todo se agota cada vez más rápido. Y la felicidad no es más que una melancolía del pasado, un unicornio perdido, la canción de un niño. Pero todos cantamos y nos debatimos entre la desesperación y el delirio, la risa y el llanto, la ataraxia, la contemplación divina. Lo que queráis. Intentamos no ser sombra entre las sombras.
En mi era, todos somos un subproducto de sentimientos incompletos e imperfectos. Pero es lo único que tengo y lo que conozco. No renunciaría a ello. No dejaría de aferrarme a ello. Soy débil y cobarde. Tan fútil como mis intentos. Uso el viejo truco de autoinculparme. Realmente, culpo a los demás, les juzgo, les desprecio, porque es innato.
Ellos también lo harán, a su nivel. Por qué avergonzarse? por qué no jugar con esta realidad innegable? con estas cartas de póker que nos reparte la providencia o el caos? Qué más da? Son sólo palabras y la vida no es un juego, tal vez el plan de una danza cósmica, infinita, inimaginable. Enmudecedora. Cegadora. Eterno crear y destruir de los tiempos. Nosotros estamos en medio de la simetría imposible.
lunes, 20 de abril de 2015
Vida automática
Todo sigue igual. Pasan cosas que desconozco. La vida es experiencia. Es difícil llegar a las ilusiones de los demás, más allá de las nuestras. Sigo en mi puesto. Todo fluye sin tiempo, pero pasa, sucede. Estoy aquí, vivo. Cuando creo atrapar la familiaridad de nuevo, se esfuma porque imagino sus límites. En esos momentos, siento un vacío indescriptible, pero luego lo olvido, como si nada. Siempre volvemos a culpar a los demás (y a lo demás) de estos sentimientos que no parecen tener principio ni fin. Mi crítica es la misma. No es nueva. Aún sueño con escribir... Pasa la vida en el tiempo, o al revés.
Me paso el día imaginando cosas, situaciones, personas, lugares, sentimientos. Hay un sentido y nosotros somos una chispa después de él, semiinconsciente, semivacía, potente e impotente. Espero ese cambio que llegue demasiado pronto, pero no puedo imaginarlo, porque lo desconozco. Nos gusta más poner nuestras reglas que someternos a las que hay. Parece paradójico. No sé hasta qué punto la versatilidad humana puede justificar la desvergüenza. Pero todos caemos y nos levantamos. Eso somos. Así somos por dentro.
Por eso inventamos la mentira de una verdad perfecta que sólo vemos nosotros y los demás no comprenden o no quieren aceptar. Porque nos creemos superiores. Es más cómodo. Todas pasan y las olvidamos, aunque nos resistamos a ello. No hace falta decir que es curioso y bello este mecanismo de existencia, tan depurado, tan económico, sencillo, autorregulado. Vuelvo a decir sólo palabras. Es muy difícil decir algo de verdad. Es muy difícil escribir algo que merezca la pena leer.
domingo, 19 de abril de 2015
Bajar el listón y el telón
Al leer el título de esta entrada, muchos podrán imaginarse de qué me gustaría hablar hoy. Debería reflexionarse más sobre las máximas romanas, otro de esos desesperados y tan humanos intentos de desafiar a la eternidad. Tal vez, si se hiciera, habría menos de esas tenebrosas e hilarantes frases-anuncio en nuestras redes sociales, frases de hombres y mujeres célebres en la Historia que son ninguneados sin compasión ni respeto, ultrajados por el morbo y la estupidez, paradójicamente igual de humanas.
Ya no me siento imprescindible y las veces que creía serlo vivía engañado. Quería seguir engañado, pero fue en vano. Quiero seguir viviendo. Si alguien intenta explicarme qué es la vida, hoy creo que ninguno de los dos quedaría satisfecho. Quién sabe cuántos días más. No soy capaz de imaginar un sentido de la vida que no sea humano, racional y emocional, porque soy humano y limitado. Puedo intentar describirlo. Algo ha dirigido mi corazón y la conciencia no es más que la superficie de ese algo. Hablando tanto, uno se pierde en la abundancia de su inconsciencia, pues la conciencia es, en este sentido, una especie de ilusión, de foco sobre el escenario.
Hoy, mis sueños significan algo muy distinto de lo que me esforzaba en fingir. Hoy, mis fingimientos son otros, porque no termino de desnudar mi alma, a pesar de mis esfuerzos. No podemos cerrar el círculo. Sólo abrirlo más. Crear y descubrir nuevas ideas. Quién sabe cuántos mundos hay, además del nuestro. No siempre es nuestra intención eludir la cuestión de la existencia, del ser. Son palabras las que pretenden ocultar la cosa y, sin embargo, son literalmente barridas por su fuerza, enmudecidas, disueltas...
Porque sólo son palabras y nada más. Lo son también las de este texto hoy, un ejercicio, un ensayo o intento de inspiración. Qué más podría ser? Un juego, otro desafío? otra confesión? Hablaba de que puede parecer irrelevante citar abundancias posibles que nunca conoceremos, en lugar de centrarnos en esta cuestión del imposible, dentro de lo posible. De eso se encarga el arte. De cuestionar. De liberar. Pero yo no pasaría de ser un teórico más si intentase explicarlo. Sí intento expresar algo, pero me quedo en el intento y soy consciente de ello. Casi soy un autómata. Procuro que sea un estilo puro, pero no tengo tanta calidad como escritor ni como teórico. No soy artista, porque intento serlo. Sí me reservo el honor de ser sincero sobre esto. Sólo son palabras.
sábado, 18 de abril de 2015
Hombre presente
El profano ideal pensaría que el hombre actual es eternamente joven, funcional. Guarda sumamente bien las apariencias (cada vez mejor). No puedo ser el único que entreve desesperación en esta tendencia o actitud tendenciosa. Demasiado evidente y fácil la farsa, en este caso. A pesar de todo, no creo que la vida tenga un sentido individual. Sí guardo recelo a ese cinismo y arrogancia que desprende el contexto citado. No permanezco neutral a su ataque, sino crítico. Se acentúa. Mi sensibilidad me daña para avisarme, para obligarme a tomar conciencia, a decidir mi siguiente paso. Es decisivo el pensamiento que elegimos dejar crecer y no cortar.
Sueños
Si el género humano sobrevive a la barbarie, procedente de las entrañas de su misteriosa y fascinante naturaleza, de la Naturaleza que le ha animado, que no ha podido controlar hasta ahora, que le sobrepasa, que no comprende, sueño que es posible un mundo en el que se reconcilien de nuevo el arte y la ciencia, para que florezcan, sin depender de una imagen falsa, de una falsa impresión, de un precio injusto. Del desprecio de la masa olvidadiza o imperdonablemente ignorante, por perezosa. Ciega. Odiosa. Cómo creer lo contrario? Cómo negar la evidencia más abrumadora?
Sueño que esos positivistas de alma corrosiva y necia dejen de ser, al fin, venerados como dioses vivientes. Porque ellos también morirán. Moriremos todos. Somos mortales. Pienso en el poema de Gilgamesh y su intento de burlar a la muerte y es como si no hubiéramos dado un solo paso. El que diga que la vida ya no es un misterio está en un error. No disfruto de este reto indescriptible. Yo también dramatizo. Es evidente. Sólo quiero ser crítico con nuestra situación. La vida humana es lo más valioso que he conocido.
La delicadeza de un conocimiento nuevo, de un sentimiento sincero, sencillo, pasajero, cotidiano, me hace creer que es suficiente. Llevo mucho tiempo abusando del criterio de autoridad, olvidando que sólo es un recurso retórico. He pasado demasiado tiempo de mi vida buscando la aprobación de los demás, persiguiendo engaños y autoengaños, hasta que me cansaba. Lo olvidaba; volvía a hacerlo. No quiero volver atrás. Ya no. No es lo mismo.
Sí. Soy romántico e ingenuo. No soy Homero, ni Horacio, ni otro gran poeta del pasado. Sí pertenezco a su raza, a la de todos. No aplaudo la vulgaridad, pero sé que existe. Que abunda. La consiento. Seguiría ahí de todos modos, aunque le hiciera menos caso. Seguirá ahí, cuando me vaya, acaso después de mi intento más trabajoso por dejar el Legado Suficiente. Adecuado. Nuevo. "Inmortal". Pero no seré esa persona. Por qué resistirse? Cómo luchar contra sí mismo en vano? El abismo mira dentro de mí. Siempre ve más profundo y yo estoy en la superficie, como sordo y ciego. Absorto. Miope.
Delicadeza, apreciados compañeros. Pureza, si es que hay alguna. No puedo ser como esos grandes maestros que tanto hicieron. Pero es que es real su aportación. Tan real como yo mismo, escribiendo estas líneas. No soy lo importante. Nunca lo he sido! Ni mis imágenes. Pobres imitaciones de la sombra pasajera. Ya no quiero ser el mismo humanista, ni el mismo vencedor(vendedor) de la farsa (farsante). Desde que hubo sociedad, estuvo plagada de circo. Lo sigue estando. Sólo pasamos por la historia.
Hemos evocado e invocado tanto. Y sin embargo, seguimos pasando hacia lo siguiente. Pasa nuestra página. Quiénes somos para desentrañar lo infinito? lo impensable? Nadie. No lo lograremos. No disfruto con esta afirmación. Mi intención es buena. Habremos de sufrir el exceso de soberbia que pueda destruir nuestra humanidad. Pero nunca ha sido nuestra. Nos hemos acomodado. No somos culpables de lo que hemos recibido. Hemos flaqueado.
Somos menos impetuosos que los grandes del pasado. Seguiremos flaqueando. La última lección está aún lejana. La vida es otra cosa de lo que unos, muchos, quieren que parezca. Mueren, pero otros les siguen detrás con su infame e impertinente mensaje, vacío y dañino. Un vergonzoso ejército de idiotas, que parece irónicamente invencible. Tuvo que haberlo, desde el principio. No. Es otra cosa, pero, al parecer, sólo unos pocos ven otro horizonte entre la monotonía de existir iguales, de que todo sea lo mismo de siempre. Es una frase hecha. Somos lo que somos.
Hoy es tan bello existir, vivir, imaginar la libertad, el tiempo que queda. Pensar en las sensaciones, los placeres tan diversos. Elucubrar, imaginar, descansar. Cansarse. Divertirse, soportando. Qué puede haber más meritorio? Porque la vida es cambio y la muerte no. Eso dicen. Eso parece. Quién sabe más de la vida que otro? Datos. Pero todos morimos; todos vivimos y hay demasiados comentarios. Demasiadas opiniones. Demasiada ceguera. Demasiado de todo, demasiado pronto. Me repito, apoyado débilmente en mis báculos, a la espera de una verdad mayor, tan segura como mi espíritu. Luchamos contra la nada y es una lucha absurda por desconocimiento. Mañana es lo mismo que hoy y que ayer.
Sueño que esos positivistas de alma corrosiva y necia dejen de ser, al fin, venerados como dioses vivientes. Porque ellos también morirán. Moriremos todos. Somos mortales. Pienso en el poema de Gilgamesh y su intento de burlar a la muerte y es como si no hubiéramos dado un solo paso. El que diga que la vida ya no es un misterio está en un error. No disfruto de este reto indescriptible. Yo también dramatizo. Es evidente. Sólo quiero ser crítico con nuestra situación. La vida humana es lo más valioso que he conocido.
La delicadeza de un conocimiento nuevo, de un sentimiento sincero, sencillo, pasajero, cotidiano, me hace creer que es suficiente. Llevo mucho tiempo abusando del criterio de autoridad, olvidando que sólo es un recurso retórico. He pasado demasiado tiempo de mi vida buscando la aprobación de los demás, persiguiendo engaños y autoengaños, hasta que me cansaba. Lo olvidaba; volvía a hacerlo. No quiero volver atrás. Ya no. No es lo mismo.
Sí. Soy romántico e ingenuo. No soy Homero, ni Horacio, ni otro gran poeta del pasado. Sí pertenezco a su raza, a la de todos. No aplaudo la vulgaridad, pero sé que existe. Que abunda. La consiento. Seguiría ahí de todos modos, aunque le hiciera menos caso. Seguirá ahí, cuando me vaya, acaso después de mi intento más trabajoso por dejar el Legado Suficiente. Adecuado. Nuevo. "Inmortal". Pero no seré esa persona. Por qué resistirse? Cómo luchar contra sí mismo en vano? El abismo mira dentro de mí. Siempre ve más profundo y yo estoy en la superficie, como sordo y ciego. Absorto. Miope.
Delicadeza, apreciados compañeros. Pureza, si es que hay alguna. No puedo ser como esos grandes maestros que tanto hicieron. Pero es que es real su aportación. Tan real como yo mismo, escribiendo estas líneas. No soy lo importante. Nunca lo he sido! Ni mis imágenes. Pobres imitaciones de la sombra pasajera. Ya no quiero ser el mismo humanista, ni el mismo vencedor(vendedor) de la farsa (farsante). Desde que hubo sociedad, estuvo plagada de circo. Lo sigue estando. Sólo pasamos por la historia.
Hemos evocado e invocado tanto. Y sin embargo, seguimos pasando hacia lo siguiente. Pasa nuestra página. Quiénes somos para desentrañar lo infinito? lo impensable? Nadie. No lo lograremos. No disfruto con esta afirmación. Mi intención es buena. Habremos de sufrir el exceso de soberbia que pueda destruir nuestra humanidad. Pero nunca ha sido nuestra. Nos hemos acomodado. No somos culpables de lo que hemos recibido. Hemos flaqueado.
Somos menos impetuosos que los grandes del pasado. Seguiremos flaqueando. La última lección está aún lejana. La vida es otra cosa de lo que unos, muchos, quieren que parezca. Mueren, pero otros les siguen detrás con su infame e impertinente mensaje, vacío y dañino. Un vergonzoso ejército de idiotas, que parece irónicamente invencible. Tuvo que haberlo, desde el principio. No. Es otra cosa, pero, al parecer, sólo unos pocos ven otro horizonte entre la monotonía de existir iguales, de que todo sea lo mismo de siempre. Es una frase hecha. Somos lo que somos.
Hoy es tan bello existir, vivir, imaginar la libertad, el tiempo que queda. Pensar en las sensaciones, los placeres tan diversos. Elucubrar, imaginar, descansar. Cansarse. Divertirse, soportando. Qué puede haber más meritorio? Porque la vida es cambio y la muerte no. Eso dicen. Eso parece. Quién sabe más de la vida que otro? Datos. Pero todos morimos; todos vivimos y hay demasiados comentarios. Demasiadas opiniones. Demasiada ceguera. Demasiado de todo, demasiado pronto. Me repito, apoyado débilmente en mis báculos, a la espera de una verdad mayor, tan segura como mi espíritu. Luchamos contra la nada y es una lucha absurda por desconocimiento. Mañana es lo mismo que hoy y que ayer.
domingo, 12 de abril de 2015
Organon
"Conserva celosamente tu derecho a reflexionar, porque incluso el hecho de pensar erróneamente es mejor que no pensar en absoluto"
Hipatia de Alejandría
Detesto contradecirme. A veces, pienso que el ser, el logos es lo más importante, sea cual sea su naturaleza más profunda. El deber del hombre es ejercer un juicio crítico, porque en ello reside la única y verdadera moral a la que pertenece. No hay, ciertamente, como piensan algunos, una verdad distinta para cada ser humano. Esto es absurdo. No concibo la vida humana si no es bajo este precepto. Mi visión es la siguiente. La revisión histórica bajo un juicio crítico es necesaria. Esto es pura dialéctica. De ahí, deduzco que mis tremendas vacilaciones y mis aproximaciones hacia la certidumbre y la incertidumbre absolutas se deben a este mismo precepto.
Soy infinitamente más perezoso y caprichoso que mis verdaderos maestros. Intento asumir esta falta para corregirla. De aquel postulado, deduzco, asimismo, que las revisiones históricas que se han ido sucediendo (más allá de los sofismas oportunistas del mercado o de los ridículos y perecederos deseos materialistas) han sido cada vez más vertiginosos y más críticos, como en una especie de construcción de la razón. Lo que quiero decir es que la verdad no necesita justificación, pero nos conviene enfrentarnos a ella sin prejuicios.
Por eso, defiendo la verdadera ciencia. Repito, la verdadera, no el cientifismo ni la desesperación velada de algunos pobres hombres llenos de soberbia y de resentimiento; de ahí su celosa acumulación de datos para justificarse. Para justificar el vacío que proponen sus pasiones desbocadas y ciegas. Esto me recuerda a un niño que transita por un laberinto oscuro, que llora y que grita, en lugar de reconocer la practicidad de buscar su sentido, ya que este es, ciertamente, más profundo. La razón es, hasta donde yo sé, la única solución a este problema. Y la verdadera razón no puede estar sustentada en otra cosa que no sea la prudencia. En esta ocasión, no me atrevo a decir que esto sea sencillo.
Hipatia de Alejandría
Detesto contradecirme. A veces, pienso que el ser, el logos es lo más importante, sea cual sea su naturaleza más profunda. El deber del hombre es ejercer un juicio crítico, porque en ello reside la única y verdadera moral a la que pertenece. No hay, ciertamente, como piensan algunos, una verdad distinta para cada ser humano. Esto es absurdo. No concibo la vida humana si no es bajo este precepto. Mi visión es la siguiente. La revisión histórica bajo un juicio crítico es necesaria. Esto es pura dialéctica. De ahí, deduzco que mis tremendas vacilaciones y mis aproximaciones hacia la certidumbre y la incertidumbre absolutas se deben a este mismo precepto.
Soy infinitamente más perezoso y caprichoso que mis verdaderos maestros. Intento asumir esta falta para corregirla. De aquel postulado, deduzco, asimismo, que las revisiones históricas que se han ido sucediendo (más allá de los sofismas oportunistas del mercado o de los ridículos y perecederos deseos materialistas) han sido cada vez más vertiginosos y más críticos, como en una especie de construcción de la razón. Lo que quiero decir es que la verdad no necesita justificación, pero nos conviene enfrentarnos a ella sin prejuicios.
Por eso, defiendo la verdadera ciencia. Repito, la verdadera, no el cientifismo ni la desesperación velada de algunos pobres hombres llenos de soberbia y de resentimiento; de ahí su celosa acumulación de datos para justificarse. Para justificar el vacío que proponen sus pasiones desbocadas y ciegas. Esto me recuerda a un niño que transita por un laberinto oscuro, que llora y que grita, en lugar de reconocer la practicidad de buscar su sentido, ya que este es, ciertamente, más profundo. La razón es, hasta donde yo sé, la única solución a este problema. Y la verdadera razón no puede estar sustentada en otra cosa que no sea la prudencia. En esta ocasión, no me atrevo a decir que esto sea sencillo.
martes, 7 de abril de 2015
Con calzo
He visto en las noticias que se ha inventado una nueva aplicación para hablar en público con unas gafas Google y combatir, sin esfuerzo, el miedo escénico. Hablar en público. Miedo escénico. Intento resistirme, pero no sirve de nada. Siento algo desagradable en mi interior al respecto. Pienso, involuntariamente "es una mentira. No hay atajos. Nada es fácil". Pienso en la cantidad de gente, acrítica, vehemente, que se lo creerá, como ha querido creerse tantas cosas antes. Perogrulladas, bulos. Estupideces. Estamos dormidos sobre hombros de gigantes. Dormidos o adormecidos. Bostezamos. Pataleamos. Lloriqueamos. Dramatizamos. Nos asombramos con espectáculo de plástico, de cartón, de lo que sea. Con nada más que espectáculo. Es horroroso.
Pienso en la cantidad de incautos e ingenuos que hacen posible que otros se enriquezcan gracias a ellos con el mercado de internet, de las ilusiones materialistas que no son más de lo que parecen. No en este caso, sino más bien todo lo contrario. Pienso lo engañados que viven y lo engañados que se sienten. Pienso en la futilidad de los grandes ideales ante esta cruda e indiferente realidad. No se puede mirar para otro lado. No hay fuga posible. No hay fuga real.
Estagirita, si levantaras la cabeza, verías, probablemente, que muy pocos te han seguido sin pretender obtener fama, gloria, riqueza, poder, influencia social. Vanidad despreciable y entrometida. No persiguen nada, ¡ay! de lo que tú señalabas como valioso. No me siento querido por el Estado. Hoy, el amor de mis seres queridos no me parece tan valioso, porque lo tengo, como ayer o anteayer. Los días pasan y se inventan más comodidades para seguir adormecidos. Para adormecernos más. No puedo ser el único que crea, críticamente, que esta fiebre por el éxito individual está llegando demasiado lejos. Nos estamos infantilizando. Está habiendo un retroceso. No creo en el positivismo. No creo en lo absurdo ni en lo vergonzoso. Es que hemos perdido la cabeza? Qué pretendemos conquistar ahora? Qué más queremos? Qué fronteras nos quedan, que no sean otra farsa imaginada, figurada? Global, local. Glocal.
Esa gentuza desprecia a los que piensan por sí mismos. Se desprecian a sí mismos también. Hablan sin decir nada. Muestran sin mostrar nada. Son una niebla incómoda entre los que queremos ver más allá. Se vuelven una molestia por su torpeza, por ser tan precipitados. No. No puedo creer que sea tan fácil lo que está vacío. Lo que es pura mimética arbitraria, inercial. Inconsciente. Inconsecuente.
No hay physis en ella que me inspire confianza. Si acaso, ese generalizado y creciente sentimiento de incertidumbre y desesperación por el presente y por el futuro, esa corrosiva nostalgia por el pasado que siempre nos vence y nos ridiculiza. Que nos acaba pareciendo insoportable. Así lo veo y lo siento yo. Qué vergüenza de masa. Esta parte de ella escupe a la otra, dominante. No está de acuerdo. Se rebela desde aquí y la desprecia con toda la crítica que es capaz de emular. Esta es mi mímesis, mi physis. Aquí dejo este recordatorio nauseabundo por unos días.
Pienso en la cantidad de incautos e ingenuos que hacen posible que otros se enriquezcan gracias a ellos con el mercado de internet, de las ilusiones materialistas que no son más de lo que parecen. No en este caso, sino más bien todo lo contrario. Pienso lo engañados que viven y lo engañados que se sienten. Pienso en la futilidad de los grandes ideales ante esta cruda e indiferente realidad. No se puede mirar para otro lado. No hay fuga posible. No hay fuga real.
Estagirita, si levantaras la cabeza, verías, probablemente, que muy pocos te han seguido sin pretender obtener fama, gloria, riqueza, poder, influencia social. Vanidad despreciable y entrometida. No persiguen nada, ¡ay! de lo que tú señalabas como valioso. No me siento querido por el Estado. Hoy, el amor de mis seres queridos no me parece tan valioso, porque lo tengo, como ayer o anteayer. Los días pasan y se inventan más comodidades para seguir adormecidos. Para adormecernos más. No puedo ser el único que crea, críticamente, que esta fiebre por el éxito individual está llegando demasiado lejos. Nos estamos infantilizando. Está habiendo un retroceso. No creo en el positivismo. No creo en lo absurdo ni en lo vergonzoso. Es que hemos perdido la cabeza? Qué pretendemos conquistar ahora? Qué más queremos? Qué fronteras nos quedan, que no sean otra farsa imaginada, figurada? Global, local. Glocal.
Esa gentuza desprecia a los que piensan por sí mismos. Se desprecian a sí mismos también. Hablan sin decir nada. Muestran sin mostrar nada. Son una niebla incómoda entre los que queremos ver más allá. Se vuelven una molestia por su torpeza, por ser tan precipitados. No. No puedo creer que sea tan fácil lo que está vacío. Lo que es pura mimética arbitraria, inercial. Inconsciente. Inconsecuente.
No hay physis en ella que me inspire confianza. Si acaso, ese generalizado y creciente sentimiento de incertidumbre y desesperación por el presente y por el futuro, esa corrosiva nostalgia por el pasado que siempre nos vence y nos ridiculiza. Que nos acaba pareciendo insoportable. Así lo veo y lo siento yo. Qué vergüenza de masa. Esta parte de ella escupe a la otra, dominante. No está de acuerdo. Se rebela desde aquí y la desprecia con toda la crítica que es capaz de emular. Esta es mi mímesis, mi physis. Aquí dejo este recordatorio nauseabundo por unos días.
lunes, 6 de abril de 2015
Otredad
Soy el primer impostor. Yo y nadie más. Nadie está por encima de mí en esto. Es mi único y verdadero honor. En todo lo demás pueden superarme. No quiero que me crean si no es por una buena razón. Es demasiado fácil mentir, ser malentendido. Manipular. Hacer el mal. Creo que es posible combatirlo. Creo que no es tan difícil.
Siguen abundando por todas partes espejismos malditos y vacíos. Excesos innecesarios. Exageraciones. Delirios. Ocultan lo más natural para fingir lo antinatural. Para venderlo. Cuándo acabará esta era de falsedad? No quiero que me someta esa fuerza negativa. No soy capaz de verlo de otra manera. No soy capaz de permanecer indiferente a la mentira, a lo insustancial. Sé que me he repetido mucho y me disculpo. Esto me parece importante.
No he tenido el valor ni el poder de imitar mejor a mis ídolos. Han cambiado. No creo que las cosas vuelvan a ser como antes para mí. No sé lo que pasará a partir de ahora. Todo ha terminado. Ahora, en mi cabeza, todo se reconfigura de nuevo. No estoy mal. Todas las amenazas están exageradas.
Sé que es una monstruosidad y ya no puedo mirar para otro lado. No hay otro lado. Pienso en este momento y en nada más. En los que pensaban como yo antes de estar aquí, de sentir de esta manera. Todo está lleno de algo más profundo.
Diurno
Quiero decir que siento, con más claridad que nunca, la futilidad de este momento, de mis pensamientos, de mis acciones, de mis sentimientos, de mis recuerdos. No culpo a nada ni a nadie. No elegí esta lucha contra el tiempo. Este misterio infinitamente cotidiano. Sólo me queda la diversión como redención. La diversión y el olvido de esta verdad, que se hace más profunda a cada paso, más real cuanto más se desgasta. No me queda más remedio que aceptarlo y someterme. Así, y sólo así, me libero, vuelvo a la vida.
No creo que nadie termine de aceptarlo. Cómo imaginar esa capacidad? Con qué compararlo? Seguimos caminos que completan realidades que jamás conoceremos. Somos demasiado pequeños y breves. Pero la vida es insípida e irreal sin aceptar el reto, sin afrontar el verdadero conflicto de existir. Pensar lo impensable. Creer lo increíble. Hacer lo irrealizable.
Pasa otro día más. Todos seguimos con nuestra rutina. Le buscamos una justificación que nos sirva de momento. Procuramos no ser demasiado creativos para que no se rompa la cuerda. Para no caer al vacío. Tenemos miedo y no queremos darnos cuenta. Miedo a lo que somos y a nada más. Todo podría ser más fácil y no lo es. No lo asumimos. La cosa es vulgar y está sola. La ameba. El átomo. La energía indescriptiblemente obscura.
Yo quería, con todas mis fuerzas, que la vida fuera otra cosa. Un cuento singular. Un canto ideal. Quién puede saberlo. No termina aquí. Cómo iba a terminar en mi insignificante opinión? Era mucho más que la opinión de un ignorante. Todos nos precipitamos. Todos sucumbimos al exceso de nuestra inocencia. Así debe ser, y recorremos caminos inescrutables.
Nuestra rutina cambia sin que nos demos cuenta. No elegimos los cambios. Los aceptamos porque no nos queda más remedio. Escondemos torpemente nuestra impotencia, nuestras carencias. Siempre es impredecible la forma, la sensación. Sólo estamos aquí. Todo lo demás pasa y no es tan importante. Ahora, nos hipnotizamos mutuamente porque somos empáticos. Llegamos a un sentimiento puro, al poder, pero luego no sabemos qué hacer con él y todo se desmanda de nuevo. La vida se desvive. Se desordena. Así, se vuelve algo más grande. Quiero creer que más valioso. Nadie tiene el control. La vida sigue adelante.
Jugamos y todos los juegos son insustanciales y cansan. Luego, buscamos algo más y volvemos al principio. Economía de la información, del esfuerzo, de los sentimientos. No me canso de repetir lo mismo. No intentaré que sea importante lo que no lo es; menos aún fingirlo. Pero sí procuraré esforzarme por demostrar lo que sí lo es. Qué otra vida puede ser más digna que esa?
Cantos de inocencia, siglos después. Vendrán otros. Cantarán lo mismo. Seguirá habiendo una ignorancia infinita de la que surgirá lo nuevo creado, por los siglos de los siglos. Y nosotros ya no estaremos. Sólo otras formas, otros estados de la cosa. Todo son explosiones aisladas que se alejan y que siempre revelan algo nuevo, que contienen mucho más. Pero yo me entrego y me rindo. No sé qué más hacer para ser otra cosa. Para ser lo que soy. Para ser lo imposible.
miércoles, 1 de abril de 2015
El hombre-sistema
El hombre-sistema tiene que esforzarse por sentir compasión o gratitud. Se ha olvidado por completo de que fue un niño. El hombre-sistema busca excusas constantemente para sentirse superior a los demás. Le repugna verse como algo insuficiente, dependiente, conectado con el resto vulgar. Nunca tiene suficiente. Parece que busca sentirse infeliz en lugar de feliz. Se ha olvidado de su sencillez primigenia, de su inocencia.
El hombre-sistema nunca pide perdón sinceramente. Es vanidoso, egoísta, aunque pretenda parecer lo contrario. Nunca acepta la muerte, el fin de las cosas. Ama el consumo y la abundancia superficial, la gloria y el favor de los demás, a los que, como he dicho, considera inferiores. Por lo general, la inmensa mayoría de los hombres-sistema se consideran fracasados, porque no llegan a las altas expectativas (cada vez más altas y febriles) de su padre, el Sistema.
El hombre-sistema renuncia a su miedo y a su humanidad para entregarse al mecanicismo y al devenir absurdo de las circunstancias. Sin planes que sean suyos, sin inquietudes que sean suyas. Sólo las del sistema. Para él, su vida ha sido un artificio forzado, no elegido. Ha sobrevivido por accidente. El mundo le parece una tragedia muda de infinitas formas, como al señor Bateman de American Psycho, y todas las venganzas que se aplicasen sobre él no serían suficientes, porque sólo producirían una sed más seca y lacerante.
El hombre-sistema arrastra sus ideas grises y escleróticas, que defiende con orgullo infantil, que oculta con una amalgama de argumentos manidos e inconsistentes, incoherentes, ridículos, en una palabra. Olvida su fragilidad, su humanidad, lo único que es, por la posibilidad fantástica de ser otra cosa, otro ser superior.
Esta visión le encandila y le produce más dolor que placer, pero él no quiere aceptarlo. El hombre-sistema es un hombre-máquina y cree que su espíritu es una especie de fantasma en su cerebro, de fantasma en una máquina. Una molestia incómoda, ya que las cuestiones del espíritu deben ser, ciertamente, más complejas que las del cuerpo. No me gustan los dualismos platónicos. Prefiero el avance implacable hacia una crítica más justa y sincera.
El hombre-máquina espera que milagrosamente algún día las cosas sean diferentes, se alineen los planetas y favorezcan a sus deseos, a sus vicios, a su arrogancia. Cree que vale la pena negar toda creencia, categóricamente. Que será diferente si así lo hace. Diferente a todos los demás, vivos y muertos. Diferente a la Naturaleza. Está en contra de lo que es y no quiere saberlo. El hombre-sistema es el fin de sí mismo, el ahogo de sí mismo. La deuda de sí mismo. La sed de sí mismo.
El hombre-sistema, como cualquier hijo malagradecido, echa la culpa de su desgracia al sistema, pero no se atreve a descubrir por sí mismo la naturaleza de su condición, más allá de las convenciones cómodas de su pensamiento perezoso, de sus imágenes mentales, espejismos, mezclas extrañas y superficiales. El hombre-sistema renuncia a comprender el sentido al que pertenece, porque necesita creer (o eso piensa) que debe ser diferente, una especie de antítesis, de antihéroe, de contradicción. Pero el espíritu es más fuerte y echa por tierra estos vanos intentos de trascender a lo intrascendente. No es lo mismo negación que lucha dialéctica. No debe confundirse.
Se reduce, tarde o temprano, a las angustias y la impotencia de un ser, ni superior ni inferior, un ser que se niega a sí mismo, que se sufre o se disfruta a sí mismo, que se experimenta, de manera finita, como una constante absoluta expresada entre un alfa y un omega. El hombre-sistema actúa como si fuese eterno, piensa como si fuese eterno, vive como si fuese eterno. En la eternidad pretende encontrar la respuesta a lo que le repugna de la eternidad. La salvación. La redención. Qué viejo me suena esto. Qué repetido. Quizá haya más designios para los seres que los que los seres pueden comprender en su corta e inimaginablemente superficial existencia transitoria. Si es que se puede llamar así, para nosotros.
El mismo canto
Coleccionar días felices es una buena manera de vivir. Me encuentro bien, como ayer. Es una suerte haber sobrevivido hasta ahora, estar sano, a salvo, ser joven, fuerte, haber acumulado conocimiento, tener gente que me quiera, sueños,ganas de hacer las cosas mejor, entusiasmo, imaginación, agilidad. Todo está bien. Siempre ha estado bien. Reconstruyo mi vida en imágenes y sensaciones, pero no es suficiente. Me he desengañado tantas veces. Pero sigue habiendo esperanza en mí. No me he rendido. La vida me empuja hacia delante. Yo soy la vida. Soy ese empuje. Sé que esos recuerdos ya han pasado.
Ahora está pasando. Este momento. He pensado tanto en la vida y la muerte. En las palabras, en los límites. He pensado en muchas cosas. Sigo creyendo que lo he visto todo, pero sigo seguro de que me sorprenderé. Este desengaño es un engaño.
La vida es mucho más. Muestra poco a poco la armonía indescriptible que sólo se puede sentir de manera
individual y completa. Cómo describir aquí la suerte que imagino, la que quiero alcanzar, la que me hace soñar? Nunca sabré si hubo alguien más feliz que yo. Quizá no. Me han dejado vivir y hacer mi vida. No he
terminado.
He tenido mucho miedo, pero ya ha pasado. Sólo ha sido una ilusión. Ya no existe esa mentira para mí. Soy el resto que queda, hermoso, elegante. Soy bello en silencio. El secreto total y perfecto. Volveré a sentirme libre algún día. Este sueño es real. Vivo en sueños. No me he rendido en el engaño. No oculto nada.
Mi vida es maravillosa. Es mucho más. No necesito nada más. Quiero estar preparado para irme, amando
con todas mis fuerzas cada detalle. Esa es mi religión, mi devoción a Dios. Hay demasiadas palabras, contradicciones, luchas absurdas.
Pero yo sé que todo eso callará. Estamos bien. Qué fácil era en el fondo amar y ser amado. Hemos sido muy tontos. Somos muy tontos. Todo irá bien, pase lo que pase. No importa lo que crea aceptar. Sólo importa lo que hay, lo que es. No soy tan sabio. No importa. Seguiré sacando la basura. Nunca he estado mejor.
Quiero ser así, mostrarme así, no ocultar nada, no aprovecharme de nadie, no mentir a nadie. Ser bueno.
Hacer buena a la gente. Hacer el bien. Perdonar el mal, alejarme de él. Quiero seguir así. Este es el camino.
No he encontrado ninguno mejor. Cada vez estoy más convencido.
No era tan difícil. Cada vez será más fácil cumplir con mi deber. Servir a los demás. Ser feliz. Disfrutar de la vida. Cuidarme. Amar mucho.Agradecer.Celebrar. Aprovechar. Aceptar la vida. Dar lo mejor de mí mismo. Siento la paz del vacío. Puedo sentirla. Es lo más real. Lo único real.
Quiero vencer el ego y los deseos mundanos, pasajeros, porque sé que soy más fuerte que ellos. Los consumiré armoniosamente, con estilo, con toda mi pasión humana. Con mi mente y mi cuerpo. Pondré amor en ello. Cuanto más dé, más recibiré. Da igual lo que digan, da igual el miedo. De nuestros actos, sólo importa realmente la sencillez. La sinceridad. Nada más. Estoy feliz de haber pasado por todo esto. La vida es mucho más sencilla de lo que queremos hacer creer. Todos lo sabemos.
Ni siquiera el más tonto duda de esto. Nunca ha habido otro camino para mí que este, en el que me sienta tan libre, tan yo mismo, conectado al mundo, útil. Qué más podría desear que no fuera este momento, aquí y ahora? Qué más, que no sea una mentira arbitraria, una ficción azarosa? Eso han sido la inmensa mayoría de mis pensamientos. Ahora lo sé.
Han pasado volando. Quiero esta vida. Soy afortunado. No cambiaría esta por ninguna otra. Sería un loco si lo hiciera. Prefiero lo que conozco, lo que me domina. Donde me siento cómodo. Todo llegará. Estando bien, todo llega con más armonía y belleza. No quiero dejar de maravillarme con todo lo que hay. Lo único que hay. Esta es mi experiencia.
No tengo que fingir ni forzar nada. No soy tan brillante. Soy valioso. Soy delicado, especial. Breve. Dan igual mis caprichos, mi desconocimiento. He nacido. La vida me ha llevado hasta aquí. Es mejor seguir esta música, este ritmo ligero y evanescente. Vale la pena. No he encontrado otro que lo supere. Está en todas partes para quien se fija bien, para quien quiere encontrarlo.
Soy uno y nada más es como yo. Me río de los cínicos y de los pesimistas. No ocultan su miedo, su humanidad, como pretenden, sino que los acentúan, cándidamente. Es realmente interesante cuánto se puede aprender de ellos. De veras. Me río de todos ellos y evito con todas mis fuerzas cometer esas torpes bajezas en contra del sentido de la vida en el que creo. El más sencillo de todos. El más fuerte. Reconozco que alguna se me escapa.
Nadie en el mundo es más rico que yo ni conoce como yo mi tesoro. Nadie puede estimarlo como yo.
Nada es yo mismo sino yo. Mi personalidad es única, mi sensibilidad, mis deseos, todo lo que conforma mi
vida.
Nunca me he sentido tan libre, tan amable, tan dispuesto a creer y aceptar este momento como un todo único. Ni uno solo de los testimonios del mundo, ni todos juntos han conseguido detenerme ni borrarme. Sólo me han hecho más fuerte. La luz de mi mente sigue brillando. Sigo aquí, escribiendo estas palabras.
Estaré preparado y no lo sabré, como lo estoy ahora. La vida es perfecta, porque es. No hace falta decir nada. No importa decir o no decir nada. Yo prefiero decir esto. Prefiero decir la verdad. Estoy orgulloso de lo que otros llaman mi locura. Para mí, ellos son los locos, los insensatos.
Otros me han allanado el terreno. Sólo estoy maravillado, siguiendo sus pasos y comprobando que funciona. Que tenían razón, que era lo correcto y no otra cosa. Termino mi reflexión de hoy deseando paz y amor a todos los seres, como a mí mismo. Hágase la voluntad de la Naturaleza y no la mía. Eso es todo y lo demás no importa demasiado. Sean felices. Gracias.
Ahora está pasando. Este momento. He pensado tanto en la vida y la muerte. En las palabras, en los límites. He pensado en muchas cosas. Sigo creyendo que lo he visto todo, pero sigo seguro de que me sorprenderé. Este desengaño es un engaño.
La vida es mucho más. Muestra poco a poco la armonía indescriptible que sólo se puede sentir de manera
individual y completa. Cómo describir aquí la suerte que imagino, la que quiero alcanzar, la que me hace soñar? Nunca sabré si hubo alguien más feliz que yo. Quizá no. Me han dejado vivir y hacer mi vida. No he
terminado.
He tenido mucho miedo, pero ya ha pasado. Sólo ha sido una ilusión. Ya no existe esa mentira para mí. Soy el resto que queda, hermoso, elegante. Soy bello en silencio. El secreto total y perfecto. Volveré a sentirme libre algún día. Este sueño es real. Vivo en sueños. No me he rendido en el engaño. No oculto nada.
Mi vida es maravillosa. Es mucho más. No necesito nada más. Quiero estar preparado para irme, amando
con todas mis fuerzas cada detalle. Esa es mi religión, mi devoción a Dios. Hay demasiadas palabras, contradicciones, luchas absurdas.
Pero yo sé que todo eso callará. Estamos bien. Qué fácil era en el fondo amar y ser amado. Hemos sido muy tontos. Somos muy tontos. Todo irá bien, pase lo que pase. No importa lo que crea aceptar. Sólo importa lo que hay, lo que es. No soy tan sabio. No importa. Seguiré sacando la basura. Nunca he estado mejor.
Quiero ser así, mostrarme así, no ocultar nada, no aprovecharme de nadie, no mentir a nadie. Ser bueno.
Hacer buena a la gente. Hacer el bien. Perdonar el mal, alejarme de él. Quiero seguir así. Este es el camino.
No he encontrado ninguno mejor. Cada vez estoy más convencido.
No era tan difícil. Cada vez será más fácil cumplir con mi deber. Servir a los demás. Ser feliz. Disfrutar de la vida. Cuidarme. Amar mucho.Agradecer.Celebrar. Aprovechar. Aceptar la vida. Dar lo mejor de mí mismo. Siento la paz del vacío. Puedo sentirla. Es lo más real. Lo único real.
Quiero vencer el ego y los deseos mundanos, pasajeros, porque sé que soy más fuerte que ellos. Los consumiré armoniosamente, con estilo, con toda mi pasión humana. Con mi mente y mi cuerpo. Pondré amor en ello. Cuanto más dé, más recibiré. Da igual lo que digan, da igual el miedo. De nuestros actos, sólo importa realmente la sencillez. La sinceridad. Nada más. Estoy feliz de haber pasado por todo esto. La vida es mucho más sencilla de lo que queremos hacer creer. Todos lo sabemos.
Ni siquiera el más tonto duda de esto. Nunca ha habido otro camino para mí que este, en el que me sienta tan libre, tan yo mismo, conectado al mundo, útil. Qué más podría desear que no fuera este momento, aquí y ahora? Qué más, que no sea una mentira arbitraria, una ficción azarosa? Eso han sido la inmensa mayoría de mis pensamientos. Ahora lo sé.
Han pasado volando. Quiero esta vida. Soy afortunado. No cambiaría esta por ninguna otra. Sería un loco si lo hiciera. Prefiero lo que conozco, lo que me domina. Donde me siento cómodo. Todo llegará. Estando bien, todo llega con más armonía y belleza. No quiero dejar de maravillarme con todo lo que hay. Lo único que hay. Esta es mi experiencia.
No tengo que fingir ni forzar nada. No soy tan brillante. Soy valioso. Soy delicado, especial. Breve. Dan igual mis caprichos, mi desconocimiento. He nacido. La vida me ha llevado hasta aquí. Es mejor seguir esta música, este ritmo ligero y evanescente. Vale la pena. No he encontrado otro que lo supere. Está en todas partes para quien se fija bien, para quien quiere encontrarlo.
Soy uno y nada más es como yo. Me río de los cínicos y de los pesimistas. No ocultan su miedo, su humanidad, como pretenden, sino que los acentúan, cándidamente. Es realmente interesante cuánto se puede aprender de ellos. De veras. Me río de todos ellos y evito con todas mis fuerzas cometer esas torpes bajezas en contra del sentido de la vida en el que creo. El más sencillo de todos. El más fuerte. Reconozco que alguna se me escapa.
Nadie en el mundo es más rico que yo ni conoce como yo mi tesoro. Nadie puede estimarlo como yo.
Nada es yo mismo sino yo. Mi personalidad es única, mi sensibilidad, mis deseos, todo lo que conforma mi
vida.
Nunca me he sentido tan libre, tan amable, tan dispuesto a creer y aceptar este momento como un todo único. Ni uno solo de los testimonios del mundo, ni todos juntos han conseguido detenerme ni borrarme. Sólo me han hecho más fuerte. La luz de mi mente sigue brillando. Sigo aquí, escribiendo estas palabras.
Estaré preparado y no lo sabré, como lo estoy ahora. La vida es perfecta, porque es. No hace falta decir nada. No importa decir o no decir nada. Yo prefiero decir esto. Prefiero decir la verdad. Estoy orgulloso de lo que otros llaman mi locura. Para mí, ellos son los locos, los insensatos.
Otros me han allanado el terreno. Sólo estoy maravillado, siguiendo sus pasos y comprobando que funciona. Que tenían razón, que era lo correcto y no otra cosa. Termino mi reflexión de hoy deseando paz y amor a todos los seres, como a mí mismo. Hágase la voluntad de la Naturaleza y no la mía. Eso es todo y lo demás no importa demasiado. Sean felices. Gracias.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)