sábado, 21 de marzo de 2015

Tema 2: Deseos transitorios


La pasión engaña y la razón no lo muestra todo. Sugiere. Cuestiona. No puedo creer que el tiempo sea tan importante como el uso que se hace de él. Gran parte de la filosofía me parece ahora un malabarismo prescindible, un juego perverso que puede tender a la inhumanidad si es malinterpretada. Este podría ser un tema complejo en el que tal vez, aún sea pronto para ahondar, del mismo modo que pienso que la psicología no es más que un glosario formal de la sabiduría popular, por decirlo así.

Deben conocerse bien los deseos. Me inquieta la idea de no saber lo que sentiré, pero no hasta el extremo de perder la sensatez natural. La inmensa mayoría de los deseos parten de premisas absurdas o de desconocimiento. El miedo, por ejemplo, no existe más que como idea, como posibilidad. Sin embargo, puede llegar a preocuparnos hasta el extremo de sufrir trastornos psicosomáticos o cosas peores.

Por tanto, me parece que una parte restringida de la filosofía afronta de un modo más técnico y modesto aquello para lo que fue concebida: para comprender y para ser aplicada al estilo de vida. No hay filosofía que valga si no puede ser adquirida de un modo natural y cotidiano. A este respecto, debo aclarar que no entiendo filosofía como esa concepción histórico-cultural que la hace verse tan limitada en su contexto, tan alejada de lo humano. La filosofía está viva. La razón y la pasión la avivan constantemente. Es un modo por el que llegar a nuestros deseos más profundos. Saber y aplicar. Respeto el conocimiento en todas sus formas, si es verdadero. No quiero estar nunca en su contra. No sería sensato ni práctico. Quizá me exceda en esta devoción hacia el concepto. Intentaré permanecer abierto a los cambios que se sucedan, pero sucederán de todos modos. Es una cuestión psicológica.

La perspectiva se ha transformado profundamente. Existe el cambio. Tal vez, lo que pueda considerar más misterioso para mí es todo aquello que soy que aún no he experimentado. Si pienso mi vida en conceptos limitados de información, una inquietud salvaje busca expandirse, perderse. Es difícil de explicar. Por eso, nunca quedo satisfecho cuando he intentado volver al principio. En realidad, no sé muy  bien lo que estoy haciendo, pero estoy de acuerdo con este intento. Es como si se hiciese solo, prácticamente. Como si fuese libre.

No intervengo como antes. Es distinto. Sólo intervengo como espectador, pero intento ser un espectador responsable y asumir mi conciencia, al menos, la que creo tener ahora. El tiempo pasa. Curioso es el misterio que no termina y siempre cambia de forma, que es el sentido de sí mismo, que queda por encima y por debajo de todas las interpretaciones limitadas y pasajeras. Esto es filosofía. Tengo una concepción de filosofía casi religiosa. Así la entiendo, porque la experimento. Es real y yo apenas la recibo de paso. Me regocijo y sigo siendo eso que cambia. La cosa. La matriz de la cosa. Ese estado intermedio, que es finito e infinito al mismo tiempo, pero siempre natural.

Quería hablar de unas cosas y me he ido por las ramas hablando de otras. Ya habrá más ocasiones de seguir filosofando. Siempre hay filosofía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario