jueves, 19 de marzo de 2015
Crítica social y cultural
Vamos allá de nuevo.
Un día más en el mundo.Nunca se ha vivido mejor en la historia de la humanidad de lo que se vive ahora. La masa es tonta desde que existe la civilización. Quiere creer ilusiones, negar que lo son, respuestas fáciles, cómodas, milagrosas. Se aburren y ni siquiera les preocupa el porqué. La masa está impulsada por seres seminconscientes, violentos y alienados de lo que les produce. Muchos se han preocupado de esto antes que yo. No puedo abstraerme de esta preocupación. Nunca lo he visto todo tan claro como lo veo ahora. Decidimos, pero de repente, volvemos a la niebla, nos sumimos en esa masa informe.
Somos masa para otros. Si pudiera explicar con más detalle lo que siento al respecto del desprecio de los seres humanos hacia sí mismos, todo lo que son, algo completo, bello, noble. No. No es así. Yo también estoy atrapado en una ilusión. Vuelvo a perderme en la masa. Todo es más desordenado que antes, porque es más ordenado. Antes, todo impactaba por ser lo primero. Ahora, hay demasiado de todo. La rapidez engaña. Veo que esta cultura de masas estaba basada en nuestra neurosis, en nada más. Que esta cultura está agotada y sigue existiendo como un monstruo insustancial.
Odio la imagen con todas mis ganas, porque siento que ya no significa nada. Todos nos hemos vuelto unos iconoclastas insoportables. Nos hemos vuelto nadie, de repente. Estamos atrapados. No hay salida. Uno inventa una excusa que le vale por un tiempo, una defensa, hasta que ésta pierde su fuerza, su valor. Luego vienen los lamentos, la incertidumbre y vuelta a empezar. Maquinismo, mecanicismo, automatismo. Todo a la vez. Y no queremos nada realmente, porque no sabemos lo que queremos.
Todos quieren respuestas, pero ni siquiera se escuchan lo suficiente a sí mismos. La masa, la masa, la masa. Siempre en mi cabeza, destrozando mis sueños, mis ilusiones. Pero yo debo vivir de ilusiones. No sólo de pan vive el hombre. Esto me parece una locura. Sólo quería decir que pagamos lo que hacemos y nada más, que luego nuestra queja se vuelve algo indigno, porque se deforma, se empequeñece, pierde completamente su sustancia real. Envilece al hombre, lo vuelve más despreciativo, más estúpido y más neurótico. Masa, masa, masa. Maldita masa. Qué puedo hacer para destruirte? Por qué tiene que parecer todo mi enemigo? De dónde vengo si no es de esta masa informe con alma racional? Velocidad, movimiento.
Qué gran mentira. Mañana, volverán a llenarse los periódicos, las redes sociales, las televisiones, las bocas de la gente, sus cerebros, de imágenes sobre sexo, violencia, apoteosis, horror, placer, dolores imposibles. Masa, masa, maldita masa!! No lo soporto. Me obliga a caer sobre ella. Me infecta con su virus. Cómo defenderme de lo insustancial? Debo formar parte de esta ignominia? No puedo creer esta mentira. Todos tiramos nuestra vida a la basura por miedo a una mejor. Nada podemos hacer, sino vivir con miedo. Me aparto de esta exhausta sociedad que no viaja a ninguna parte. Nunca lo ha hecho. No sabemos vivir. Debo guardarme la filosofía para los extraños como yo.
Esta masa odia pensar, odia cambiar. Odia ser lo que es. Cómo odio a la masa. Sé lo que pasará. Pasará lo que pasa siempre. Un día tras otro, llega la misma verdad, disfrazada de mentira. Llegamos cada uno de nosotros, con nuestra apariencia miserable, con nuestras pretensiones, con nuestro orgullo y nuestra crueldad. Llegamos todos, con nuestra sed de venganza hacia la masa. Todos la tenemos, pero todos somos masa. Nadie se libra. La moralidad recibe un ataque tras otro y es la única estructura de este leviatán. Somos corazones. No somos monstruos sin alma. No somos productos. Dudamos de lo que es indudable porque nos han engañado. Nos han engañado aquellos que no quisieron pensar más. Su detritus ha llegado hasta nosotros. Tenemos que pensar por nosotros mismos si no queremos recibir pasivamente los monstruos del sueño de la razón de otros. Pero tiene que suceder. La sabiduría sólo se alcanza a través del sufrimiento. Nada hay más real, si es que no es lo único, que el amor que se da o se recibe.
Me rebelo contra la ignorancia que pudre nuestro espíritu, contra la que no todos luchan por igual. Anhelo con vehemencia esos espíritus nobles del pasado que ahora me inspiran y me hacen mantener la esperanza en un mundo imposible. Un mundo en el que todos podamos ser mejores sin tanto miedo a la comparación, a la apariencia, sin toda la obsesión y paranoia que desprende sobre nosotros, que nos atrapa y nos somete, que nos sacude.
No estoy loco. No lo estoy. Estoy harto. Vivo en contra de lo que es malo. Es malo para todos. Cada día estoy más convencido de que esta vida sólo puede vivirse en el silencio intransmisible del ser. Lo demás es una ficción deformada, apenas unas chispas del gran fuego que cada uno tiene en su interior. Eso es lo que pienso. Que la mentira es el precio que los justos pagan soportando y que procede de los injustos. No puedo creer que el mundo es ese sistema de usar y tirar, fácil de asimilar, en el que las ideas ya no valen lo mismo que antes, porque hay demasiadas, porque hay demasiado de todo y todo llega demasiado pronto. No. No quiero creer en un mundo así. Me niego.
Seguiré protestando contra esta pantomima infantil y hedonista que nos indigna, que nos seduce y aplasta nuestro espíritu. No lo engrandece. Lo atormenta, lo hace sufrir, aunque al principio parezca el sueño más plácido. Sé lo que digo. Me da igual que no me crean. No enloqueceré. Defenderé lo que me parece más valioso: la verdad. Mi fuerza, mi amor, mi sangre, servirán a los que luchen contra esta anticreación que nos rodea y nos amenaza constantemente.
Hay esperanza. Sólo hay esperanza en nuestro interior. De ahí viene la inocencia, la pureza. Qué asqueado estoy ya de consumir basura para el alma. Hay obras fabulosas del ingenio humano a nuestra disposición, y lo más difícil de todo es aprovecharlas, compartirlas, lejos del mundanal ruido y de nuestro orgullo narcisista. Pasa algo si no somos nadie? Sé que no tenemos que vivir enfermos. La búsqueda es difícil, pero es necesaria. Hay que salir de la caverna. De lo contrario, seguiremos sufriendo la contaminación de lo mejor de nosotros. Quizá sea inútil. No lo sé todo. Tengo que creer en esto. No quiero rendirme ni dejar esta lucha, pero sé que cambiaré de un modo que no puedo predecir. Sé que tengo que rendirme para comprender de otra manera lo que no puedo cambiar.
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