viernes, 20 de marzo de 2015

Crítica a la imagen


No hay imagen sin contenido, desde Aristóteles a la Semiótica del siglo XIX. El Ser eterno de Demócrito. La moral de Spinoza. No voy a ocultar aquí mi desprecio a la imagen colosal. Sólo ha cambiado la imagen, la apariencia. Es una ilusión tan evidente que me ofende la duda sobre ella, tan en derredor, exasperante. Es como si no acabase. Como si no pudiera acabar. Nadie sabía que iba a ser así. Simplemente, sucedió. Cómo evitar lo desconocido? Pero lo desconocido suele ser lo que se ha conocido. Natura non facit saltus.

La única imagen en la que creo es en la imagen sincera, transparente. Hablo de imágenes y sé que son inevitables. Que no siempre vi las cosas así y que siempre es difícil llegar a una verdad más profunda. No creo en ninguna verdad que no sea cotidiana, que esté separada de lo cotidiano. Nada más impensable. Aquella fe en la imagen evocada se ha derrumbado estrepitosamente. De repente, todo me parece increíblemente pequeño, pasajero, olvidable, poco interesante, salvo el interior. La verdad está en el interior. Luchamos contra lo de fuera, no contra lo de dentro. Y lo único que lucha es el interior. Pero siempre es interior. Nunca es imagen. La imagen es el final, no el principio. Es engañosa. Cambia sin alma, sin ritmo. Sólo nosotros vemos mientras vivimos. Sentimos. Pasamos.

Nada hay que pueda respetar ahora más que los sentimientos sinceros. Todo es herencia. Aún creo en la elegancia de los que se fueron buscando una verdad más convincente. Yo me iré y estaré a la misma distancia, sin recorrer un paso. Es una quimera. La vida es ahora y vivimos, aunque luchemos por no aceptar la vida. Es bellamente delirante. Superfluo e incuestionable.

Criticaba la imagen porque satura mi rutina como un niño inquieto y torpe que destroza las sutilezas de la obra de los adultos. Destruye y no sabe que destruye. Qué curioso me parece esto. Dónde está el valor? En lo que es práctico por un tiempo?

La imagen se ha vuelto un incordio, una violación de la economía del pensamiento y del sentimiento. Ha mancillado todos mis recuerdos, toda mi inocencia. Le ha robado el sentido que pensé que sería inamovible, eterno. No hay sentido eterno. No puedo expresar aquí todo lo que me hace sentir saberme limitado, olvidarme. Hacer sin hacer. Intentar hacer. Qué extraño es todo. Nadie sabe a lo que se acerca, por muy claro que lo vea. De repente, ha cambiado. Ya no es lo mismo.

Somos tan familiares que nos rendimos y triunfamos al mismo tiempo. Solía saber cosas. Ahora, todo lo que sé, se basa en lo que no sé. No me atrevo a escribirlo aquí, por pura vergüenza. Por pudor. Es cada uno el que debe encontrar su camino. No hay fórmulas mágicas. Todo lo que vemos es una superficie precipitada. Un intento incompleto que no termina. Todo se va mezclando y nadie sabe cuándo ni cómo llegará el estado de equilibrio. Nadie sabe cómo se salva cada segundo. Todo es mentira. Da igual lo que se pretenda decir. Seguimos pensando, escribiendo, hablando. Sentimos como si algo dependiese de ello.

Qué extraño es todo. Tan evidente, tan estático. La imagen es una prisión imposible. Una aberración de la naturaleza. Habrá muchas otras. No puedo luchar por un valor en el que no creo. Mi camino se ha alejado de este. Ya no le encuentro más sentido que el de descubrir su inutilidad. Me elevo y veo más lejos. Todo está más alejado. La ficción de la lucha de contrarios ha terminado por desanimarme.

Nadie sabe lo que viene después. Mañana. Cuando sea. No puedo explicar el cambio. No puedo explicar el misterio, ni explicar nada. Me sentiría un inmoral. Se acabó la mímesis. Se acabaron los fanatismos, las exageraciones, los extremos a la deriva. Todo se ha acabado. Hay que seguir adelante en busca de una nueva ilusión. Hay que olvidar que es una ilusión. Quién sabe todo lo que había. Era mucho más, como lo es ahora. Quién sabe.

Lo único que hace el espíritu es buscar. No puede cansarse de buscar. Ahí queda. Cada uno es su camino. No he escrito nada. Vuelvo a empezar. Todo es lo mismo.

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