"Lo único que quieres es expresarte, que te escuchen".
Pensaba que no sería tan desagradable, tan ofensivo, vivir en una sociedad en la que flota
sólo la mierda, lo inmaduro y precipitado, lo vulgar, la farsa exhibicionista. Estoy harto de esta sociedad. Imagino que siempre ha debido ser así, aunque los ideales cambien, que algunos nos horrorizamos por dudar de lo más evidente. La mayoría parece conspirar, parece ignorar lo que deliberadamente saben que es perecedero, absurdo, sobrevalorado. Lo harán por miedo? Por pereza? Por maldad?
No quiero aislarme de la gente, pero estoy cansado de este lugar, de los individuos que veo,
tan perdidos, enfadados, tan desordenados. No alcanzo a comprender cómo parece que yo, un pobre ser como ellos, he podido ver lo que ellos desconocen o detestan. No se dan cuenta, acaso, de que es lo que descuidan aquello que produce su desgracia? No se dan cuenta, acaso, de que la dramatización es totalmente innecesaria y vana? Me hacen daño con su falta de sutileza, de autoanálisis. Creo que si yo estoy comprometido a hacerlo, ellos también. No puedo creer en una libertad o felicidad que se base en la mentira, en una burda imposición que viene de fuera. Quizá muchos sólo quieran ser aceptados. No tiene nada de malo, siempre que esta elección se haya madurado mínimamente. Todos nos equivocamos, pero, por qué hacerlo a drede? Por qué desperdiciar la vida, tirar la toalla de esta manera? Por qué elegir ser masa con tan poca pasión?
Haber idealizado la figura del ser humano me ha hecho darme cuenta, una y otra vez, de que su misterio es
incomprensiblemente versátil. Les comparo directamente conmigo y no dejo de dudar de sus motivaciones, de sus verdaderas intenciones. No dejo de intentar comprender por qué se hacen tanto daño a sí mismos y a los demás, un daño silencioso, caótico, casi indiferente o amoral. Es una monstruosidad para mí.
Cada día estoy amargamente más convencido de que no puedo cambiar a los que deciden ser menos valiosos para los demás. Suelen ser los que se preocupan de las apariencias, más que de ninguna otra cosa. Cómo aguantan? Creo que me resultaría angustioso y estresante mantener un ritmo al que no pertenezco. No quiero dar ese ejemplo. No entiendo que pueda darse con esa ligereza tan despótica, tan anodina. Es incomprensible para mí. Destruye la ilusión, en mi cabeza, de que podemos ser mejores. Me engaña, me pone a prueba. Es como si no hubiera avanzado un paso, en esos casos. Como si estuviera atrapado en un mundo al que no pertenezco. Veo que no son los modelos que me inspiraban los que ahora me inspiran. Si yo he cambiado, por qué ellos no? Por qué siento que es inútil escribir aquí mi decepción hacia ellos?
Me distancio cada vez más y más. Estoy orgulloso de la firmeza que ya me parece factible en mi mente, pero no sé lo que pasará. Nunca lo sé. Ahora, hago las mismas cosas, y encuentro que echo de menos ese júbilo de la compañía de otros, sin analizarlos con esta exhaustividad, que se ha vuelto cada vez más específica, más clara. Este no es mi sitio. He dejado de pertenecer aquí, muy pronto. Cuando muera, seguirá habiendo conversaciones absurdas, casi vacías, seguirá habiendo desverguenza, como dice aquella canción de Stevie Wonder. Sólo para los ojos que no pueden ver.
Algunos dirían, si no pueden es porque no quieren. Quién sabe las respuestas definitivas. El hecho es que el espectáculo humano varía ante mis ojos porque soy limitado, porque no veo y siento todo a la vez. No hago más que desahogarme y especular. Ya no deseo lo mismo. A veces, sólo deseo escapar. A veces, siento que sólo puedo enfrentarme a lo incomprensible con lo comprensible, mi única arma. Pero no lo elijo todo. Elijo lo que me viene dado. Es eso elegir? Y luego están esas ideas-límite. El dolor, la muerte. Esos límites en los que podría, idealmente, situar lo que soy. Pero nunca es suficiente.
Siempre se desvanece este esquema. Me escapo, se olvida. Luego, vuelta a empezar. Las mismas frustraciones; los mismos miedos. La gente no quiere entender más que lo que le conviene. Raro es aquel que sinceramente siente pura curiosidad, deseo de ser lo más coherente y responsable posible. No. Es más fácil rendirse para casi todos. No puedo creerme una excepción. Sólo purgo aquí el exceso de mis culpas, como un vaso que derrama su contenido al no poder contener más.
El autoengaño siempre es malo. En otra época, hubiera hablado más románticamente. Se cayó aquel velo.
Mis ojos no ven lo mismo ahora. No ven lo que podían ver antes. No puedo cerrar los ojos.
Vivir es tener los ojos abiertos. Se ven cosas más hermosas, cosas grotescas. Siempre están pasando cosas. Somos pequeños y breves. Todo pasa muy rápido y nada se puede atrapar por mucho tiempo. Mi ofensa es increíblemente insignificante. Pero es real. No me gusta ver que otros desperdician lo que a mí me ha costado tanto conseguir. No me parece bien. No lo comprendo. No puedo dejar de odiarlo. Mi odio aumenta. Mi compasión es demasiado lenta. A veces, encuentro, por fin, consuelo y regocijo en las cosas tal y como son. A veces, por fin, renuncio a cambiarlas. Es una dulce resignación que pronto vuelve a esfumarse. Parece que tuviéramos que afanarnos en lo imposible, contra nuestra voluntad, forzosamente.
No puede ser tan fácil el misterio. Cual es el siguiente paso? Quizá, lo que realmente me molesta, es sentirme tan perdido a pesar de estos conocimientos que parecen tan seguros y profundos. Las cosas se ven distintas en el tiempo y soy un hombre joven. No esperaba sentir esta incertidumbre tan grande. Sólo esto podía humanizarme. Sabía que quería crecer, progresar, pero no sabía que sería tan difícil. Lo que me servía antes, lo que me permitía apartarme de la lucha, ha desaparecido. No puedo huir de mí mismo. No puedo pretender ser lo que no soy, sin sentirme un falso, sin generarme más miedo. El reto está cada vez más claro. No hay término medio. Uno puede seguir su corazón o puede ignorarlo y autodestruirse. Siento reducirlo a esa fórmula afectiva tan simple. No sé qué más podría decir al respecto. Todos elegimos. No me atrevería a escribirlo si no lo creyera realmente. Tiene que haber una respuesta en cada uno de nosotros, más allá de las apariencias decepcionantes. Quedan obsoletas porque nuestra pasión cambia de forma. Es cada vez más difícil luchar para que tenga sentido. Intento hacer mi parte. De veras lo intento. Es realmente difícil. Todo estaba escrito antes de mí. Esto lo hago para curarme. Tiene que haber alguna manera.
Hoy, condeno con todo mi desprecio el detritus que nos rodea a todos. Nuestra cultura no es verdadera cultura. Es una degradación, una abominación del intelecto y de la razón. Es, simplemente, mierda, en una palabra. No encuentro en ella más que sordidez y estupidez, falta de verguenza, el precio de una libertad muy valiosa, que se consiguió a través de dramas históricos extraordinarios, por causas extraordinarias y que hoy se mancillan, se violan descaradamente. Se desperdician. Muchos, si no todos, sabemos esto y hacemos como si nos diera igual. Como si no hubiera solución. Es que va a ser siempre así? Acaso las almas más sensibles tendremos que soportar esta carga insustancial antes de elevarnos o perecer? Tiene que ser realmente así y no hay solución?
Invoco a los que son como yo, a los que no quieren un mundo así. Sé que estoy exagerando. Que hay mucho más de cerca, pero no puedo evitarlo. Esta apariencia es arrolladora y constante. Es un desgaste para el espíritu. Es un ataque directo a la armonía interior. Por qué hemos de ser así? Qué es tan agresivo en nosotros sino nuestra falta de comprensión de nosotros mismos, de entrega, de autosacrificio? Acaso estos valores ya no han de significan nada hoy en día? Debemos rendirnos, tarde o temprano?
No puedo creer esto. Me niego. Debo pensar que la mayoría decide no luchar, luchar sin verdadera pasión, erróneamente. Debo pensar que los valores se descubren a través del exceso y que este proceso es lento y dramático, que nunca es adecuado al principio. Perecerán y su sacrificio habrá servido de disuasión a los que vengan detrás. Tiene que haber una alternativa a esta contrautopía materialista y mecanicista del eres-así-o no.eres-nadie. No puedo creer en otra cosa que en esto con más fuerza. Es una trampa, una mentira, tan evidente que no deja de asombrarme y horrorizarme que muchos se dejen engañar.
Creo que nunca entenderé cómo la mayoría se conforma con tan poco, pudiendo tenerlo todo, lo que verdaderamente importa. El amor de los demás, el placer de la virtud, el merecido descanso, la felicidad. Son cosas que sitúo a una distancia muy superior de lo que, sin ninguna duda, está avocado al fracaso y la destrucción más penosa. No puedo creer que esté equivocado.
Esta virulencia me ha sobrevenido. Es una virulencia espiritual. Ella me obliga a ver lo que no quiero ver: que las cosas no son como yo quería que fuesen. Quería que los demás demostrasen respeto a las artes y las ciencias, devoción, entrega, modestia. Encuentro que la mayoría decide someterse a vicios y apariencias que ni siquiera saben, ni se preguntan, de donde les vienen. Será del interior. Conócete a ti mismo. Pero hablo de la nada. Cada uno intenta contruir su realidad y las losas le acaban pisando los pies. Puede enfadarse uno con una losa?
Solía creer que había descubierto la felicidad última porque era sencillo. Pretendía serlo. Nunca he sido tan sencillo. Veo y atiendo a aquello más desagradable porque no lo comprendo. Lo sublime me conmueve, pero lo absurdo me escandaliza. Esta pasión es un don y una maldición, dulce y amarga. Es indivisible. Estoy condenado a ser libre a raíz de lo que no puedo cambiar. Sí, debo construir mi realidad, pero el único modo en que considero que puedo hacerlo sin perjudicarme extremamente es con coherencia, con verdadera voluntad. No puedo entender que nos precipitemos desesperadamente por falta de introspección. Qué horroriza tanto a las gentes de su propio pensamiento? Es que no termino de comprenderlo.
Había psicología antes de que se llamara como tal. El sentido común siempre ha existido, desde que somos hombres. Es que hace falta ser tan brillante para descubrir y aceptar lo más obvio? Me parece una locura.
Es que acaso el hombre prefiere enfrentarse a la Naturaleza por su ignorancia y nada más? Esto me parece trágico. Más de quinientos años han pasado, más de mil, y sin embargo, esas mismas gentes de las que formo parte, cometen errores movidos por las mismas pasiones. Errores que inspiran y que decepcionan. Errores que son enterrados por las épocas, sepultados por el tiempo implacable. El mundo y la vida son bromas constantes, infinitas. No importa las perspectivas que uno haya conseguido atrapar o soportar. Hay un largo camino en todas direcciones. No importa lo que se prefiera, sólo hasta dónde podemos ver.
Si yo pudiera compartir aquí lo que he sentido, lo que he podido aprender, tal vez pudiera ahorrarle a algunos esa desagradable sensación de impotencia que todos sufrimos alguna vez ante nuestros complejos sentimientos. Pero las vidas se viven por separado. Nos separan mares de incertidumbre y debemos luchar en solitario. Por eso la vida parece una guerra perdida por fuera. No hemos visto la lucha de los demás en su mera apariencia. Sólo vemos los restos. Están de paso. No estarán ahí siempre. Cambiarán. La voluntad es lo más misterioso de todo. Si uno comprendiera esto, el tiempo sería tan paradójico que probablemente no existiría.
Realmente, es un desafío existir sin poder comprender más allá de las apariencias de lo inamovible. Los que amamos la filosofía, sabemos que el camino no puede terminar. Debe ser recorrido. El pensamiento es creador y descubridor. Es la duda, la contradicción, lo que nos mueve a ser lo que somos, a convertirnos en ello. Por eso, al verme en medio del determinismo mecanicista que me viene impuesto del exterior me rebelo, exigiendo mi propia humanidad. La naturaleza comparte información consigo misma y nosotros somos la duda que palpita, el fuego que crepita antes de apagarse, por caminos inescrutables. Somos las ondas que retumban a través del tiempo y el silencio, lo más extraño de todo.
No terminan lo comprensible y lo incomprensible, porque algo sigue adelante entre ellos. Una broma del Ser. Qué más podría ser? No sabía que debía ser esto ahora, en este momento. Tengo que intentarlo. No puedo conformarme. No puedo quedarme quieto. Lanzo mi alarido con esperanza. He destruido parte de este demonio, por un tiempo. La lucha continúa. La muerte acalla todos los males. Es de esas cosas que no necesitan creerse. La suerte no existe. Sólo nuestras obras, profundamente humanas. Todo se acaba y empieza a la vez. Rareza dentro de otra. Así sucesivamente. Todo hasta este momento. Y la vida continúa. Eso es todo.