Me enseñaste cosas que nadie me había enseñado antes. Me demostraste lo que estaba apunto de descubrir. Me abriste la puerta. Me sentí desolado e inquieto por lo que encontré. No soy como tú. No por ahora. Sin embargo, a veces dudo. A veces, dudo mucho. Tú estás maldito y yo bordeo el abismo. La vida sigue igual que siempre y no llega nada nuevo. No dejo de imaginar cómo sería. Un golpe del destino, de la fatalidad. De cualquier violencia externa. Pero no pasa y las cosas siguen igual. Parece que tenemos que relajarnos por obligación. Cumpliré mi rutina, religiosamente. ¿Acaso he tenido elección alguna vez, elección más allá de los impulsos o de lo desconocido?
Quizá era mentira, pero sentía, con mucha intensidad, una magia indescriptible. Me sentía dichoso, marcado por un destino superior. Ahora, me voy haciendo más pequeño entre la gente, tan pequeños como yo. Igual de pasajeros. Soy uno más. En eso, aspiro que haya algo de especialidad. Aspiro a recuperar el trono que perdí, que me arrebató el tiempo, el todo. Era feliz, aunque tuve momentos de tristeza. Recorría y descubría sin cansarme. Aún no estoy cansado, pero veo que se repite la canción, la misma melodía. Seré yo, pero ya nada me sorprende como antes. Estoy tan inmerso en la sociedad que ya no reacciono.
Busco encajar como los demás, ser alguien, y para eso, me despersonalizo. Absurdo. Pero me lo tomo con suma tranquilidad. Paso a paso, uno detrás de otro. La emoción es una trampa. Vivo por si estoy equivocado, por miedo a dejar lo que aún quedaba por conocerse. Miento, aunque no quiera mentir. Realmente, es agobiante. Todo es a la vez y nuestra mirada sólo atrapa un detalle nuevo. ¿Quién me va a hacer caso? Lloriqueos. La moral es fácil, si no se trastoca demasiado. Todos hacemos algo único y buscamos hacer lo mismo, por miedo a que no sea suficientemente especial. Sólo hay extremos en apariencia. Somos tan ignorantes.
Me enseñaste que la madurez debe ocultarse para no ser destruida. Mancillada, atacada. Sufriste y te olvidaste del mundo. Te vengaste lo mejor que pudiste y sigues igual. Todos nos hacemos esclavos de nuestra comodidad. Poco a poco, tarda, pero se acaba apoderando de todo. Estamos condenados a elegir, a elegirla a ella. Tenemos que ser nosotros mismos y no hay salida. Eso es la libertad. Aunque seas tan diferente a mí, aprendo de ti, te escucho, porque tu arte me hace reflexionar, me parece extraño y bello. Así somos por dentro.
No muchos consiguen sacar algo como eso del interior y por eso tiene mérito. No abro ni cierro este texto. Escribo de pasada, por encima, como un ave que sobrevuela una explanada irregular y seca, accidentada, llena de huecos, de grietas. Mis alas cambian, como el mundo. Tiene que parecer lo mismo. Así funciona. Callo mis palabras, para no estropear este momento. He intentado intervenir lo indispensable. Siento que siempre fallo en esto. Quizá algún día consiga sorprenderme y encontrarme sereno o satisfecho al respecto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario