Queridos hijos bastardos de la Historia. Sé cómo os sentís. Os sentís impotentes ante la gran mentira. La mentira indecible, inclasificable, salvajemente frívola y escurridiza, que envuelve toda verdad. Os sentís desaprovechados y solos. Incomprendidos. Os sentís iracundos ante la insolencia de los otros, siempre inferiores y sordos, repetitivos. Os sentís decepcionados por el curso del mundo, absurdo, lento y desesperante. Os sentís desolados por la sombra de la muerte sobre nuestras cabezas, en cada idea, en cada momento, escondida tras las falsas apariencias. Yo os comprendo porque también me siento así. A veces me olvido, pero no tardo en recaer sobre este tormento que es la vida sincera y sencilla, la que se complica sobre sí misma. Mentiría si dijera que no busco una salida, una solución fácil, pero no creo que la haya.
He perdido esa fe y ahora creo en otra, pero no puedo vivir sin fe. Siempre creo en otra. Siempre está por venir una mejor. Una que promete arrasar todo lo anterior y cambiar el modo en que lo conocemos. Busco otra forma de experimentar. Somos genuinos en nuestra ignorancia y sus destrezas más acrobáticas.
Todo parece cada vez más cíclico y me pregunto qué significan hoy palabras como libertad, celebridad, genialidad, honor. Será que me estoy engañando o equivocando. Que no he vivido lo suficiente aún. Que no me he enfrentado a la vida real. Pero, yo me pregunto ¿qué es la vida real? ¿aquella que es tan difícil tener? ¿que no dejamos de idealizar, de exagerar, de construir con la imaginación, con los deseos desbocados?.
Yo no sé separar la razón del sentimiento porque pienso que son la misma cosa. Tengo una identidad que es misteriosa y no sé cómo aceptarla, pero no quiero renunciar a seguir buscando la forma. Sé que vosotros también me comprendéis a mí, que tal vez juntos podamos encontrar un camino nuevo y salir de esta espiral de soledad y desgaste viciado. Sé que, en vuestro corazón, aún queda esperanza por seguir adelante en busca de un nuevo sol. Uno que ilumine lo que los anteriores no pudieron. Que deslumbre, que derrita todo lo que es fláccido y perecedero. Que absorba y atraviese. Que revele, por fin, lo mejor que hay en nosotros y que nos vuelva a nosotros también, un nuevo sol. Habla mi corazón.
Es otra canción desesperada que viene de la monotonía que intenta disiparse, cambiarse, corregir su rumbo. Pero ¿hacia dónde?. Un sabio dijo "se hace camino al andar", pero nosotros sabemos que hay mucho más. Que toda teoría se queda corta ante el poder de la experiencia, del momento único presente, de la promesa ciega del momento siguiente. Dadme esperanza. Compartámosla, en esta noche especial. Es una noche más. No sabemos todo lo que está pasando. Todo es demasiado para nosotros, seres pequeños y efímeros.
Compartamos lo poco que tenemos como si fuera lo único. No podemos dejar que gane el miedo, porque el miedo sólo está en la cabeza. Es una ilusión. Otra mentira. La más profunda y extensa de todas. Somos demasiado breves y delicados. No dejemos que lo único verdaderamente puro se pierda.
Intentémoslo, sólo una vez. La vida es un momento. Puede que no haya otro. Quiero hacer pensar porque solo siento que los pensamientos me ahogan. Si los comparto, tal vez me sienta menos perdido. Siempre me consuela rebajar el drama de la existencia con palabras de agradecimiento, de sinceridad brutal y de piedad hacia mí mismo. Amo la vida con cada fibra de mi cuerpo y sólo soy un atisbo de conciencia en él. No creáis en mí. Creed en vosotros mismos.
Yo no soy nadie. Nadie es nada. Compartidlo todo y no penséis en el mañana, porque mañana no existe. Hoy lo es todo. No hago esto por vosotros, sino por mí. Para convencerme de lo que no sé. No se puede planear todo en un día, en un momento, en un texto. Cada cosa es pequeña y suma, aporta, contribuye. Luego pasa, sin más. Resuena la innombrable e inmensa repetición. Nosotros nos quedamos en el mismo sitio. Pensamientos parecidos, gente parecida.
Todo cada vez más familiar hasta querer huir de nuevo, desesperados por sentirnos un poco más vivos, sin saber, a ciencia cierta, si esto sería posible. Es el miedo el que nos domina desde el principio, inconscientemente. El que domina la rutina formal, la monotonía. El letargo y la náusea. Yo os digo que no se pierde tanto con la fe, sino que se gana. Estaremos ciegos de todos modos y no es bueno vivir negando los sentimientos más profundos de desarraigo y debilidad que a todos nos unen. Aceptad que sois efímeros y preciosos para vivir como si fuerais libres, extraordinarios y únicos. Tal vez no haya nada más digno que intentar. Quién sabe. Tal vez siempre hayamos sido alguien, sin saber quiénes éramos, y la vida pasa en un momento. La vida somos nosotros, ahora. Siempre es ahora. Lo demás es un misterio.

Alguien es nadie.
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