martes, 27 de enero de 2015

Nadie como tú

"Mi canto a mí mismo"

El viaje es hoy. Empieza con tu primer paso del día.
Con la primera inspiración. Con el despertar, con tu
primer pensamiento. Todo lo que has hecho hasta ahora ha sido
una preparación para lo que viene.

El viaje es el presente, la aventura del momento. Ahora, tú decides
tu destino. Eres el responsable, el único. No hay otro. Debes asumir riesgos,
aunque no quieras. La vida no es fácil ni segura.

Te lanzas, aunque no quieras, hacia delante. Es tu naturaleza. Hoy se parecerá
a muchos días anteriores, pero no será igual. Encierra secretos en tus sentimientos.
Nuevas posibilidades. Nuevas elecciones. Hoy es tu momento.

Hoy puedes demostrar lo que aprendiste ayer. Puedes contar lo que sentiste.
Importa tu actitud. El mundo es uno, como tu espíritu. Hoy, estás vivo y todo se abre
para ti, ante tus ojos. Hoy está a tu alcance lo que ayer parecía inalcanzable, imposible.

Hoy, puedes tener más ilusión, porque no era el final. Sigues vivo. No se ha acabado
el milagro. Hoy te olvidarás de atrapar este momento para convertirte en él, para ser
uno con él. Sólo hay vida cotidiana.

Hoy eres único e irrepetible. Nadie conoce todo tu valor, todo tu ser. Hoy el futuro
es sólo tuyo y de nadie más. Hoy las especulaciones no importarán, porque no te parecerá
útil pensarlas, pudiendo vivir las que más te apasionen, hablando actuando,
sintiendo. Callando.

Hoy estás preparado para conseguir lo que te propongas de verdad, si realmente lo deseas
como ser mortal y racional y, por tanto, incalculablemente valioso.

Hoy no hacen falta palabras para narrar el indescriptible sentimiento de seguir vivo, respirar, no sufrir agonía, sentir placer, tener vista, tener esperanza, imaginar, alabar, cantar, serenarse. Hoy todas las pasiones del mundo se concentran en tu alma, en tu paz.

Hoy, relleno esta hoja pensando sólo en ti, en el amor tan grande que siento por ti.
Por tu cambio. Por tu fuerza. Hoy, dedico toda mi belleza a este texto, toda mi devoción.
Defiende tu honor. Vive feliz, valientemente. Lucha sólo por lo que es justo. Completa tu ser.




A W. W.


domingo, 25 de enero de 2015

Útil

Útil es aquello que nunca es insuficiente y es inagotable. A través de lo que se puede llegar a algo mejor que lo anterior. Útil es aquello que va haciendo inevitable afrontar la evidencia. Es la prueba del avance y el impulso de la Naturaleza, su único vehículo de crecimiento. Útil es lo que magnifica cualquier existencia gracias a una optimización, al cambio pragmático.

Útil es la prueba de que la repetición lleva a la evolución, inexorablemente, la prueba de que todo está conectado con todo de forma infinita y, a pesar de ello, comprensible. Útil es el camino por el cual se puede obtener un nuevo resultado, donde se aplica la imaginación y se afrontan riesgos que se superan. Útil es el vencimiento de la quietud y de la inexistencia, la calificación del proceso dialéctico y económico a lo que todo está avocado.

Útil es lo que hace posible sentimientos que en un principio eran imposibles e inimaginables. Es el camino único y racional hacia lo imposible. Útil es la combinación progresiva de posibilidades que producen nuevas realidades, nuevos mundos, dentro de otros mundos. Útil es algo que no necesita de la fascinación humana para ser real, pero que sobradamente la inspira por su aplastante coherencia empírica.

Útil es lo que permite que todo sea más para nuestra percepción limitada, lo que posibilita el descubrimiento, la duda y la adaptabilidad. Útil es aquello donde se concentra lo más importante del todo, permanentemente.

viernes, 23 de enero de 2015

Para el escritor prohibido

Me enseñaste cosas que nadie me había enseñado antes. Me demostraste lo que estaba apunto de descubrir. Me abriste la puerta. Me sentí desolado e inquieto por lo que encontré. No soy como tú. No por ahora. Sin embargo, a veces dudo. A veces, dudo mucho. Tú estás maldito y yo bordeo el abismo. La vida sigue igual que siempre y no llega nada nuevo. No dejo de imaginar cómo sería. Un golpe del destino, de la fatalidad. De cualquier violencia externa. Pero no pasa y las cosas siguen igual. Parece que tenemos que relajarnos por obligación. Cumpliré mi rutina, religiosamente. ¿Acaso he tenido elección alguna vez, elección más allá de los impulsos o de lo desconocido?

Quizá era mentira, pero sentía, con mucha intensidad, una magia indescriptible. Me sentía dichoso, marcado por un destino superior. Ahora, me voy haciendo más pequeño entre la gente, tan pequeños como yo. Igual de pasajeros. Soy uno más. En eso, aspiro que haya algo de especialidad. Aspiro a recuperar el trono que perdí, que me arrebató el tiempo, el todo. Era feliz, aunque tuve momentos de tristeza. Recorría y descubría sin cansarme. Aún no estoy cansado, pero veo que se repite la canción, la misma melodía. Seré yo, pero ya nada me sorprende como antes. Estoy tan inmerso en la sociedad que ya no reacciono.

Busco encajar como los demás, ser alguien, y para eso, me despersonalizo. Absurdo. Pero me lo tomo con suma tranquilidad. Paso a paso, uno detrás de otro. La emoción es una trampa. Vivo por si estoy equivocado, por miedo a dejar lo que aún quedaba por conocerse. Miento, aunque no quiera mentir. Realmente, es agobiante. Todo es a la vez y nuestra mirada sólo atrapa un detalle nuevo. ¿Quién me va a hacer caso? Lloriqueos. La moral es fácil, si no se trastoca demasiado. Todos hacemos algo único y buscamos hacer lo mismo, por miedo a que no sea suficientemente especial. Sólo hay extremos en apariencia. Somos tan ignorantes.

Me enseñaste que la madurez debe ocultarse para no ser destruida. Mancillada, atacada. Sufriste y te olvidaste del mundo. Te vengaste lo mejor que pudiste y sigues igual. Todos nos hacemos esclavos de nuestra comodidad. Poco a poco, tarda, pero se acaba apoderando de todo. Estamos condenados a elegir, a elegirla a ella. Tenemos que ser nosotros mismos y no hay salida. Eso es la libertad. Aunque seas tan diferente a mí, aprendo de ti, te escucho, porque tu arte me hace reflexionar, me parece extraño y bello. Así somos por dentro.

No muchos consiguen sacar algo como eso del interior y por eso tiene mérito. No abro ni cierro este texto. Escribo de pasada, por encima, como un ave que sobrevuela una explanada irregular y seca, accidentada, llena de huecos, de grietas. Mis alas cambian, como el mundo. Tiene que parecer lo mismo. Así funciona. Callo mis palabras, para no estropear este momento. He intentado intervenir lo indispensable. Siento que siempre fallo en esto. Quizá algún día consiga sorprenderme y encontrarme sereno o satisfecho al respecto.

martes, 13 de enero de 2015

Abrupto

Hoy no hablaré de mis hermosos recuerdos. De cada uno, tan profundo, tan especial y único. No. Hoy no hablaré de los sentimientos de amor hacia otros seres humanos, hacia la vida, la verdad, hacia las ideas. Hoy no hablaré del miedo a lo desconocido, a los abismos, a la mentira y al dolor, de la incomprensión y la injusticia. Hoy no hablaré de la pérdida, de lo salvaje, del caos. Hoy no hablaré de dejar de imaginar lo imposible.

No hablaré de la duda que desgarra mi corazón día tras día, sin matarme, sin agotarme del todo. Hoy no hablaré de la creación. De la transformación definitiva, del cambio y del desgaste. No hablaré de la poesía, del arte, de la deliciosa farsa, de las aspiraciones, la fantasía, de la abstracción, de los límites de la razón, de la tentación de inventarlo todo de nuevo, una última vez. De no dejarlo todo cómo está, como es. ¿Cómo se hace eso?

No hablaré de la felicidad, de los momentos que no estaban planeados, que hicieron más soportable la espera de cualquier cosa, de los antojos, de la complejidad inacabada, de la compañía de seres queridos, el humor, la ternura. No hablaré de nada de eso. No hablaré de mi alma, ni de la belleza, ni de sus deseos más profundos. No hablaré del llanto que no se llora, de la fatalidad de la repetición de la tragedia humana, de la vulgaridad, del banal fingimiento de las masas, del mío, de la mentira que todos protegemos, ignoramos y alimentamos. No hablaré de mi devoción humanista hacia los grandes espíritus que se fueron y se quedaron. De mi inexpresable envidia y admiración hacia ellos.

Hoy no hablaré de ningún credo, de ninguna parte del conocimiento final. Todas diminutas, inacabadas, incompatibles, fluidas. Hoy no despertaré en ninguno de vosotros la pasión por dar otro paso, hacia alguna parte, hacia el interior, porque no soy nadie y el tiempo se acaba, pero mañana volverá a salir el sol y cada uno seguirá existiendo en su mundo intransferible, lleno de rutina y de vacío, para que todo pueda ser algo más, al día siguiente, y el próximo, y así sucesivamente.

Hoy no voy a mentir. No voy a ocultar nada. Mi corazón está completamente abierto. Nada lo vacía. Nada lo borra. Sigo aquí.


                                                   


domingo, 11 de enero de 2015

Esperanza

Estoy mal y quiero estar bien. No sé qué me pasa, por mucho que lo intento averiguar. Estoy buscando en el pasado algo que me pueda salvar. Me siento desolado. Hay buenas cosas por ahí, cosas agradables que ya no me satisfacen. Es como si estuviera atrapado en algún rincón de mi cabeza, deseando liberarme. Salir. No es fácil. Ya me he sentido así antes. Soy presa de unos pensamientos repetitivos que parecen reproducirse aunque los corte. Vuelven a crecer. Pensamientos sobre mi autoestima. Sobre lo que he hecho hasta hoy en mi vida. Sobre lo que no he hecho. Todo son pensamientos negativos.

Estoy pasando por una tormenta en mi cabeza. Quiero curarme. No sé lo que quedará después. Pienso mucho en mi lugar en el Universo, en Dios, en las demás personas. Intento ser bueno, pero parece inútil. Quiero tener buenos pensamientos, pero la fuerza que se opone es enorme y me arrastra, cada día. Lo que he conseguido me parece muy poco, insuficiente. Demasiado frustrante y vergonzoso. Ojalá estuviera más seguro de que puedo cambiar, pero no lo estoy. Estoy triste y estoy pasando por un proceso durísimo de autocrítica. No quiero hundirme. Quiero resistir, pero es difícil. La mente se distrae con cualquier cosa. Veo los días pasar y siento impotencia por ver que hago las mismas cosas, que no reacciono. Que no me ordeno como debería. Es la primera vez que hago esto después de mucho tiempo y me está gustando.

Pienso que debería hacerlo más veces, pero probablemente no lo haga, porque no suelo terminar casi nada de lo que empiezo. Ojalá fuera más fácil ser feliz, pero no lo es. Hay que currárselo. Ningún comienzo que valga la pena es fácil. He vivido muchas cosas y estoy deseando rescatarlas de mis recuerdos. Estoy deseando compartirlas. Ensanchar mi ser, especializarme en algo que ame. Como esto, escribir. Quiero transmitir a las personas positividad, buenos sentimientos, esperanza. No me gusta sentirme así y no lo soporto. Quiero estar bien, equilibrado, en paz. Esta es una buena manera de luchar para mí. Puede que no haya nadie más en mi cabeza. Estoy solo y debo luchar si quiero sobrevivir. Las cosas han cambiado. Antes imaginaba cosas que ahora me parecen inexistentes o innecesarias, inválidas.

Ahora, todo lo veo distinto. Quiero ser realmente bueno en algo, pero de entrada me he puesto las expectativas demasiado altas. Como no consigo saltar el muro, me siento un fracasado o un inútil. No quiero serlo. Quiero estar orgulloso de mí mismo. En un día no voy a lograr cambiar todos los aspectos de mi vida que me disgustan, porque no los he aclarado suficiente. Aún parece un problema demasiado grande. El sentido común, la rectitud o la razón me indican que debo dividir el problema en partes más pequeñas. El problema es cómo me siento, lo crítico que soy. Ahora, en mi mente reina el caos arbitrario. Pero yo deseo, con todo mi corazón que reine el orden. Es algo que no ha vencido por completo ese caos.

Eso es lo que yo quiero ser. Mi autodominio. Hay cosas que afectan a mi vida que no puedo controlar y eso es inevitable. Pero hay cosas que sí puedo. Quizá, lo mejor que puedo hacer es concentrarme en esas cosas, en lo que hago cada día. En lo que deseo más que nada. En lo que puede ser útil para mi futuro. Quiero ser mejor de lo que soy hoy con todas mis fuerzas. Quiero destacar y no me siento preparado para hacerlo. Por eso, quiero prepararme. Lo que he hecho en mi vida era necesario, era inevitable, porque lo hice por desconocimiento, movido por mis sentimientos.

Lo que he hecho ha sido útil, cada simple cosa, porque me ha llevado hasta aquí, hasta este momento, tal como lo estoy viviendo. Yo puedo ayudarme a mí mismo si pongo el empeño suficiente. Si creo que puedo conseguirlo. Quiero curarme a mí mismo. No quiero sentirme más así. Quiero acabar con este mal. Soy capaz de acabar con este estado, si me lo propongo, si sigo un plan efectivo y si mejoro ese plan en el tiempo. Creo que puedo conseguirlo. Hay cosas que no he hecho bien para lograrlo hasta ahora.

Es muy fácil distraerse, pero es posible concentrarse. Escribir me ayuda a concentrarme y por eso lo hago tanto. Escribir puede ayudarme a tener una vida mejor, a simplificar todo lo que me parece tan complejo. Puede iluminar las partes de mi vida que parecen más oscuras, más dolorosas. Puede curarme. Creo que escribir puede ser mi mejor ayuda, aunque no sea la única. Puede ser mi guía, mi brújula, para saber a dónde quiero dirigir mi vida, porque si no sigo una dirección, voy a la deriva. Soy yo el que debo decidir qué dirección escoger, cuál es la que más me conviene. Sueño en que la libertad que tengo hoy me pueda satisfacer algún día, que esté orgulloso de ella. Puede que, de todos modos, no haya caminos fáciles. Esto es lo mejor que sé hacer y lo que más me llena.

Quiero retomar el control de mi vida. Levantarme y quitarme el polvo. Quiero volver a luchar por algo más importante que yo mismo, algo en lo que crea realmente. Todos nos caemos alguna vez. Debemos decidir continuar, porque dudo que alguien disfrute de esta sensación de desasosiego, de pérdida y de incertidumbre. Lo dudo mucho. Creo que todos deseamos seguir adelante en el fondo, encontrar algo nuevo y mejor que lo anterior. Creo que las apariencias ocultan más de lo que muestran y que nosotros debemos descubrir lo que es, porque es nuestra naturaleza, y que tarde o temprano, todas las falsas apariencias se caen.

No importa el tiempo que tarden. Quiero compartir hoy mi deseo más sincero de esperanza. La promesa de un nuevo intento, mejor que los anteriores, cargado de su conciencia y sus lecciones. No es tarde. No es el final. Puede tener más control sobre mi vida si me atrevo a vivirla con más valentía, con menos miedo. Puedo superar este sentimiento de tristeza y de desprecio hacia mí mismo, hacia esta situación. Puedo hacerme mejor a mí mismo. Sé que ningún cambio es fácil. No quiero rendirme sin dar todo lo que pueda. Hay muchas cosas que no di antes por pereza, por desinterés. Ahora sí quiero hacerlo. Tengo que hacerlo. Espero que al hacerlo me sienta mejor como ya me ha pasado antes.

La vida es mucho más hermosa que un momento triste. No importa tanto lo que haya pasado, sino cómo decidimos afrontarlo. No quiero afrontarlo como lo he hecho hasta ahora. Quiero que mis días estén más llenos de alegría. No lo conseguiré de repente. Tendrá que ser un camino progresivo. Habrá muchos momentos difíciles. Aún me queda mucho por descubrir. No lo sé todo. Lo único que sé sobre esto es que quiero ser feliz de verdad. Cuando mire al pasado, quiero estar orgulloso de las decisiones que tomé. He subestimado muchas situaciones, a muchas personas y muchos sentimientos, su poder, y me arrepiento de ello.

No sabía lo que estaba haciendo y ahora quiero saber lo que hago. Quiero saber por qué lo hago, cada simple decisión. Escribir esto es lo mejor que he hecho en meses y era algo que podría haber hecho desde el principio. Quizá tenía que pasar por todo esto. Me da vergüenza hablar de mi dolor porque sé que hay otros mucho peores y no creo que merezca hacerlo con esta ligereza. Pero mi dolor no deja de ser real aunque no acepte su valor. Siento que estoy dejando atrás muchas viejas ideas que probablemente nunca recuperaré. Me estoy moviendo hacia el futuro. Estoy adquiriendo otras nuevas.

Así es como debe ser. Esta es la dirección que quiero seguir porque es en la que creo. Es la que me demuestra que aún puedo encontrar algo de paz en mis acciones, aunque ésta no sea definitiva. No hay paz definitiva para que exista el cambio. Estoy poniendo mi diminuto grano de arena. Es mío y de nadie más. Tengo que amarlo y lo amo. Me ha costado mucho aceptarlo. No terminaré de hacerlo y volveré a olvidar su diminuto (pero auténtico) valor. Para volver a motivar a los demás, debo recuperar la motivación yo mismo. Creo en lo que he dicho. Quiero creerlo. Aún hay esperanza. No me voy a doblegar. Hoy ha sido un día más. Tomaré las riendas. La rutina dejará de parecerme tan vacía poco a poco, porque la iré conquistando. Estaré, poco a poco, más orgulloso de ella porque me daré cuenta de que puedo hacer más por ser feliz, que hay cosas que aún no estoy haciendo realmente bien. Quiero asumir la responsabilidad de mis acciones.

No es fácil ser justo ni responsable. Es todo un reto para mí, porque no creo que nunca lo haya sido de verdad, pero quiero creer que soy capaz de lograrlo. Todo esto es lo más importante para mí, lo que sostiene todo mi mundo. Siento cada palabra que estoy escribiendo y me sale del corazón. Voy a continuar este camino. Voy a comprender un poco mejor mi vida porque voy a dedicarme a ello. Valgo más de lo que he supuesto hasta ahora. No quiero tener tanto miedo. No quiero quejarme tanto ni hacer más daño a los que tengo cerca. Soy el responsable de mi propia vida y del efecto que tiene en los demás. Todo esto es de sentido común y no debe ser olvidado ni descuidado. No voy a ceder más. A partir de ahora, voy a ser mejor. Puede que tarde mucho tiempo, pero no voy a cambiar de dirección, no voy a echar a perder lo que he conseguido hasta ahora, toda mi experiencia. Voy a seguir el camino correcto.

Voy a comprender por qué he sido tan duro conmigo mismo y voy a producir pensamientos que sean más prácticos y realistas, más cercanos a mi vida cotidiana para que me sean útiles. Este día cuenta. Hoy empieza el mejor cambio de mi vida, el más profundo y decisivo. Voy a sacar todo mi potencial y no voy a dejar nada dentro. Voy a liberar toda mi creatividad y mi imaginación. Venceré lo que es malo dentro y fuera de mí, aunque sea poco a poco. Así es como quiero sentirme, exactamente como me siento ahora. Así es como quiero vivir. Voy a hacer todo lo que pueda por tener más días como este para que merezca la pena seguir vivo, gracias a lo que hago. Quiero dar y agradecer todo lo que pueda. Encontraré una regularidad que me satisfaga más, que me sirva más. Esa rutina cambiará y me prepararé para aprender cuando eso pase. Cuando llegue el momento de cambiar de nuevo, quiero aplicar todas las lecciones que he aprendido. No quiero dejar de prepararme para todo lo que venga. Quiero tener esperanza.

Sin título


Os odio a la mayoría. No dejo de imaginaros, a los miles de millones, imitando lo que no comprendéis porque os seduce, porque estáis desesperados secretamente por conformaros, por dejar de avanzar. Tenéis, como yo, miedo al cambio porque es desconocido. Quizá no lo sea tanto. Os odio porque me hacéis sentir un demente, un pariah, porque es muy difícil llegar a vosotros, a vuestra estupidez. Parece imposible destruirla, como destruir la mía. Se me ha acabado la paciencia y volverá, porque siempre sucede. Me pesarán las palabras y se las llevará el tiempo igualmente.

Odio que parezca todo tan inhumano y mecánico ante mis ojos y que me cueste tanto luchar para no rendirme ante ello. Que no pueda dejar de hacerlo y no sepa si estoy haciendo lo correcto, aunque no dude seriamente de ello. Odio las ganas que tenéis de destacar sin merecéroslo, porque lo sabéis y lo ignoráis vilmente. Oportunistas, falsos, perezosos. Odio haber llegado hasta aquí con tan poca esperanza en el futuro sin saber lo que va a pasar, arrastrar esta carga de altibajos y de ansiedad por no saber todo lo que controla mi vida, lo poco que parezco dominar y lo rápido que se esfuma. Estoy cansado de vosotros, de vuestra manipulación, de vuestros intentos frustrados de quedar por encima (y de los míos. Sobre todo de los míos).

Todo me parece repetitivo y vacío, por mucho que me esfuerce en creer lo contrario. Intento creer en algo y se me deshace entre las manos. Antes me resultaba más fácil creer. Ahora intento recuperar la esperanza. Me cuesta amaros porque sois demasiado egoístas y violentos. Estoy cansado de vuestra ineptitud, de vuestra crueldad. Yo sólo quería ser normal, pero ya no quiero serlo. Sin embargo, sé que no estoy preparado para que me hagáis caso. Sé que no tengo la autoridad ni el arrojo para dirigir nada, porque me muevo por acción del viento y de la inercia, como algo muerto, ausente. Parece que fuera sólo mi circunstancia. Hoy no me importa tanto lo que soy, lo que creo que debería. Me esfuerzo por darle la atención que merece, y se dispersa sin más. Pasa a otra cosa. Todo está rodeado de lo cotidiano y de lo insoportable.

Se me ha agotado la inspiración, lo que se le parecía y ahora sólo me queda el odio y la impotencia, hacia vosotros y hacia mí mismo. Pero sé que debo amarme. Que no vale la pena vivir odiando y teniendo miedo. No quiero vivir así. Por eso, voy a luchar por seguiros amando, por amarme de nuevo, aunque me cueste y no vea el final de este túnel. Quizá, algún día salga de él y todo se ilumine de nuevo. No creo que el miedo venza nunca. Creo que al final se acaba destruyendo, porque no sirve más que para destruir. Lo quiere todo sin poder tener nada. Si tan sólo un segundo pudiérais ver mi corazón, estas palabras no os parecerían tan arrogantes y vacías. Tan caprichosas o arbitrarias. No quiero sólo impactar en la emoción, quiero cambiarla para comprenderla. He llegado sin nada hasta aquí. Sin nada que valore sinceramente.

Todo lo que conocía hasta ahora está en crisis, en profundo cambio. Quiero que en la próxima fase, ciertas cosas queden superadas definitivamente, pero creo que eso es pedir demasiado. No elijo lo que me importa. De verdad, os odio porque no os conozco y porque tengo miedo de irme sin haber dado algo más. Algo realmente valioso. Toda mi vida ha estado plagada de mentiras.

Me han hecho soñar y ahora me sigo despertando. Tengo que inventar una excusa para seguir adelante en la que pueda creer. Cómo os odio. Cómo odio el desconocimiento y la ignorancia en mí, inmanente, intrínseca. Qué asco. Odio cada simple cosa que me recuerda al teatro (de la mentira) y veo vuestras pataletas y estupideces todos los días. No quiero verlo así. Pero cómo podéis tener tan poca vergüenza? No os han enseñado nada válido? Qué asco me dais. Espero superar este profundo odio mirando un poco más de cerca. Hoy el mundo me parece un lugar indiferente en el que sólo cuenta lo que estoy preparado para creer.

Parece que pida a gritos que yo también le de la espalda, porque no consigo implicarme en su absurdo devenir, tal vez hacia ninguna parte. Qué asco de civilización perdida. Debo recuperar la fe, porque si no estaré perdido. No os creáis demasiado mis improperios. A veces, me gusta desahogarme de esta manera. Debo ser más morboso en realidad de lo que me considero. Así es el narcisismo de los ignorantes. Yo lo conozco muy bien. Podéis creerme.

Tengo el consuelo de que muchos de vosotros, antes de la muerte, recibiréis probablemente vuestro merecido. La conciencia de vuestras acciones, la responsabilidad de vuestros actos. Vendrá como un alúd para borrar todo lo falso y nimio. Os borrará a vosotros también y no podréis hacer nada para evitarlo. Entonces, intentaréis aferraros a algo verdadero por fin, pero probablemente sea demasiado tarde. Qué asco me dais. Cambiad vuestras vidas. Si no lo hacéis por vosotros, hacedlo por los demás. Sé que es muy difícil, pero no creo que podáis hacer nada mejor.

Todos somos muy extrapunitivos. Permitidme serlo hoy a mí también. Nunca os digo nada. No quiero permanecer callado por más tiempo. Merecéis este desprecio y mucho más. Estoy cansado de esta apariencia de sinrazón. Seguiré buscando. Si encuentro la forma, penetraré profundamente en vuestras mentes, sin que os deis cuenta y sentaré las bases de mi pobre cátedra, la del conocimiento más sincero y vulgar, las de la verdad. Seguid siendo tan patéticos. La mayoría estáis destinados a desaparecer como si nunca hubiérais existido. Así tiene que ser.

Si yo y mis actos desaparecen también, no tendré que aceptarlo porque no estaré aquí. No me pesa más. Seguiré buscando algo que pueda dejar aquí el máximo tiempo posible. Que pueda producir el máximo de influencias. Eso nunca lo sabremos. Tengo que aprender a liberarme de este odio y este miedo. Ese propósito mueve mi vida en este momento. Puedo contar muchas cosas más que no os importan. Seguid entreteniendo vuestras mentes dormidas, lánguidas. Cada día queda menos.

No hay caminos fáciles. Puede que conquistéis alguna falsa gloria y eso sólo hará más dura la caída. Imbéciles. Sólo hay una verdad. Olvidaos de inventarla vosotros. No tenéis el poder. Termino mi triste intervención de hoy. Espero desahogarme, deshacerme de este veneno para continuar y encontrar algo de paz. Aún quedan horas de luz. El tiempo pasa muy rápido. Avanzad impertinentes hacia la muerte, necios. La mayoría no podréis comprender todo lo que os habéis perdido porque no tenéis la capacidad ni el interés para ello. A los que me hayáis comprendido, felicidades. Tenéis una oportunidad de mejorar vuestras vidas.

Yo no soy nadie para dar lecciones. Sólo estoy lleno de resentimiento y de cobardía. Prefiero admitirlo. No quiero quedarme así. Cuanto más me libere de esta horrible carga, mejor. Espero no pensar así por mucho tiempo. De momento, ya es historia. Que nadie crea que arrastro esto al dejar de escribirlo, porque es mentira. Pondré todo mi empeño en deshacerme de esta maldad. Aunque no hubiera escrito esto, lo seguiría pensando. Es mejor deshacerse de lo que nos produce daño, si no podemos comprenderlo. No quiero tener razón en esto. Sólo quiero liberarme de esta seguridad tan desagradable y estática, tan negativa. Me despido. No quiero escribir más así.

lunes, 5 de enero de 2015

Magia

Queridos hijos bastardos de la Historia. Sé cómo os sentís. Os sentís impotentes ante la gran mentira. La mentira indecible, inclasificable, salvajemente frívola y escurridiza, que envuelve toda verdad. Os sentís desaprovechados y solos. Incomprendidos. Os sentís iracundos ante la insolencia de los otros, siempre inferiores y sordos, repetitivos. Os sentís decepcionados por el curso del mundo, absurdo, lento y desesperante. Os sentís desolados por la sombra de la muerte sobre nuestras cabezas, en cada idea, en cada momento, escondida tras las falsas apariencias. Yo os comprendo porque también me siento así. A veces me olvido, pero no tardo en recaer sobre este tormento que es la vida sincera y sencilla, la que se complica sobre sí misma. Mentiría si dijera que no busco una salida, una solución fácil, pero no creo que la haya.

He perdido esa fe y ahora creo en otra, pero no puedo vivir sin fe. Siempre creo en otra. Siempre está por venir una mejor. Una que promete arrasar todo lo anterior y cambiar el modo en que lo conocemos. Busco otra forma de experimentar. Somos genuinos en nuestra ignorancia y sus destrezas más acrobáticas.

Todo parece cada vez más cíclico y me pregunto qué significan hoy palabras como libertad, celebridad, genialidad, honor. Será que me estoy engañando o equivocando. Que no he vivido lo suficiente aún. Que no me he enfrentado a la vida real. Pero, yo me pregunto ¿qué es la vida real? ¿aquella que es tan difícil tener? ¿que no dejamos de idealizar, de exagerar, de construir con la imaginación, con los deseos desbocados?.

Yo no sé separar la razón del sentimiento porque pienso que son la misma cosa. Tengo una identidad que es misteriosa y no sé cómo aceptarla, pero no quiero renunciar a seguir buscando la forma. Sé que vosotros también me comprendéis a mí, que tal vez juntos podamos encontrar un camino nuevo y salir de esta espiral de soledad y desgaste viciado. Sé que, en vuestro corazón, aún queda esperanza por seguir adelante en busca de un nuevo sol. Uno que ilumine lo que los anteriores no pudieron. Que deslumbre, que derrita todo lo que es fláccido y perecedero. Que absorba y atraviese. Que revele, por fin, lo mejor que hay en nosotros y que nos vuelva a nosotros también, un nuevo sol. Habla mi corazón.

Es otra canción desesperada que viene de la monotonía que intenta disiparse, cambiarse, corregir su rumbo. Pero ¿hacia dónde?. Un sabio dijo "se hace camino al andar", pero nosotros sabemos que hay mucho más. Que toda teoría se queda corta ante el poder de la experiencia, del momento único presente, de la promesa ciega del momento siguiente. Dadme esperanza. Compartámosla, en esta noche especial. Es una noche más. No sabemos todo lo que está pasando. Todo es demasiado para nosotros, seres pequeños y efímeros.

Compartamos lo poco que tenemos como si fuera lo único. No podemos dejar que gane el miedo, porque el miedo sólo está en la cabeza. Es una ilusión. Otra mentira. La más profunda y extensa de todas. Somos demasiado breves y delicados. No dejemos que lo único verdaderamente puro se pierda.

Intentémoslo, sólo una vez. La vida es un momento. Puede que no haya otro. Quiero hacer pensar porque solo siento que los pensamientos me ahogan. Si los comparto, tal vez me sienta menos perdido. Siempre me consuela rebajar el drama de la existencia con palabras de agradecimiento, de sinceridad brutal y de piedad hacia mí mismo. Amo la vida con cada fibra de mi cuerpo y sólo soy un atisbo de conciencia en él. No creáis en mí. Creed en vosotros mismos.

Yo no soy nadie. Nadie es nada. Compartidlo todo y no penséis en el mañana, porque mañana no existe. Hoy lo es todo. No hago esto por vosotros, sino por mí. Para convencerme de lo que no sé. No se puede planear todo en un día, en un momento, en un texto. Cada cosa es pequeña y suma, aporta, contribuye. Luego pasa, sin más. Resuena la innombrable e inmensa repetición. Nosotros nos quedamos en el mismo sitio. Pensamientos parecidos, gente parecida.

Todo cada vez más familiar hasta querer huir de nuevo, desesperados por sentirnos un poco más vivos, sin saber, a ciencia cierta, si esto sería posible. Es el miedo el que nos domina desde el principio, inconscientemente. El que domina la rutina formal, la monotonía. El letargo y la náusea. Yo os digo que no se pierde tanto con la fe, sino que se gana. Estaremos ciegos de todos modos y no es bueno vivir negando los sentimientos más profundos de desarraigo y debilidad que a todos nos unen. Aceptad que sois efímeros y preciosos para vivir como si fuerais libres, extraordinarios y únicos. Tal vez no haya nada más digno que intentar. Quién sabe. Tal vez siempre hayamos sido alguien, sin saber quiénes éramos, y la vida pasa en un momento. La vida somos nosotros, ahora. Siempre es ahora. Lo demás es un misterio.