He visto cosas.
Pero sobre todo he pensado cosas.
No puedo tener más de lo que tengo en la cabeza.
Todo lo demás no existe, es lejano o desconocido.
Todo es simple. Lo extraño es que al complementarse, se complica.
Soy una luz. Intento expresarme.
¿Qué es lo brillante?
Qué raro que haya decidido indirectamente desear, ser, el que cuenta cosas, las que sean. El que busca la elegancia, el estilo, lo nuevo a través de lo viejo. Quisiera abandonarlo todo, si estuviera seguro de que encontraré algo nuevo por fin. No sé si lo deseo realmente.
Pienso en mis manos y en la idea de economía. En mi papel activo en el mundo. En mí como activo del mundo. Sólo tengo una idea de economía. La real no existe. No existe. Moriré sin saber suficiente y dará igual. No quiero olvidarme de lo que siento cada vez que paso de un compromiso, que me abandono y me dejo llevar. Qué hay detrás? Que nada es demasiado importante. No es fruto del odio o la frustración como mucha gente cree, como mucha gente sufre, elige. Sino de la paz. Es fácil. Todo es muy fácil. Mucho más de lo que parece. Los deseos lo complican todo.
Pienso en lo fácil que me gustaría que fuese mi vida. Siento tener unas ambiciones lejos de las de todos los demás y estoy deseando exhibir mi austeridad y al mismo tiempo sacrificarla. Condenarla a desaparecer. No soy el orden. No hay orden. Sólo creo en algo laxo, oculto, omnipotente, infinito. Irracional. Pero no quiero convocarlo y además, sé que no tengo ese poder. Soy eminentemente racional. Soy una criatura. Algo creado y por tanto perfecto, pero más allá de la perfección técnica, que es burda o la convertimos en ello. La indignamos. Pero no podemos perjudicar a lo perfecto. No podemos, gracias a dios. Es imposible.
Todos nos complicamos la vida demasiado. O la complican nuestros deseos. Veo complicaciones por todos lados. Y estas son falsos compromisos. Falsos. Extremos de la verdad. Casi se salen de ella. Si por ellos fuese, la vida no sería libertad, sino un proceso orgánico involuntario, como mucha gente ya lo considera. Definitivo, irreversible. Injusto, sólo sufrible. Por supuesto, se equivocan.
Me repugna. Es repugnante.
Mis pensamientos no son suficientes.
No expreso nada nuevo. Redundancia.
Sensaciones nuevas. Libertad.
Una vida simple, humildad.
No tengo ni idea de lo que es el arrepentimiento
Ni de lo que es sentirse a salvo. Pero ambas son certezas más allá de mí. Indemnes.
Las extrapolaciones no existen, sólo los procesos de conocimiento real.
Tengo visiones que tal vez nunca se cumplan. Es más, que nunca se cumplirán como tales. Sólo existe el pasado. El pasado siempre es la referencia. Siempre.
Lo que he olvidado es tan real como lo que recuerdo. No sé lo que es real. Sólo sé que no hay sentido. No lo hay. Sentido unitario. Sólo sentidos parciales, agotables, olvidables. Eso es todo lo que hay de momento.
Toda mi vida, como las de todos los demás, toda su complejidad, conceptual, social, moral… Ha ido más allá de la complejidad orgánica y aún pienso en la muerte como fin. En mi salud, en las estatuas, en la quietud, en el pensamiento infinito sin forma, sin color, sin límites posibles o pensables. Tal belleza no puede ser imaginable. El universo, ya no como concepto sino como hogar, la naturaleza, el caos sin nombre, sin clasificación. No puedo evitarlo. Me seduce. Me fascina.
Busco la verdad, pero a tientas. Palos de vidente. Me conozco con lentitud, con parsimonia. No quiero que acabe pero acabará y ya es diferente mi cariño hacia mi mismo. Ya no es un egoísmo vacío, infantil o pudoroso. Es algo más. No me atrevo a decir que sea más maduro, porque lo cierto es que sigo siendo el mismo, todo es igual, más favorable, más complejo, pero igual. En todo caso se ha ensanchado mi libertad. Estoy más integrado en el sistema, cada vez más. Me hundo en él como en el barro, lenta y profundamente.
Me siento por encima como buen observador, callado, breve. No quiero dejar de serlo. No quiero perder esa extraña versatilidad, no mía. Ya está ahí. Está siempre ahí. Qué triste es ser consciente de algunas cosas, pero es más triste aún creer que uno lo es, se pierde tanto. Pero no importa. Al final, todo pasa. Lo genérico es una descripción insuficiente, pero inevitable. Al final algunas cosas se cumplen y las descripciones se colapsan, se eclipsan. Desaparecen.
Intento tener los ojos muy abiertos y la boca muy cerrada. Los ojos y la boca de dentro. Observo con ternura toda vida, incluida la mía. Todo, absolutamente todo es poesía. Todo lo que sea movimiento vivo es poesía, es gracia, suma elegancia. Es como una película. Pero cambia constantemente de clave, de escenarios, de actores, de trama…
Lástima que la transparencia sólo se pueda soñar.
Quisiera hablar menos, estar menos seguro, estar más vivo para no saltarme ni perderme nada del espectáculo imperfecto, torpe, lleno de nerviosismos.
No me siento envejecer, pero sé que todo se desgasta.
Soy yo de mayor, tan saluble como ahora. En un gimnasio o algo relacionado con las artes marciales. Musculoso y feliz, inconsciente de todo lo innecesario. Hombre, al fin, con todo lo que conlleva. Completamente desconocido. Determinado ya. Menos libre, menos miedoso. Suficiente. Más cerca de la muerte y más valiente. Cuanto más cerca más valiente. Pleno. Estoy al margen del mundo público. Para mi es suficiente el reconocimiento local y se mantiene. Soy el héroe del pueblo. Soy magnífico. Tengo una sonrisa inborrable en mi cara. El futuro no existe y yo soy muy fuerte. Me gratifica todo lo que me rodea. Tengo una buena mujer, hijos. Soy felicidad humana. La única posible, pero elevada, celebrada. Tanto que parece otra, de otro mundo. Soy como un rey. Como un dios. Pero real.
Facilidades, dificultades. Todo vale. Todo se disipa igualmente. Todo son imágenes previas que no se cumplen como se concibieron. Simple y llanamente. Las imágenes son restos de lo que ya ha habido. Todo ha sido real pero poco a poco, deja de existir y no tenemos suficiente corazón para admitirlo o darnos cuenta o asumirlo. O madurar. Debe ser pasajero con todas las consecuencias. Ojala fuese más sencillo. Pero el sistema más allá del sistema sí que es perfecto. Todo es apariencia, de orden, de seguridad, de conservación. Gratitud. Paciencia. Libertad. Y nada más.
Nada importa realmente. No puedo tener más deseos de los que tengo ahora. Quiero sentirme más vivo pero no puedo, estoy demasiado ocupado siendo espectador de la vida. Me estoy perfeccionando en ese papel. Ángel humano. Inocente, bueno, débil.
No quiero hacer nada demasiado tiempo para quitárselo a otra cosa. Estar a salvo no es sentirse a salvo. No existe sentirse a salvo. Existe la ausencia de peligro, que no es lo mismo. Los peligros los crea la mente, no los puede asegurar, ni por tanto cercenar. Todo desaparece. Eso que no es seguro se vuelve seguro y todo se nivela, se equilibra. Se neutraliza.
La profundidad es una molesta ilusión. Pero gracias a ella viene todo lo demás. Esa profundidad tiende a lo que conecta todas las cosas. Es un esbozo, un comienzo, una pequeña idea de lo que es.
Soy un cuerpo animado. Pensante, cambiante. Me observo constantemente. Y nunca soy el mismo, no puedo ser el mismo. Me alegro de cambiar, pero sufro esos pequeños cambios dramáticos que son el presente. Sobrevaloro todo lo que existe para sobrevivir, para subsistir. Para darle sentido a mi vida. Millones de momentos perdidos en el abismo del tiempo. La conciencia es un estado, un juicio. Un absoluto misterio. Sólo los detalles me salvan. Pero los míos propios, no los de los demás. Menos mal.
Soy un intento pensante.
Siento algo parecido a la personalidad que no puedo negar. Si no fuese el alma por lo menos me hubiese gustado ser mejor conscientemente. El cielo cambia cada segundo, como la tierra. Se me acaban los deseos falsos y se acercan los verdaderos. Todo se aparta pacíficamente. Como en el principio. Sin vacilar. Así debe ser.
Toda mi vida se basa en eso. Se simplifica en eso.
Creer conocimiento. Crear conocimiento. Pero no importa tanto.
Ahí está la clave. Hay cosas que nunca llegaremos a alcanzar. Ni con la mente ni con el cuerpo, pero tal vez sí con algo más. Quién sabe. Lo único que hago es pensar.
Ser libre. Buscar compromisos un poco más reales de los que me ofrecen.
Eso para mi es todo lo importante, y lo demás es incómodo relleno, mentira acumulada, interferencias.
El espíritu. Qué maravillosa belleza sería el espíritu. No como cuerpo astral ni como ente celestial, pues creerlo sería banal, para los demás, sino como algo inimaginable, algo no formado, que aún existe.
No puedo dejar de soñar. No puedo. Y además, no quiero. La realidad es exactamente siempre la misma y sólo cambia mi sensación sobre ella, mi destreza empírica. Es por tanto, como debería ser. No hay coincidencias personales. Lo personal no es tan importante. Recordadlo. Es bastante insuficiente para mí. Quiero permanecer puro, aunque no haya nada puro, quiero aspirar a eso. Quiero convertir la muerte en la máxima pureza y liberación, en el fin, si, pero el fin de todo lo impuro, imperfecto, inacabado, insatisfactorio, insuficiente.
Joder.
Nada me parece real. O demasiado real. Nada me parece suficiente. Algún día, como ya ha ocurrido, como de seguro ocurrirá otra vez, no recordaré cómo pensaba hoy. Todo se acumula y se pierde. Eso es una paradoja, pero es real, quizá sea media verdad, una realidad desconocida en el fin, una mitad, un atisbo. Pero de algo más...
miércoles, 4 de mayo de 2011
lunes, 7 de marzo de 2011
Viejos tiempos...
Siguen proliferando las secuelas y los remakes como la mala hierba. Nos deleitamos con lo que fue y nunca volverá a ser. Somos nostálgicos crónicos, sin cura posible, y estamos condenados a consolarnos abusando de ideas obsoletas (si bien extraordinarias o decisivas en su momento).
El cine cae en la autofagia, se alimenta de sí mismo, de los restos, sobrevive de las rentas, de lo que queda, cosa que ya de por sí es extraña. En su momento las películas fueron extraordinarias, hoy en día se recurre a ellas como si de resucitar a un zombi se tratase, pues las películas ya se hacen sin alma, sin esperanza, esperando al box-office, a la recaudación, todo por la pasta, pero en esta ocasión, mucho peor que en los ochenta; ya no hay nada inocente.
Si no se trata de secuelas, se trata de un intento desesperado y vago de plagiar una idea anterior, ligeramente cambiada, muchas veces cayendo en lo delirante (malo e insustancial). Reconozco que es odioso generalizar, pues es una contradicción, pero la contradicción es la única manera de llegar a la verdad. Generalizar es sintetizar y esto conlleva integrar en el resultado el inmenso (siempre inmenso) margen de error.
A veces una buena película entra a escena como una bocanada de aire fresco. No niego que el cine se parece cada vez más a una mina más interesante para explotar, pues es también cada vez más difícil encontrar piedras preciosas en su interior, en bruto.
Yo me quedo con mis favoritas en el pasado, con las directrices de mis sueños, con las que crecí y las que estuve condenado a desengañar y a desmitificar, como las tenemos todos, aunque tal vez fuese otra batalla más de desgaste en la vida cotidiana y nos cansásemos inconscientemente de su pretendido halo de ilusión, sobre el que tantas veces danzamos y nos fascinamos, apreciando con más o menos cariño nuestra consiguiente existencia en el mundo real, la que nos tocó, casi inamovible...
No eran buenas películas, entonces no lo sabía. Lo más extraordinario del cine es que una película mala pueda transmitir, genéricamente, un poco, sólo un poco del alma necesario para soñar, como un impulso, como un empujón hacia un abismo de ideas (habidas y por haber) que se entremezclan, que tienen su momento (sólo uno) y que pasan (no de moda, pasan, a la historia, simplemente).
En lugar de un río sobre el que uno no se puede bañar dos veces, diremos que nunca podremos ver una película dos veces igual, quieta en el tiempo, con el poco (o mucho) alma con el que fue facturada, viendo, en su marco deshumanizado y su mundo concreto, en clave y cerrado (lo completamos nosotros), cómo nos alejamos en el tiempo, cómo le atribuimos cada vez más nostalgia a ellas, por ser nosotros mismos cada vez más nostálgicos (el pasado nos devora lentamente, nos consume, aviva nuestro espíritu).
Si las ideas triunfan es porque rozan lo esencial, lo insinúan, no lo atraviesan. De eso va el cine. El intento de atravesar todo (indiscriminadamente) al que asistimos hoy es muy triste y patético, enmascara el nihilismo y el cinismo, la pérdida de la ilusión que cosifican, que enlatan para sacar tajada. Nos hemos vuelto niños caprichosos, niños enfadados porque nuestros sueños no se han cumplido. Pataleamos y abusamos de la violencia en la pantalla, porque es más fácil.
No nos gusta realmente, simplemente lo perpetramos, con recelo, para desahogar nuestra impotencia, pasionalmente, nuestra ansiedad destructiva. Ya no hay niños inocentes, no los habrá, sólo al final. Nunca dejaremos de ser odiosos si no nos dejamos cambiar.
Tiene tantas posibilidades, tantas… y nosotros nos centramos en las cuatro, en las de siempre, tan desgastadas ya que ni se distinguen y que nos dan menos de lo que nos quitan. No quiero que el cine muera, y si permanece en el tiempo como lo está haciendo, no será más que un cadáver incorrupto, que no se llega a pudrir, y que la gente observa con morbo, (tanto el ojo experto como el inexperto) deleitándose con las sobras porque cree que no hay otra cosa.
El cine se hizo para aprender a soñar, para convencernos de que se puede soñar, de que el sueño se puede hacer realidad. El cine es la síntesis del espíritu humano, de su inquietud y de su instinto soñador, de su necesidad de soñar y de ver realizados sus sueños, o su padecimiento al tratar de alcanzarlo. Fue entonces cuando empezó a existir el arte.
El cine cae en la autofagia, se alimenta de sí mismo, de los restos, sobrevive de las rentas, de lo que queda, cosa que ya de por sí es extraña. En su momento las películas fueron extraordinarias, hoy en día se recurre a ellas como si de resucitar a un zombi se tratase, pues las películas ya se hacen sin alma, sin esperanza, esperando al box-office, a la recaudación, todo por la pasta, pero en esta ocasión, mucho peor que en los ochenta; ya no hay nada inocente.
Si no se trata de secuelas, se trata de un intento desesperado y vago de plagiar una idea anterior, ligeramente cambiada, muchas veces cayendo en lo delirante (malo e insustancial). Reconozco que es odioso generalizar, pues es una contradicción, pero la contradicción es la única manera de llegar a la verdad. Generalizar es sintetizar y esto conlleva integrar en el resultado el inmenso (siempre inmenso) margen de error.
A veces una buena película entra a escena como una bocanada de aire fresco. No niego que el cine se parece cada vez más a una mina más interesante para explotar, pues es también cada vez más difícil encontrar piedras preciosas en su interior, en bruto.
Yo me quedo con mis favoritas en el pasado, con las directrices de mis sueños, con las que crecí y las que estuve condenado a desengañar y a desmitificar, como las tenemos todos, aunque tal vez fuese otra batalla más de desgaste en la vida cotidiana y nos cansásemos inconscientemente de su pretendido halo de ilusión, sobre el que tantas veces danzamos y nos fascinamos, apreciando con más o menos cariño nuestra consiguiente existencia en el mundo real, la que nos tocó, casi inamovible...
No eran buenas películas, entonces no lo sabía. Lo más extraordinario del cine es que una película mala pueda transmitir, genéricamente, un poco, sólo un poco del alma necesario para soñar, como un impulso, como un empujón hacia un abismo de ideas (habidas y por haber) que se entremezclan, que tienen su momento (sólo uno) y que pasan (no de moda, pasan, a la historia, simplemente).
En lugar de un río sobre el que uno no se puede bañar dos veces, diremos que nunca podremos ver una película dos veces igual, quieta en el tiempo, con el poco (o mucho) alma con el que fue facturada, viendo, en su marco deshumanizado y su mundo concreto, en clave y cerrado (lo completamos nosotros), cómo nos alejamos en el tiempo, cómo le atribuimos cada vez más nostalgia a ellas, por ser nosotros mismos cada vez más nostálgicos (el pasado nos devora lentamente, nos consume, aviva nuestro espíritu).
Si las ideas triunfan es porque rozan lo esencial, lo insinúan, no lo atraviesan. De eso va el cine. El intento de atravesar todo (indiscriminadamente) al que asistimos hoy es muy triste y patético, enmascara el nihilismo y el cinismo, la pérdida de la ilusión que cosifican, que enlatan para sacar tajada. Nos hemos vuelto niños caprichosos, niños enfadados porque nuestros sueños no se han cumplido. Pataleamos y abusamos de la violencia en la pantalla, porque es más fácil.
No nos gusta realmente, simplemente lo perpetramos, con recelo, para desahogar nuestra impotencia, pasionalmente, nuestra ansiedad destructiva. Ya no hay niños inocentes, no los habrá, sólo al final. Nunca dejaremos de ser odiosos si no nos dejamos cambiar.
Tiene tantas posibilidades, tantas… y nosotros nos centramos en las cuatro, en las de siempre, tan desgastadas ya que ni se distinguen y que nos dan menos de lo que nos quitan. No quiero que el cine muera, y si permanece en el tiempo como lo está haciendo, no será más que un cadáver incorrupto, que no se llega a pudrir, y que la gente observa con morbo, (tanto el ojo experto como el inexperto) deleitándose con las sobras porque cree que no hay otra cosa.
El cine se hizo para aprender a soñar, para convencernos de que se puede soñar, de que el sueño se puede hacer realidad. El cine es la síntesis del espíritu humano, de su inquietud y de su instinto soñador, de su necesidad de soñar y de ver realizados sus sueños, o su padecimiento al tratar de alcanzarlo. Fue entonces cuando empezó a existir el arte.
miércoles, 23 de febrero de 2011
Explota y se dispersa
No es necesario tener razón. Nunca tenemos razón. Siempre huimos de algo mayor, que nos puede. La razón es una actitud. El conocimiento no se puede saber, sólo se puede experimentar. Es la única verdad que existe, la única que está en contacto con nosotros, que nos saca de la ignorancia y pone a prueba a la naturaleza misma.
Existen dos tipos de trascendencia, la trascendencia falsa y la verdadera. La falsa imita a la verdadera, existe después de ella. La verdadera tiene mucha más fuerza y es, al mismo tiempo, mucho más discreta, lleva más tiempo, más esfuerzo. El tiempo es esfuerzo, o el incremento del esfuerzo. Necesitamos imitar la trascendencia, necesitamos falsear la realidad para consolarnos. No soportamos el anonimato o la soledad, aunque estemos con gente, aunque a veces nos sintamos escuchados... Tenemos tantísimo que compartir, ¿no es cierto?
Estamos forzados, coaccionados por la mentira, y la inmensa mayoría del tiempo no somos conscientes. Si hasta la verdad nos engaña, a qué podemos aferrarnos por tanto tiempo? Qué es lo que no cambia? Qué no cabe en el estereotipo?
Entiendo que algunos no estéis a gusto con este mundo trágico. Hay más razones de las que ustedes o yo imaginamos para sentirnos igual o peor de incómodos, de angustiados... Por otro lado, pienso que es posible que tengamos las mismas razones para sentirnos bien que para sentirnos mal. Nadie demostrará jamás que tengamos que hacer nada. No podemos hacer nada contra lo infinito, contra lo abstracto u oculto. No podemos luchar contra el cielo que no envejece. Es cierto que hay una magia innegable, que lo abstracto es presente aunque esté oculto, aunque parezca y sólo parezca ausente. Nuestro conocimiento cambia y por eso no podemos decidirnos. Estamos obligados a dudar, a aprovechar el silencio y a esperar, a dejarnos seducir por el extraordinario presente cotidiano, por sus sorpresas también cotidianas y semiconocidas, por lo esperable. No podemos luchar contra los accidentes, no importa cuánto creamos que los prevenimos, no todos los accidentes son malos. Hay tantísima magia por explotar, tantísima magia que podemos y no podemos conocer.
No siempre conseguimos lo que queremos. No siempre queremos lo mismo.
Por supuesto he pensado que no tengo tanta imaginación, que sólo me sobrevaloro como todo lo demás. No me siento indigno. Bordeo mis límites una y otra vez para comprobar si realmente he crecido. No puedo escapar de la ilusión. Me domina, me narcotiza. Me cansé de luchar, creo que he aprendido a amar. Suelen comparar la vida con un camino, pero se equivocan. El único camino que existe es el tiempo. No es una carrera a ningún sitio. No hay más premios ni castigos que los que hay ahora. No debemos esperar nada. Cuando lo perdemos todo, empezamos a ganar, a tener algo y a entender por qué se pierde. Otra cuestión es explicarlo, o expresar nuestra impotencia ante la lentísima pérdida, ante el paso fugaz de la abundancia, que viene y va.
Ya no me esfuerzo por comprender el mundo. Mendigo la verdad. Ya no me siento impaciente como antes, sino impaciente de otra forma, por otras cosas, por lo que creo que realmente importa. Me conformo con describirlo fielmente, con hacer una descripción suficiente, y esto es algo que aunque no cambie difícilmente voy a poder conseguir, pues no lo conoceré todo. No me refiero a lo de fuera, sino a lo de dentro. No se me entregará todo. De hecho, nada sé si se me entrega realmente, tengo que cogerlo. Aprovechad... Qué desazón sería no aprovechar. Qué extraño sería un futuro todavía más desolador por no respetar la abundancia consumiéndola.
A qué debo atenerme? Qué debo respetar que no pueda ser amado? Por qué me viola mi conciencia? Acaso debo tener miedo por la amenaza de una quietud infinita, una no conciencia o sensibilidad, un viaje hasta la profundidad del resto de los seres, hasta la profundidad del último ser o del único que existe? Siento que crezco y es la ilusión, no soy yo. No puedo ser menos culpable. Nunca decidí nada aunque crea en ese poder. Es por mi desconcierto, por mi despiste o por mi osadía? Hay tantas razones por las que sentirse culpable, por hacer o por no hacer. Sólo cuando veo sufrir, reacciono, sobrevivo a la muda desesperación. Cual es la regla del alma? Hasta la libertad pertenece a la imaginación. Imaginad un mundo desatado y sin violencia. No sois capaces. Jamás conoceremos la última posibilidad.
Todavía no estoy seguro de, si al decir todo esto, os muevo a la acción o a la no-acción. Quiero creer que me gustaría alejaros de las acciones superfluas para que alcancéis las acciones superiores. Sin embargo, estoy convencido de que cualquier acción puede estar bendecida con la trascendencia, pero no estoy seguro de que la actitud o la voluntad sean, por sí solas, suficientes. Supongo que estamos forzados a buscar, a probar, pero a probar convencidos de que vamos a encontrar. Aún no lo sé...
Existen dos tipos de trascendencia, la trascendencia falsa y la verdadera. La falsa imita a la verdadera, existe después de ella. La verdadera tiene mucha más fuerza y es, al mismo tiempo, mucho más discreta, lleva más tiempo, más esfuerzo. El tiempo es esfuerzo, o el incremento del esfuerzo. Necesitamos imitar la trascendencia, necesitamos falsear la realidad para consolarnos. No soportamos el anonimato o la soledad, aunque estemos con gente, aunque a veces nos sintamos escuchados... Tenemos tantísimo que compartir, ¿no es cierto?
Estamos forzados, coaccionados por la mentira, y la inmensa mayoría del tiempo no somos conscientes. Si hasta la verdad nos engaña, a qué podemos aferrarnos por tanto tiempo? Qué es lo que no cambia? Qué no cabe en el estereotipo?
Entiendo que algunos no estéis a gusto con este mundo trágico. Hay más razones de las que ustedes o yo imaginamos para sentirnos igual o peor de incómodos, de angustiados... Por otro lado, pienso que es posible que tengamos las mismas razones para sentirnos bien que para sentirnos mal. Nadie demostrará jamás que tengamos que hacer nada. No podemos hacer nada contra lo infinito, contra lo abstracto u oculto. No podemos luchar contra el cielo que no envejece. Es cierto que hay una magia innegable, que lo abstracto es presente aunque esté oculto, aunque parezca y sólo parezca ausente. Nuestro conocimiento cambia y por eso no podemos decidirnos. Estamos obligados a dudar, a aprovechar el silencio y a esperar, a dejarnos seducir por el extraordinario presente cotidiano, por sus sorpresas también cotidianas y semiconocidas, por lo esperable. No podemos luchar contra los accidentes, no importa cuánto creamos que los prevenimos, no todos los accidentes son malos. Hay tantísima magia por explotar, tantísima magia que podemos y no podemos conocer.
No siempre conseguimos lo que queremos. No siempre queremos lo mismo.
Por supuesto he pensado que no tengo tanta imaginación, que sólo me sobrevaloro como todo lo demás. No me siento indigno. Bordeo mis límites una y otra vez para comprobar si realmente he crecido. No puedo escapar de la ilusión. Me domina, me narcotiza. Me cansé de luchar, creo que he aprendido a amar. Suelen comparar la vida con un camino, pero se equivocan. El único camino que existe es el tiempo. No es una carrera a ningún sitio. No hay más premios ni castigos que los que hay ahora. No debemos esperar nada. Cuando lo perdemos todo, empezamos a ganar, a tener algo y a entender por qué se pierde. Otra cuestión es explicarlo, o expresar nuestra impotencia ante la lentísima pérdida, ante el paso fugaz de la abundancia, que viene y va.
Ya no me esfuerzo por comprender el mundo. Mendigo la verdad. Ya no me siento impaciente como antes, sino impaciente de otra forma, por otras cosas, por lo que creo que realmente importa. Me conformo con describirlo fielmente, con hacer una descripción suficiente, y esto es algo que aunque no cambie difícilmente voy a poder conseguir, pues no lo conoceré todo. No me refiero a lo de fuera, sino a lo de dentro. No se me entregará todo. De hecho, nada sé si se me entrega realmente, tengo que cogerlo. Aprovechad... Qué desazón sería no aprovechar. Qué extraño sería un futuro todavía más desolador por no respetar la abundancia consumiéndola.
A qué debo atenerme? Qué debo respetar que no pueda ser amado? Por qué me viola mi conciencia? Acaso debo tener miedo por la amenaza de una quietud infinita, una no conciencia o sensibilidad, un viaje hasta la profundidad del resto de los seres, hasta la profundidad del último ser o del único que existe? Siento que crezco y es la ilusión, no soy yo. No puedo ser menos culpable. Nunca decidí nada aunque crea en ese poder. Es por mi desconcierto, por mi despiste o por mi osadía? Hay tantas razones por las que sentirse culpable, por hacer o por no hacer. Sólo cuando veo sufrir, reacciono, sobrevivo a la muda desesperación. Cual es la regla del alma? Hasta la libertad pertenece a la imaginación. Imaginad un mundo desatado y sin violencia. No sois capaces. Jamás conoceremos la última posibilidad.
Todavía no estoy seguro de, si al decir todo esto, os muevo a la acción o a la no-acción. Quiero creer que me gustaría alejaros de las acciones superfluas para que alcancéis las acciones superiores. Sin embargo, estoy convencido de que cualquier acción puede estar bendecida con la trascendencia, pero no estoy seguro de que la actitud o la voluntad sean, por sí solas, suficientes. Supongo que estamos forzados a buscar, a probar, pero a probar convencidos de que vamos a encontrar. Aún no lo sé...
martes, 1 de febrero de 2011
Lapsus lingue, in absentia, in promptu, in situ...
Anoche tuve un sueño. En él había una guerra; nos sobrevino. Nos dimos cuenta y entramos en pánico. Estábamos en un patio abierto. Había una batalla en el cielo. Recuerdo los latidos, los rayos, un grito humano, corto y estremecedor, nuestro pavor al estar descubiertos, expuestos. Era de noche. Corrimos a escondernos, a buscar refugio a través del patio y nos ocultamos, bajo un techo, a ras de suelo y esperamos a que pasase lo que sucedía; de repente estábamos tranquilos.
Es curioso cómo cambia todo, o parece cambiar. Es justo antes de que intervenga yo y se vuelve injusto conmigo en medio, imperfecto yo, infinitamente imperfecto. Todo lo demás, todos los demás, tan poco conocidos por mi. Caos infinito, la brevedad de lo poco que somos, de lo que vemos, abundante e insuficiente, escaso por poder pensar en todo lo demás, en el resto, en la permanencia de todo lo que hay, detrás, más allá... Porque lo pensamos.
En verdad es tan real el momento que ya ha pasado, como el que está pasando, como el que pasará: es el mismo, pero no puedo darme cuenta. Nominar es separar, pensar es exclusivo, único, y nunca es repetitivo, es sólo una imitación parecida, algo pasado que vuelve a ser nuevo. Ya no tengo ganas de escribir, se me ha pasado la inspiración. No hay inspiración.
Al mantener una existencia casi ajena a la de los demás, a la deriva, errante, sin ley, siento que me destuyo. Casi no consigo nada, ni siquiera lo mínimo, es más, consigo mucho menos y no me doy cuenta, no me dejo darme cuenta de que lo que consigo es tan poco... Siento, enfermizo, (cuando apenas lo pienso, y lo espanto, y vuelvo a lo anterior) que es suficiente, que es abundante, pero en el fondo sé que es una ficción. Lo sé "todo", pero en el fondo. Ése es, a veces, el problema. Pero estoy feliz, soy feliz. Sonrío sin motivo, me dan espasmos de felicidad, soy inquieto y estoy lleno de energía, me duermo y lo olvido, me muero, me distraigo, espero... No puedo cambiar, no quiero cambiar realmente.
Creo que seré feliz en cualquier sitio, y que la calidad de esa felicidad ya está predeterminada. Estaba predeterminada desde el principio, en cada uno de nosotros? La potencia se convierte en acto, la potencia se hace en el acto. Lo que no quiero perderme es seguir descubriendo, seguir entendiendo esto, a través de los demás, porque yo solo, sencillamente, no puedo. Quizás cada vez hable menos, me quede menos de lo que vaciarme, de lo que desentenderme al no poder resolverlo finalmente. Pero sólo quizás. Quizás cada vez me atraviese todo más, y sea más consciente de todo, o no pueda abarcarlo y me desarme, me desentienda o decida luchar hasta desgastarme, lo cual es un hecho, sólo una cuestión de tiempo, de estilo...
Mis misterios se los transmito a los demás. Soy un abismo de imperfección que por algún motivo existe, está aquí y se mantiene, permanece, lucha contra la nada. La vida no es principalmente vivir, sino sobrevivir, escapar y adaptarse a la urgencia del momento, de la causa que sea, la que toque. Todo en la vida está enfrentado a otra cosa, es inestable y se intercambia demasiado rápido, lo que genera desigualdades, caos, crisis, necesidad, ansiedad, deseo..
Escuchar es más importante que hablar, no aporto nada nuevo. Sentí que era más importante cuando lo pensaba. Se pierde tanto en mi desconocimiento, en mi desconcentración, en mi falta de disciplina, de rigor, en mi ser concupiscible. No me importa realmente, ni esto, ni aquello. Lo que sujeto con fuerza ahora porque me viene impuesto mañana lo soltaré, o volará de mi mano demasiado pronto, o se me arrancará o se desvanecerá, que más da. El resultado es el mismo. Todo pasa, todo se pasa. Y yo qué sé...
Tal vez pueda aspirar como mucho a fingir la perfección, a fingir el carisma, el virtuosismo, a especializarme en el fingimiento, en la falsedad mecánica, casi inconsciente, o más inconsciente cada vez, más rápida pero más ciega, más inconsecuente. Es un juego sucio todo esto, sucio e indiferente, traidor. Somos realmente conscientes de nuestro poder? somos más conscientes de nuestra potencia o de nuestra impotencia? Uno se distrae demasiado en los detalles que no importan, en lo superfluo, en lo estúpido... y se olvida de lo importante, siempre es así, y si no es de una manera es de otra, si no es una cosa es otra, así sucesivamente, tiempo y estupidez...
No quiero esto así pero no lo puedo cambiar. No me importa estar así, no me importa, no me importa... Quiero expresarme cada vez mejor para aportar lo mío. Quiero entender mejor, más, más rápido, más profundo. Y nada se detiene, nada se detiene, todo se pierde o cambia, qué mas da...
Todo se reinterpreta o se renueva, la diferencia casi no se nota, es lo mismo, esto, aquello, todo es lo mismo. Somos de lo mismo, lo que cambia es un misterio.
Crear... qué presunción. Me encantaría saber los secretos de la voluntad, no morirme en el trabajo, en lo constante, en lo que más me agota (nos agota), no rendirme tan rápido. Quisiera sudar más, sufrir más, ser capaz de sufrir más o mejor aún, creerme capaz de sufrir más. Eso es lo que desearía. Dominar realmente mi voluntad, dominar mi autorrealización, dar con los secretos de mi mismo, de mi interior, de lo que soy realmente, de lo que necesito ser para ser perfecto... Y no puedo ser más perfecto que esto. Todo esto es una mierda, no es más que mierda; me refiero a lo de fuera. Demasiado incompleto, demasiado injusto, demasiado vacío. No quiero esto, no lo quiero, que se lo lleven, que muera, que pase, que desaparezca, que se derrumbe a tiempo.
Ojalá tenga la cabeza cada vez más grande, o la boca, para reirme más de ello, de la ironía de mi mismo, y de todo lo demás, pues es lo único que podemos hacer, y lo más útil sin duda. Estoy decidido a trabajar más, a no engañarme tanto, a acelerar mis propios cambios y mi madurez, a crear algo con sentido, que sirva para algo, alguna causa fija, concreta, verdadera, auténtica, no sólo esto (mi texto), tan difuso, tan personal e incongruente y extenso, demasiado repetitivo, porque seguramente así estaremos todos, por dentro o por fuera, si no estamos ya, un abismo entre nosotros, de incomunicación, de sentimientos, de satisfacción absurda y tranquila. Esto es lo mismo, las palabras cambian tan poco, hasta donde yo sé...
Ser un buen pensador, un buen escritor... Es una utopía que sólo puedo alcanzar divagando, nadie es mejor, nadie es más entero: un cacho de carne en el espacio, una masa que respira por sí misma, frágil, doliente, impotente e irascible, ciega, mortal... irónico. No quiero criticar en exceso, no quiero no hacer nada o hacer lo equivocado, quiero entender. Esto hay que mejorarlo, la práctica no se da sola, y se hace camino al andar... Y a pesar de todo, en el camino, más allá de esto, no podemos hacer más que tener paciencia, ver la inmovilidad, el deseo constante. Nada se alcanza, nada se alcanza, todo se da solo, llega solo y se va solo. Sin más.
Desengañaos... pero qué sabré yo. Hasta ahora he vivido tan poco, tan poco especial, realmente, sólo una sombra de lo que he visto, de lo que me ha parecido digno o especial a mi mismo, y que sólo me pertenece por imitación. Me visto con ello, juego con ello, simpatizo con ello y no lo comprendo jamás del todo, no llego a lo más profundo, no toco su fondo... me aburro pronto y lo dejo, desaparece el interés y la curiosidad se posa en otra cosa.
Aumentamos, o creemos aumentar, por ser más viejos. Tal vez incluso disminuimos... Nada más, y todo ello me hace expresarme tan poco, pero es tan necesario, un inicio in media res, un sitio de donde partir, todo ya empezado, crear de la nada... y lo que queda no es más que costumbre que se seca, se solidifica, se hace fuerte y finalmente se quiebra, supongo, y vuelta a empezar... Mejor lo suave y moldeable, mejor lo fluido. Pero se repite lo mismo, sin últimas condiciones...
Nada es extraordinario si uno no cree en ello, o nada es realmente extraordinario, interpretación escasa, única y breve. Supongo que esa es la base, la iniciación de ese viaje al abismo interior, a la vida por dentro, a la imaginación, a la conciencia del todo.
Habrá otra inspiración que no sea esta, que nunca conoceré?
Esta es la vida que me ha tocado vivir, me apasiona y me cansa, pero es la que tengo. Soy algo que no entiendo, una materia desconocida, o peor, casi desconocida. Y me paso el tiempo pensando, algo que viene dado, que está ahí, que llena el vacío y me hace disfrutar, cuando podría estar muerto en vida, no pensando, no siendo ese enigma, sino algo hecho pero muerto, inactivo, sin conflicto profundo, sin el centro ni la base, sólo funcionando, sólo existiendo. Me hace sentir orgulloso todo el tiempo. Hasta cuando rotundamente hago las cosas mal, sin lugar a dudas, siento que las estoy haciendo bien, que las puedo hacer mejor, que es útil en el tiempo,
que es un proceso necesario. Aprovecho poco y todos tienen mucho más que yo, pero que lo poco que tengo lo valoro, lo disfruto y lo empleo con una ternura especial, de gran utilidad, todo, sin excepción, pero mi conciencia cambia.
No se salva nada y todo está siempre sobre lo mismo. Esta es la pura realidad, para mi. Menos mal que me ha tocado vivir así, aunque después me arrepienta. Quién sabe si seré un buen trabajador el día de mañana.
Construyo con mi pensamiento un futuro perfecto y le busco soluciones provisionales a todo lo que se me escapa, y siempre se me escapa tanto; soy consciente de tan poco. Lo que es imposible hoy mañana es posible. Malditas frases, maldito yo, mi vida. Pienso en frases solemnes que casi no tienen sentido desde fuera, trato de recordarlas, pienso en su valor, en su utilidad, en su sentido último. Siento que estoy sobre una línea por encima que sólo yo conozco, un juego en el que yo soy experto, pero que soy el único que juega. Lo único que me salva es que a veces me siento conectado a los demás, siento que no lo hago tan mal, que brillo, que lo estoy consiguiendo, que me entiendan, entretenerlos y divertirlos...
Pero sobre todo, sobre todo, hacerlos pensar. Hacerlos pensar como yo, hacerlos pensar cosas que he pensado yo, antes o después. Y me siento como un padre, o alguien sobradamente experimentado sin serlo, que ya ha superado muchas cosas, muchas pruebas, pudiendo ser perfectamente, en cualquier momento falso, según como se mire. No es más que una actitud; lo excesivo es inevitable, se impone, se derrama, y no se controla, se regula solo, se equilibra con el tiempo...
Sobre acertar alguna vez en lo que la gente necesita, en que me escuchen y vean lo que quiero decir, en que les conmueva, en que les mueva... esto es, por supuesto, desajustado, no es absoluto, no es equivalente, pero algo es algo, abismo entre ellos y yo que a veces se conecta brillantemente, y ese puente es tan breve, tan evanescente y quebradizo, tan fugaz. Cuando sucede, tanto ellos como yo balbuceamos, porque nos damos cuenta de la inocencia, de la impotencia, de la vulnerabilidad... Me sorprende incluso que a veces de en el clavo sin proponérmelo, la suerte es tan importante, tan impredecible... No sé si realmente uno crea su propia suerte, es un convencimiento vago, hay tanto por demostrar, tanto por cubrir, y por descubrir...
Pero lo más importante ya está hecho, ya está descubierto. No esperéis encontrar algo demasiado importante porque no lo haréis. Si lo hay os sobrevendrá, no daréis con ello en línea recta, no será predecible, será un cambio espontáneo. Los cambios sustanciales son espontáneos, y si no que vengan y que me demuestren lo contrario, ja!. No hay nadie que no sea torpe alguna vez, que se vacíe en algo que no puede controlar, en un cúmulo de cosas. No hay nadie así, todo es un espejismo tan largo, un espejo distorsionado, eso es, desde fuera. El control es una ilusión. Lo de dentro es otra historia y nosotros no somos más que la sombra de nuestras imperfecciones.
Es curioso cómo cambia todo, o parece cambiar. Es justo antes de que intervenga yo y se vuelve injusto conmigo en medio, imperfecto yo, infinitamente imperfecto. Todo lo demás, todos los demás, tan poco conocidos por mi. Caos infinito, la brevedad de lo poco que somos, de lo que vemos, abundante e insuficiente, escaso por poder pensar en todo lo demás, en el resto, en la permanencia de todo lo que hay, detrás, más allá... Porque lo pensamos.
En verdad es tan real el momento que ya ha pasado, como el que está pasando, como el que pasará: es el mismo, pero no puedo darme cuenta. Nominar es separar, pensar es exclusivo, único, y nunca es repetitivo, es sólo una imitación parecida, algo pasado que vuelve a ser nuevo. Ya no tengo ganas de escribir, se me ha pasado la inspiración. No hay inspiración.
Al mantener una existencia casi ajena a la de los demás, a la deriva, errante, sin ley, siento que me destuyo. Casi no consigo nada, ni siquiera lo mínimo, es más, consigo mucho menos y no me doy cuenta, no me dejo darme cuenta de que lo que consigo es tan poco... Siento, enfermizo, (cuando apenas lo pienso, y lo espanto, y vuelvo a lo anterior) que es suficiente, que es abundante, pero en el fondo sé que es una ficción. Lo sé "todo", pero en el fondo. Ése es, a veces, el problema. Pero estoy feliz, soy feliz. Sonrío sin motivo, me dan espasmos de felicidad, soy inquieto y estoy lleno de energía, me duermo y lo olvido, me muero, me distraigo, espero... No puedo cambiar, no quiero cambiar realmente.
Creo que seré feliz en cualquier sitio, y que la calidad de esa felicidad ya está predeterminada. Estaba predeterminada desde el principio, en cada uno de nosotros? La potencia se convierte en acto, la potencia se hace en el acto. Lo que no quiero perderme es seguir descubriendo, seguir entendiendo esto, a través de los demás, porque yo solo, sencillamente, no puedo. Quizás cada vez hable menos, me quede menos de lo que vaciarme, de lo que desentenderme al no poder resolverlo finalmente. Pero sólo quizás. Quizás cada vez me atraviese todo más, y sea más consciente de todo, o no pueda abarcarlo y me desarme, me desentienda o decida luchar hasta desgastarme, lo cual es un hecho, sólo una cuestión de tiempo, de estilo...
Mis misterios se los transmito a los demás. Soy un abismo de imperfección que por algún motivo existe, está aquí y se mantiene, permanece, lucha contra la nada. La vida no es principalmente vivir, sino sobrevivir, escapar y adaptarse a la urgencia del momento, de la causa que sea, la que toque. Todo en la vida está enfrentado a otra cosa, es inestable y se intercambia demasiado rápido, lo que genera desigualdades, caos, crisis, necesidad, ansiedad, deseo..
Escuchar es más importante que hablar, no aporto nada nuevo. Sentí que era más importante cuando lo pensaba. Se pierde tanto en mi desconocimiento, en mi desconcentración, en mi falta de disciplina, de rigor, en mi ser concupiscible. No me importa realmente, ni esto, ni aquello. Lo que sujeto con fuerza ahora porque me viene impuesto mañana lo soltaré, o volará de mi mano demasiado pronto, o se me arrancará o se desvanecerá, que más da. El resultado es el mismo. Todo pasa, todo se pasa. Y yo qué sé...
Tal vez pueda aspirar como mucho a fingir la perfección, a fingir el carisma, el virtuosismo, a especializarme en el fingimiento, en la falsedad mecánica, casi inconsciente, o más inconsciente cada vez, más rápida pero más ciega, más inconsecuente. Es un juego sucio todo esto, sucio e indiferente, traidor. Somos realmente conscientes de nuestro poder? somos más conscientes de nuestra potencia o de nuestra impotencia? Uno se distrae demasiado en los detalles que no importan, en lo superfluo, en lo estúpido... y se olvida de lo importante, siempre es así, y si no es de una manera es de otra, si no es una cosa es otra, así sucesivamente, tiempo y estupidez...
No quiero esto así pero no lo puedo cambiar. No me importa estar así, no me importa, no me importa... Quiero expresarme cada vez mejor para aportar lo mío. Quiero entender mejor, más, más rápido, más profundo. Y nada se detiene, nada se detiene, todo se pierde o cambia, qué mas da...
Todo se reinterpreta o se renueva, la diferencia casi no se nota, es lo mismo, esto, aquello, todo es lo mismo. Somos de lo mismo, lo que cambia es un misterio.
Crear... qué presunción. Me encantaría saber los secretos de la voluntad, no morirme en el trabajo, en lo constante, en lo que más me agota (nos agota), no rendirme tan rápido. Quisiera sudar más, sufrir más, ser capaz de sufrir más o mejor aún, creerme capaz de sufrir más. Eso es lo que desearía. Dominar realmente mi voluntad, dominar mi autorrealización, dar con los secretos de mi mismo, de mi interior, de lo que soy realmente, de lo que necesito ser para ser perfecto... Y no puedo ser más perfecto que esto. Todo esto es una mierda, no es más que mierda; me refiero a lo de fuera. Demasiado incompleto, demasiado injusto, demasiado vacío. No quiero esto, no lo quiero, que se lo lleven, que muera, que pase, que desaparezca, que se derrumbe a tiempo.
Ojalá tenga la cabeza cada vez más grande, o la boca, para reirme más de ello, de la ironía de mi mismo, y de todo lo demás, pues es lo único que podemos hacer, y lo más útil sin duda. Estoy decidido a trabajar más, a no engañarme tanto, a acelerar mis propios cambios y mi madurez, a crear algo con sentido, que sirva para algo, alguna causa fija, concreta, verdadera, auténtica, no sólo esto (mi texto), tan difuso, tan personal e incongruente y extenso, demasiado repetitivo, porque seguramente así estaremos todos, por dentro o por fuera, si no estamos ya, un abismo entre nosotros, de incomunicación, de sentimientos, de satisfacción absurda y tranquila. Esto es lo mismo, las palabras cambian tan poco, hasta donde yo sé...
Ser un buen pensador, un buen escritor... Es una utopía que sólo puedo alcanzar divagando, nadie es mejor, nadie es más entero: un cacho de carne en el espacio, una masa que respira por sí misma, frágil, doliente, impotente e irascible, ciega, mortal... irónico. No quiero criticar en exceso, no quiero no hacer nada o hacer lo equivocado, quiero entender. Esto hay que mejorarlo, la práctica no se da sola, y se hace camino al andar... Y a pesar de todo, en el camino, más allá de esto, no podemos hacer más que tener paciencia, ver la inmovilidad, el deseo constante. Nada se alcanza, nada se alcanza, todo se da solo, llega solo y se va solo. Sin más.
Desengañaos... pero qué sabré yo. Hasta ahora he vivido tan poco, tan poco especial, realmente, sólo una sombra de lo que he visto, de lo que me ha parecido digno o especial a mi mismo, y que sólo me pertenece por imitación. Me visto con ello, juego con ello, simpatizo con ello y no lo comprendo jamás del todo, no llego a lo más profundo, no toco su fondo... me aburro pronto y lo dejo, desaparece el interés y la curiosidad se posa en otra cosa.
Aumentamos, o creemos aumentar, por ser más viejos. Tal vez incluso disminuimos... Nada más, y todo ello me hace expresarme tan poco, pero es tan necesario, un inicio in media res, un sitio de donde partir, todo ya empezado, crear de la nada... y lo que queda no es más que costumbre que se seca, se solidifica, se hace fuerte y finalmente se quiebra, supongo, y vuelta a empezar... Mejor lo suave y moldeable, mejor lo fluido. Pero se repite lo mismo, sin últimas condiciones...
Nada es extraordinario si uno no cree en ello, o nada es realmente extraordinario, interpretación escasa, única y breve. Supongo que esa es la base, la iniciación de ese viaje al abismo interior, a la vida por dentro, a la imaginación, a la conciencia del todo.
Habrá otra inspiración que no sea esta, que nunca conoceré?
Esta es la vida que me ha tocado vivir, me apasiona y me cansa, pero es la que tengo. Soy algo que no entiendo, una materia desconocida, o peor, casi desconocida. Y me paso el tiempo pensando, algo que viene dado, que está ahí, que llena el vacío y me hace disfrutar, cuando podría estar muerto en vida, no pensando, no siendo ese enigma, sino algo hecho pero muerto, inactivo, sin conflicto profundo, sin el centro ni la base, sólo funcionando, sólo existiendo. Me hace sentir orgulloso todo el tiempo. Hasta cuando rotundamente hago las cosas mal, sin lugar a dudas, siento que las estoy haciendo bien, que las puedo hacer mejor, que es útil en el tiempo,
que es un proceso necesario. Aprovecho poco y todos tienen mucho más que yo, pero que lo poco que tengo lo valoro, lo disfruto y lo empleo con una ternura especial, de gran utilidad, todo, sin excepción, pero mi conciencia cambia.
No se salva nada y todo está siempre sobre lo mismo. Esta es la pura realidad, para mi. Menos mal que me ha tocado vivir así, aunque después me arrepienta. Quién sabe si seré un buen trabajador el día de mañana.
Construyo con mi pensamiento un futuro perfecto y le busco soluciones provisionales a todo lo que se me escapa, y siempre se me escapa tanto; soy consciente de tan poco. Lo que es imposible hoy mañana es posible. Malditas frases, maldito yo, mi vida. Pienso en frases solemnes que casi no tienen sentido desde fuera, trato de recordarlas, pienso en su valor, en su utilidad, en su sentido último. Siento que estoy sobre una línea por encima que sólo yo conozco, un juego en el que yo soy experto, pero que soy el único que juega. Lo único que me salva es que a veces me siento conectado a los demás, siento que no lo hago tan mal, que brillo, que lo estoy consiguiendo, que me entiendan, entretenerlos y divertirlos...
Pero sobre todo, sobre todo, hacerlos pensar. Hacerlos pensar como yo, hacerlos pensar cosas que he pensado yo, antes o después. Y me siento como un padre, o alguien sobradamente experimentado sin serlo, que ya ha superado muchas cosas, muchas pruebas, pudiendo ser perfectamente, en cualquier momento falso, según como se mire. No es más que una actitud; lo excesivo es inevitable, se impone, se derrama, y no se controla, se regula solo, se equilibra con el tiempo...
Sobre acertar alguna vez en lo que la gente necesita, en que me escuchen y vean lo que quiero decir, en que les conmueva, en que les mueva... esto es, por supuesto, desajustado, no es absoluto, no es equivalente, pero algo es algo, abismo entre ellos y yo que a veces se conecta brillantemente, y ese puente es tan breve, tan evanescente y quebradizo, tan fugaz. Cuando sucede, tanto ellos como yo balbuceamos, porque nos damos cuenta de la inocencia, de la impotencia, de la vulnerabilidad... Me sorprende incluso que a veces de en el clavo sin proponérmelo, la suerte es tan importante, tan impredecible... No sé si realmente uno crea su propia suerte, es un convencimiento vago, hay tanto por demostrar, tanto por cubrir, y por descubrir...
Pero lo más importante ya está hecho, ya está descubierto. No esperéis encontrar algo demasiado importante porque no lo haréis. Si lo hay os sobrevendrá, no daréis con ello en línea recta, no será predecible, será un cambio espontáneo. Los cambios sustanciales son espontáneos, y si no que vengan y que me demuestren lo contrario, ja!. No hay nadie que no sea torpe alguna vez, que se vacíe en algo que no puede controlar, en un cúmulo de cosas. No hay nadie así, todo es un espejismo tan largo, un espejo distorsionado, eso es, desde fuera. El control es una ilusión. Lo de dentro es otra historia y nosotros no somos más que la sombra de nuestras imperfecciones.
viernes, 21 de enero de 2011
La odisea del placer
No nos engañemos. Las cosas nunca son, ni serán nunca como deberían ser. La imaginación es demasiado grande, demasiado invasiva. Siempre me acompañará la sombra de lo que podría ser, de lo que podría haber sido, y probablemente ésta sea cada vez más grande. La vida es forzosamente sentimental.
Supongo que lo realmente importante, lo más importante es el estilo con el que llevamos este lastre. El estilo de la pérdida y la caída, y la actitud positiva: todo siempre invadido de esperanza, de potencia. Ver mas allá, es esto lo importante?
pretendo sentirme siempre más de lo que soy? o realmente soy más de lo que parece?
Nunca sé lo suficiente, nunca siento suficiente?
Éste es el motor de mi vida, y haga lo que haga nunca llenaré ese hueco de perfección que está en mi mente, imaginándolo todo una y otra vez, que pasa, que transcurre. Al menos estoy convencido de ello. Si no es entretenimiento no es manipulable; está ahí, dentro, fuera.
Y creo que cada vez lo asumo más, lo acepto, me dejo llevar, me dejo caer, pero no es malo, solo es dramático, indiferente, temporal, cada vez más humano.
Todo es cíclico y repetitivo, no se sale de los límites, y se reinterpreta solo, independiente. La única diferencia es la sensibilidad, nueva en cada paso.
Vivo en una burbuja de satisfacción constante, de pensamiento profundo y de casi no-acción en la que todo esta casi hecho. Me dejo llevar, realidad infinita.
Las personas que conocemos,que influyen más o menos en nuestras vidas son impuestas siempre, no son pactadas; rara vez se da lo contrario.
Todos los intercambios,relaciones,compromisos, imprevistos...están fuera de nuestro control, el control sólo es aparente, casi no existe. El movimiento siempre brutal y limitado, vibra tan poco, está tan muerto en vida...Y eso que el movimiento es la certidumbre de estar vivo. Casi no hay emoción. Es imperfecto, más de lo que pretendemos siempre, y al final, sólo al final, nos queda resignarnos. Realmente nada se acaba, todo se transforma? o es un consuelo vago y simplista? demasiado fácil?
La única perfección que existe es esta, la única, la del momento presente que no se volverá a repetir, la espontánea. No la valoramos o la vemos bien , no comprendemos que las cosas, aunque no lo parezcan sólo pueden ser de una manera, de ésta, porque son. Transcurre, sucede, cambia.
Estamos condenados a cargar con un compromiso que nos queda demasiado grande,el de coger el cielo con la mano, algo que sólo podemos conseguir con la imaginación. Y no digo que no se puedan hacer cosas extraordinarias por medio del esfuerzo o la dedicación que son muy dignas y admirables, sino que todo se puede mejorar, con la mente en primer lugar, y que en lugar de resignarnos, deberíamos ser más conscientes de nuestra serenidad, de nuestra neutralidad última, de que, en definitiva nada es demasiado importante, y entre las cosas que realmente lo son, sin duda figura la de ser feliz en cualquier situación tal como venga, aunque siempre tratemos de hacer algo para mejorarla, o mejor dicho para cumplir, para hacer el papel, aparentemente insustancial.
Todo es pasajero y perecedero, pero podemos aprovecharlo, todo, sin excepción, y esto es una manera de disfrutarlo, que es la manera de ser feliz. Esto son sólo palabras, recogen mi pensamiento, mi justificación. Todo es interesado, pero también es débil, susceptible de caer,
de manifestarse tal cual es; nada permanece oculto demasiado tiempo, todo se revela, se manifiesta, se equilibra y se desequilibra. No pretendamos ser demasiado poderosos o controladores porque no lo seremos. Disfrutemos las cosas tal cual vienen, como son, y tratemos de ser felices a través de ellas, por medio de ellas porque sin duda es la acción más digna, más simple y humilde a la que podemos aspirar.
El principio de todo, el fin de todo,por muchas vueltas y cambios que se den, acabamos en el mismo punto de partida, en la línea del tiempo que avanza, que cambia sola, regular, a parte.
Los cambios se dan solos, y son impredecibles. Siempre estamos a expensas de la incertidumbre,más grande o más pequeña. El futuro es presente (retardado, proyectado) y seguimos sin saber lo que va a pasar, sin tener el control absoluto, el poder absoluto. No dominamos ni todas las circunstancias ni todas las materias, ninguna en el fondo, un atisbo de la personalidad como mucho, una pizca de libertad.
Las sensaciones están previstas, al igual que todo lo demás, pero pueden ser mas envolventes de lo que parecen, no son tan indiferentes como parecen ser. Tienen una profundidad que muchas veces ignoramos. Todo, absolutamente todo nos atraviesa, de unas cosas nos percatamos y de otra no pero todo nos atraviesa, nos influye y nos configura, aunque nos sintamos siempre iguales, siempre quietos, o en el mismo sitio o repitiendo una y otra vez los mismos patrones de conducta, los mismos hábitos y seamos víctimas del cuerpo y sus limitaciones, de sus excesos, de su peso, a fin de cuentas físico, de sus intrincados mecanismos, tan desconocidos e independientes de lo que somos. Es incluso molesto, o una suerte sin sentido, una gracia oportuna. Material, pero también mental y espiritual, su buen condicionamiento, su terrible presencia, perpetua, innegable, poderosa aunque sea limitada. Distraída...
No sé si realmente tenemos todos los mismos huecos,pero da igual. Los huecos que tenemos sólo los podemos llenar de la manera que estamos preparados, sólo de ésa, con el pensamiento.
Y esto me lleva a pensar, el pensamiento trasciende? tal vez, pero no desde luego en la manera que imaginamos, no mágicamente, sino con una base física. Tal vez las palabras puedan llegar hondo, pero en principio sólo podemos cambiar lo de fuera; lo de dentro cambia sólo a un ritmo indeterminado o predeterminado. Tal vez, si el pensamiento trasciende, lo haga de un modo lógico, causal, a largo plazo, cuasi-simultáneo; racionalmente es así.
Todo se compensa y se equilibra; no hay deudas o dudas permanentes en la naturaleza. Sin embargo, al no estar nunca todo ajustado y ser las carencias siempre las mismas, no está todo en el mismo lugar, enfrentado a lo mismo, demandando lo mismo, y cuando ya llega por fin eso que se pide, lo de antes ya no será igual. Esta es la existencia, lo que hay, pero a pesar de esta indiferente injusticia pasajera, de este sistema de continuo borrón y cuenta nueva, se está bien, en el tiempo. Se disfrutan especialmente los preliminares y se padecen lo posterior a lo final de las cosas, así es esto.
Me limito a cumplir mi papel y nunca lo hago bien del todo. Es más, lo hago demasiado mejorable, me acosa la imaginación de una posibilidad más complaciente, más perfecta, y sólo es una posibilidad.
Algo que supuestamente podría haber sido y sólo es una sombra de lo que es, una sombra alargada, alterada, exagerada, no más. Terminaré algún día de comprenderlo? Esa es la vida, la sombra de lo práctico, exagerada.
La imaginación suele ser exagerada, hay que poner siempre el límite en algún sitio, pero nunca se acaba, nada se acaba, ése es el gran misterio, el problema, lo que no cambia, o lo que cambia y es aparente.
Estamos condicionados por gente mucho mejor que nosotros, que ha sacrificado y se ha arriesgado más de lo que nosotros nos arriesgaremos jamás, han sobrepasado los límites y gracias a ellos somos sobrevalorados, protegidos, mimados... y nos creemos más de lo que somos, y nos permitimos el lujo de dormirnos, de confundirnos y de ser ignorantes por sistema, de no conocer nuestros orígenes, nuestras raíces, nuestra naturaleza, las claves de nuestra vida, de la existencia, siempre presentes pero inabarcables, incomprensibles todas a la vez.
Suena simple pero no lo es: todos somos especiales. Todos estamos en una postura diferente, en una circunstancia única e irrepetible, bajo una nueva coyuntura . Todos tenemos la posibilidad, que no el deber o la responsabilidad inevitable, aunque si aconsejable, de conocer cosas nuevas
y diferentes, bien experiencias, sensaciones, pensamientos, la naturaleza es y seguirá siendo siempre la misma. Sólo cambia la forma.
En el fondo nos limitaremos a completar(nos), a experimentar, a desarrollar un papel por un tiempo, a hacer tiempo, un entretenimiento, lo más recreativo, o más bien
autorrealizativo posible. Ésta es la esencia de las cosas. Donde termina uno empieza otro, irrepetible. Así son las personas.
Esta es mi manera de conocer el mundo, de conocer la vida. Pensar y escribir. Esta es mi manera de expresar lo poco o nada que sé, elaborado. Pensando que es mucho más de lo que parece, sobrevalorándolo. Así es mi naturaleza. He nacido para esto si me lo creo
y no lo puedo controlar. No puedo decirle a nadie que no sueñe. Soñar es algo mágico dentro de algo tosco, imperfecto y vulgar, es magia dentro de serrín, de carne en movimiento, carne previsible, oxidable, mortal, al borde de desaparecer y resistiendose por ser permanente, y me gusta, me parece un milagro sano, perenne. Es el mejor entretenimiento que existe. La raíz de todas las autorrealizaciones.
Soñar es la raíz de todos los tipos de amor, del éxito, del placer de la gloria, es el germen de la ilusión, es la esencia de la vida humana perseguir los sueños. Estos nunca son tan vanos como parecen. Todos los sueños son admirables, bellos, placenteros, conmovedores.
Ésta es mi manera de conocer el mundo, existe el destino y ya está aqui. No hay que esperar nada, no hay que hacer nada más que perseguir los sueños, agarrarlos, darles forma, improvisar y disfrutar del resultado, de ser feliz, porque siguiendo esto no hay otra posibilidad, es así de simple, ésta es la actitud y éste es el momento. Siempre es el mismo momento. Las cosas no van a cambiar demasiado.
Todos somos diferentes y lo que nos une es siempre positivo. Aprovechadlo!! dejaos llevar, disfrutad de las pasiones y la inteligencia, del deseo y la necesidad, de la satisfacción de esa necesidad, descubríos, liberaos. Éste es el camino. Si hay otro, no lo hay mejor, pero por supuesto ésta es una cuestión de experiencia. Hay que conocerlo, es particular y por tanto intransferible.
Experimentadlo, vale la pena, todo es muy parecido en el fondo. Las sorpresas no existen, sólo lo menos esperado, lo que conviene más o menos, lo que nos queda por conocer, lo que ya hemos pasado, de lo que nos hemos cansado. La vida es una línea, una base sobre la que se hacen círculos en su inexorable avance. Esos círculos son siempre irregulares, desiguales
distintos en recorrido, duración, extensión, forma.
Qué más podría decir, he dicho todo lo que creo que sé y tengo hambre. La vida sigue, se abre camino, se multiplica, permanece, se impone, se empuja a sí misma! estamos programados para ser felices, para continuar, para permanecer enteros, luchar, ganar, y seguir ganando hasta el final. Es una profecía de triunfo, no importa realmente el objeto sobre el que se vierta, sobre el que se hagan los sueños. Disfrutadlo, aprovechadlo, sed conscientes de la verdad innegable, todo esto es cierto. Por lo menos para mi, y para vosotros?
Descubrid la vida, extendeos, expresaos, sed fuertes, más fuertes que vuestro cuerpo, que el tiempo, desafiadlo, desafiad a la mente, al poder de la imaginación, los límites están siempre para romperlos, y están en el mismo sitio, la mente no. Nos cansaremos de todo, no lo olvidéis, pero siempre habrá algo, mucho más, de lo que cansarse.
La vida es positiva porque es abundante por naturaleza, se abastece a sí misma y perdura, florece, y vuelve a florecer pasado un tiempo. Todo es temporal, fluye, está vivo, todo está impregnado de vida o rodeado de vida, todo esta supeditado a la vida o enfrentado a ella, fuera o dentro, pero junto.
Nunca lo veremos todo y no hace falta, hay que fluir con las cosas, ser la naturaleza y disfrutar de ese ser, ser la vida, hay que ser las cosas, escuchar ver oír, gritar, esperar cantar, dormir, soñar, comer. Todo es continuo y debe ser disfrutado. Éste es mi pequeño legado, creo que es lo mejor que estoy preparado a compartir, y me alegro.
Agradezco lo que tengo, es todo sin yo ser consciente más que de las carencias. El espíritu humano es positivo disfrazándose de negativo, positivo y negativo, positivo y negativo, y las capas nunca se acaban, y el cuerpo nunca se acaba, y el camino nunca se acaba, y las vueltas nunca se acaban, y los sueños nunca se acaban. Imaginad...
Somos demasiado esclavos del presente y no entendemos nunca suficiente las cosas, aunque nos aproximemos, y a veces, incluso, fugazmente, lo conseguimos...
Éste es mi legado, que sabemos que expresarse, que liberarse es inevitable, que los extremos se tocan porque todo es cíclico, que ante todo somos humanos e imperfectos por naturaleza, pero que nuestra naturaleza es también no justificarnos, no conformarnos, y sabemos que no tenemos otro remedio que seguir adelante, que acompañar al tiempo desempeñando un papel, defendiendo una causa, la del momento, la que convenga... siempre somos interesados, buscamos algo un beneficio, un reconocimiento, un mérito u honor, así somos y no podemos evitarlo, como mucho podemos fingirlo o disimularlo, pero al final, o demasiado pronto, siempre se nota.
Hay que asumir que hay muchas cosas que hacemos que no tienen sentido aparente. Hay que sumergirse para encontrar el sentido, la unidad, la conexión... . Hay que callar, sentir, escuchar. Sumergirse en la misma realidad. Hay que aprehender. Pensad que no es inevitable, esforzaos.
No hay más que todo lo que está aquí. No hay distancias demasiado largas o lejanas. Todo es finito y limitado?
El problema es que nunca conocemos ni experimentamos todo lo que hay. Y el problema sobre esto es que no terminamos de convencernos de que todo es parecido, similar, hermano mellizo de otra cosa. Las experiencias son muy parecidas. Convenzámonos de ello porque no hay más, esto es todo, la cuestión es que hay siempre mucho más de lo que parece, que casi todo no es sólo lo que parece. Aparentemente todo es simple y en el fondo siempre es más complejo,pero no se reduce más que a una cuestión de interpretación, de actitud, de punto de vista, y tal vez, sólo tal vez de genética, de circunstancia inevitable. Todo es inevitable, evidente,inmediato, y mayoritariamente siempre desconocido, porfiado, pasado por alto, aprendido por encima, agotado, renovado.
Es inevitable ser manipulador, a nuestro nivel, y no tiene por qué ser siempre negativo si se usa bien, es una cuestión de enfoque, no de responsabilidad; las cosas no van a cambiar tanto, o sí?
Nuestra máxima deben de ser siempre las personas, y dentro de ellas, los sentimientos. Lo que debemos censurarnos como seres humanos es la capacidad de hacer daño indiscriminadamente, gratuitamente, abusivamente. El daño sólo es bueno cuando se recibe, para aprender, para madurar. Para entender mejor.
Debemos no pretender jamás hacer daño a nadie a través de nuestras acciones, pero esto no quiere decir que lo consigamos. No hay nada que se imponga por obligación que sea duradero, lo permanente, lo estable, se forma espontáneamente, probando, madurando, experimentando,
completando círculos, ése es el mecanismo. No somos buenos, tan sólo tratemos de ser lo menos malos posible.
Esto es sólo una iniciativa y es más que suficiente. Todos sabéis a lo que me refiero. Es un conocimiento demasiado puro y simple, libre de extrañezas, típico, una base incontestable, ineludible, que no da lugar a dudas. Además es un contrato a largo plazo para nuestra felicidad duradera. Cuanto más das, más recibes. Cuanto más transparente eres más cosas te atraviesan. Cuanto menos tienes porque compartes o lo empleas, más puedes tener, y eso es lo que queremos, lo que necesitamos.
Somos pura potencia. El acto es sólo una excusa, una base intocable, no depende de nosotros no atiende a nosotros, está ahí y punto,aparentemente estática, sin personalidad, avanza con nosotros, pero independiente de nosotros, la causalidad o la casualidad, da lo mismo, lo arbitrario e impredecible, lo programado y acumulativo,lo desconocido.... no hay objetos ni objetivos infinitos. Nacemos, salimos de ella, padecemos sobre ella pero no está en absoluto bajo nuestro control.
Éste es el mundo. El mundo que yo veo por encima de lo mudo, de lo ordinario que me grita, que me enseña, que me hace constantemente señales y me cambia de sitio la mente, siendo repetitivo, cansándome, haciéndome, que me transforma cada momento, sólo pareciendo igual, abriéndose, mostrándose mejor, completándose hacia lo desconocido. Esto es lo que me hace diferente.
Supongo que lo realmente importante, lo más importante es el estilo con el que llevamos este lastre. El estilo de la pérdida y la caída, y la actitud positiva: todo siempre invadido de esperanza, de potencia. Ver mas allá, es esto lo importante?
pretendo sentirme siempre más de lo que soy? o realmente soy más de lo que parece?
Nunca sé lo suficiente, nunca siento suficiente?
Éste es el motor de mi vida, y haga lo que haga nunca llenaré ese hueco de perfección que está en mi mente, imaginándolo todo una y otra vez, que pasa, que transcurre. Al menos estoy convencido de ello. Si no es entretenimiento no es manipulable; está ahí, dentro, fuera.
Y creo que cada vez lo asumo más, lo acepto, me dejo llevar, me dejo caer, pero no es malo, solo es dramático, indiferente, temporal, cada vez más humano.
Todo es cíclico y repetitivo, no se sale de los límites, y se reinterpreta solo, independiente. La única diferencia es la sensibilidad, nueva en cada paso.
Vivo en una burbuja de satisfacción constante, de pensamiento profundo y de casi no-acción en la que todo esta casi hecho. Me dejo llevar, realidad infinita.
Las personas que conocemos,que influyen más o menos en nuestras vidas son impuestas siempre, no son pactadas; rara vez se da lo contrario.
Todos los intercambios,relaciones,compromisos, imprevistos...están fuera de nuestro control, el control sólo es aparente, casi no existe. El movimiento siempre brutal y limitado, vibra tan poco, está tan muerto en vida...Y eso que el movimiento es la certidumbre de estar vivo. Casi no hay emoción. Es imperfecto, más de lo que pretendemos siempre, y al final, sólo al final, nos queda resignarnos. Realmente nada se acaba, todo se transforma? o es un consuelo vago y simplista? demasiado fácil?
La única perfección que existe es esta, la única, la del momento presente que no se volverá a repetir, la espontánea. No la valoramos o la vemos bien , no comprendemos que las cosas, aunque no lo parezcan sólo pueden ser de una manera, de ésta, porque son. Transcurre, sucede, cambia.
Estamos condenados a cargar con un compromiso que nos queda demasiado grande,el de coger el cielo con la mano, algo que sólo podemos conseguir con la imaginación. Y no digo que no se puedan hacer cosas extraordinarias por medio del esfuerzo o la dedicación que son muy dignas y admirables, sino que todo se puede mejorar, con la mente en primer lugar, y que en lugar de resignarnos, deberíamos ser más conscientes de nuestra serenidad, de nuestra neutralidad última, de que, en definitiva nada es demasiado importante, y entre las cosas que realmente lo son, sin duda figura la de ser feliz en cualquier situación tal como venga, aunque siempre tratemos de hacer algo para mejorarla, o mejor dicho para cumplir, para hacer el papel, aparentemente insustancial.
Todo es pasajero y perecedero, pero podemos aprovecharlo, todo, sin excepción, y esto es una manera de disfrutarlo, que es la manera de ser feliz. Esto son sólo palabras, recogen mi pensamiento, mi justificación. Todo es interesado, pero también es débil, susceptible de caer,
de manifestarse tal cual es; nada permanece oculto demasiado tiempo, todo se revela, se manifiesta, se equilibra y se desequilibra. No pretendamos ser demasiado poderosos o controladores porque no lo seremos. Disfrutemos las cosas tal cual vienen, como son, y tratemos de ser felices a través de ellas, por medio de ellas porque sin duda es la acción más digna, más simple y humilde a la que podemos aspirar.
El principio de todo, el fin de todo,por muchas vueltas y cambios que se den, acabamos en el mismo punto de partida, en la línea del tiempo que avanza, que cambia sola, regular, a parte.
Los cambios se dan solos, y son impredecibles. Siempre estamos a expensas de la incertidumbre,más grande o más pequeña. El futuro es presente (retardado, proyectado) y seguimos sin saber lo que va a pasar, sin tener el control absoluto, el poder absoluto. No dominamos ni todas las circunstancias ni todas las materias, ninguna en el fondo, un atisbo de la personalidad como mucho, una pizca de libertad.
Las sensaciones están previstas, al igual que todo lo demás, pero pueden ser mas envolventes de lo que parecen, no son tan indiferentes como parecen ser. Tienen una profundidad que muchas veces ignoramos. Todo, absolutamente todo nos atraviesa, de unas cosas nos percatamos y de otra no pero todo nos atraviesa, nos influye y nos configura, aunque nos sintamos siempre iguales, siempre quietos, o en el mismo sitio o repitiendo una y otra vez los mismos patrones de conducta, los mismos hábitos y seamos víctimas del cuerpo y sus limitaciones, de sus excesos, de su peso, a fin de cuentas físico, de sus intrincados mecanismos, tan desconocidos e independientes de lo que somos. Es incluso molesto, o una suerte sin sentido, una gracia oportuna. Material, pero también mental y espiritual, su buen condicionamiento, su terrible presencia, perpetua, innegable, poderosa aunque sea limitada. Distraída...
No sé si realmente tenemos todos los mismos huecos,pero da igual. Los huecos que tenemos sólo los podemos llenar de la manera que estamos preparados, sólo de ésa, con el pensamiento.
Y esto me lleva a pensar, el pensamiento trasciende? tal vez, pero no desde luego en la manera que imaginamos, no mágicamente, sino con una base física. Tal vez las palabras puedan llegar hondo, pero en principio sólo podemos cambiar lo de fuera; lo de dentro cambia sólo a un ritmo indeterminado o predeterminado. Tal vez, si el pensamiento trasciende, lo haga de un modo lógico, causal, a largo plazo, cuasi-simultáneo; racionalmente es así.
Todo se compensa y se equilibra; no hay deudas o dudas permanentes en la naturaleza. Sin embargo, al no estar nunca todo ajustado y ser las carencias siempre las mismas, no está todo en el mismo lugar, enfrentado a lo mismo, demandando lo mismo, y cuando ya llega por fin eso que se pide, lo de antes ya no será igual. Esta es la existencia, lo que hay, pero a pesar de esta indiferente injusticia pasajera, de este sistema de continuo borrón y cuenta nueva, se está bien, en el tiempo. Se disfrutan especialmente los preliminares y se padecen lo posterior a lo final de las cosas, así es esto.
Me limito a cumplir mi papel y nunca lo hago bien del todo. Es más, lo hago demasiado mejorable, me acosa la imaginación de una posibilidad más complaciente, más perfecta, y sólo es una posibilidad.
Algo que supuestamente podría haber sido y sólo es una sombra de lo que es, una sombra alargada, alterada, exagerada, no más. Terminaré algún día de comprenderlo? Esa es la vida, la sombra de lo práctico, exagerada.
La imaginación suele ser exagerada, hay que poner siempre el límite en algún sitio, pero nunca se acaba, nada se acaba, ése es el gran misterio, el problema, lo que no cambia, o lo que cambia y es aparente.
Estamos condicionados por gente mucho mejor que nosotros, que ha sacrificado y se ha arriesgado más de lo que nosotros nos arriesgaremos jamás, han sobrepasado los límites y gracias a ellos somos sobrevalorados, protegidos, mimados... y nos creemos más de lo que somos, y nos permitimos el lujo de dormirnos, de confundirnos y de ser ignorantes por sistema, de no conocer nuestros orígenes, nuestras raíces, nuestra naturaleza, las claves de nuestra vida, de la existencia, siempre presentes pero inabarcables, incomprensibles todas a la vez.
Suena simple pero no lo es: todos somos especiales. Todos estamos en una postura diferente, en una circunstancia única e irrepetible, bajo una nueva coyuntura . Todos tenemos la posibilidad, que no el deber o la responsabilidad inevitable, aunque si aconsejable, de conocer cosas nuevas
y diferentes, bien experiencias, sensaciones, pensamientos, la naturaleza es y seguirá siendo siempre la misma. Sólo cambia la forma.
En el fondo nos limitaremos a completar(nos), a experimentar, a desarrollar un papel por un tiempo, a hacer tiempo, un entretenimiento, lo más recreativo, o más bien
autorrealizativo posible. Ésta es la esencia de las cosas. Donde termina uno empieza otro, irrepetible. Así son las personas.
Esta es mi manera de conocer el mundo, de conocer la vida. Pensar y escribir. Esta es mi manera de expresar lo poco o nada que sé, elaborado. Pensando que es mucho más de lo que parece, sobrevalorándolo. Así es mi naturaleza. He nacido para esto si me lo creo
y no lo puedo controlar. No puedo decirle a nadie que no sueñe. Soñar es algo mágico dentro de algo tosco, imperfecto y vulgar, es magia dentro de serrín, de carne en movimiento, carne previsible, oxidable, mortal, al borde de desaparecer y resistiendose por ser permanente, y me gusta, me parece un milagro sano, perenne. Es el mejor entretenimiento que existe. La raíz de todas las autorrealizaciones.
Soñar es la raíz de todos los tipos de amor, del éxito, del placer de la gloria, es el germen de la ilusión, es la esencia de la vida humana perseguir los sueños. Estos nunca son tan vanos como parecen. Todos los sueños son admirables, bellos, placenteros, conmovedores.
Ésta es mi manera de conocer el mundo, existe el destino y ya está aqui. No hay que esperar nada, no hay que hacer nada más que perseguir los sueños, agarrarlos, darles forma, improvisar y disfrutar del resultado, de ser feliz, porque siguiendo esto no hay otra posibilidad, es así de simple, ésta es la actitud y éste es el momento. Siempre es el mismo momento. Las cosas no van a cambiar demasiado.
Todos somos diferentes y lo que nos une es siempre positivo. Aprovechadlo!! dejaos llevar, disfrutad de las pasiones y la inteligencia, del deseo y la necesidad, de la satisfacción de esa necesidad, descubríos, liberaos. Éste es el camino. Si hay otro, no lo hay mejor, pero por supuesto ésta es una cuestión de experiencia. Hay que conocerlo, es particular y por tanto intransferible.
Experimentadlo, vale la pena, todo es muy parecido en el fondo. Las sorpresas no existen, sólo lo menos esperado, lo que conviene más o menos, lo que nos queda por conocer, lo que ya hemos pasado, de lo que nos hemos cansado. La vida es una línea, una base sobre la que se hacen círculos en su inexorable avance. Esos círculos son siempre irregulares, desiguales
distintos en recorrido, duración, extensión, forma.
Qué más podría decir, he dicho todo lo que creo que sé y tengo hambre. La vida sigue, se abre camino, se multiplica, permanece, se impone, se empuja a sí misma! estamos programados para ser felices, para continuar, para permanecer enteros, luchar, ganar, y seguir ganando hasta el final. Es una profecía de triunfo, no importa realmente el objeto sobre el que se vierta, sobre el que se hagan los sueños. Disfrutadlo, aprovechadlo, sed conscientes de la verdad innegable, todo esto es cierto. Por lo menos para mi, y para vosotros?
Descubrid la vida, extendeos, expresaos, sed fuertes, más fuertes que vuestro cuerpo, que el tiempo, desafiadlo, desafiad a la mente, al poder de la imaginación, los límites están siempre para romperlos, y están en el mismo sitio, la mente no. Nos cansaremos de todo, no lo olvidéis, pero siempre habrá algo, mucho más, de lo que cansarse.
La vida es positiva porque es abundante por naturaleza, se abastece a sí misma y perdura, florece, y vuelve a florecer pasado un tiempo. Todo es temporal, fluye, está vivo, todo está impregnado de vida o rodeado de vida, todo esta supeditado a la vida o enfrentado a ella, fuera o dentro, pero junto.
Nunca lo veremos todo y no hace falta, hay que fluir con las cosas, ser la naturaleza y disfrutar de ese ser, ser la vida, hay que ser las cosas, escuchar ver oír, gritar, esperar cantar, dormir, soñar, comer. Todo es continuo y debe ser disfrutado. Éste es mi pequeño legado, creo que es lo mejor que estoy preparado a compartir, y me alegro.
Agradezco lo que tengo, es todo sin yo ser consciente más que de las carencias. El espíritu humano es positivo disfrazándose de negativo, positivo y negativo, positivo y negativo, y las capas nunca se acaban, y el cuerpo nunca se acaba, y el camino nunca se acaba, y las vueltas nunca se acaban, y los sueños nunca se acaban. Imaginad...
Somos demasiado esclavos del presente y no entendemos nunca suficiente las cosas, aunque nos aproximemos, y a veces, incluso, fugazmente, lo conseguimos...
Éste es mi legado, que sabemos que expresarse, que liberarse es inevitable, que los extremos se tocan porque todo es cíclico, que ante todo somos humanos e imperfectos por naturaleza, pero que nuestra naturaleza es también no justificarnos, no conformarnos, y sabemos que no tenemos otro remedio que seguir adelante, que acompañar al tiempo desempeñando un papel, defendiendo una causa, la del momento, la que convenga... siempre somos interesados, buscamos algo un beneficio, un reconocimiento, un mérito u honor, así somos y no podemos evitarlo, como mucho podemos fingirlo o disimularlo, pero al final, o demasiado pronto, siempre se nota.
Hay que asumir que hay muchas cosas que hacemos que no tienen sentido aparente. Hay que sumergirse para encontrar el sentido, la unidad, la conexión... . Hay que callar, sentir, escuchar. Sumergirse en la misma realidad. Hay que aprehender. Pensad que no es inevitable, esforzaos.
No hay más que todo lo que está aquí. No hay distancias demasiado largas o lejanas. Todo es finito y limitado?
El problema es que nunca conocemos ni experimentamos todo lo que hay. Y el problema sobre esto es que no terminamos de convencernos de que todo es parecido, similar, hermano mellizo de otra cosa. Las experiencias son muy parecidas. Convenzámonos de ello porque no hay más, esto es todo, la cuestión es que hay siempre mucho más de lo que parece, que casi todo no es sólo lo que parece. Aparentemente todo es simple y en el fondo siempre es más complejo,pero no se reduce más que a una cuestión de interpretación, de actitud, de punto de vista, y tal vez, sólo tal vez de genética, de circunstancia inevitable. Todo es inevitable, evidente,inmediato, y mayoritariamente siempre desconocido, porfiado, pasado por alto, aprendido por encima, agotado, renovado.
Es inevitable ser manipulador, a nuestro nivel, y no tiene por qué ser siempre negativo si se usa bien, es una cuestión de enfoque, no de responsabilidad; las cosas no van a cambiar tanto, o sí?
Nuestra máxima deben de ser siempre las personas, y dentro de ellas, los sentimientos. Lo que debemos censurarnos como seres humanos es la capacidad de hacer daño indiscriminadamente, gratuitamente, abusivamente. El daño sólo es bueno cuando se recibe, para aprender, para madurar. Para entender mejor.
Debemos no pretender jamás hacer daño a nadie a través de nuestras acciones, pero esto no quiere decir que lo consigamos. No hay nada que se imponga por obligación que sea duradero, lo permanente, lo estable, se forma espontáneamente, probando, madurando, experimentando,
completando círculos, ése es el mecanismo. No somos buenos, tan sólo tratemos de ser lo menos malos posible.
Esto es sólo una iniciativa y es más que suficiente. Todos sabéis a lo que me refiero. Es un conocimiento demasiado puro y simple, libre de extrañezas, típico, una base incontestable, ineludible, que no da lugar a dudas. Además es un contrato a largo plazo para nuestra felicidad duradera. Cuanto más das, más recibes. Cuanto más transparente eres más cosas te atraviesan. Cuanto menos tienes porque compartes o lo empleas, más puedes tener, y eso es lo que queremos, lo que necesitamos.
Somos pura potencia. El acto es sólo una excusa, una base intocable, no depende de nosotros no atiende a nosotros, está ahí y punto,aparentemente estática, sin personalidad, avanza con nosotros, pero independiente de nosotros, la causalidad o la casualidad, da lo mismo, lo arbitrario e impredecible, lo programado y acumulativo,lo desconocido.... no hay objetos ni objetivos infinitos. Nacemos, salimos de ella, padecemos sobre ella pero no está en absoluto bajo nuestro control.
Éste es el mundo. El mundo que yo veo por encima de lo mudo, de lo ordinario que me grita, que me enseña, que me hace constantemente señales y me cambia de sitio la mente, siendo repetitivo, cansándome, haciéndome, que me transforma cada momento, sólo pareciendo igual, abriéndose, mostrándose mejor, completándose hacia lo desconocido. Esto es lo que me hace diferente.
domingo, 9 de enero de 2011
El Logos y el Caos
La realidad que creo con mis pensamientos y mis palabras es muy grande.
En ella puedo meter todo lo que quiera, no importa su complejidad o su tamaño..
aunque rara vez trato de meter algo verdaderamente especial, algo que no hayan deseado otros antes que yo. Haga lo que haga me quedo como al principio, igual.
Dinero, fama, poder... para qué?
Seguiremos teniendo las mismas inseguridades, el mismo afán por superarnos aunque esto sea un eufemismo, deberíamos decir más claramente que se trata de una ansiedad insaciable, ese deseo desmesurado de poder, que al final provoca nuestro agotamiento, nuestro arrepentimiento, tal vez nuestra destrucción.
Todo es caprichoso, lo que depende y lo que no depende de nosotros, y lo caprichoso es arbitrario, nunca se sabe en que va a consistir, cómo o cuándo va a suceder, a pesar de nuestras presunciones, del todo, de lo que siempre es repetitivo.
Se complica por sí solo, y encima nosotros lo complicamos más aún, lo alienamos! lo convertimos en lo que no es, lo sacamos de sí mismo y nunca terminamos de abarcarlo.
Hablo de la simplicidad, de existir y ya está. A veces tengo la sensación de que no hacemos más que patalear, de coletear hasta que un día ya dejamos de hacerlo y nos volvemos ausentes. Somos repetitivos y pasivos por naturaleza, nuestras acciones no pueden tener jamás la trascendencia que pretendemos porque somos demasiado insignificantes, por mucha sacralidad que pretendamos darle a las cosas inertes o vivas, por mucha simbología y metáforas que utilicemos. Todo en el fondo es igual.
Todo es fácilmente cansable, mutable, es pasajero y no nos pertenece,
sólo nos pertenece la inmediatez de este momento, y las consecuencias de la conciencia que siempre, siempre nos afectan directamente y se acolchan, se suceden con indiferencia o arbitrariedad, y todas se parecen a algo anterior.
La belleza es importante, es importante ser conscientes de ella, cada vez más, de su simplicidad, de su misterio. Hacemos lo mismo una y otra vez y nunca nos sabe igual.
Pero todos los momentos son parecidos a algo anterior, y todas las sensaciones.
Todo se repite una y otra vez y nosotros no podemos hacer otra cosa que someternos,
que dejar salir todo lo que hay, de manifestarnos, protestar, pero finalmente resignarnos a la inevitabilidad del cansancio,de la physis de las cosas y del cambio, de los defectos y las imperfecciones, de la insoportable levedad del ser.
En fin, que no he aprendido nada y sigo aqui, intentando abrir mi mente.
Que sólo me he desgastado; el ritmo del desgaste se me escapa. Sólo me quedo con que la naturaleza se empeña en demostrarnos que lo fugaz es permanente pero sólo lo parece, sólo lo parece... Y no todo es lo que parece; lo que ves nunca es todo lo que hay. Hay mucho, y esto es lo único que es simple.
Y no es algo que debamos pensar con mucha frecuencia, aunque ya lo sé, jajaja
el pensamiento es inevitable, es el pensamiento el que nos controla a nosotros.
Sin embargo, hay cosas que hacemos que no son fruto del pensamiento.
Los pensamientos son más perfectos que las acciones, más completos y más profundos.
Así lo veo yo, es más importante lo de dentro que lo de fuera, es más lleno.
Lo de fuera parece vacío, más vacío de lo que es. Siempre hay algo oculto, mucho más que lo manifiesto.
Constantemente, me doy cuenta de que todo lo que conozco es sólo una parte, muy pequeña del todo. No obstante todo debe de ser muy parecido en todos sitios, todo es muy parecido. Voy siempre por los mismos lugares y todo me parece igual, similar, pero siempre es diferente y las palabras siempre se quedan cortas, siempre se acaban. Además, las palabras son putas, engañan, manipulan, distraen y confunden, pero es la única herramienta que nos guía en este caos de nada, o de algo, que es el mundo, envuelto en brillo intrascendente, cegador y pomposo, muchas veces ridículo.
Todo consiste en un entretenimiento, en algo que nos lleva a otra cosa y la esencia siempre se nos escapa, no se puede sentir entera, no se pueden llenar los huecos más molestos, por donde se cae todo siempre, por el mismo sitio..
Y yo sólo soy un hombre más, enfrentado a las imperfecciones de todos los demás y a las mías propias que se entrelazan, que se mezclan y que se vuelven homogéneas y forman la vida, una sola, bella, pero imperfecta. Al final todo se extiende y llega un punto que parece que no hay nada más, nada más y que todo es simple y aburre pensar en su complejidad, si somos capaces; jamás lo comprobaremos porque hay demasiado de todo.
Es todo lo complejo que seamos capaces de pensar. Pensemos que es interminable hasta que se demuestre lo contrario. Siento que comprendo cosas que no puedo demostrar
como por ejemplo que la existencia tiene sentido precisamente por todo esto que he dicho aunque parezca contradictorio. Todo es fácil y cansable, y por tanto, práctico. Una evolución en miniatura.
Me marco mis propios límites, y me ahogo en ellos, pero suelo disfrutar, y reconocer los momentos de calma, acumulación, urgencia y calma de nuevo. Todo es muy repetitivo y yo un listillo pedante que pretende ser humilde, librándose siempre de lo más difícil, de lo inevitable?
Cuanto más peso me quito de encima más libre soy. Sin embargo cada vez tengo más peso encima que no me puedo quitar, y debo vivir con él. Me gusta mi vida, cada vez me gusta más por este motivo, pero es también más duro, hay mucho vacío y mucho lleno en ella. Aunque sea más dulce que agria, sigue siendo siempre agridulce; es una dualidad necesaria, y siempre bella.
Todo apunta a un mismo sitio, al mínimo gasto de energía,a la fragilidad y al cambio, a la sensibilidad humana y cómo inunda todas las realidades, como humaniza todo lo que la rodea y le da un sentido, lo marca con un pensamiento-etiqueta, o mejor dicho con muchos/muchas de ellos, a cada momento uno distinto. En el fondo todo es muy simple.
Me he cansado de pensar las mismas cosas voluntariamente, me da igual que sea indiscutible todo ese amasijo de generalidades que ya me parecen vagas vulgares y manidas. Mi pensamiento es lo único que no es vago en mi. Es lo que me hace sentir más especial y más vivo, a pesar de mis imperfecciones.
Pienso cosas que parecen nuevas y que se parecen irremisiblemente a todo lo anterior a lo que ya no es nuevo, pero siempre lo parece. Las cosas no cambian tanto como parecen. La apariencia es una putada a veces agradable, a veces.
Estas palabras son un mensaje, un mensaje complejo tal vez para vosotros, y para mi mismo, porque lo que se siente no es complejo; expresarlo del todo es siempre imposible, esto es simplemente, otro entretenimiento. Si he creado algo, ha sido un acto de pura voluntad, y eso me alegra, y si no, por lo menos he vaciado parte de lo que creo que poseo, de mi pensamiento, el tiempo que esté aqui.
Sé que me conformo demasiado, soy feliz pero noto carencias que a veces me afectan bastante, tal vez me afecten cada vez más. Siempre es lo mismo en el fondo
se agudiza, se atenua, se agudiza, se atenua...Se repite. Todo está limitado, hasta la imaginación. Así está dispuesto. Conformarnos, asumirlo es cuestión de tiempo. Tal vez cuanto más se es feliz, menos se tiene que hacer para tratar de serlo, y simplemente uno se deja llevar. Pero siempre, siempre somos esclavos de nuestras imperfecciones, y nos afectan.
En el fondo es lo mismo y nada cambia hasta que cambia. No puedo expresarlo bien,
no me importa, cada vez me importa menos. Este es mi destino inmediato, no hay otro, y me gusta, me parece bien, lo acepto. Me entrego a lo que tenga que pasar
si es que tiene que pasar algo, a lo que tenga que ser, y simplemente, será.Mi voluntad no puede estar más allá, está aquí, cada vez más en el momento presente, ahora. Y todo me da igual, nada importa realmente.
Lo que he pensado hace un rato es lo siguiente:
Aunque lo parezca no podemos evitar que las cosas sean así, de esta manera desequilibrada, no podemos evitar ser imperfectos, ni podemos evitar perder algo o perder mucho. Todo pasa muy rápido, demasiado rápido para darnos cuenta de todos los detalles, demasiado rápido siquiera para pretender dominar nada, mas para dejarnos llevar.
Y nunca atendemos suficientemente a lo esencial, a lo importante.
Lo importante es todo aquello que no es discutible. Pertenece sólo al presente?
Sinceramente, ya me da igual a estas alturas, pienso que sólo importa ser feliz
y si hay que escapar para ello, escapad hasta que ya no podáis o no queráis más.
Hay que hacer cosas, pero no se puede pretender hacer todo bien(tampoco se puede pretender hacer nada del todo bien y sólo como salga, como es mi caso,que no me cueste casi ningún esfuerzo, todo cuesta algo) todo en orden, todo ajustado.
Siempre faltan cosas, cada vez somos mas definidos dentro de nuestros defectos, más esclavos de ellos, esclavos de nuestras verdades, de algo que nos controla y que nos hace no ser tan perfectos como las imágenes de fuera que vemos del mundo, irreales, exageradas, falsas. No penséis más allá si no es para daros cuenta de esto.
Es simple, no penséis si no es para esto.
En fin, disfruto del presente hasta que se acabe; qué más podría hacer. Ser consciente de las imperfecciones no es tan malo. Sirve para valorar más todo lo demás y ver mejor la belleza, y desde más perspectivas, con más cariño y paciencia. Una vez aceptas que somos muy pequeños e incapaces y que sólo nos podemos dejar llevar al final, qué más podríamos hacer... Cuando aceptas que no puede ser todo perfecto, estrictamente perfecto y lo abarcas tal como es, todo se vuelve más perfecto, o mejor dicho, más bello.
Todo el mundo hace lo que le da la gana, tarde o temprano, lo que pasa es que lo hacen a distinto ritmo. Ese es el "problema". Si contienes, es porque sabes que acabarás soltando. Ser más definido es ser más imperfecto e ignorante, pero puede que hayan más tendencias a parte de esa...
Subios a la serpiente...
Simples palabras; qué fácil es usarlas cuando no se dice nada. De "nada".
Mi realidad no puedo compartirla, mi mundo interior, hasta que demuestre lo contrario. Al intentarlo, digo cosas que no pensé que quería decir, o que podría decir. Amplio mis horizontes, intento y siento hacerme más grande por dentro, es voluntario, pero también es involuntario; todo lo es.
Nunca es todo mentira. Jamás podré entenderme yo mismo del todo ni compartir todo y da igual, da igual. Es un entretenimiento más. No necesitamos que nos entiendan tanto como parece. Todo es personal, es casual. Debemos aceptarlo y respetarlo, aunque se entremezcle indescriptiblemente, y todo se vuelva homogéneo, una sola cosa. Y menos mal, ya es de por sí bastante aburrido todo esto con los misterios, imaginaos sin ellos, todo ya hecho, ya resuelto, como sentimos que ya es día a día en nuestras rutinas, ignorándolos la mayoría del tiempo. Rellenan una parte más del absurdo entretenimiento. Ése es el mundo, así es nuestra vida, que pasa...
En el fondo no hay misterios, no los hay.
Dejaos llevar, subíos a la serpiente y perdeos en el mundo de fragilidades.
Disfrutad del viaje; nada es permanente aunque lo parezca.
Subíos a la serpiente...
Pero no podemos darnos cuenta, buscando constantemente algo que no hay.Lo "perfecto" "existe" porque existe lo imperfecto.Las carencias superiores, los asuntos importantes, lo indiscutible, son siempre las mismas. No importa la forma, no importa la apariencia. Se impone, nosotros no podemos hacer más que darnos cuenta, reflexionarlo, entenderlo lo mejor que podamos, y sobrellevarlo. Eso es lo que hay que hacer, pero hay que vivir libres. La libertad es lo más importante y la libertad debe ser por fuerza espontánea e imperfecta.
En ella puedo meter todo lo que quiera, no importa su complejidad o su tamaño..
aunque rara vez trato de meter algo verdaderamente especial, algo que no hayan deseado otros antes que yo. Haga lo que haga me quedo como al principio, igual.
Dinero, fama, poder... para qué?
Seguiremos teniendo las mismas inseguridades, el mismo afán por superarnos aunque esto sea un eufemismo, deberíamos decir más claramente que se trata de una ansiedad insaciable, ese deseo desmesurado de poder, que al final provoca nuestro agotamiento, nuestro arrepentimiento, tal vez nuestra destrucción.
Todo es caprichoso, lo que depende y lo que no depende de nosotros, y lo caprichoso es arbitrario, nunca se sabe en que va a consistir, cómo o cuándo va a suceder, a pesar de nuestras presunciones, del todo, de lo que siempre es repetitivo.
Se complica por sí solo, y encima nosotros lo complicamos más aún, lo alienamos! lo convertimos en lo que no es, lo sacamos de sí mismo y nunca terminamos de abarcarlo.
Hablo de la simplicidad, de existir y ya está. A veces tengo la sensación de que no hacemos más que patalear, de coletear hasta que un día ya dejamos de hacerlo y nos volvemos ausentes. Somos repetitivos y pasivos por naturaleza, nuestras acciones no pueden tener jamás la trascendencia que pretendemos porque somos demasiado insignificantes, por mucha sacralidad que pretendamos darle a las cosas inertes o vivas, por mucha simbología y metáforas que utilicemos. Todo en el fondo es igual.
Todo es fácilmente cansable, mutable, es pasajero y no nos pertenece,
sólo nos pertenece la inmediatez de este momento, y las consecuencias de la conciencia que siempre, siempre nos afectan directamente y se acolchan, se suceden con indiferencia o arbitrariedad, y todas se parecen a algo anterior.
La belleza es importante, es importante ser conscientes de ella, cada vez más, de su simplicidad, de su misterio. Hacemos lo mismo una y otra vez y nunca nos sabe igual.
Pero todos los momentos son parecidos a algo anterior, y todas las sensaciones.
Todo se repite una y otra vez y nosotros no podemos hacer otra cosa que someternos,
que dejar salir todo lo que hay, de manifestarnos, protestar, pero finalmente resignarnos a la inevitabilidad del cansancio,de la physis de las cosas y del cambio, de los defectos y las imperfecciones, de la insoportable levedad del ser.
En fin, que no he aprendido nada y sigo aqui, intentando abrir mi mente.
Que sólo me he desgastado; el ritmo del desgaste se me escapa. Sólo me quedo con que la naturaleza se empeña en demostrarnos que lo fugaz es permanente pero sólo lo parece, sólo lo parece... Y no todo es lo que parece; lo que ves nunca es todo lo que hay. Hay mucho, y esto es lo único que es simple.
Y no es algo que debamos pensar con mucha frecuencia, aunque ya lo sé, jajaja
el pensamiento es inevitable, es el pensamiento el que nos controla a nosotros.
Sin embargo, hay cosas que hacemos que no son fruto del pensamiento.
Los pensamientos son más perfectos que las acciones, más completos y más profundos.
Así lo veo yo, es más importante lo de dentro que lo de fuera, es más lleno.
Lo de fuera parece vacío, más vacío de lo que es. Siempre hay algo oculto, mucho más que lo manifiesto.
Constantemente, me doy cuenta de que todo lo que conozco es sólo una parte, muy pequeña del todo. No obstante todo debe de ser muy parecido en todos sitios, todo es muy parecido. Voy siempre por los mismos lugares y todo me parece igual, similar, pero siempre es diferente y las palabras siempre se quedan cortas, siempre se acaban. Además, las palabras son putas, engañan, manipulan, distraen y confunden, pero es la única herramienta que nos guía en este caos de nada, o de algo, que es el mundo, envuelto en brillo intrascendente, cegador y pomposo, muchas veces ridículo.
Todo consiste en un entretenimiento, en algo que nos lleva a otra cosa y la esencia siempre se nos escapa, no se puede sentir entera, no se pueden llenar los huecos más molestos, por donde se cae todo siempre, por el mismo sitio..
Y yo sólo soy un hombre más, enfrentado a las imperfecciones de todos los demás y a las mías propias que se entrelazan, que se mezclan y que se vuelven homogéneas y forman la vida, una sola, bella, pero imperfecta. Al final todo se extiende y llega un punto que parece que no hay nada más, nada más y que todo es simple y aburre pensar en su complejidad, si somos capaces; jamás lo comprobaremos porque hay demasiado de todo.
Es todo lo complejo que seamos capaces de pensar. Pensemos que es interminable hasta que se demuestre lo contrario. Siento que comprendo cosas que no puedo demostrar
como por ejemplo que la existencia tiene sentido precisamente por todo esto que he dicho aunque parezca contradictorio. Todo es fácil y cansable, y por tanto, práctico. Una evolución en miniatura.
Me marco mis propios límites, y me ahogo en ellos, pero suelo disfrutar, y reconocer los momentos de calma, acumulación, urgencia y calma de nuevo. Todo es muy repetitivo y yo un listillo pedante que pretende ser humilde, librándose siempre de lo más difícil, de lo inevitable?
Cuanto más peso me quito de encima más libre soy. Sin embargo cada vez tengo más peso encima que no me puedo quitar, y debo vivir con él. Me gusta mi vida, cada vez me gusta más por este motivo, pero es también más duro, hay mucho vacío y mucho lleno en ella. Aunque sea más dulce que agria, sigue siendo siempre agridulce; es una dualidad necesaria, y siempre bella.
Todo apunta a un mismo sitio, al mínimo gasto de energía,a la fragilidad y al cambio, a la sensibilidad humana y cómo inunda todas las realidades, como humaniza todo lo que la rodea y le da un sentido, lo marca con un pensamiento-etiqueta, o mejor dicho con muchos/muchas de ellos, a cada momento uno distinto. En el fondo todo es muy simple.
Me he cansado de pensar las mismas cosas voluntariamente, me da igual que sea indiscutible todo ese amasijo de generalidades que ya me parecen vagas vulgares y manidas. Mi pensamiento es lo único que no es vago en mi. Es lo que me hace sentir más especial y más vivo, a pesar de mis imperfecciones.
Pienso cosas que parecen nuevas y que se parecen irremisiblemente a todo lo anterior a lo que ya no es nuevo, pero siempre lo parece. Las cosas no cambian tanto como parecen. La apariencia es una putada a veces agradable, a veces.
Estas palabras son un mensaje, un mensaje complejo tal vez para vosotros, y para mi mismo, porque lo que se siente no es complejo; expresarlo del todo es siempre imposible, esto es simplemente, otro entretenimiento. Si he creado algo, ha sido un acto de pura voluntad, y eso me alegra, y si no, por lo menos he vaciado parte de lo que creo que poseo, de mi pensamiento, el tiempo que esté aqui.
Sé que me conformo demasiado, soy feliz pero noto carencias que a veces me afectan bastante, tal vez me afecten cada vez más. Siempre es lo mismo en el fondo
se agudiza, se atenua, se agudiza, se atenua...Se repite. Todo está limitado, hasta la imaginación. Así está dispuesto. Conformarnos, asumirlo es cuestión de tiempo. Tal vez cuanto más se es feliz, menos se tiene que hacer para tratar de serlo, y simplemente uno se deja llevar. Pero siempre, siempre somos esclavos de nuestras imperfecciones, y nos afectan.
En el fondo es lo mismo y nada cambia hasta que cambia. No puedo expresarlo bien,
no me importa, cada vez me importa menos. Este es mi destino inmediato, no hay otro, y me gusta, me parece bien, lo acepto. Me entrego a lo que tenga que pasar
si es que tiene que pasar algo, a lo que tenga que ser, y simplemente, será.Mi voluntad no puede estar más allá, está aquí, cada vez más en el momento presente, ahora. Y todo me da igual, nada importa realmente.
Lo que he pensado hace un rato es lo siguiente:
Aunque lo parezca no podemos evitar que las cosas sean así, de esta manera desequilibrada, no podemos evitar ser imperfectos, ni podemos evitar perder algo o perder mucho. Todo pasa muy rápido, demasiado rápido para darnos cuenta de todos los detalles, demasiado rápido siquiera para pretender dominar nada, mas para dejarnos llevar.
Y nunca atendemos suficientemente a lo esencial, a lo importante.
Lo importante es todo aquello que no es discutible. Pertenece sólo al presente?
Sinceramente, ya me da igual a estas alturas, pienso que sólo importa ser feliz
y si hay que escapar para ello, escapad hasta que ya no podáis o no queráis más.
Hay que hacer cosas, pero no se puede pretender hacer todo bien(tampoco se puede pretender hacer nada del todo bien y sólo como salga, como es mi caso,que no me cueste casi ningún esfuerzo, todo cuesta algo) todo en orden, todo ajustado.
Siempre faltan cosas, cada vez somos mas definidos dentro de nuestros defectos, más esclavos de ellos, esclavos de nuestras verdades, de algo que nos controla y que nos hace no ser tan perfectos como las imágenes de fuera que vemos del mundo, irreales, exageradas, falsas. No penséis más allá si no es para daros cuenta de esto.
Es simple, no penséis si no es para esto.
En fin, disfruto del presente hasta que se acabe; qué más podría hacer. Ser consciente de las imperfecciones no es tan malo. Sirve para valorar más todo lo demás y ver mejor la belleza, y desde más perspectivas, con más cariño y paciencia. Una vez aceptas que somos muy pequeños e incapaces y que sólo nos podemos dejar llevar al final, qué más podríamos hacer... Cuando aceptas que no puede ser todo perfecto, estrictamente perfecto y lo abarcas tal como es, todo se vuelve más perfecto, o mejor dicho, más bello.
Todo el mundo hace lo que le da la gana, tarde o temprano, lo que pasa es que lo hacen a distinto ritmo. Ese es el "problema". Si contienes, es porque sabes que acabarás soltando. Ser más definido es ser más imperfecto e ignorante, pero puede que hayan más tendencias a parte de esa...
Subios a la serpiente...
Simples palabras; qué fácil es usarlas cuando no se dice nada. De "nada".
Mi realidad no puedo compartirla, mi mundo interior, hasta que demuestre lo contrario. Al intentarlo, digo cosas que no pensé que quería decir, o que podría decir. Amplio mis horizontes, intento y siento hacerme más grande por dentro, es voluntario, pero también es involuntario; todo lo es.
Nunca es todo mentira. Jamás podré entenderme yo mismo del todo ni compartir todo y da igual, da igual. Es un entretenimiento más. No necesitamos que nos entiendan tanto como parece. Todo es personal, es casual. Debemos aceptarlo y respetarlo, aunque se entremezcle indescriptiblemente, y todo se vuelva homogéneo, una sola cosa. Y menos mal, ya es de por sí bastante aburrido todo esto con los misterios, imaginaos sin ellos, todo ya hecho, ya resuelto, como sentimos que ya es día a día en nuestras rutinas, ignorándolos la mayoría del tiempo. Rellenan una parte más del absurdo entretenimiento. Ése es el mundo, así es nuestra vida, que pasa...
En el fondo no hay misterios, no los hay.
Dejaos llevar, subíos a la serpiente y perdeos en el mundo de fragilidades.
Disfrutad del viaje; nada es permanente aunque lo parezca.
Subíos a la serpiente...
Pero no podemos darnos cuenta, buscando constantemente algo que no hay.Lo "perfecto" "existe" porque existe lo imperfecto.Las carencias superiores, los asuntos importantes, lo indiscutible, son siempre las mismas. No importa la forma, no importa la apariencia. Se impone, nosotros no podemos hacer más que darnos cuenta, reflexionarlo, entenderlo lo mejor que podamos, y sobrellevarlo. Eso es lo que hay que hacer, pero hay que vivir libres. La libertad es lo más importante y la libertad debe ser por fuerza espontánea e imperfecta.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)