martes, 1 de febrero de 2011

Lapsus lingue, in absentia, in promptu, in situ...

Anoche tuve un sueño. En él había una guerra; nos sobrevino. Nos dimos cuenta y entramos en pánico. Estábamos en un patio abierto. Había una batalla en el cielo. Recuerdo los latidos, los rayos, un grito humano, corto y estremecedor, nuestro pavor al estar descubiertos, expuestos. Era de noche. Corrimos a escondernos, a buscar refugio a través del patio y nos ocultamos, bajo un techo, a ras de suelo y esperamos a que pasase lo que sucedía; de repente estábamos tranquilos.

Es curioso cómo cambia todo, o parece cambiar. Es justo antes de que intervenga yo y se vuelve injusto conmigo en medio, imperfecto yo, infinitamente imperfecto. Todo lo demás, todos los demás, tan poco conocidos por mi. Caos infinito, la brevedad de lo poco que somos, de lo que vemos, abundante e insuficiente, escaso por poder pensar en todo lo demás, en el resto, en la permanencia de todo lo que hay, detrás, más allá... Porque lo pensamos.

En verdad es tan real el momento que ya ha pasado, como el que está pasando, como el que pasará: es el mismo, pero no puedo darme cuenta. Nominar es separar, pensar es exclusivo, único, y nunca es repetitivo, es sólo una imitación parecida, algo pasado que vuelve a ser nuevo. Ya no tengo ganas de escribir, se me ha pasado la inspiración. No hay inspiración.

Al mantener una existencia casi ajena a la de los demás, a la deriva, errante, sin ley, siento que me destuyo. Casi no consigo nada, ni siquiera lo mínimo, es más, consigo mucho menos y no me doy cuenta, no me dejo darme cuenta de que lo que consigo es tan poco... Siento, enfermizo, (cuando apenas lo pienso, y lo espanto, y vuelvo a lo anterior) que es suficiente, que es abundante, pero en el fondo sé que es una ficción. Lo sé "todo", pero en el fondo. Ése es, a veces, el problema. Pero estoy feliz, soy feliz. Sonrío sin motivo, me dan espasmos de felicidad, soy inquieto y estoy lleno de energía, me duermo y lo olvido, me muero, me distraigo, espero... No puedo cambiar, no quiero cambiar realmente.

Creo que seré feliz en cualquier sitio, y que la calidad de esa felicidad ya está predeterminada. Estaba predeterminada desde el principio, en cada uno de nosotros? La potencia se convierte en acto, la potencia se hace en el acto. Lo que no quiero perderme es seguir descubriendo, seguir entendiendo esto, a través de los demás, porque yo solo, sencillamente, no puedo. Quizás cada vez hable menos, me quede menos de lo que vaciarme, de lo que desentenderme al no poder resolverlo finalmente. Pero sólo quizás. Quizás cada vez me atraviese todo más, y sea más consciente de todo, o no pueda abarcarlo y me desarme, me desentienda o decida luchar hasta desgastarme, lo cual es un hecho, sólo una cuestión de tiempo, de estilo...

Mis misterios se los transmito a los demás. Soy un abismo de imperfección que por algún motivo existe, está aquí y se mantiene, permanece, lucha contra la nada. La vida no es principalmente vivir, sino sobrevivir, escapar y adaptarse a la urgencia del momento, de la causa que sea, la que toque. Todo en la vida está enfrentado a otra cosa, es inestable y se intercambia demasiado rápido, lo que genera desigualdades, caos, crisis, necesidad, ansiedad, deseo..

Escuchar es más importante que hablar, no aporto nada nuevo. Sentí que era más importante cuando lo pensaba. Se pierde tanto en mi desconocimiento, en mi desconcentración, en mi falta de disciplina, de rigor, en mi ser concupiscible. No me importa realmente, ni esto, ni aquello. Lo que sujeto con fuerza ahora porque me viene impuesto mañana lo soltaré, o volará de mi mano demasiado pronto, o se me arrancará o se desvanecerá, que más da. El resultado es el mismo. Todo pasa, todo se pasa. Y yo qué sé...

Tal vez pueda aspirar como mucho a fingir la perfección, a fingir el carisma, el virtuosismo, a especializarme en el fingimiento, en la falsedad mecánica, casi inconsciente, o más inconsciente cada vez, más rápida pero más ciega, más inconsecuente. Es un juego sucio todo esto, sucio e indiferente, traidor. Somos realmente conscientes de nuestro poder? somos más conscientes de nuestra potencia o de nuestra impotencia? Uno se distrae demasiado en los detalles que no importan, en lo superfluo, en lo estúpido... y se olvida de lo importante, siempre es así, y si no es de una manera es de otra, si no es una cosa es otra, así sucesivamente, tiempo y estupidez...

No quiero esto así pero no lo puedo cambiar. No me importa estar así, no me importa, no me importa... Quiero expresarme cada vez mejor para aportar lo mío. Quiero entender mejor, más, más rápido, más profundo. Y nada se detiene, nada se detiene, todo se pierde o cambia, qué mas da...

Todo se reinterpreta o se renueva, la diferencia casi no se nota, es lo mismo, esto, aquello, todo es lo mismo. Somos de lo mismo, lo que cambia es un misterio.

Crear... qué presunción. Me encantaría saber los secretos de la voluntad, no morirme en el trabajo, en lo constante, en lo que más me agota (nos agota), no rendirme tan rápido. Quisiera sudar más, sufrir más, ser capaz de sufrir más o mejor aún, creerme capaz de sufrir más. Eso es lo que desearía. Dominar realmente mi voluntad, dominar mi autorrealización, dar con los secretos de mi mismo, de mi interior, de lo que soy realmente, de lo que necesito ser para ser perfecto... Y no puedo ser más perfecto que esto. Todo esto es una mierda, no es más que mierda; me refiero a lo de fuera. Demasiado incompleto, demasiado injusto, demasiado vacío. No quiero esto, no lo quiero, que se lo lleven, que muera, que pase, que desaparezca, que se derrumbe a tiempo.

Ojalá tenga la cabeza cada vez más grande, o la boca, para reirme más de ello, de la ironía de mi mismo, y de todo lo demás, pues es lo único que podemos hacer, y lo más útil sin duda. Estoy decidido a trabajar más, a no engañarme tanto, a acelerar mis propios cambios y mi madurez, a crear algo con sentido, que sirva para algo, alguna causa fija, concreta, verdadera, auténtica, no sólo esto (mi texto), tan difuso, tan personal e incongruente y extenso, demasiado repetitivo, porque seguramente así estaremos todos, por dentro o por fuera, si no estamos ya, un abismo entre nosotros, de incomunicación, de sentimientos, de satisfacción absurda y tranquila. Esto es lo mismo, las palabras cambian tan poco, hasta donde yo sé...

Ser un buen pensador, un buen escritor... Es una utopía que sólo puedo alcanzar divagando, nadie es mejor, nadie es más entero: un cacho de carne en el espacio, una masa que respira por sí misma, frágil, doliente, impotente e irascible, ciega, mortal... irónico. No quiero criticar en exceso, no quiero no hacer nada o hacer lo equivocado, quiero entender. Esto hay que mejorarlo, la práctica no se da sola, y se hace camino al andar... Y a pesar de todo, en el camino, más allá de esto, no podemos hacer más que tener paciencia, ver la inmovilidad, el deseo constante. Nada se alcanza, nada se alcanza, todo se da solo, llega solo y se va solo. Sin más.

Desengañaos... pero qué sabré yo. Hasta ahora he vivido tan poco, tan poco especial, realmente, sólo una sombra de lo que he visto, de lo que me ha parecido digno o especial a mi mismo, y que sólo me pertenece por imitación. Me visto con ello, juego con ello, simpatizo con ello y no lo comprendo jamás del todo, no llego a lo más profundo, no toco su fondo... me aburro pronto y lo dejo, desaparece el interés y la curiosidad se posa en otra cosa.

Aumentamos, o creemos aumentar, por ser más viejos. Tal vez incluso disminuimos... Nada más, y todo ello me hace expresarme tan poco, pero es tan necesario, un inicio in media res, un sitio de donde partir, todo ya empezado, crear de la nada... y lo que queda no es más que costumbre que se seca, se solidifica, se hace fuerte y finalmente se quiebra, supongo, y vuelta a empezar... Mejor lo suave y moldeable, mejor lo fluido. Pero se repite lo mismo, sin últimas condiciones...

Nada es extraordinario si uno no cree en ello, o nada es realmente extraordinario, interpretación escasa, única y breve. Supongo que esa es la base, la iniciación de ese viaje al abismo interior, a la vida por dentro, a la imaginación, a la conciencia del todo.

Habrá otra inspiración que no sea esta, que nunca conoceré?
Esta es la vida que me ha tocado vivir, me apasiona y me cansa, pero es la que tengo. Soy algo que no entiendo, una materia desconocida, o peor, casi desconocida. Y me paso el tiempo pensando, algo que viene dado, que está ahí, que llena el vacío y me hace disfrutar, cuando podría estar muerto en vida, no pensando, no siendo ese enigma, sino algo hecho pero muerto, inactivo, sin conflicto profundo, sin el centro ni la base, sólo funcionando, sólo existiendo. Me hace sentir orgulloso todo el tiempo. Hasta cuando rotundamente hago las cosas mal, sin lugar a dudas, siento que las estoy haciendo bien, que las puedo hacer mejor, que es útil en el tiempo,
que es un proceso necesario. Aprovecho poco y todos tienen mucho más que yo, pero que lo poco que tengo lo valoro, lo disfruto y lo empleo con una ternura especial, de gran utilidad, todo, sin excepción, pero mi conciencia cambia.

No se salva nada y todo está siempre sobre lo mismo. Esta es la pura realidad, para mi. Menos mal que me ha tocado vivir así, aunque después me arrepienta. Quién sabe si seré un buen trabajador el día de mañana.

Construyo con mi pensamiento un futuro perfecto y le busco soluciones provisionales a todo lo que se me escapa, y siempre se me escapa tanto; soy consciente de tan poco. Lo que es imposible hoy mañana es posible. Malditas frases, maldito yo, mi vida. Pienso en frases solemnes que casi no tienen sentido desde fuera, trato de recordarlas, pienso en su valor, en su utilidad, en su sentido último. Siento que estoy sobre una línea por encima que sólo yo conozco, un juego en el que yo soy experto, pero que soy el único que juega. Lo único que me salva es que a veces me siento conectado a los demás, siento que no lo hago tan mal, que brillo, que lo estoy consiguiendo, que me entiendan, entretenerlos y divertirlos...

Pero sobre todo, sobre todo, hacerlos pensar. Hacerlos pensar como yo, hacerlos pensar cosas que he pensado yo, antes o después. Y me siento como un padre, o alguien sobradamente experimentado sin serlo, que ya ha superado muchas cosas, muchas pruebas, pudiendo ser perfectamente, en cualquier momento falso, según como se mire. No es más que una actitud; lo excesivo es inevitable, se impone, se derrama, y no se controla, se regula solo, se equilibra con el tiempo...

Sobre acertar alguna vez en lo que la gente necesita, en que me escuchen y vean lo que quiero decir, en que les conmueva, en que les mueva... esto es, por supuesto, desajustado, no es absoluto, no es equivalente, pero algo es algo, abismo entre ellos y yo que a veces se conecta brillantemente, y ese puente es tan breve, tan evanescente y quebradizo, tan fugaz. Cuando sucede, tanto ellos como yo balbuceamos, porque nos damos cuenta de la inocencia, de la impotencia, de la vulnerabilidad... Me sorprende incluso que a veces de en el clavo sin proponérmelo, la suerte es tan importante, tan impredecible... No sé si realmente uno crea su propia suerte, es un convencimiento vago, hay tanto por demostrar, tanto por cubrir, y por descubrir...

Pero lo más importante ya está hecho, ya está descubierto. No esperéis encontrar algo demasiado importante porque no lo haréis. Si lo hay os sobrevendrá, no daréis con ello en línea recta, no será predecible, será un cambio espontáneo. Los cambios sustanciales son espontáneos, y si no que vengan y que me demuestren lo contrario, ja!. No hay nadie que no sea torpe alguna vez, que se vacíe en algo que no puede controlar, en un cúmulo de cosas. No hay nadie así, todo es un espejismo tan largo, un espejo distorsionado, eso es, desde fuera. El control es una ilusión. Lo de dentro es otra historia y nosotros no somos más que la sombra de nuestras imperfecciones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario