miércoles, 23 de febrero de 2011

Explota y se dispersa

No es necesario tener razón. Nunca tenemos razón. Siempre huimos de algo mayor, que nos puede. La razón es una actitud. El conocimiento no se puede saber, sólo se puede experimentar. Es la única verdad que existe, la única que está en contacto con nosotros, que nos saca de la ignorancia y pone a prueba a la naturaleza misma.

Existen dos tipos de trascendencia, la trascendencia falsa y la verdadera. La falsa imita a la verdadera, existe después de ella. La verdadera tiene mucha más fuerza y es, al mismo tiempo, mucho más discreta, lleva más tiempo, más esfuerzo. El tiempo es esfuerzo, o el incremento del esfuerzo. Necesitamos imitar la trascendencia, necesitamos falsear la realidad para consolarnos. No soportamos el anonimato o la soledad, aunque estemos con gente, aunque a veces nos sintamos escuchados... Tenemos tantísimo que compartir, ¿no es cierto?

Estamos forzados, coaccionados por la mentira, y la inmensa mayoría del tiempo no somos conscientes. Si hasta la verdad nos engaña, a qué podemos aferrarnos por tanto tiempo? Qué es lo que no cambia? Qué no cabe en el estereotipo?

Entiendo que algunos no estéis a gusto con este mundo trágico. Hay más razones de las que ustedes o yo imaginamos para sentirnos igual o peor de incómodos, de angustiados... Por otro lado, pienso que es posible que tengamos las mismas razones para sentirnos bien que para sentirnos mal. Nadie demostrará jamás que tengamos que hacer nada. No podemos hacer nada contra lo infinito, contra lo abstracto u oculto. No podemos luchar contra el cielo que no envejece. Es cierto que hay una magia innegable, que lo abstracto es presente aunque esté oculto, aunque parezca y sólo parezca ausente. Nuestro conocimiento cambia y por eso no podemos decidirnos. Estamos obligados a dudar, a aprovechar el silencio y a esperar, a dejarnos seducir por el extraordinario presente cotidiano, por sus sorpresas también cotidianas y semiconocidas, por lo esperable. No podemos luchar contra los accidentes, no importa cuánto creamos que los prevenimos, no todos los accidentes son malos. Hay tantísima magia por explotar, tantísima magia que podemos y no podemos conocer.

No siempre conseguimos lo que queremos. No siempre queremos lo mismo.

Por supuesto he pensado que no tengo tanta imaginación, que sólo me sobrevaloro como todo lo demás. No me siento indigno. Bordeo mis límites una y otra vez para comprobar si realmente he crecido. No puedo escapar de la ilusión. Me domina, me narcotiza. Me cansé de luchar, creo que he aprendido a amar. Suelen comparar la vida con un camino, pero se equivocan. El único camino que existe es el tiempo. No es una carrera a ningún sitio. No hay más premios ni castigos que los que hay ahora. No debemos esperar nada. Cuando lo perdemos todo, empezamos a ganar, a tener algo y a entender por qué se pierde. Otra cuestión es explicarlo, o expresar nuestra impotencia ante la lentísima pérdida, ante el paso fugaz de la abundancia, que viene y va.

Ya no me esfuerzo por comprender el mundo. Mendigo la verdad. Ya no me siento impaciente como antes, sino impaciente de otra forma, por otras cosas, por lo que creo que realmente importa. Me conformo con describirlo fielmente, con hacer una descripción suficiente, y esto es algo que aunque no cambie difícilmente voy a poder conseguir, pues no lo conoceré todo. No me refiero a lo de fuera, sino a lo de dentro. No se me entregará todo. De hecho, nada sé si se me entrega realmente, tengo que cogerlo. Aprovechad... Qué desazón sería no aprovechar. Qué extraño sería un futuro todavía más desolador por no respetar la abundancia consumiéndola.

A qué debo atenerme? Qué debo respetar que no pueda ser amado? Por qué me viola mi conciencia? Acaso debo tener miedo por la amenaza de una quietud infinita, una no conciencia o sensibilidad, un viaje hasta la profundidad del resto de los seres, hasta la profundidad del último ser o del único que existe? Siento que crezco y es la ilusión, no soy yo. No puedo ser menos culpable. Nunca decidí nada aunque crea en ese poder. Es por mi desconcierto, por mi despiste o por mi osadía? Hay tantas razones por las que sentirse culpable, por hacer o por no hacer. Sólo cuando veo sufrir, reacciono, sobrevivo a la muda desesperación. Cual es la regla del alma? Hasta la libertad pertenece a la imaginación. Imaginad un mundo desatado y sin violencia. No sois capaces. Jamás conoceremos la última posibilidad.


Todavía no estoy seguro de, si al decir todo esto, os muevo a la acción o a la no-acción. Quiero creer que me gustaría alejaros de las acciones superfluas para que alcancéis las acciones superiores. Sin embargo, estoy convencido de que cualquier acción puede estar bendecida con la trascendencia, pero no estoy seguro de que la actitud o la voluntad sean, por sí solas, suficientes. Supongo que estamos forzados a buscar, a probar, pero a probar convencidos de que vamos a encontrar. Aún no lo sé...

No hay comentarios:

Publicar un comentario