sábado, 10 de julio de 2010

Prefacio

¿Merecen todas las historias ser contadas? o dicho de otro modo, merece toda persona ser conocida?
Soy el señor X. El nombre es lo de menos. Siento una gran emoción con lo que estoy apunto de hacer. Nunca he publicado nada; estoy dispuesto a compartir mi limitada y humilde experiencia con todo el que casualmente lea mis impresiones, mi testimonio. Agradezco la atención y el interés que puedan suscitar mis escritos.


No sé hasta qué punto todo lo que he vivido es interesante o memorable. He disfrutado de una buena vida, he sentido cosas afines a las de la mayoría de la gente, y por otro lado he experimentado cosas personales y únicas, como igualmente todos las hemos tenido.


Soy uno más. Probablemente muchas cosas que cuente sean similares a las experiencias de otras personas; muchas cosas nos unen, quiero pensar que es mayor lo que nos identifica que lo que nos distancia.


Aún estoy convencido de que todo lo que me ocurre tiene un motivo, que al ser especial hay una predisposición en los acontecimientos para que todo me salga bien. No me librado de la convicción de que soy (muy) especial, y esto, hasta ahora, me ha causado numerosas decepciones.


Honestamente, no creo que se deba a la mala suerte que haya podido tener. Ultimamente he pensado que tengo el corazón, la voluntad, pero no la fuerza. Siempre he sido muy vago, creo que no me esfuerzo lo suficiente por conseguir las cosas. Además, debo añadir que casi nunca tengo las cosas claras al cien por cien, por no decir nunca: siempre dudo. Soy una persona indefinida, mis ideas, mi pensamiento cambia constantemente.


Antes esto me molestaba, porque pensaba que podía controlarse, pero creo que me he dado cuenta de que es inevitable, que muchos pensamientos y experiencias son insalvables y se pierden en el tiempo. Muy probablemente no sea tan especial como me creo. En cualquier caso es irrelevante.


Mi testimonio será sincero, procuraré que sea lo más claro posible, que sea elaborado, aunque la máxima expresión sea siempre inalcanzable, trataré de conseguir esa dichosa aproximación a la claridad y la verdad que siempre se me escurre de las manos, ni tengo el tiempo ni la capacidad suficiente para afrontar todas las realidades y verdades de este mundo. A lo sumo, solo puedo aferrarme a la mía propia, limitada, insuficiente, pero absolutamente verdadera.


Me encanta escribir, siempre me ha gustado. Mis exigencias también han cambiado con los años. Antes no pretendía ser tan conciso como ahora. La estúpida convicción de que todo lo que escribo es magnífico, sublime, me ciega; no puede verme como me ven los demás, es imposible.


Este egocentrismo y narcisismo me han acompañado copiosamente a lo largo de mi vida. He tenido una vida especial, desde mi punto de vista, pero en muchos aspectos diferente a la de los demás. Mi mente me obliga a pensar que esto es algo positivo, esperanzador, ya que somos los diferentes los que marcamos tendencias, los que cambiamos las circunstancias y las reglas, los que redefinimos la realidad, siempre tan ambigüa, tan indiferente, irónica.. pero al final siempre justa, constante, imparcial, para lo bueno o para lo malo: todas las valoraciones nacen y mueren en nosotros, no cambia lo ajeno, sino los ojos con los que se mira.


Probablemente muchas ideas se me queden dentro, y no pueda compartir todo lo que desearía, por falta de disciplina, de recursos, de retórica.. Aún me queda muchísimo por aprender. Por otro lado, este puede ser un buen ejercicio de autoconocimiento, de aprendizaje, como cualquier análisis.


Haga lo que haga, o lo que diga o escriba, este momento pasará, y mis ojos cambiarán, y mis sentimientos. Eso no lo puedo cambiar, sólo pretendo ser sincero, exteriorizar mi verdad, madurar, reflexionar mejor, aprender, ampliar mis umbrales de conocimiento.


Siempre me voy por las ramas; al expresarme queda muy lejos la imagen inicial que rondaba mi cabeza y lo que al final surge, siempre es tan distinto.


Soy canario, me crié en un barrio cerca de la playa. Tuve una madre indescriptiblemente responsable y admirable. Tuve una buena infancia, jugaba y reía como cualquier niño, era inocente, siempre estaba expectante y todavía puedo valorar la diferencia de mis sentidos de entonces con los de ahora: cómo sonaba cada palabra, cada ruido, cómo captaba la luz y los movimientos, los rostros de la gente, el olor de cada detalle, los hábitos del sueño, la televisión, la comida, el llanto anónimo por cualquier capricho, la respiración, la piel nueva, correr, saltar, jugar, dormir. Todo estaba hecho, sólo vivía, y era feliz.


Poco a poco mis decisiones fueron aumentando, crecía y con mi cuerpo y mi mente las responsabilidades, la visión del mundo, el conocimiento de otras vidas, el contraste, la moralidad, el deber, la educación, el bien y el mal...


Aunque no es sencillo hacer saltos temporales, tengo bastante claros en mi cabeza los periodos que he vivido, están muy bien diferenciados. Las etapas son como ciclos, se sabe perfectamente cuando empiezan y terminan aunque no esté estrictamente acotado. De hecho, el principal indicador es el cambio de pensamiento, unas cosas nuevas se plantean, se abandonan otras viejas, así funcionamos (según mi experiencia).


Entonces fui descubriendo las tremendas imperfecciones que me rodeaban y surgían de mi. Como se sabe por antonomasia, 2 y 2 no son cuatro. Poco a poco, me frustraban diferentes dilemas que no podía resolver por mi mismo, en mi propia vida y ajenos a mi, existen infinitos ejemplos que resulta algo indiferente mencionar. Como cualquier otro pensamiento, al final deja de pensarse, o se replantea con otro punto de vista. No he superado precisamente muchos obstáculos de gran dificultad en mi vida. A parte de las obligaciones que me han sido impuestas y algunas extras inducidas en mi, las principales aficiones que despertaron mi curiosidad y avivaban mi espíritu tienen sus raíces en la imaginación. Mucha gente me ha dicho que tengo una gran imaginación. Dejando a un lado mi supuesto potencial o capacidad para expresarla, siempre me ha acompañado y ha coloreado mi vida. Es a lo que debo en gran parte mi felicidad.


Esto me hace pensar que muchas cosas que no han ocurrido igualmente me causan felicidad. Por lo general no soy ambicioso y me suelo conformar con poco. En la mayoría de las ocasiones, parezco tener una preferencia por imaginar todo lo que podría ocurrir que por provocarlo, que por hacerlo real.


Sé que es perfecto objeto de crítica, a nadie le gusta ser indeciso o cobarde, aunque a mi no me gusta sentenciar, porque sé que siempre se quedan fuera hechos y valoraciones importantes, nos es imposible ser imparciales, perfectos, ni somos jueces, ni conocedores absolutos del mundo. Somos frágiles y limitados y lo único que hacemos en la vida es darnos cuenta una y otra vez: no somos infalibles.


A las muchas imperfecciones que tengo apenas les presto atención, no me preocupo por cambiar. Supongo que me siento feliz, satisfecho y autosuficiente. Concretamente, este mismo año este aspecto de mi personalidad se ha visto especialmente afectado. He decidido por mi mismo desarrollar mi libertad (que es, generalmente, la capacidad de equivocarse) en un espacio limitado para "alimentar" mi creatividad.


Me equivoqué. Como siempre, me estoy yendo por las ramas. Me refiero a mi tercer año de carrera, el cual está acabando de modo inminente. Apenas me quedan 13 días para volver a casa. Tengo ganas, me siento necesitado por volver. La razón de ello es que he descubierto que no soy autosuficiente. He descubierto que soy mucho más frágil de lo que creía y esto me ha vuelto más inseguiro, me ha causado incertidumbre. Antes pensaba que mis intenciones, que mis principios y que todo lo que me ocurría era perfecto, proverbial.


Y como no existe nada perfecto, sólo queda lugar para la decepción, para la incertidumbre, para dudar, siempre antes de actuar. Si, según, mi experiencia, actuar significa equivocarse, no creo que me atreva nunca a hacer algo arriesgado; quizás en el fondo tenga miedo a perder lo que ya tengo. Ya se que lo único que me pertenece es una falsa seguridad. Siempre se sigue adelante, aunque no queramos, la vida sigue, los pasos se suceden uno detrás de otro.


Todo lo que pueda decir no será absoluto, no será contundente. Mis palabras siempre estarán sesgadas y su contenido será limitado e imperfecto. Así que no me quedará otro remedio que abandonar ese desesperado ansia de perfección expresiva. Es un infierno silencioso, lo que cojo se me escapa de las manos, es un mar que no se puede agarrar todo a la vez: la verdad es inconmensurable, es dura y elástica, supongo que muchas cosas, entre ellas muchas importantes, son indescriptibles y sólo pueden ser vividas, sólo pueden presenciarse en silencio. Las palabras al final siempre se acaban.


Siempre he sido un inadaptado. En todas las etapas de mi vida he expresado mi excentricidad, he sido reactivo. Aunque al final haya sucumbido al orden e imitado a la masa, en mi interior siempre he cavilado lo que, pienso yo, otros no han pensado. Esto lo digo sin menospreciar la experiencia de los demás, creo que es como un puzzle: cada uno descubre pensamientos únicos, que le pertenecen y que muchas veces no puede expresar o tiene miedo de hacerlo por el rechazo que suscitan, por ser extraños, distintos a lo vulgar, a lo repetitivo y lo superficial, al conocimiento común.


Supongo que debo aceptar mi carácter extraño; no sé si la tendencia será a distanciarme más de los demás o por el contrario a enterrar mi naturaleza y adaptarme al grupo, a ser uno más. Creo que a todos nos disminuye el ego con el paso del tiempo, y supongo que así debe ser, de otro modo el mundo sería demasiado inhóspito, un verdadero infierno. Muchas cosas en este mundo deben de ser infernales; aunque inevitablemente sé de su existencia, personalmente no las conozco y no se si éste es un hecho afortunado o desafortunado, ya que en gran medida somos responsables de todo lo que ocurre en el mundo, o nos aproximamos según nos hacemos mayores a serlo.


El conocimiento individual es inevitable, es, a veces intransferible, y siempre es una herramienta que determina nuestro futuro, nuestro camino. Cada uno elige una vida que es fruto de sus pensamientos, de sus ansias y deseos, su libertad es una consecuencia directa de lo que temen y admiran.


Entre otras cosas, he descubierto que como es bien sabido, el hombre es un ser social. Mis intentos de aumentar mi creatividad no han sido fructíferos. Mi intención era distanciarme de la masa, esforzarme por ser especial sin apoyarme en los demás. Me sentía presumido, arrogante y no me di cuenta de que provocaba mi autodestrucción. Los hombres se elevan, y caen, se elevan y caen. No hay término medio.


Al final sólo puedo sentenciar lo que es insustituible, lo que es inalienable: el tiempo pasa, somos frágiles, el conocimiento absoluto es imposible, y el escaso que nos pertenece está en constante cambio...
Todo cambia, todo en nosotros, en nuestra experiencia y a nuestro alrededor cambia. No podemos aferrarnos a nada. En cualquier caso, la mejor actitud es la paciencia, la serenidad, todo es concebible porque cualquier cosa puede pasar. Y la realidad es que no esperamos más que a lo que se nos enseña esperar, lo previsible, una vida repetitiva, una imitación de la masa, anterior y presumiblemente posterior, todo se repite por ciclos, sólo cambia en conjunto, somos incapaces de reinventar las reglas.


Con todo, tenemos la capacidad de aportar algo nuevo, porque todos tenemos pensamientos e intenciones diferentes. Ahí radica la diferencia entre conseguir transmitir algo o rezagarse, que es lo más fácil (esto sí lo conozco bien).


Siento que me ha resultado fácil escribir todo esto. Podría detectar muchos fallos, imperfecciones en la argumentación, divagaciones... Pero la cuestión es ¿para qué? ¿no he aceptado ya la imposibilidad de marcar un objetivo fijo, de perseguir una verdad inmutable, no he aceptado ya que el conocimiento individual es vulnerable? Mi única intención ha sido la de ser claro y sincero. Mi experiencia y mi capacidad será siempre limitada.




Es posible que en mi subconsciente esto sea un llamamiento a la gente. Aunque me parece una buena oportunidad para desarrollar la creatividad, algo que desde hace tiempo me intriga y me entusiasma, reconozco que el hecho de estar solo me ha hecho valorar más a la gente y a intentar luchar más contra mi desprecio a la vulgaridad y la indiferencia de la mayoría, algo que también me repercute a mi mismo y de lo que también soy perpetrador. Supongo que la tendencia ideal debe ser siempre la de ser más abierto. Pero quién sabe, cualquier cosa puede pasar.




Todo lo que haga llevará siempre consigo una nota mística, el gusanillo de que todo está siempre por ocurrir, el mayor desafío, la aventura más digna de ser contada. Padezco del síndrome del adanismo desde que descubrí la ficción, tal vez desde antes. Pienso que todo lo que me rodea está supeditado a mi mismo, de alguna manera. Ya sé que es una insensatez y que todos inexorablemente lo hemos pensado. Precisamente por eso el conocimiento de cualquiera es válido, toda experiencia está al mismo nivel, no tenemos todos las mismas circunstancias ni los mismos atributos, y esto nos hace diferentes y necesarios a todos.


Reconozco que hasta ahora siempre he tenido la tendencia de sellar un conocimiento o reflexión con un aforismo o frase hecha; es un mal hábito por lo que os he contado, siempre se queda algo fuera. Siempre, bajo cualquier circunstancia, queda sitio para la excepción. Las reglas nunca son infalibles al 100%.


Es tan fácil conformarse, y es tan difícil mirar más allá y arriesgarse a perder todo lo anterior (y también inevitable). Todos pensamos en la gloria, en el éxito, en triunfar sobre los demás en vencer la mediocridad, el dolor, la debilidad y las imperfecciones, en vencer al mismo fracaso. Y al final siempre nos quedamos solos, siempre caemos, siempre se queda todo en silencio, y tenemos que volver a empezar. La vida es un gran cambio, una broma pesada... es tantas cosas.


Sintámonos afortunados, podemos perderlo todo, así que por qué no aprovecharlo? No podemos evitar pensar, así que al final sólo podemos dejarnos llevar. Nuestras elecciones son siempre limitadas, "sabemos" todo lo que puede pasar, pues así sea. Hagamos la vida, atravesemos el tiempo con estilo, desafiemos la verdad, engañemos al destino, luchemos sin descanso, siempre tenemos más por descubrir. La vida es tanto el golpe, como la herida, como el proceso de curación, es un camino único, sin retorno. Acompañemos al tiempo y arañémosle, queramos o no conoceremos, sabremos, llegaremos al fondo, sólo es cuestión de tiempo, es profético.
Y con esto se acaba el mensaje de hoy, he escrito demasiado y muchas cosas de mi discursos son prescindibles, es una extensión delirante, sin rigor... Es humana. Muchas gracias a todos por leer mis palabras. Un cordial saludo.

1 comentario:

  1. Amigo. Tras largo y duro ascenso, o mejor dicho descenso, en tu abigarrado texto, tengo que decirte que me gustan las ideas. Que tienes el potencial. Espero que no se quede en un proyecto inconcluso y nos demuestres cuan VHS Lover te sientes. Un abrazo.

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