Sé con qué me vas a venir otra vez. Con el corazón lleno, rebosante de celo, de ira. Como el que va a la guerra que no espera acabar, porque la ha empezado. Su caída es aparatosa y violenta. El tiempo no puede cambiarla. Sólo repetirla. Lo encierra en una celda de eternidad. Orgullo herido. Sorpresa desagradable. Pero no sabes qué la ha causado. Sigues sin saberlo. Si lo supieras, lo hubieras evitado, recordando la última vez.
El hombre se sufre a sí mismo y se queja con razón, mientras vive, consciente de que esto es cierto y de que no puede cambiarlo, por más que se esfuerce. Frente a esto, uno se dice: encontraré la forma de engañarme. Cuando se dice hablar libremente, se quiere decir hablar con irresponsabilidad. Confieso que me encantaría que la escritura fuese un acto responsable, honesto. Verdad significa puntualidad, no desvío.
Creías que tu talento era indestructible, pero lo has encontrado sacudido contra el frío, en un pozo profundo de tristeza, oscuro, extraño, al que no pertenece. Querido mío. Nada sabes de otro que te conozca, mas que tú mismo. No es nada fácil aceptar que unas pocas palabras no son la verdad. Que no sabemos el mecanismo último por el que la realidad se duplica y produce la imitación, la semejanza, para crecer, para seguir adelante.
Porque, se crea ganar o perder, lo único importante es seguir adelante. La cultura previene el mal, pero no lo destruye. No es infalible, ni es perfecta. El celo es ceguera, amargura. Mansamente, uno puede entregarse a la conversación que no ha planeado. Si conseguimos aceptar que las palabras son importantes, las que utilizamos, entenderemos que somos responsables de lo que ponemos delante de nuestra audiencia. Amémosla como a nosotros mismos, si nos atrevemos. Reflexiona mi propuesta. Eso te suplico. Calma mi incertidumbre y me harás el mejor favor.
Hasta donde sé, la sabiduría es recuerdo, un tesoro escondido, remoto, de difícil acceso. Cuando no lo hemos penetrado, hacemos como los idólatras. Dan la espalda a héroes viejos para hacer unos nuevos. Estalla la soberbia. Volvemos a la miseria. Repetimos nuestro íntimo error. La debilidad del corazón ciertamente es grande. La precaución sincera es la única que es útil.