miércoles, 6 de octubre de 2021

Fuego

Ya me siento culpable. He pecado por dentro. El deseo no es racional. El peligro está latente. A la puerta.

Estoy deseando caer. ¿Cuánto podré resistir? Los deseos desordenados invaden mi interior. Me confunden. Nada es casual, si es sincero.

Lo bello es difícil. Los primeros y los últimos caen sobre la misma piedra. La piedra es la culpa. El pecado, el deseo. El tiempo es un momento. La ocasión. Kairós.

La audacia es la victoria del deseo por dentro. Conquista pronto, antes allí. Luego, ya es imparable y realizar es lo que queda. Casi inevitable. Siempre excesivamente sincero. El corazón conquista primero por dentro.

Ya casi hemos caído, con todas nuestras soberbias pretensiones. Adivino el fracaso en la bruma de lo venidero y aún así quiero gozar de un momento en las llamas. Me acerco demasiado. Sé que es así. Está pasando.

La ruina es un secreto a voces. Incalculable y desbordante. Seguimos a pesar de su peso por dentro. El fuego es la luz inferior, parcial. Incompleta.

Soy excesivo. Lo contrario a las excusas. Mío será el momento y luego yo seré suyo para siempre.

Siempre pecamos por dentro. Lo soportable es nuevamente difícil, cada vez. Extiende su dificultad al momento siguiente como un fuego, el incendio del corazón.

No hay aciertos definitivos. Nacimos para la caída cotidiana. El deseo es la tiranía incurable. La sumisión. 

No existe torre que levante más cercana al cielo que a la tierra. Antes o después, ella misma se derrumba.

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