sábado, 16 de octubre de 2021

Un pero detrás

Me estoy contrayendo. 
Me siento solo. No recordaba lo amargo y terrible que era. Horror cotidiano es ser prescindible. Siempre para otros. No importa si estamos más o menos perdidos. 

Pues, en definitiva, todos lo estamos, pero ¿quién acaba de encontrarse? 

Me duele el mundo. Todos los intentos fallidos.

El exceso de nuestra ignorancia. Posesión ¿hasta cuánto maldita? En mi cabeza, volví a intentarlo y fallar, numerosas veces. Me retraigo. 

Es mejor estar así. Pero sigue siendo difícil. Contener todas las posibilidades dentro de uno mismo. Dolor de parto en el alma. La virtud es difícil. 

Creía saber quién era. Algo más que un misterio. Nombre, cuerpo, miembro de lo ajeno. Principio y fin de la familiaridad.

¿Hacia dónde vamos tan solos? 

Es momento de determinar lo inalcanzable. Mojarse. Responsabilizarse. Mas, ¿quién mira? 

Antes era distinto. Era otra forma de ignorar. La esencia parecía incompleta desde aquí. Todo lo que no sabíamos de la propia ignorancia. 

Nos comimos el mundo, en alguna parte. 
Incluso, nos cansamos muchas veces de ello.
Todo es distinto otra vez. 

Hoy tocaba desahogarse. Se ve distinto por fuera. Esta imagen de agridulce tropiezo. 

Paso sobre mí. Mis contradicciones. Soy soportable. Lo cotidiano. 

Siempre un pero detrás. 
Muchos otros le siguen.

miércoles, 6 de octubre de 2021

Fuego

Ya me siento culpable. He pecado por dentro. El deseo no es racional. El peligro está latente. A la puerta.

Estoy deseando caer. ¿Cuánto podré resistir? Los deseos desordenados invaden mi interior. Me confunden. Nada es casual, si es sincero.

Lo bello es difícil. Los primeros y los últimos caen sobre la misma piedra. La piedra es la culpa. El pecado, el deseo. El tiempo es un momento. La ocasión. Kairós.

La audacia es la victoria del deseo por dentro. Conquista pronto, antes allí. Luego, ya es imparable y realizar es lo que queda. Casi inevitable. Siempre excesivamente sincero. El corazón conquista primero por dentro.

Ya casi hemos caído, con todas nuestras soberbias pretensiones. Adivino el fracaso en la bruma de lo venidero y aún así quiero gozar de un momento en las llamas. Me acerco demasiado. Sé que es así. Está pasando.

La ruina es un secreto a voces. Incalculable y desbordante. Seguimos a pesar de su peso por dentro. El fuego es la luz inferior, parcial. Incompleta.

Soy excesivo. Lo contrario a las excusas. Mío será el momento y luego yo seré suyo para siempre.

Siempre pecamos por dentro. Lo soportable es nuevamente difícil, cada vez. Extiende su dificultad al momento siguiente como un fuego, el incendio del corazón.

No hay aciertos definitivos. Nacimos para la caída cotidiana. El deseo es la tiranía incurable. La sumisión. 

No existe torre que levante más cercana al cielo que a la tierra. Antes o después, ella misma se derrumba.

martes, 5 de octubre de 2021

Intermedio

Vuelvo a casa. Casi no queda tiempo para descansar del trabajo tranquilo. Es como si lo predecible venciese, pero nada basta.

Nunca se descansa lo suficiente. Todo es básicamente como siempre. Carente de verdaderas excusas. La vida no cambia; en ella, todo es cotidiano para alguien.

Todo el mundo quiere parecer normal y somos casi anónimos. Ser no es parecer. Pero casi.

No han cesado los deseos de algún día, aunque ha sido más fuerte la rutina, mi prospecto incierto. Un insistente intento de serenidad. El peso de mi impotencia sobre los días, mi cansancio.

Es como si viviese el mismo día una y otra vez. Casi no varía nada. Intento significa incompleto.

No hay tiempo de ser otro. Uno no se siente suficiente. No sabe dónde termina su conflicto por dentro. Tan profundo es su logos.

No carezco de esperanza, pero es incómoda, tensa. La esperanza es básicamente incomodidad, inquietud.

Los problemas son cotidianos y terminan por ganar terreno, por hacernos ceder y refugiarnos en consuelos que se desgastan, pero de los que siempre pedimos más. Juguetes rotos, llenos de agridulce nostalgia.

No nos privamos del vicio, porque también resulta ser la necesidad. Una sola, compacta, continua. Toda a la vez. 

Un todo y nada más. Pero nos sentimos contradictorios. Parte de la lucha. Así somos por dentro.

Ese otro que yo creía ser, siendo cada vez más fantasma, se va y vuelve diferente. La sombra interior. Siempre contradictoria. 

Me digo a mí mismo: soy el caos por dentro. El caos es interior. Me desconozco a mí mismo. Soy lo impredecible. A pesar del mundo.

Mi naturaleza es lo pasajero, pero siento como si fuera lo permanente. Necesito abrazar una paz más sincera. Pues esta de ahora se acorta muy pronto. Como si desapareciese.

Imagino descansar sobre el abismo, pero sé que todo está cada vez más lleno. De contradicción, de potencia y de verdad.

Hay que seguir buscando. Salir adelante. Lo nuevo empieza por dentro. Es inevitable y constante. 

Es utopía contarse la historia de crecer por dentro en paz, cuando el corazón existe básicamente en el dolor cotidiano de la indecisión.

Pues fuera de éste, el corazón es imposible y su reliquia es, de nosotros, lo que más se parece a la eternidad.