Me estoy contrayendo.
Me siento solo. No recordaba lo amargo y terrible que era. Horror cotidiano es ser prescindible. Siempre para otros. No importa si estamos más o menos perdidos.
Pues, en definitiva, todos lo estamos, pero ¿quién acaba de encontrarse?
Me duele el mundo. Todos los intentos fallidos.
El exceso de nuestra ignorancia. Posesión ¿hasta cuánto maldita? En mi cabeza, volví a intentarlo y fallar, numerosas veces. Me retraigo.
Es mejor estar así. Pero sigue siendo difícil. Contener todas las posibilidades dentro de uno mismo. Dolor de parto en el alma. La virtud es difícil.
Creía saber quién era. Algo más que un misterio. Nombre, cuerpo, miembro de lo ajeno. Principio y fin de la familiaridad.
¿Hacia dónde vamos tan solos?
Es momento de determinar lo inalcanzable. Mojarse. Responsabilizarse. Mas, ¿quién mira?
Antes era distinto. Era otra forma de ignorar. La esencia parecía incompleta desde aquí. Todo lo que no sabíamos de la propia ignorancia.
Nos comimos el mundo, en alguna parte.
Incluso, nos cansamos muchas veces de ello.
Todo es distinto otra vez.
Hoy tocaba desahogarse. Se ve distinto por fuera. Esta imagen de agridulce tropiezo.
Paso sobre mí. Mis contradicciones. Soy soportable. Lo cotidiano.
Siempre un pero detrás.
Muchos otros le siguen.