Vivir es tener una sed indescriptible. La gente sigue viviendo y no tiene ni idea de lo que es la vida. No les hace falta. Es evidente que no es necesario. Nadie tiene ni idea de qué es el motor de todo esto. El hombre desespera y da su mejor respuesta. Mañana las cosas serán igual y las verán diferentes. No serán como nosotros. Ya he hablado muchas veces sobre el futuro. No vivo. Viví. Todo en mi vida es pasado.
Mi vida era importante para los demás desde que nací, aunque fueran pocos. Para mis familiares, mis amigos, algunos conocidos. No he llegado a ser mejor. No soy el mejor, pero el mundo necesita ejemplos mejores. Aún estoy debatiendo en mi interior los motivos para seguir adelante. Creo que puedo decidir algo importante y sé que, por fuerza, debo de estar engañándome. Sé también, por fuerza, que no es tan importante.
Es un hastío extraño, este. Descubrir esto te hace sentir vacío y lleno, al mismo tiempo. Ves que la gente se afana con mentiras en las que no creen por presión. Están moralmente obligados a mentir y parece una paradoja. Parece que no podemos hacer más que huir o mentir, que es nuestra única elección. Lo que siento es que todos damos una respuesta insuficiente. No convencemos; nos autoconvencemos. Por eso hablamos. Para escucharnos a nosotros. No es otra cosa. Todo esto va de emociones. De las emociones más soportables e insoportables. No hay términos medios ni equilibrio. El equilibrio está en el movimiento.
Nunca estamos en el equilibrio. Estar en equilibrio significa no molestar a los demás, no sentirse una molestia. Imagino lo débiles que fueron los lazos que me trajeron hasta aquí y no soy capaz de entender cómo tuve tanta suerte. Todo es más que nada. No puedo imaginar haber desaparecido. Es imposible para mí.
Puede que no lo tuviera más fácil, pero no creo que haya un sólo ser humano sobre la tierra que lo haya tenido más fácil. Ni uno solo. No creo que haya uno solo que no se esconda en el mito, que no recurra a él para consolarse. Somos malos, pero da igual. No somos el centro de todo esto. Necesitamos darnos importancia. El hombre exagera. Ni los más brillantes se acercaron lo más mínimo al infinito.
Lo que siento es que tendré que fingir mucho a mi pesar, olvidarme de que finjo, intentar convencerme de que mi influencia servirá de algo, una especie de propina, de símbolo, de gesto pasional. No se me ocurre hacer nada más. Me siento cada vez más lejos de aquí por dentro. No hay nada que hacer. Lo he buscado, pero es en vano. Vivo a ciegas y no está tan mal. Soporto a la gente, los libros, las noticias, los espectáculos, pero siento que todo es mucho más sencillo y aburrido.
Lo más emocionante de la acción humana es la enajenación colectiva, los conciertos, las reuniones de amigos, las fiestas, los actos sociales. Esas cosas están bien. Distraen a los demonios por un rato. Creo que ahora entiendo mejor por qué la gente no quiere estar sola. Lo he estado por mucho tiempo. Me gusta más la gente que antes. Los necesito, aunque no sean perfectos. Yo tampoco lo soy. Somos iguales.
El ego siempre es lo que lo acaba estropeando todo. Por eso recaigo en mis penas. Es la ilusión definitiva. No hay otra. Vivimos separados, en unidades. Por eso nos confundimos. Necesitamos al grupo, a la especie, a la sociedad. No somos nada sin ellos. Esa ilusión existencial o posmoderna de que el individuo pesimista tiene la razón, es incomprendido y debe ser simulado o temido por su autodestrucción me parece paranoica, repugnante. La rechazo.
Prefiero intentarlo de otra manera. Prefiero el pacifismo, el consuelo de la filosofía, aunque todo esto sea una guerra silenciosa. Todos los mundos son falsos porque necesitan mostrarse, descartarse. Esto lo sabemos hace tiempo. Esta es mi enajenación, ahora. Permitidme sentirme algo menos desgraciado por vuestra comprensión. Creo que he llegado a necesitar esto. La buena filosofía no es la que se aprende una vez, sino la que necesita revisarse.
Hay ideas más profundas y verdaderas que otras. No llegaremos a las definitivas. Nos quedaremos demasiado lejos. Es nuestro destino. No lo compartiremos todo. Lo que no puede expresarse es más importante que lo que puede expresarse. Cualquier mundo necesita acción, no excusas. Sé que soy muy exigente. No me avergüenzo. Así debe ser. Ya me dan igual las excusas de otros. Esta es mi desnudez, la queráis o no.
Creo que he sido yo el que he decidido no aprender nada nuevo, dejar de creer en este mundo. Me siento atrapado en una repetición inacabable en la que otros intentan disuadirte para que no les hagas sentir inseguros a ellos, como una especie de precipicio en su interior en el que se pueden caer. La existencia es la lucha por la existencia. Aún me ayudan un poco por fuera. Si no me empujasen hacia delante, probablemente ya no estaría aquí o no estaría tan bien.
Aún fantaseo con esconderme y dejar de perseguir lo imposible. No me gusta buscar fantasmas. Sustituiría los que tengo ahora. El lenguaje es insuficiente, problemático, como cualquier otra creación. Para eso le suceden otras. Nadie dijo que la dialéctica fuera fácil, pero es justa. Permitidme desvariar un poco. Estoy cansado.
Como he dicho, hablamos para nosotros mismos, pero rara vez nos convencemos de lo que queremos creer. No hace falta aceptar los hechos. Son los que son. Suceden sin más. Lo demás es entelequia. He pensado en el futuro y me amarga sentir que tengo menos ilusión por él que nunca. No estoy extasiado. No tengo entusiasmo por él. Tengo hastío. Estoy desenfocado. Los objetivos son los mismos, pero yo no puedo verlos igual. Ruido, basura mental me ciega y llena mi cabeza, ensucia mi corazón. Yo intento no sentirme tan abrumado y no sé distinguir, como cada día, el remedio de la enfermedad.
No puedo solucionar la verdad. No tengo las herramientas ni el poder. No tengo esa voluntad. Soy tan simple como el más pequeño. Me he creído superior y por eso he sufrido. Dejar de sufrir supone dejar de vivir. Tenemos que exagerar para soñar. Todo son imágenes aquí, desde el principio. Este mundo no tiene escapatoria. El misterio es una explosión. Todas las explicaciones se vuelven surrealistas si duran lo suficiente. Por eso no acaban. Estoy cansado de todo esto. No encuentro nada que produzca en mí la electricidad que busco. Es una enfermedad saber lo que no se puede demostrar.