miércoles, 21 de octubre de 2015

La máscara para la guerra absurda


Somos ese tipo de personas que busca motivos para sentirse inferior, hasta que el tiempo nos quite de en medio. Es lo que más nos gusta, lo que nos queda. Porque somos del tiempo y no es nuestro, como la fruta de las estaciones que se pudre y renace. Ya sólo podemos odiar el espectáculo, por más que nos esforcemos en amarlo. 

Nos recuerda lo que hemos perdido. Como cada día, el storyteller tiene un futuro brillante por delante, camaleónico, mentiroso, frívolo, en la información y el entretenimiento, así en la tierra como en el cielo. Es un descarado y por eso necesita máscara. Esta crónica es un alarido, el posmodernismo del siglo XXI, más mordiente y pujante que nunca. 

No se ha pulverizado para siempre la identidad de los seres humanos, altivos e individuales? Nos sepultan las épocas. Nos pesan y nos aplastan. Hieden, resurgen, como la mala hierba. Sólo recordamos nuestras culpas. Tenemos que creer la mentira. Estamos obligados. Si no, debemos fingir. 

Quiénes somos ahora, que estas palabras parecen gratuitas y excesivas, a pesar de su carga de amargura y pereza, inseparables compañeras de viaje? Soy un soñador que se ha quedado sin sueños. Me han robado mi alimento primordial. No sé cómo fabricarlo o crearlo de la nada. No parece haber huecos diferentes, ni contenidos diferentes. Sólo huecos y contenidos indiferentes. 

Por qué lo deseo, por qué esta apariencia o creencia? Adónde va? Hiede con locura ininterrumpida. Sacaré esta bilis, dulce veneno insuficiente, aunque sea lo último que haga. Escribo cobarde, pero no dejo de escribir. Esta guerra terminará en mí, algún día. Un día de estos. Algún día me encontrarán incompleto y sincero, porque yo también soy humano. Antes de conocerme por dentro, me reconocerán por fuera. 

lunes, 12 de octubre de 2015

Todo para mí

 ¿Quién soy ahora? ¿Qué puedo dejar aquí, que me parezca valioso? El escritor que no se avergüenza de lo que escribe es un escritor inútil. ¿A quién debo algo? ¿Quién me debe nada a mí? ¿No conozco la respuesta para siempre?

Padres que pierden a sus hijos, niños que sufren abusos de todo tipo, y yo soy fruto de un sistema que no me conoce, que no sabe nada de mí ni está vivo. No existe el futuro. Sólo existe el presente. Sigo dudando sobre lo mismo cada simple día de mi vida.

Cuál será mi última rutina? Adónde iré? Con quién me relacionaré? No espero grandes sorpresas. Esto es lo que soy. Creo que los sabios buscaban una sabiduría distinta de esto. No puede ser todo. No es todo para mí. Ya no sé dónde buscar algo diferente. Se me van las fuerzas en la poderosa idea de la redención, la comodidad definitiva, la justificación definitiva.

Quién podrá rebatir mis creencias? Quién me hará sentir de nuevo un poco menos solo que antes? Grito al mundo sin respuesta. Vibra mi corazón por fuera, sensible como la pluma más ligera. No he dicho todo lo que tenía que decir. He elegido mal mis ideales.

Veo con más claridad los rastros de mi ignorancia porque la vida es una especie de iluminación. Dios es una montaña serena e inconmensurable que se hace cada vez más alta y se aleja de este mundo. No sé quién dirige mi vida, pero no soy yo. Demasiados fallos. Demasiada ceguera. Demasiado cansancio. Demasiada repetición. Demasiado de todo.

Quién podrá devolverme la pasión de vivir, la ilusión de vivir? No hay secreto en la vida que no sea vivir, simplemente. Enseñadme una vida que no sea vulgar. Una vida real. A eso me refería con lo de la sabiduría. Se queda corta, congelada en la teoría. Vivimos a ciegas en lo más pequeño, a la sombra de seres inalcanzables.

Quiénes somos nosotros, que no podemos acabar siquiera con la esperanza? Vivo, pero no puedo hacer nada más, ni ser otra cosa. Vivo, porque el oficio del hombre es vivir y porque esto es la vida. A quién busco ahora? Cuál es el secreto que no se puede revelar? Qué conexión más profunda y vasta une todo lo que es con lo que no es?

No podemos saber nada de la verdad, si no es por intuición. Nos olvidamos y recaemos en nuestra limitación caprichosa y excesiva. Oigo cómo el rumor de los tontos se aleja cada vez más. No son mis hermanos? No soy yo también un tonto? No seguirá creciendo mi amor por ellos, hasta el éxtasis final?

El infierno es la soledad, decía Hugo. Cuántos libros serán ignorados por mi pereza. Cuántas conversaciones, espectáculos, retiros a solas, elecciones cotidianas, cuántos ruidos. Todo en vano. Todo igual de presente y ausente. Todo igual de inútil. Cuánto me queda para resignarme?

Qué me retiene ahora, que no puedo desenmascarar nada más a mi alcance, nada que me importe o me interese, nada que me produzca terror, ni incertidumbre, ni curiosidad? Qué hago ahora, que mis dudas me han vencido por completo?

Adónde voy ahora, que hablo sin cesar y balbuceo, que digo cosas de nada? Al mismo sitio que vosotros, de donde salgo. Un todo se nos escapa y no tenemos lugar donde escondernos, donde cubrir nuestra desnudez mortal. Ninguna información, ninguna trampa nos salvará. Quedarán aquí los restos por toda la eternidad. Nadie sabe nada detrás de su corazón. Sólo se va a otra parte y nuestras imperfecciones se quedan y se consumen aquí, en su totalidad. 

jueves, 8 de octubre de 2015

Ser


Me siento más anónimo que nunca. He de ocuparme de mis asuntos. Aún no he terminado. Aplacan sus conciencias o sólo están fingiendo? Es extraña esta limitación tan desagradable entre nosotros. Como si no existiera o no debiera existir. Hoy, el misterio de justicia es más seguro que ayer. Las agresiones externas continúan. Todas son externas. 

Idealizamos para dudar. Siendo pequeño, siento que tengo sueños que me desbordan. No puedo explicármelo. Hoy, el mundo me parece anodino, laxo, flaco. Me parece tan débil como la peor parte de mí. No estoy siguiendo el mejor modelo. Tengo miedo del sacrificio a ciegas, el único que puede hacerse. La vida es una película que se repite mientras dura. Siempre la misma. Siempre en todas partes. En nuestro comportamiento y nuestros pensamientos. En la extensión de nuestra potencia imperfecta. 

Ahora me imagino el poder como algo que nos deforma y nos destruye por dentro, que nos anula. No explico una vida tan pequeña. Cómo podría? Quién soy yo? Pero aún no he caído al vacío del que no se puede salir. Aún sigo vivo y la ilusión de haber muerto muchas veces es una quimera, otra quimera de aquí abajo. 

Cuánto tendré este pensamiento hasta que cambie? Cuál será mi próxima transformación interior? Ya sé el proceso, los deseos que puedo tener, los recuerdos, las anécdotas, las sensaciones, las descripciones, el reto, todo es lo más cotidiano que puede ser. No hay horror, ni invención, ni absurdo, ni nada. Todo es deseo contenido. Nada más. 

Dónde están las capas más profundas de todo esto, si no es en el interior? Acaso sigue siendo sólo un reflejo? Un reflejo cada vez más lejano? Están todos y estoy yo. El último tiene una visión distinta. Ahora es mi turno y no sé cómo cumplir. Aún no me he decidido. Todos se precipitaron. Tengo otra elección? 

Desde pequeño, sentía que no deseaba lo mismo que la mayoría, volcarme en la masa, anularme. Quería destacar por mí mismo, ser otro. Ser diferente. No corría a por el premio de la misma manera. Al menos, me veía así a mí mismo, a través de mis sentimientos. Pero, quién soy ahora? Qué ha quedado? 

Iluso y cobarde, sólo me queda combatir conmigo mismo, porque el mundo será el mismo mañana y otros también pasarán por aquí. En realidad, no vi un sólo sacrificio fuera de mí. Sólo lo imaginé. Aunque quisiera, no podría saberlo todo de una sola persona, ni siquiera de mí mismo, desde mi propio interior. Es esto una trampa? Magia? Eternidad? Qué es todo esto, que dudamos porque deseamos? Qué es desear?

Articulo con timidez esta voz quebrada, porque ya no creo en otras voces, no en las que podamos escuchar. Nos destruirían. No somos más sutiles de lo que comprendemos? No nos precede un cambio mayor que cualquier ilusión o deseo que surja de nuestra determinación material? Me ejercito sin ganas, preocupado. No sé si estoy haciendo bien. No quiero arriesgarme, pero lo he hecho y me arriesgo cada segundo. Quizá el riesgo es lo más sobrevalorado de todo, la exageración de nuestro insignificante poder. 

Ahora, nos veo como no he podido vernos antes, tan desnudos que no hay ropa que pueda cubrirnos. No hay ideal, ni exacerbación, ni soberbia, ni pasión humana en la que podamos escondernos. Somos tan breves, frágiles y pequeños que no podríamos imaginar nuestra esencia, si lo intentásemos. No lo hacemos, de todas formas? Una imagen es un intento. Aún creo en la filosofía, pero no del modo que esperaba. Ni siquiera se le parece en lo más mínimo. Es muy difícil de explicar. Puede que sólo me ilusione. 

Este pequeño hueco vacío lo llenan algunos de mis desechos internos. Mi voluntad no es recta y no puedo cambiar. Ya he visto que mi disciplina es nefasta y que me afano por encajar en un papel que me viene grande, que no es el mío. Y cuál es mi destino ahora, que lo veo tan claro e inequívoco? Otro que no imaginaré hasta que haya llegado. 

miércoles, 7 de octubre de 2015

Tedio


Aún sigo perdiéndome en mis deseos confusos e interminables. Me siento en el mismo sitio por dentro, exactamente el mismo. Sé que no merezco la posteridad. Lo tengo tan claro que no imagino un castigo para mí, salvo el olvido. No entiendo el mundo, ni el trabajo, ni el dolor oculto que causa la duda.

A los malos les creo, pero no quiero creerles. No quiero caer en el abismo que sólo se puede imaginar. ¿Quién creó esta ilusión tan poderosa, que no pueden vencer los sentimientos más sinceros? No soy ni he sido nunca riguroso.

Me pierdo y soy el más ligero. No espero más recompensa que el favor de los mansos y los que descansan. Son mi raza. Para mí, los demás no tienen rostro. Se pierden en rutinas eternamente absurdas. 

jueves, 1 de octubre de 2015

Hamartia


Vivir es tener una sed indescriptible. La gente sigue viviendo y no tiene ni idea de lo que es la vida. No les hace falta. Es evidente que no es necesario. Nadie tiene ni idea de qué es el motor de todo esto. El hombre desespera y da su mejor respuesta. Mañana las cosas serán igual y las verán diferentes. No serán como nosotros. Ya he hablado muchas veces sobre el futuro. No vivo. Viví. Todo en mi vida es pasado. 

Mi vida era importante para los demás desde que nací, aunque fueran pocos. Para mis familiares, mis amigos, algunos conocidos. No he llegado a ser mejor. No soy el mejor, pero el mundo necesita ejemplos mejores. Aún estoy debatiendo en mi interior los motivos para seguir adelante. Creo que puedo decidir algo importante y sé que, por fuerza, debo de estar engañándome. Sé también, por fuerza, que no es tan importante. 

Es un hastío extraño, este. Descubrir esto te hace sentir vacío y lleno, al mismo tiempo. Ves que la gente se afana con mentiras en las que no creen por presión. Están moralmente obligados a mentir y parece una paradoja. Parece que no podemos hacer más que huir o mentir, que es nuestra única elección. Lo que siento es que todos damos una respuesta insuficiente. No convencemos; nos autoconvencemos. Por eso hablamos. Para escucharnos a nosotros. No es otra cosa. Todo esto va de emociones. De las emociones más soportables e insoportables. No hay términos medios ni equilibrio. El equilibrio está en el movimiento. 

Nunca estamos en el equilibrio. Estar en equilibrio significa no molestar a los demás, no sentirse una molestia. Imagino lo débiles que fueron los lazos que me trajeron hasta aquí y no soy capaz de entender cómo tuve tanta suerte. Todo es más que nada. No puedo imaginar haber desaparecido. Es imposible para mí. 

Puede que no lo tuviera más fácil, pero no creo que haya un sólo ser humano sobre la tierra que lo haya tenido más fácil. Ni uno solo. No creo que haya uno solo que no se esconda en el mito, que no recurra a él para consolarse. Somos malos, pero da igual. No somos el centro de todo esto. Necesitamos darnos importancia. El hombre exagera. Ni los más brillantes se acercaron lo más mínimo al infinito. 

Lo que siento es que tendré que fingir mucho a mi pesar, olvidarme de que finjo, intentar convencerme de que mi influencia servirá de algo, una especie de propina, de símbolo, de gesto pasional. No se me ocurre hacer nada más. Me siento cada vez más lejos de aquí por dentro. No hay nada que hacer. Lo he buscado, pero es en vano. Vivo a ciegas y no está tan mal. Soporto a la gente, los libros, las noticias, los espectáculos, pero siento que todo es mucho más sencillo y aburrido. 

Lo más emocionante de la acción humana es la enajenación colectiva, los conciertos, las reuniones de amigos, las fiestas, los actos sociales. Esas cosas están bien. Distraen a los demonios por un rato. Creo que ahora entiendo mejor por qué la gente no quiere estar sola. Lo he estado por mucho tiempo. Me gusta más la gente que antes. Los necesito, aunque no sean perfectos. Yo tampoco lo soy. Somos iguales. 

El ego siempre es lo que lo acaba estropeando todo. Por eso recaigo en mis penas. Es la ilusión definitiva. No hay otra. Vivimos separados, en unidades. Por eso nos confundimos. Necesitamos al grupo, a la especie, a la sociedad. No somos nada sin ellos. Esa ilusión existencial o posmoderna de que el individuo pesimista tiene la razón, es incomprendido y debe ser simulado o temido por su autodestrucción me parece paranoica, repugnante. La rechazo. 

Prefiero intentarlo de otra manera. Prefiero el pacifismo, el consuelo de la filosofía, aunque todo esto sea una guerra silenciosa. Todos los mundos son falsos porque necesitan mostrarse, descartarse. Esto lo sabemos hace tiempo. Esta es mi enajenación, ahora. Permitidme sentirme algo menos desgraciado por vuestra comprensión. Creo que he llegado a necesitar esto. La buena filosofía no es la que se aprende una vez, sino la que necesita revisarse. 

Hay ideas más profundas y verdaderas que otras. No llegaremos a las definitivas. Nos quedaremos demasiado lejos. Es nuestro destino. No lo compartiremos todo. Lo que no puede expresarse es más importante que lo que puede expresarse. Cualquier mundo necesita acción, no excusas. Sé que soy muy exigente. No me avergüenzo. Así debe ser. Ya me dan igual las excusas de otros. Esta es mi desnudez, la queráis o no. 

Creo que he sido yo el que he decidido no aprender nada nuevo, dejar de creer en este mundo. Me siento atrapado en una repetición inacabable en la que otros intentan disuadirte para que no les hagas sentir inseguros a ellos, como una especie de precipicio en su interior en el que se pueden caer. La existencia es la lucha por la existencia. Aún me ayudan un poco por fuera. Si no me empujasen hacia delante, probablemente ya no estaría aquí o no estaría tan bien. 

Aún fantaseo con esconderme y dejar de perseguir lo imposible. No me gusta buscar fantasmas. Sustituiría los que tengo ahora. El lenguaje es insuficiente, problemático, como cualquier otra creación. Para eso le suceden otras. Nadie dijo que la dialéctica fuera fácil, pero es justa. Permitidme desvariar un poco. Estoy cansado. 

Como he dicho, hablamos para nosotros mismos, pero rara vez nos convencemos de lo que queremos creer. No hace falta aceptar los hechos. Son los que son. Suceden sin más. Lo demás es entelequia. He pensado en el futuro y me amarga sentir que tengo menos ilusión por él que nunca. No estoy extasiado. No tengo entusiasmo por él. Tengo hastío. Estoy desenfocado. Los objetivos son los mismos, pero yo no puedo verlos igual. Ruido, basura mental me ciega y llena mi cabeza, ensucia mi corazón. Yo intento no sentirme tan abrumado y no sé distinguir, como cada día, el remedio de la enfermedad. 

No puedo solucionar la verdad. No tengo las herramientas ni el poder. No tengo esa voluntad. Soy tan simple como el más pequeño. Me he creído superior y por eso he sufrido. Dejar de sufrir supone dejar de vivir. Tenemos que exagerar para soñar. Todo son imágenes aquí, desde el principio. Este mundo no tiene escapatoria. El misterio es una explosión. Todas las explicaciones se vuelven surrealistas si duran lo suficiente. Por eso no acaban. Estoy cansado de todo esto. No encuentro nada que produzca en mí la electricidad que busco. Es una enfermedad saber lo que no se puede demostrar.