En casa tengo muchas revistas de cine. El otro día, revisando algunas, vi una del 86 en la que Ripley, la heroína de Alien, sostenía a la niña de la secuela. En ese instante y momentos después, venía a mí la evocación de que Ripley era la Moral, que lucha (la única), la niña se me antoja como la Inocencia, las aspiraciones humanas, los sueños... y el Alien, el Caos, la destrucción, el mal. Lo anti-humano (¿o podría ser, al mismo tiempo, lo pro-humano?).
Me gusta intentar relacionarlo todo de un modo universal. No puedo evitar pensar lo fácil que es relacionar esta simple y clásica estructura con la película presente. Ya no me gusta ir al cine como antes. Creo que "lo he visto todo". Sin embargo, a veces me sorprende la forma en que se presentan ciertos cánones y se juega con ellos a crear cosas nuevas. Estamos en la época del impacto y del efectismo. No esperaba encontrarme una cosa así. Sin llegar a ser la película de mi vida (a medida que pasa el tiempo voy creyendo menos que ésta llegará...) me ha parecido idónea en ciertos aspectos técnicos y narrativos.
No quisiera saturar esto de referencias culturales para justificarme. Basta decir que, si bien en la vida real no conocemos la misteriosa evolución del gran misterio, en el cine no hay nada casual. Todo tiene un fin y una estructura concretas. Creo que las buenas obras son abiertas. Inspiran muchas lecturas.
Ya he dicho esto antes. En este caso, la película es, desde mi punto de vista, puro psicoanálisis con esencia
barroca o gótica. No quiero detenerme en los aspectos técnicos. Me gustaría llegar a la psique profunda de su composición o, al menos, intentarlo.
La que parece ser el personaje principal (la Moral) es una mujer atormentada por la muerte violenta de su marido. Ve como sus sueños, más o menos predecibles, que no ha decidido consecuentemente (todo viene demasiado pronto) se vuelven una pesadilla insoportable. Vive en su propio mundo apartada. Tiene miedo del propio miedo (el único real, el peor de todos). No afronta los hechos. Como no podía ser de otra manera, el miedo se introduce por lo que aparentemente es inofensivo, harto conocido. Un cuento. Al principio, todos los miedos son subestimados.
La excusa es la elección del cuento. El cuento va cobrando vida. Se va volviendo algo real, tormentoso. Se ve atrapada en lo más profundo de su pesadilla porque desea desesperadamente lo que ya ha desaparecido, lo que no acepta. Parece salido directamente de las pesquisas de Freud o Jung, cuando no el Cuervo de Poe. El cine moderno está literalmente plagado de ellas. Digo plagadas con intencionalidad, pues el Mal está caracterizado (sin ser real, en el sentido personal) como una especie de insecto, algo sucio, desagradable (¿reminiscencias de Kafka?). Algo que se intenta ocultar o matar, de lo que se intenta huir, que produce repulsión, aversión.
En esa carrera que tanto desprecio por considerar insuficiente, nos enseñaron en muchas asignaturas que el personaje debe pasar por una evolución. En esta película, esa evolución es brutal. No limitaría el Personaje a la madre de familia. Diría que es la casa, el Hogar, pues en ella conviven diferentes caracteres que deben (por necesidad y obligación) convivir, pues son indivisibles, estos son, la madre, el niño (la inocencia, la humanidad infantil) y el Monstruo.
La interacción es realmente estimulante, si bien el hecho de centrarnos demasiado en la estética podría disuadirnos del hecho de que no se trata de una película de terror psicológico al uso, sino más bien de un psico-drama oscuro (muy oscuro). He de decir que la actuación de la estrella principal me ha parecido simplemente soberbia. Realmente, parecía llegar a creerme en muchos momentos su alienación, su casi completa desconexión con la realidad que le rodeaba. Es la única manera, desde la perspectiva narrativa del film, en la que podía (y debía) combatir al monstruo. Realmente tortuoso.
Para mí, habla de la fatiga existencial más profunda, kierkegaardiana, hay un enfrentamiento directo entre el
bien y el mal. En el desenlace, vemos como esa convivencia del Ser no era la que se suponía que debía de ser, sino que simplemente se queda en un intento, una realidad cotidiana, como otra cualquiera, vulgar y perfecta al mismo tiempo, por ser pura. Para mí, es evidente que el Ser tomó la alternativa más sensata para sí mismo para no destruirse, pues el miedo actúa como una especie de fuego que consume todo lo que coge a su paso, si no es controlado, aislado, dividido. Tal vez la única manera de enfrentarlo sea aceptarlo. No se puede destruir. No se puede liberar. Hay que vivir con él, porque es parte esencial de nosotros mismos. No es fácil enfrentar el miedo. Está en lo más profundo. Pero no deja de ser una ilusión. Una ilusión de nosotros mismos. No existe fuera de nosotros. Es una especie de espejo.
Realmente, yo no soy nadie para hablar de él como si lo hubiese dominado. La batalla interior nunca termina, pero no deja de parecerme hermosa, y en ello tiene mucho que ver nuestra intencionalidad. Se me ocurre la evocación más poderosa que puedo invocar, un Quijote pensando en sueños y fantasías que sólo están en su cabeza, pero que cree tan poderosamente en ellas que vive como si fueran reales. Nunca podríamos saber si el Quijote estaba o no equivocado en esa maravillosa sinrazón. Sin embargo, si podemos corroborar que esa pasión por los sueños (nunca vividos) era lo que le mantenía con vida, lo que le hacía avanzar, luchar con sus monstruos cotidianos y pasajeros (¿acaso hay otros?). Da qué pensar.
Aunque no fuera una historia nueva, me gusta haberla visto de nuevo así representada. Sin duda, el formato
es impactante, pero no es, ni por asomo, lo que parecería en un principio. Es una alegoría sobre la lucha contra las pasiones humanas desde las pasiones humanas, esa dulce contradicción que dibuja nuestras vidas
en el devenir del tiempo. No soy un humanista brillante, pero el esfuerzo más sincero bastará para sanarme.
"Cuando miras al abismo, el abismo mira dentro de ti
y quien lucha con monstruos debe tener cuidado de no
convertirse en uno"
Friedrich Nietzsche

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