Los demás me limitan. Son mi tope. Compartimos el conocimiento que llega a ser desconocimiento.
El cuerpo falla y se cansa. Poco a poco. No inmediatamente. Una y otra vez. No queremos ver los patrones. Son demasiado reveladores. Lo personal duele más.
¿Qué podemos hacer? La resignación espera y lo va cubriendo todo.
Sentimientos enfrentados. Ira. Cansancio. Confusión. No atiendo a lo que desconozco. Me adentro en lo desconocido. No hay otro destino.
Entre filosofía y literatura, sufro la incertidumbre. Este es nuestro mundo. Nuestro tránsito. Nosotros.
Parece mentira que acabemos así. Que nos convirtamos en esto. Pero es así.
Demasiado que ocultar. Que sufrir. Que castigar. De lo que huir. Siempre demasiado. La culpa es de otro. Tiene que serlo.
Demasiado amor pronto es demasiado odio. Sangran las palabras en la boca de los desconocidos. Sepulcro abierto, invisible. Inabarcable. Pathos vestido de Logos.
¿Sabe algo de mí el máximo agresor?
Me consagro a los otros, resignándome. Poco a poco, a los desconocidos, pero semejantes. Elegante abismo interior.
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